16 de julio de 2009

Tres caras de un payaso



Klovnen (La tragedia del payaso, 1926), A.W. Sandberg

Valdemar Psilander, de quien les hablaba ayer el profesor Javier, protagonizó en 1916 un drama ambientado en el mundo del circo titulado Klovnen, clásica historia del payaso que debe hacer reír al público mientras su corazón está hecho trizas. Fue el primer éxito como director de Anders Wilhelm Sandberg (1887-1938), que hasta ese momento había estado haciendo películas cómicas para la Nordisk Films Kompagni.

La empresa de producción más importante de Dinamarca había sido fundada por el emprendedor Ole Olsen y su logotipo –un oso polar encima de un globo terráqueo- era garantía de buen cine en todo el mundo, al menos hasta que terminó la Gran Guerra. La Nordisk poseía una cadena de cines en Europa del Norte y una potente red de distribución a ambos lados del Atlántico.

A principios de los años veinte Sandberg emprendió una serie de adaptaciones de Dickens que también fueron muy apreciadas por el público. En el pico de su popularidad decidió rodar una nueva versión de Klovnen.

En el Circus Bunding
Vamos con el argumento del de Klovnen de 1926. El circo Bunding recorre el norte de Francia. Su propietario, James Bunding (Maurice de Féraudy), es un inglés que ha vivido toda su vida en Francia. Se trata de una pequeña troupe que viaja en carromatos. Además de la bonachona señora Bunding (Kate Fabian) y su hija Daisy (Karina Bell), que hace de funambulista y écuyère, la atracción principal es el payaso musical Joe Higgins (Gösta Ekman), un inclusero.

En el camino se encuentran con dos parejas que han organizado un picnic. Se trata del dueño de una de las casas de modas más importantes de parís, Marcel Phillipe (Robert Schmidt) y su diseñador jefe Pierre Beaumont (Eric Bertner), con sus respectivas acompañantes femeninas. En este primer tramo la película se construye mediante oposiciones: la ciudad y el campo, lo sofisticado y lo natural, los carromatos tirados por caballos contra el motor de explosión... El triunfo de la nobleza contra la afectación queda metaforizado por la avería del automóvil. Los del circo tienen que remolcarlos y el viejo Bunding no acepta una propina pero les obliga a pagar doscientos francos por butacas de preferencia para la función de la noche.

Durante la función, el modisto descubre a la amazona. Mientras éste le lanza un ramito de flores en el que ha escondido una esclava de oro, Beaumont realiza una serie de sketchs de unas danzarinas exóticas que realizan su número son unas boas y de unos trapecistas a los que no vemos. Llega entonces el momento de los payasos. Joe y su compañero ejecutan una rutina sencilla: Joe toca con su concertina una nota tan aguda que el augusto cae desmayado. Los mozos de pista lo retiran a hombros y, Joe, tras ellos, interpreta una parodia burlesca de la marcha fúnebre. Entonces toma la concertina y comienza cantar la “Canción del Payaso”, que embelesa a cuantos la escuchan. Es un momento de pura magia, que Gösta Ekman interpreta con sencillez un puntín afectada y Sandberg retrata con habilidad.

El resultado de este encuentro fortuito es que, pocos días después, cuando Joe se ha decidido a dar el paso y pedir a los señores Bunding la mano de su hija, se presenta allí el empresario del Cirque Excentric y le ofrece un contrato fabuloso en París. Joe acepta a cambio de poder ir con su novia y sus futuros suegros.

En el Cirque Excentric
En París, su triunfo es meteórico. Los luminosos repiten en el cielo nocturno de París el nombre de Joe Higgins. Todos se disputan al payaso cuya canción trenza finamente humor y tristeza. Joe es un trabajador infatigable lo que aprovecha Marcel para seducir a la ex amazona. No es difícil deslumbrar a la pobre chica en los salones de

Para celebrar las quinientas representaciones en el Cirque Excentric Joe realiza una función a beneficio de un orfanato. El número concebido para la ocasión es el más interesante del conjunto. Cuando el telón se abre, vemos una escenografía de aire cubista. A un lado, una grada con un puñado de caras-blancas dormidos. Joe va despertándolos con una varita mágica en un movimiento preñado de lirismo. Cuando los payasos despiertan, comienzan a tocar frenéticamente, como un jazz-band desbandado. Joe empuña la batuta y ejecuta una serie de volatines antes de tomar la concertina, trepar a una especie de peana e interpretar una vez más la canción del clown, “la canción de las risas y las lágrimas”.

Es su apoteosis como artista y su nadir personal, ya que esa misma noche va a descubrir la traición de Daisy. Estupendamente concebida pero fatalmente interpretada –al menos, para el gusto actual- la escena en la que Joe se prende al pecho la condecoración que le acaban de entregar las autoridades ante un enorme espejo. Mientras, entre cajas, Marcel besa a Daisy. La puerta de la sala donde se encuentra Joe se abre para que pasen los artistas. Un clown rencoroso, alza una de las decoraciones y Joe descubre así a su esposa en brazos del amante. Un rugido de dolor escapa de su pecho. Toma lo primero que encuentra y lo arroja contra el gran espejo que cae hecho añicos. Joe se tambalea ante el espejo roto.

En el Cirque Jacques
El tercer acto se rige por las reglas estrictas del melodrama. La mujer que abandona a su marido en pos de un amante que pronto se aburre de ella. Un encuentro abortado por el destino en la Plaza de la Ópera. La caída en el alcoholismo –delirium tremens incluido- del otrora famoso artista. Y el suicidio en el Sena de la mujer que deja una niña recién nacida. En un subrayado muy del gusto de la época, un luminoso con el nombre de Joe Higgins, se refleja en las oscuras aguas que acogen el cuerpo de Daisy.
Tampoco al modisto le va mejor. Su nueva amante no tarda en arruinarle. Una noche, mientras pasea por los arrabales, encuentra el nombre de su antiguo rival en los carteles del modesto Cirque Jacques.

El mismo maquillaje habla de su declive moral. Al luminoso rostro con una ceja arqueada le sucede, después de la traición de Daisy, otro que acentúa la tragedia y en el que, al rastro simulado de sus lágrimas, se superponen las lágrimas verdaderas. En el último tramo, las cejas dibujan un acento circunflejo. Un collar de perro se adelanta en cincuenta años al punk.

Joe comparte camerino con un artista que exhibe sus habilidades con el rifle vestido de cowboy. De hecho, el número de Joe es poco más que una parodia del que realiza el tirador. Intenta acertarle infructuosamente a un huevo de dinosaurio y cuando tiene que ejecutar el tiro arqueándose, siente una punzada de lumbago y resuelve el asunto doblando el cañón del fusil en forma de U.

Sin embargo, al descubrir al hombre que arruinó su vida entre el público, le roba la pistola al cowboy y con ella en la mano sale a la pista… Y hasta aquí les contamos.

Sandberg contra la Nordisk
Habían pasado diez años desde la anterior versión de Klovnen y el presupuesto se multiplicó exponencialmente. A pesar de eso, Sandberg quería más y la Nordisk no estaba dispuesta a correr tantos riesgos –de hecho, apenas dos años después Ole Olsen se declararía en bancarrota-. El resultado de la trifulca fue que Sandberg terminó la película a su gusto con sus propios fondos y rompió con la productora en la que se había formado como cineasta. Ese mismo año, 1926, viaja a Alemania donde dirige a los dos protagonistas de Klovnen -Karina Bell y Gösta Ekman- en Revolutionsbryllup (1926).

En España la película se proyectó en otoño de 1927 con el título de La tragedia de un payaso. Exclusivas Diana había adquirido un par de títulos tardíos de la Nordisk para su distribución en España. Las recensiones del estreno glosaban los viejos éxitos de la productora en las pantallas españolas, cuando esta marca equivalía a cine de calidad.

El comentarista de “La Vanguardia” resume su visión de la película del siguiente modo:

El asunto brinda una vez más a los ojos del espectador, pero revestido de un ropaje nuevo y original, el contraste que ofrece la vida de esos seres llamados, por imperativo mandato del Destino, a hacer reír, alegrar a los demás unas cuantas horas del cotidiano luchar y en torno de los cuales se cierne implacable la adversidad, truncando sus más queridas ilusiones”.

La sempiterna canción del payaso triste que ustedes conocen tan bien.

Sr. Feliú

Klovnen (La tragedia del payaso, 1926)
Producción: Nordisk Film Kompagni(DN)
Director: A.W. Sandberg.
Guión: Poul Knudsen y A.W. Sandberg.
Escenografía: Carlo Jacobsen y Poul Kanneworff.
Intérpretes: Gösta Ekman (Joe Higgins), Karina Bell (Daisy Bunding), Maurice de Féraudy (James Bunding, el director del circo), Kate Fabian (Graciella, su esposa), Robert Schmidt (Marcel Phillipe), Eric Bertner (Pierre Beaumont), Edmonde Guy (Lilian Delrme), Karen Caspersen, Holger Pedersen, Peter Nielsen, Henry Seemann, Philip Bech, Ernst Van Duren.
128 min (a 20 fps). Blanco y negro + Virados.


1 comentario:

angeluco10 dijo...

Había entrado en el circo Melies para hablarte de esta película pero ya he visto que ya la conocías.
Terminas el comentario diciendo que roba la pistola al cowboy y sale a la pista,para los que no la hayan visto,esta parte es lo mejor de la película y me ha encantado la emotiva escena final.