6 de noviembre de 2013

El juego (del paso) de la oca


 

The Goose Steps Out (1942), Basil Dearden y Will Hay

Will Hay y el music-hall
Dice la leyenda que el cómico británico Will Hay había ya terminado sus estudios y había comenzado a trabajar como ingeniero cuando vio una película de W.C. Fields y decidió que también él quería convertirse en malabarista. Fueran así o no las cosas, lo cierto es que a principios de los años treinta Hay era una de las figuras más cotizadas del circuito del music-hall. Había hecho su debut profesional en 1909 cantando una canción propia titulada “Bend Down” y caracterizado como maestro. Cuando estalla la Gran Guerra, la canción se ha convertido en un acto de vaudeville completo. 



Al finalizar la contienda se enrola en la célebre compañía de Fred Karno. Mientras tanto desarrolla otra rutina basada en el mismo personaje que le acompañaría toda su vida: un profesor incompetente que debe salir indemne de las clases que imparte a unos alumnos tan espabilados como tocahuevos. El número tiene tanto éxito que le permite salir de gira por los dominios británicos —Australia, Nueva Zalanda, Sudáfrica— y Norteamérica. Durante la década de los veinte, escribe y protagoniza dos revistas —Listening In y Vanity Box— y se convierte en una de las principales atracciones de la naciente radiodifusión.

Antes de recalar en Ealing
En cuanto el cine empieza a hablar reclama los servicios de Will Hay. Antes de recalar en Ealing, Hay ya había trabajado en los estudios Elstree y para Gainsborough Pictures donde produjo, a decir de los expertos, lo mejor de su filmografía. Son siete comedias dirigidas, entre 1936 y 1939, por el francés Marcel Varnel y el estadounidense William Beaudine.


Al profesor torpón, con sus antiparras siempre a punto de descabalgar de su nariz y el birrete ladeado, se suma una galería de roles que incluye a abogados, bomberos, jefes de estación, funcionarios de prisiones… personajes, esencialmente fieles al tipo del pomposo incompetente cuya ineptitud pone en entredicho la dignidad de la autoridad que representa. 

  

Probablemente por ser un tipo ya maduro cuando alcanza el estrellato, suele carecer de una contraparte femenina que le dé la réplica y, según la norma de la época, sirva de soporte a la subtrama romántica. Para compensarlo, Hay forma tándem con el desdentado Moore Marriott y el insolente gordito Graham Moffatt. Juntos articulan un rodillo cómico que algunos han querido bautizar como “los hermanos Marx británicos”, aunque carecen de la contundencia anarquista que despliegan los cinco hijos de Samuel y Minnie Marx.

 

Al contrario que su personaje, Hay era un políglota dotado, experto en astronomía, así que al estallar la II Guerra Mundial se pone al servicio del ejército como docente. En 1941, tras este periodo transitorio, firma un contrato con Ealing. 

Will Hay en Ealing
En el estudio de Michael balcón, Hay toma el relevo de las declinantes estrellas cómicas de la casa: George Formby  y Gracie Fields. Su producción tampoco es muy abundante cinco largometrajes de los cuales el segundo —el corto extendido The Big Blockade (Charles Frend, 1942— lo presenta en un inhabitual papel secundario en una cinta de propaganda de tono didáctico:




Pero Hay ha aterrizado en el estudio en pleno esfuerzo propagandístico y hay que adaptar su personaje a la situación. Como en otras películas concebidas como vehículos estelares al servicio de un comediante con una personalidad ya establecida, las comedias de Will Hay carecerán de esa nota que constituye la esencia del espíritu Ealing: el sentido de comunidad que permite a los liliputienses vencer a Goliat. Ésta es la razón por la que al elaborar el corpus de la “comedia Ealing”, nunca aparece ningún título de Gracie Fields, George Formby, Tommy Trinder  o… Will Hay.


En su primer intento, sigue fiel a Charles Varnel The Ghost of St. Michael's (1941). The Black Sheep of Whitehall (1942), The Goose Steps Out (1942) y My Learned Friend (1943) están codirigidas por Hay y por Basil Dearden, que también debuta como director en el estudio donde llevaba trabajando desde la etapa de Basil Dean y se convierte en uno de sus más sólidos puntales. Balcon afirmaría pasados los años que, en realidad, Hay se limitaba a proponer sus rutinas cómicas y a hacer sugerencias sobre el modo de interactuar con el resto del reparto, así que probablemente Dearden asumiera un cometido esencialmente técnico, apoyando estas decisiones con propuestas de planificación y montaje.

  

Una parodia de Carol Reed
El argumento de The Goose Steps Out es una parodia descarada de Night Train to Munich (1940), de Carol Reed, una producción de 1940 que lanza a un agente británico (Rex Harrison) en un juego del ratón y el gato con la Gestapo por toda Europa al rescate de un científico checo y de su bella hija (Margaret Lockwood). Una intriga hitchcockiana cien por cien en la que Harrison se pasa la mitad del metraje con el uniforme de oficial alemán, proporcionando al espectador la doble experiencia de la aventura vicaria y la burla inmisericorde de la estulticia que las comedias del período producidas en los países aliados atribuyen al nazismo en general y a Hitler en particular.
The Goose Steps Out incorpora al führer no sólo como parte de la caricatura del totalitarismo —el bigote, el respeto reverencial…—
sino como sustanciación de aquel sueño británico de abofetear al jerarca que ya había tenido lugar, aunque en el plano onírico, en Let George Do It (1940), en la que Marcel Varnel dirigía a Formby.

 

El argumento arranca de un modo bastante acelerado, cuando un modesto profesor inglés apellidado Potts (Will Hay) resulta ser el doble de un espía alemán detenido en suelo británico. El jefe de la inteligencia militar le propone a Potts que ocupe su puesto en la Universidad de Altenburg y ejerza de agente al servicio de su patria. 

  

Dicho y hecho. En un instante está sobrevolando el país enemigo, donde entra en contacto con una agente llamada Lena Schümann (Anne Firth) bajo la identidad de Rudolph Müller, el espía alemán.

 

La tarea que le tiene encomendada el Reich es entrenar sobre las costumbres inglesas a unos aprendices de espías cuya misión es infiltrarse en Gran Bretaña. Y ya tenemos al bueno de Will Hay con sus antiparras caladas impartiendo lecciones en las que los retruécanos se dan la mano con las situaciones cómicas. La situación culmina en una escena que seguro arrancó las carcajadas al público de su época pero que no cabe imaginar en otro momento de la producción inglesa.

 

Cuando un alumno especialmente repelente (un jovencísimo Peter Ustinov) le pregunta Müller si los británicos no utilizan ningún tipo de saludo ceremonial, éste explica que el equivalente de la salutación imperial con el brazo al frente, es mostrar los dedos índice y corazón extendidos, con la palma de la mano mirando hacia uno y un movimiento de elevación del antebrazo.

 

Inmediatamente propone que los alumnos se entrenen en este salve con el retrato de Hitler que preside la clase. Y ya tenemos a todos los cachorros de espía mandando a su líder a tomar por saco.

 

El humor varía de calibre a lo largo del metraje. Probablemente la secuencia mejor resuelta es aquella en la que Potts se cuela en el laboratorio del profesor Hoffman (Frank Pettingell) después de haber intentado sonsacarle sus secretos mediante la ingesta incontrolada de cerveza.

 

El modo en que se va deshaciendo de los vigilantes, el traje de amianto en el que se esconde y los enredos subsiguientes beben de la mejor tradición de la comedia física, con un tempo sostenido y soluciones imaginativas para la mayor parte de los gags. 

  

Le proporcionan la necesaria coartada un grupo de estudiantes austriacos que argumentan que su país ha sido invadido por Alemania y que se han apuntado a la escuela de espías como mejor modo de viajar a Inglaterra con todos los gastos pagados. El robo de la bomba secreta tendrá lugar durante un viaje en tren —en nueva referencia a Night Train to Munich— en la que Potts se enreda en una escalada de despropósitos acerca de la invasión de Inglaterra con el general von Glotz (Julien Mitchell). Los juegos de palabras adquieren un ritmo endiablado que podrán disfrutar los muy duchos en la lengua de Shakespeare, aquí:


Por causas que escapan a nuestra comprensión, la mayor parte de este diálogo ha sido cortada en la versión que circula actualmente de la película.

  

Queda una larga secuencia de puro slapstick en la que Potts y los estudiantes austríacos deben pilotar un avión de vuelta a las islas británicas, eludir el fuego de artillería antiaérea y entregar el arma secreta a los responsables del Servicio de Inteligencia. No les descubrimos nada si les decimos que lo logran. Lo divertido es ver cómo. 

 

El trabajo con las maquetas y las transparencias acaso provoque alguna sonrisa de suficiencia en el espectador contemporáneo, pero es una muestra más que solvente de artesanía cinematográfica al servicio del guión.

  

La última película
Después de este esfuerzo propagandístico hay sólo rodó una película más en el seno de los estudios Ealing, cuando ya le habían diagnosticado un cáncer fatal. My Learned Friend, es una comedia inusualmente negra, que prefigura el rumbo que tomaría el estudio cuando las producciones cayeran en manos de Alaxander Mackendrick y Robert Hamer.

 

Will Hay seguirá trabajando en la radio y el teatro hasta su prematura muerte en 1949.
  
The Goose Steps Out (1942) 
Producción: Ealing Studios (GB)

Directores: Basil Dearden y Will Hay.

Guión: Angus MacPhail y John Dighton, sobre un argumento de Reg Groves y Brendan Miles.

Intérpretes: Will Hay (William Potts / Rudolph Müller), Frank Pettingell (el profesor Hoffman), Julien Mitchell (el general von Glotz), Charles Hawtrey (Max), Peter Croft (Hans), Anne Firth (Lena Schümann), Leslie Harcourt (Vagel), Jeremy Hawk (A.D.C.), Raymond Lovell (Schmidt, oficial de la Gestapo), Aubrey Mallalieu (el rector), Barry Morse (Kurt), Lawrence O'Madden (el coronel Truscott), Peter Ustinov (Krauss), John Williams (el comandante Bishop).

70 min. Blanco y negro.

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