13 de octubre de 2015

En la redacción del Marc’Aurelio



Federico Fellini llega a Roma en marzo de 1939. Su objetivo es emplearse como dibujante y articulista en el bisemanario humorístico de mayor circulación de la época, el Marc’Aurelio. Dirige la revista con mano de hierro Vito De Bellis y colaboran en ella una serie de humoristas que empiezan a tener sus escarceos con el cinematógrafo haciendo funciones de guionistas en tropel o simplemente como anónimos gagmen. Entre abril de 1939 y mediados de 1942, Fellini publica incansable cuentos y viñetas. Luego su progresiva dedicación a la radio y el cine, la desbandada de los colaboradores a causa de la guerra y el negocio de las caricaturas para los soldados americanos que llegan a Roma en junio de 1944, lo llevan por otros caminos.


Hay, sin embargo, en estos racconti umoristici recopilados por Claudio Carabba muchos recuerdos de infancia y adolescencia que aparecerán una y otra vez en sus películas más memorialísticas teñidos de melancolía no exenta de ironía. También está el descubrimiento de esa Roma nocturna y espectral que será escenario privilegiado de su obra, por mucho que a partir de determinado momento prefiera reconstruirla en Cinecittà.


“E permesso?” –o sea, ¿Se puede?-, publicado el 19 de abril de 1939 con el seudónimo de “Fellas”, relata precisamente su desembarco en la revista. Después de un breve prólogo en el que desacredita las distintas maneras tradicionales –recomendaciones de familiares, prohombres o jerarcas fascistas- de intentar colocarse allí, expone su teoría de que el trabajo propio es el mejor aval, relatando una serie de chistes entre los que destacan los dedicados a los seis meses de noche polar: “Estoy agotado porque esta noche no he pegado ojo”, “Es que esta ha sido mi noche de bodas”, “Mujer, ¿ te vas a poner así  porque salga una noche con los amigos?”… Nos importan menos los chistes, que el carácter confesional del prólogo, algo común a buena parte de su obra humorística, que suele revestir carácter vocativo. A veces, la receptora de estas confidencias es una “novia lejana”, llamada Bianchina y abandonada en Rímini. En la misma vena autobiográfica se desarrollan las series “Richettino, bambino qualunque” y “Secondo liceo”.


Pero vamos a lo que vamos… la serie de catorce artículos publicados en el invierno de 1940-41 dedicados al mundo del avanspettacolo y las variedades. A pesar de su sólida amistad con Aldo Fabrizzi, Fellini no se fija en las grandes estrellas, ni siquiera en el oropel y las lentejuelas. Su mirada se posa en los personajes de segunda y tercera línea, como los denominados fraquistas, hombres sin camerino, que se colocan el frac entre cajas, y salen únicamente al final de la función pertrechados con una espléndida sonrisa y dos pasos de baile mal aprendidos.


O el comicastro, un hombre obligado a hacer reír con un repertorio de chistes ajados, mientras el público reclama la presencia de las soubrettes. En la fantasía felliniana, el comicastro recibe la invitación de un rajá para que divierta a su harén y recibirá por ello en pago siete esmeraldas, ocho rubíes y el néctar del amor ofrecido por odaliscas de trémulos senos.


O las ocho bailarinas ocho, que a veces son seis o incluso cinco. Muchachas alemanas que carecen de nombre porque los espectadores las identifican por el color del pelo o por su posición en la fila:
“Bailarinas que no pueden dar iun paso de más ni levantar un brazo de menos. Bailarinas que, mientras esperan para entrar en escena, ensayan el tercer paso del quinto baile entre cajas llenas de telarañas, jovenzuelos con el rostro de naranja y cuerdas largas y finas. El conserje las observa y ellas creen que admira el paso que están ensayando. En cambio, el conserje piensa: ‘Esos pechos, vistos desde abajo, me cubrirían la cara’. Y también: ‘Si fueras hija mía te daba de bofetadas’… Bailarinas con ojeras profundas, pero que todavía ríen cuando una compañera se mancha la cara de verde. Y, al recordarlo, ríen de nuevo en el escenario mientras el público de los mil ojos gime y se estremece acalorado en sus butacas”.


Personajes, en fin, de Luci del varietà, cuyas capturas ilustran esta entrada.


Claudio CARABBA (ed.):
Federico Fellini: Racconti unoristici
Turín, Einaudi, 2004.
ISBN: 9788806171858


No hay comentarios: