16 de enero de 2009

El Gran Circo Popular Cubano Santos y Artigas




Las doce sillas (1962), de Tomás Gutiérrez Alea

MÁS CONOCIDO en España por sus últimos trabajos en colaboración con Juan Carlos Tabío –
Fresa y chocolate (1994) y Guantanamera (1995)-, Tomás Titón Gutiérrez Alea (1928-1996) es uno de los puntales del cine cubano nacido de la Revolución de 1959. Como tal asumió la realización de Historias de la revolución (1960), un tríptico que queda para la historia como el primer largometraje producido por el recién creado Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos.

Agobiado por la responsabilidad,
Titón decide elaborar su segunda película con un material menos candente. Recuerda entonces una novela de Ilya Ilf y Evgeni Petrov leída en su juventud que satirizaba a la burguesía durante el proceso revolucionario soviético y encuentra suficientes analogías con la situación cubana contemporánea como para plantearse su adaptación.

El liante Hipólito (Enrique Santiesteban), pretende recuperar con la ayuda de un cura (René Sánchez) una fortuna en diamantes que su suegra ha escondido en una de las doce sillas de comedor de una mansión reconvertida en asilo de ancianos. A la caza se suma entonces Óscar (Reinaldo Miravalles), el antiguo chófer de la mansión. El periplo de estos tres pícaros permite ir mostrando diversas situaciones cotidianas y las paradojas generadas por el reajuste de los tiempos.

-¿Y qué nos importa a nosotros todo esto? -se estarán preguntando ustedes.

Pues que, como en otras películas de estructura itinerante –véase
Al azar, Baltasar, por ejemplo-, una de las estaciones de esta caza del tesoro es un circo. Un lote de sillas ha ido a parar a un grupo de payasos que realizan con ellos el clásico número en que se las quitan unos a otros provocando caídas sin cuento y risas sin cuenta. Otra forma parte del atrezzo del domador. Descubiertos por una mujer barbuda con evidentes intenciones lúbricas los pícaros se ven obligados a salir por pies.

El circo es el de los pioneros del cinematógrafo y el circo cubanos Santos y Artigas. Pablo Santos, nacido en Guanabacoa, y Jesús Artigas, de La Salud, coincidieron en su juventud en un ingenio tabaquero y ambos coincidieron en que querían dedicarse a otra cosa. La otra cosa fue la representación para la isla de las películas de la casa francesa Gaumont. Pronto ampliaron el negocio: compraron salas de cine, editaron un noticiario cinematográfico, viajaron a Europa para contratar las grandes producciones francesas e italianas del momento y produjeron, ya en 1913, el primer largometraje cubano:
Manuel García o El rey de los campos de Cuba, dirigido por Enrique Díez Quesada.

El negocio va viento en popa. Una de sus salas más prósperas es el Teatro Payret. Cada año, en diciembre, le ceden el local la troupe del Gran Circo Pubillones. En 1915 Artigas quiere un palco para obsequiar a sus familiares y amigos. Pubillones le contesta que en sus funciones paga todo quisqui. Jesús Artigas se encocora y replica que al año siguiente no tendrán este problema. Santos y Artigas hacen una gira por Estados Unidos que culmina en el circo de Ringling, Barnum y Bailey; ya saben, “el mayor espectáculo del mundo”. Asesorados por el agente artístico de Pubillones contratan las mejores atracciones internacionales. El 17 de noviembre de 1916, con una cabalgata que recorrió el centro de La Habana, se inauguró el Gran Circo Santos y Artigas. La principal atracción la constituían la familia de caballistas Henneford, que desembarcaron en el último instante para dar más suspense al asunto.

Para muchos artistas de variedades el Circo Santos y Artigas fue la antesala del Tropicana, la radio y, más tarde, la televisión. Ellos fueron responsables del viaje transatlántico de la familia Aragón que mencionamos a propósito de
Tres bárbaros en un jeep. "Cuando triunfa la revolución cubana –escribe Francisco José Pantín Fernández- hay en la isla cerca de cuarenta circos (…). Se mantuvieron con carácter privado hasta el año 1968, desapareciendo tras su confiscación y con ellos una tradición circense netamente vernácula”. Lo cierto es que en Las doce sillas el rótulo que ostenta la carpa es el de “Gran Circo Popular Cubano Santos y Artigas”.

Sr. Feliú

Las doce sillas (1962)
Productora: ICAIC (CU)
Dirección: Tomás Gutiérrez Alea
Guión: Tomás Gutiérrez Alea, Ugo Ulive, basado en la novela homónima de Ilya Ilf y Evgeni Petrov.
Intérpretes: Enrique Santiesteban (Hipólito Garrigó), Reinaldo Miravalles (Óscar), René Sánchez, Pilín Vallejo, Idalberto Delgado, Max Beltrán, María Pardo.
94 min. Blanco y negro.

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