25 de julio de 2009

La invisibilidad de Pierre Étaix



Si Pierre Étaix no era invisible hasta ahora lo era ciertamente su obra. El imperativo moral de ilustrarles sobre ella nos ha llevado a estudiarla en copias imposibles en las que uno debía adivinar lo que estaba más allá del ojo humano. Por eso, cuando hablamos de Yoyó y de Le Soupirant hubimos de recurrir a imágenes de archivo.

Como Circo Méliés no se distingue precisamente por su apego a la actualidad no les extrañará que para nosotros esta noticia ocurrida hace aproximadamente un mes sea casi una primicia. La buena nueva es que por fin un tribunal ha dictado sentencia y Étaix ha recuperado el control de los cinco títulos que dirigió en los años sesenta y que permanecían condenados a la inexistencia desde hacía un par de décadas. Hace cuatro años Étaix y su compinche Jean-Claude Carrière emprendieron acciones legales y una campaña mediática para recuperar los derechos sobre estas cintas. Por fin, el mes pasado, el Tribunal Superior de Justicia ha dictado una sentencia que devuelve al autor la posibilidad de restaurar y difundir su obra.

En el Festival de Cannes de 2007 se presentó la versión restaurada de Yoyó. El reportaje sobre la proyección en la Cinematheque, aquí:

http://www.dailymotion.com/video/kil5tkQ4xVJ3XkiA3U

Parece que, una vez superados los problemas legales, se emprenderán las labores de restauración del resto de los títulos bajo la supervisión de François Ede, el responsable de que pudiéramos ver la versión en color de Jour de fete.

Por supuesto, esperamos ansiosos la edición en DVD de estos títulos pero tampoco estaría de más verlos en pantalla grande como pudimos hacer con algunas cintas de Jacques Tati hace tres o cuatro años.

Oremus.

2 comentarios:

sganarelle dijo...

¡Viva! Yo firmé aquella petición que se hacía por internet... Qué ganas de tener sus deuvedés en las manos, o la entrada de cine en la solapa, puestos a soñar.

Sr. Feliú dijo...

Soñemos, estimado sganarelle. Soñemos. La obra de monsieur Étaix es digna de nuestros sueños.
Le doy la bienvenida en nombre de nuestro anfitrión, Sr. F.