7 de junio de 2011

Espumeante Champagne Charlie





Champagne Charlie (1944), Alberto Cavalcanti

Cavalcanti
El brasileño Alberto Cavalcanti fue un auténtico trotamundos. Formado en Europa, se interesó por el cine en la Francia de la vanguardia, pasó con la llegada del sonoro al cine industrial, trabajó en la GPO, la unidad documentalista británica dirigida por John Griegson en los años treinta, y regresó a su tierra natal a principios de los cincuenta a fin de poner en marcha la industria cinematográfica en aquel país.


Todavía tuvo tiempo de dirigir tres películas y media en los estudios Ealing de sir Michael Balcon. Hace poco tuvimos ocasión de ver sus episodios en Dead of Night y ayer proyectamos en la carpa su homenaje al “music hall” del siglo XIX: Champagne Charlie (1944).

George Lyebourn vs. The Great Vance
La cinta relata la rivalidad entre las estrellas de dos teatros de variedades en el Londres de 1860. En el Mogador, que rige con mano de hierro y guante de encaje Bessie Bellwood (Betty Warren), triunfa un muchacho venido de una aldea minera con una voz de oro, una barbilla prominente y una simpatía arrolladora. Al pasar del pub teatro cambia el nombre de Joe Saunders por el de George Leybourne (Tommy Trinder). Completan la función los liliputienses The Tiny Websters, Malvardian, el hombre serpiente, el número de danza de Dolly, la hija de Bessie, y las hermanas Yvette, y el mono Pongo.



En el escenario del teatro de míster Gatti (Andreas Malandrinos), tiene su feudo el pomposo “The Great Vance” (Stanley Holloway), anunciado en los carteles con el subtítulo de “The Lion Comique”.


En este mundo de prestigios populares bien ganados, el recién llegado comete el peor de los crímenes, pisar el terreno del consagrado. Al parecer “The Great Vance” tiene la exclusiva sobre las canciones que hablen de bebidas espirituosas y a Leybourn se le ha ocurrido dedicar un himno a la cerveza. La cosa va a más. La escalada nos permite contemplar sucesivos números en los que la graduación va ascendiendo: canciones burlescas dedicadas al jerez, al brandy, al ron o a la ginebra… Leybourn alcanza el no va más cuando populariza una tonada dedicada al espumeante vino francés que le servirá para cambiar por segunda vez de alias. Ahora es “Champagne Charlie”.


En estas circunstancias, se impone el duelo. Ninguno de los dos tiene el más mínimo deseo de llevarlo adelante pero tampoco quiere echarse atrás. Concertado el desafío a pistola, ambos recurren a lo que tienen más a mano para practicar: Targetino, el Guillermo Tell francés (Paul Bonifas). Claro, que el bueno de Targetino sólo sabe disparar por entre las piernas o mirando en un espejo, lo que pone en serios apuros a los duelistas.


Una monumental pelea originada en el Mogador por unos reventadores sirve para que los elencos de los dos teatros aúnen fuerzas. Los bronquistas tendrán que vérselas con zancudos, malabaristas, boxeadores profesionales, lanzadores de cuchillos, el infalible Targetino y toda suerte de artistas de variedades que darán buena cuenta de los adicionados.



El juicio contra los teatros de “music hall” por desorden público se convierte en un alegato en favor de la sana diversión de las clases populares. Bebida en abundancia, canciones picaronas y humor blanco, son, según la receta Ealing, el mejor modo de hermanar a todos los hijos de la Gran Bretaña. El viejo duque de Petworth (Austin Trevor), que se oponía a la boda de su hijo con la hija de Bessie, resulta ser un antiguo novio de la bella al que su padre también apartó del verdadero amor. No reventamos nada si les decimos que la cosa termina bien. La lucha de clases no existe en el “music hall”.

Tommy Trinder vs. Stanley Holloway
Champagne Charlie tiene un guión con sus más y sus menos, pero el trabajo de ambientación y reconstrucción de Cavalcanti es espléndido y deja espacio al principal atractivo de la película que es el duelo interpretativo entre los tres histriones que incorporan a Leybourne, “The Great Vance” y Bessie Bellwood.


No hemos encontrado apenas noticia de la dama, pero los dos caballeros son harto familiares con el mundillo del “music hall”. Stanley Holloway (1890-1982) comenzó en el mundo del espectáculo después de haber pasado por el seminario y por las trincheras de la Gran Guerra. Trabajó como cantante y como intérprete de “music hall”. Si gran triunfo en el escenario, que se prolongó entre 1921 y 1926 nada menos, fue también su primera película sonora: The Co-Optimists (1929), de Edwin Greenwood. Algunos títulos de los años treinta no eran más que reciclajes de sus populares monólogos, como los cartoons Sam and His Musket y Drummed Out (1935), de Anson Dyer. Participó en un buen número de comedias de la Ealing –coprotagonizando con Alec Guinnes, por ejemplo, The Lavender Hill Mob (Oro en barras, 1950), pero seguramente su papel más célebre es el de padre de Elizah Doolitle en la versión de Cukor de My Fair Lady (Mi querida señorita, 1964). La canción "Wiv a little bit of luck", de esta película, sirvió de título a su autobiografía.


El actor que interpreta a George Leybourne es un cómico popularísimo en el circuito de variedades de los años treinta, cuando se asentó en el escenario del Palladium -que ya hemos visitado en otras ocasiones-. Humorista de quijada prominente y ojos saltones, la capacidad de Tommy Trinder (1909-1989) para improvisar ante el público era legendaria. En la cima de su éxito teatral la Ealing le contrató para una breve serie de películas, centradas en el esfuerzo de guerra. Las más recordadas son Sailors Three (1940), de Walter Forde, y su secuela Fiddlers Three (1944), de Harry Watt. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Tommy Trinder regresó a las tablas aunque ocasionalmente volvió al cine y llegó a tener un programa televisivo propio.

Champagne Charlie
(1944)
Production: Ealing Studios (GB)
Director: Alberto Cavalcanti.
Screenplay: Austin Melford, Angus Macphail, John Dighton.
Cast: Tommy Trinder (Joe Saunders, alias “George Leybourne”), Stanley Holloway (The Great Vance), Betty Warren (Bessie Bellwood), Jean Kent (Dolly), Austin Trevor (Edgar, el duque de Petworth), Andreas Malandrinos (Gatti), Paul Bonifas (Targetino), Peter De Greeff (Lord Petersfield).
Blanco y negro. 107 min.


5 comentarios:

El Abuelito dijo...

¡El mono Pongo! ¡Los Tiny Websters! ¡El Hombre Serpiente...! Y Cavalcanti, un cineasta a quien cada día aprecio más, desde que vi hace tiempo Al Caer la noche, y esa sinfonía de la urbe que es Rien que les heures...
¡Este Carlitos Champaña ha de ser cosa digna de ver...!

Sr. Feliú dijo...

Desgraciadamente, el mono, los gemelos y el hombre serpiente sólo aparecen en los carteles, venerable Abuelito.

Esta es una pequeña historia del music-hall, realizada con bastante buen pulso y excelente gusto.

Menos sórdida que la dickensiana "Nicholas Nickelby", que hizo también para la Ealing. Junto a "Dewad of Night" completamos el ciclo Ealing de don Alberto Cavalcanti con una fantasía bélica titulada "Went the Day Well?", una especie de invasión de los ultracuerpos con el ejército nazi asentado en una pequeña comunidad inglesa.

Todas ellas están a su disposición, sus nietos que bien le quieren

El Abuelito dijo...

No sabe cuanto se lo agradezco, señor Feliu... La verdad es que las conozco todas (Nicholas Nickleby además es de mis británicas predilectas, debilidad dickensiana que tiene uno), la única que no tengo es este Carlitos Champaña...

angeluco10 dijo...

Es una película divertidísima.Me lo pasé muy bien viéndola y al ritmo del duelo musical las canciones son muy pegadizas,cualquiera de ellas sería canción del verano en la actualidad.

Sr. Feliú dijo...

Las canciones, en efecto, piden ser acompañadas por una buena jarra de cerveza, ideal para estas olas de calor veraniegas.

Nos alegra sobremanera su deleite, don angeluco.