6 de febrero de 2012

Cuando los mundos chocan: Lon Chaney y Tod Browning en la Universal





The Wicked Darling (La rosa del arroyo, 1919), Tod Browning 
Outside the Law (Fuera de la ley, 1920), Tod Browning 

En marzo de 1918, Tod Browning abandona la Metro y firma un contrato con la Universal, productora en la que, avalado por el joven vicepresidente de la compañía, Irving Thalberg, prosigue su carrera profesional hasta 1923. Es en la Universal donde su oficio como realizador comienza a tener más peso y donde tiene la fortuna de colaborar por primera vez con Waldemar Young, el guionista con el que Browning crearía algunas de sus obras de mayor éxito unos años más tarde en la MGM.

El encuentro de Browning y Chaney 
En The Wicked Darling también se inicia otra relación simbiótica que será una de las más fructíferas fructíferas del cine silente estadounidense: Browning trabaja por primera vez con el actor Lon Chaney. Considerada una película perdida durante muchos años, en la década de los 90 aparece un duplicado en 35mm en Holanda, realizándose una restauración básica que nos ha permitido visionar uno de los primeros trabajos de Tod Browning como director y el primero junto a Lon Chaney.


The Wicked Darling es un melodrama urbano que nos muestra las dos caras de The Gutter Rose (Pricilla Dean): la dura carterista, rosa del arroyo, ladronzuela que tiene que entenderse con sujetos del hampa como Stoop Conners (Lon Chaney) y Uncle Pete Fadem (Spottiswoode Aitken); y la dulce y servicial Mary Stevens, enamoradiza, delicada, capaz de pagar las deudas de su enamorado en silencio, sabiendo que lo más probable es que ese acto no sea beneficioso para ella.


Mary Stevens, The Gutter Rose, “descuida” un collar de perlas de Adele Hoyt (Gertrude Astor), una aristócrata que acaba de devolverle el anillo de compromiso a Kent Mortimer (Wellington Playter), pues este joven emprendedor se ha arruinado y ya no posee lo suficiente para lograr su mano. Por casualidades de la vida, más bien diremos, por exigencias del guión, huyendo de la policía, la rosa del arroyo se esconde en la casa de Kent.


Kent es todo un caballero. Solamente tiene dos defectos: que acaba de perder su fortuna —la casa donde se encuentran va a ser vendida en breve— y que odia a los ladrones. Mary se enamora de él y aunque lo ha preparado todo para regresar a la casa y desvalijarla, cuando vuelve a entrar en la mansión solamente se lleva un retrato de la antigua novia de Kent, Adele. Mary se ha enamorado de Kent, pero no puede desvelar que es una ladrona, así que decide guardar el collar en una maceta en su destartalado cuarto de alquiler y esperar la ocasión para devolverlo.


Stoop Conners ha cubierto la huida de Mary con el collar y la busca para obtener su parte. Mary le dice que lo ha perdido durante la huida. La verdad es que ha decidido enmendar su vida. Se contrata en un pequeño restaurante donde tiene un nuevo encuentro con Kent. Pero Stoop sigue al acecho y no está dispuesto a que Mary se salga con la suya.

En The Wicked Darling hay que destacar, además de a los dos protagonistas principales, al viejo ‘Uncle’ Pete Fadem, capaz de hacerse trampas a si mismo jugando al solitario o al forzudo tabernero interpretado por Kalla Pascha, en realidad Joseph T. Rickard, un luchador profesional conocido como "The Crazy Turk", que participaría en más de setenta películas de la época silente.


Chaney contra Chaney
Outside the Law transita por una senda similar a la marcada por The Wicked Darling. De nuevo estamos ante un melodrama criminal en el que se confrontan el bien y el mal. El toque exótico en esta ocasión viene dictado por la reconstrucción en estudio de una calle del Chinatown de San Francisco, donde se desarrolla la acción. La otra novedad es la doble caracterización de Lon Chaney como el villano “Black Myke” Silva y el angelical criado chino Ah Wing. 


Priscilla Lane cumple una vez más con su papel de rosa del arroyo al encarnar a Molly, la hija del propietario del principal casino de la ciudad (Ralph Lewis), que contempla con sorna las ansias de redención de su padre. Todo ello se debe a la benéfica influencia de Chang Low (E. A. Warren), que imparte sabios consejos confucianos a cuantos se acercan a su bazar. “Blackie” lo orquesta todo para que la culpa del asesinato de un policía recaiga sobre el padre de Molly y ella, desencantada, vuelve al camino de la depravación y el crimen. En compañía de “Blackie” y de “Dapper Bill” Ballard (Wheeler Oakman, marido por entonces de Priscilla Dean). Éste avisa a Molly de que “Blackie” pretende traicionarla y se esconden con el botín en un pequeño apartamento, donde terminan encontrando el amor y, de paso, la redención.


Pero “Blackie” no se da por vencido y todo termina con una monumental pelea en el bazar de Chang Low, escena en la que Browning hace gala de un sentido del montaje rayano en el frenesí. Lo más llamativo, no obstante, es que Browning y Chaney llevan el enfrentamiento entre el bien y el mal hasta sus últimas consecuencias haciendo que el malvado “Blackie” se enfrente a muerte con el inocente Ah Wing en un duelo que, en futuras colaboraciones, no se dirimirá entre dos personajes distintos encarnados por el mismo actor sino en las dos personalidades escindidas del propio Chaney. 


Aunque algunas veces se ha mencionado este título de Browning como uno de los precedentes del cine de gánsteres y, en concreto, como precursora de Underworld (La ley del hampa, 1927), de Sternberg, lo cierto es que la película está más próxima al espíritu folletinesco de ese otro prototipo del policial norteamericano que es The Musketeers of Pig Alley (1912), del maestro y compañero de botella de Browning, D.W. Griffith.



Un Chaney sin Chaney
En los primeros compases del cine hablado, después de una larga estancia en Metro-Goldwyn-Mayer, Browning regresa temporalmente a la Universal. Son momentos de titubeos, en los que el director no parece saber a qué atenerse. En un impasse durante la preproducción de Dracula, se pone de acuerdo con el estudio para reverdecer uno de sus primeros éxitos en la casa. Es así como dirige la nueva versión de Outside the Law (Fuera de la ley, 1930). Convertida en una protocinta de tipos duros, en la nueva versión desaparece la trama confuciana y la ambientación en San Francisco y se mantiene el triángulo criminal entre "Cobra” Collins (Edward G. Robinson, en sustitución de Chaney), Connie Madden (Mary Nolan, en el papel de Priscilla Dean) y Harry “Fingers” O'Dell (Owen Moore).


 
Para nuestros intereses lo más llamativo de la trama sería que Connie se dedica a escenificar “tableaux vivants” —esa especie de instantáneas mitológicas o pictóricas que únicamente pretendían enmascarar un erotismo vergonzante— en un salón irónicamente denominado “Palace of Fine Arts”, el Palacio de las Bellas Artes. También, la tapadera de “Fingers” O’Dell como autómata en el escaparate de un banco.


Poca gloria aportó este título a la incierta trayectoria de Browning, aunque el año siguiente se resarciría con creces gracias al éxito popular de su versión de la adaptación dramatizada en Broadway de la novela de Bram Stoker.
 

The Wicked Darling (La rosa del arroyo, 1919)
Producción: Universal Pictures (EEUU)
Director: Tod Browning.
Guión: Waldemar Young.
Intérpretes: Priscilla Dean (Mary Stevens, ‘The Gutter Rose’), Lon Chaney (‘Stoop’ Conners), Wellington Playter (Kent Mortimer), Gertrude Astor (Adele Hoyt), Spottiswoode Aitken (‘Uncle’ Pete Fadem), Kalla Pascha (el tabernero).  

Blanco y negro. 59 min.


Outside the Law (Fuera de la ley, 1920)
Producción; Universal Pictures (EEUU)
Dirección: Tod Browning.
Guión: Tod Browning y Lucien Hubbard, sobre un argumento de Tod Browning. Rótulos: Gardner Bradford.
Intérpretes: Priscilla Dean (Molly Maden), Ralph Lwis (“Silent” Madden), E. A. Warren (Chang Low), Lon Chaney (Ah Wing / “Black Myke” Sylva), Wheeler Oakman (“Dapoper Bill” Ballard), Stanley Goethals (el chico).
Blanco y negro. 75 min.


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