28 de julio de 2026

bye bye blackbird


Bye bye Blackbird (2005), Robinson Savary

Fue el trapecista Richie Gaona, en Los Ángeles, quien puso a Robinson Savary sobre la pista de James Thiérrée, que vivía a unos cientos de metros de su casa en París. Hasta entonces, el proyecto de Robinson, hijo de Jerome Savary, el fundador del Grand Magic Circus, avanzaba sin su pieza principal, el protagonista Josef. A partir de entonces, Bye bye Blackbird comienza a hacerse realidad.

Estamos en los primeros años del siglo XX. Dos obreros emigrantes descansan sobre una viga suspendida a considerable altura. La imagen nos recuerda las fotografías de Charles Clyde Ebbets, que tanto se han difundido para decorar áticos de profesionales liberales. De repente, Josef (James Thiérrée) trepa por los cables con habilidad y se encarama en lo más alto para otear el horizonte. Se oye un golpe seco. Su compañero ha desaparecido.

Después del funeral, deambula por las calles hasta que se tropieza con un cartel del Dempsey Electric Circus. Josef se enamora a primera vista de Alice (la polaca Izabella Miko), la bella trapecista, melancólica, atrapada entre los cuidados de su obsesivo padre Lord Dempsey (Derek Jacoby, el mismo de Gladiator y Enrique V) y su relación mística con el trapecio. Josef es como un mono. Si puede trepar a algo allí que se va, así que, fascinado por el trapecio, consigue subirse después de realizar un acrobático camino por toda la cúpula de la carpa.

El primer encuentro directo de la pareja es de película de vampiros. Josef se ha hecho un pequeño corte en la mano arreglando un marco de la caravana de Alice. La joven se apresura a limpiarle la sangre chupándosela. Josef se queda tan perplejo como estaba y como si no hubiera pasado nada le pregunta si alguna vez ha pensado en trabajar con otra persona en las alturas. Ella se muestra extrañada y desconfiada de las habilidades de Josef.

Hay otra mujer, claro. Es Nina (Jodhi May), la ecuyere, hermana de adopción de Alice. Aunque también vive una extraña relación de dependencia con su padre adoptivo, el aristocrático y decadente Lord Dempsey, es una mujer más independiente y pegada a la realidad que la frágil Alice. Nina ofrece a Josef un trabajo en las cuadras mientras este se prepara para el gran número. Ha conseguido una audición. Las tres cabezas pensantes del circo, el propio Dempsey, Robert (Michael Lonsdale) y Jenkins (Carlos Pavlidis) hacen de jurado. Josef parece que se retrasa cuando aparece en lo más alto del circo. Desciende hasta donde reposa Alice y comienzan un dúo que maravilla a la singular audiencia.

Lord Dempsey está inspirado. Su petaca le proporciona pequeños éxtasis de gloria en los que se ve triunfando con este nuevo número en París, su próxima plaza. The White Birds, un número excepcional de trapecio iluminado por ¡quinientas bombillas eléctricas! El circo siempre ha estado a la cabeza en cuanto a las innovaciones técnicas aplicadas al mundo del espectáculo y Lord Dempsey es un iluminado, nunca mejor dicho. Un circo eléctrico parece un buen reclamo para esa época. Y seguiría siéndolo hoy en día.

El día del estreno en París, una tormenta amenaza con arrancar las lonas e inundar los circuitos eléctricos. Hay una buena entrada de público entre los que se encuentran algunos nobles, viejos amigos de Dempsey que vienen a ver a su hija y que desprecian al viejo maquillado.

El número se desarrolla como habían planeado. Las bombillas iluminan la carpa en círculos concéntricos a medida que los dos pájaros suben a las alturas. Hay cierta preocupación por el mal tiempo, pero también por lo imprevisible de la pareja.

De hecho se toman un descanso y salen al exterior de la carpa, en lo más alto desde donde les saludan unos fuegos artificiales. ¿Han huido? Dempsey se revuelve en el control. Robert mira preocupado a través de las cortinas. Pero no han huido, el número prosigue con un salto inverosímil de Josef al que sigue otro no menos imposible de Alice. La pareja vive un éxtasis de giros, piruetas y arrojes del trapecio. Josef pierde el control, o eso cree, y Alice cae matándose en el acto.

Josef pierde la cabeza. Decide no bajar del trapecio. Se encierra en si mismo y en las alturas. Viaja subido al trapecio, porque si toca el suelo, Alice aparece y todo se vuelve más confuso. Pero no todo es como parece. ByeBye Blackbird nos sorprende al final lo suficiente como para no anticiparlo.

Josef es un pájaro enjaulado. Como en un relato kafkiano –la primera fuente de inspiración de esta película– la soledad habita en lo más profundo de su alma y sus alas al viento son símbolo de una libertad efímera. Un espejismo. Un sueño imposible. Inalcanzable.

  

Bye bye Blackbird (2005)
Producción: Samsa Film (FR)
Dirección: Robinson Savary.
Argumento: Robinson Savary, Patrick Faure y Arif Ali-Sham.
Guión: Arif Ali-Sham.
Intérpretes: James Thiérrée (Josef), Derek Jacobi (Lord Derek), Johdi May (Nina). Michael Ondsdale (Robert), Izabella Miko (Alice), Andrej Acin (Roberto), Chris Bearne (Lord Strathclyde), Ek (Djamako), Claire Johnston (Emma), Pavlidis (Jenkins), Claudine Peters (Miss Julia).
99 min. Color.

21 de julio de 2026

Diabolique, el tragafuegos del infierno


L’acqua… il fuoco (2003), Luciano Emmer

La carrera de Luciano Emmer ha sido de un prolífico que aturde. Realizador de pretigiosísimos documentales de arte en los años cuarenta del pasado siglo, artífice de algunas de las mejores comedias corales italianas durante la siguiente década, realizador televisivo y documentalista en los setenta… En la primera década del presente siglo, cumplidos ya los ochenta años, tan longevo como entusiasta, Emmer se embarca en una nueva etapa de dirección de largometrajes... Uno de los últimos es L’acqua… il fuoco.


La cinta se construye sobre estos dos principios telúricos para contar la historia de tres mujeres que desafían a su destino. Las tres están encarnadas –no hay término más apropiado- por la diva televisiva Sabrina Ferilli. Ella es Stefania, la turinesa abandonada por su marido a la que sus hijos plantan el día de su cumpleaños; Elena, la mujer que se tira al Sena y es rescatada por un clochard (Olivier Pagès); y Stella, factótum de un circo familiar en Luxemburgo, en el episodio que nos interesa.


El Cirque Etoile es apenas una roulotte aparcada en cualquier sitio ante la que se colocan unas sillas de tijera. El drama, tan íntimo como el circo en el que trabajan, es el de un payaso (Giancarlo Giannini) entregado de tal modo al alcohol desde que su mujer lo abandonara que no se tiene en pie para salir a actuar.


Suyos son el número del hombre-orquesta y el del tragafuegos infernal conocido como Diabolique. Su adicción llega a tal extremo que, a pesar de haber pedido un último trago de coñac, para poder salir a actuar, es capaz de tragarse el bebedizo con el que realiza su número.


Ha llegado a tal estado porque una mujer lo abandonó. Poco le importa tener a su lado a Stella, que hace lo que puede como organizadora general y como malabarista con unas mazas, y su hija Avril (Eloise Eonnet), que abre cada noche el espectáculo con su paseo por el alambre cuyo momento culminante es un salto mortal que no vemos. 
Participa en esta película nuestro amigo James Thierrée, nieto de Charles Chaplin y a quien hemos acompañado en otras aventuras fílmicas —Bye Bye Blackbird (Robinson Savary, 2005) y La Belle Verte (Coline Serreau, 1996)— y en otros encuentros circenses


Cuando David deba ser ingresado a causa de una cirrosis galopante y Avril decida que tiene que encontrar su propio camino en la vida, Stella deberá enfrentarse a la necesidad de sacar adelante “el circo más pequeño del mundo”.


L’acqua… il fuoco / L'eau... Le feu (2003)
Producción: Buskin Film (LUX) / Factory (LUX) / con el apoyo del Ministero per i Beni e le Attività Culturali (MiBAC) (IT)
Guión y Dirección: Luciano Emmer
Intérpretes: Sabrina Ferilli (Stefania / Elena / Stella), Giancarlo Giannini (David), Eloise Eonnet (Avril), Olivier Pagès (Bernard, el clochard), Valérie Kaprisky (Iris), James Thiérrée (Enrico), Domiziano Arcangeli. Massimo Tellini.
93 min. Color.

14 de julio de 2026

Planeta Libre


La Belle Verte (Planeta Libre, 1996), Coline Serreau

Milá (Coline Serreau, la también directora, guionista y compositora de la película) es una joven madre de un planeta idílico en el que sus habitantes son seres evolucionados que practican el asambleismo, la telepatía, el trueque de alimentos y que viven felices y en armonía con la naturaleza. Por alguna razón todos sus habitantes le tienen algo de manía a la tierra, pero Mílá tiene el impulso de ir y decide realizar el viaje estelar. El motivo: ella es un cruce entre humano y extraterrestre por culpa de su padre, que en uno de sus viajes se enamoró.


Una vez en la tierra, Milá, vestida como salida de Los Miserables, y los dos hijos mayores —que la siguen, tras las huellas de su padre—, se enfrentan a la polución y al comportamiento de los ciudadanos de París, una visión inocente, en realidad todo lo inocente que queramos que sea una visión antisistema y neorural, de las costumbres de un urbanita.


La película es un canto a la tribu, una oda a la vida en armonía con la naturaleza y los aspectos cómicos de la historia se sustentan en la capacidad de todos ellos de desconectar a los humanos y hacerles actuar de manera extravagante: una orquesta de música clásica que se desmanda, un final inesperado en un partido de fútbol….


Al mismo tiempo se relata la vida paradisiaca de los habitantes de este planeta verte y su afición por los juegos circenses. La familia de Milá, por ejemplo, se dedica al trapecio pero otros son expertos equilibristas o acróbatas. Una razón que, añadida a la participación de James Thiérrée como uno de los jóvenes aventureros y enamoradizos, y de su jovencísima hermana Aurélia, nos resulta suficiente como para formar parte de nuestra colección. Además, la directora del film, la polifacética artista Coline Serreau, estudió en la Escuela de Circo de Annie Fratellini y en 2008 publica junto con Charlotte Erlih, un libro dedicado a su escuela: L'académie Fratellini: Le cirque de plain-pied.


En este enlace pueden encontrar la película: https://m.ok.ru/video/5563807632055

La Belle Verte (Planeta Libre, 1996)
Producción Les Films Alain Sarde / TF1 (FR)
Dirección : Coline Serreau.
Guión: Coline Serreau.
Música: Coline Serreau.
Intérpretes: Coline Serreau (M
ila), Vincent Lindon (Max), James Thiérrée (Mesaje), Samuel Tasinaje (Raoul), Marion Cotillard (Macha), Claire Keim (Sonia), Catherine Samie, Paul Crauchet y Didier Flamand.
99 min. Color


6 de julio de 2026

La Compagnie du Hanneton


James Thiérrée es el nieto de Charlie Chaplin. James pisó por primera vez el escenario con apenas cuatro años de edad en el espectáculo de sus padres (Victoria Chaplin y Jean-Baptiste Thiérrée) en Le Cirque Imaginaire (más tarde conocido como Le Cirque Invisible). Aparecía dentro de una pequeña jaula o con los pies asomados debajo de una maleta. “Mis padres me utilizaban como utilería” ha dicho él mismo. Era uno de los numerosos fallos del excéntrico mago James: en vez de un pato, aparecía él. A los quince años interpreta a Ariel en el Próspero de Peter Greenaway. Antes de cumplir los veinte años, James había viajado por todo el mundo y se había convertido en un experto en acrobacia, danza, trapecio y violín. Trabaja en el Piccolo Theater en Milán, bajo la tutela de Isabelle Sadoyan-Bouise y más tarde estudia en la Universidad de Harvard. A mediados de la década de los noventa, James comienza dirigir sus propios espectáculos y funda una compañía de circo-teatro, la Compagnie du Hanneton. En 1998, la compañía montó su primer espectáculo La Symphonie du Hanneton, una surrealista y maníaca fusión de acrobacia, contorsionismo, malabarismo y personajes fantásticos, “un cúmulo de imágenes y deseos que uno no puede seguir encerrando en el desván”.

Aunque tarde, seis años más tarde, al final tiene su reconocimiento definitivo en 2006 con la consecución de cuatro premios Moliere: puesta en escena, revelación, mejor espectáculo en un teatro público y mejor vestuario. El trabajo posterior de James es tan intenso e imaginativo como este primer espectáculo y cada nuevo estreno es esperado como uno de los acontecimientos teatrales del año.
Aquí hemos intentado hacer una breve recopilación de su trabajo circense-teatral. Esperemos que os guste.

Symphonie du Hanneton (1998)



La Veillée des Abysses (2003)



Au Revoir Parapluie (2007)


Y aquí puedes ver otra pieza de esta maravillosa obra
Raoul (2009)

26 de junio de 2026

Concierto para Elefante y Orquesta

Cirkus v cirkuse (1976)



Delirante coproducción ruso-checoslovaca con pretensiones de comedia, con perros que hablan, osos que viajan en preferente y diálogos entre personas y elefantes. La acción transcurre en Moscú donde un jurado internacional acude para seleccionar números de circo para un festival. Allí coinciden con una conferencia dedicada al lenguaje animal dirigida por el profesor Ruzhichka que asegura que cualquier animal puede aprender a hablar y a cantar. Finalmente participa en el espectáculo, lo que provoca muchas situaciones surrealistas. Hay imágenes del espectáculo que derrochan artistas como si el programa fuese un charivari sin fin, realizado gracias a un montaje muy ágil y a tiros de cámara que encuentran los ángulos a la pista circular del circo. Hay otra secuencia, larga y con detalles a cámara lenta, de un número de cosacos realizando acrobacias sobre caballos al ritmo del látigo. En otra, un mago se duerme en mitad de una desaparición de unos voluntarios del público, y no hay manera de despertarlo (en realidad, un número de payasos).

En definitiva, en Cirkus v Cirkuse (1975) la trama sigue rodeada de unas imágenes trepidantes de circo. Así que estamos de suerte: acróbatas dando mortales por encima de la cámara; alambristas cruzando el alambre en triple altura y realizando saltos de torre a torre; leones excitados por el aroma del perfume de la domadora; coreografías aéreas, equilibrios sobre rulo, ejercicios de mástil sobre percha y percha sobre barra rusa; un impresionante número de barras fijas con efectos ópticos al uso de la época; un número de osos con toques folclklóricos que nos enseña hasta donde llegaron los soviéticos en el arte de la doma; una persecución con camellos, un número que mezcla cama elástica y malabares, y un magistral número de básculas cruzadas que cualquier circo de hoy soñaría tener en su programa. Para acabar podemos disfrutar de un trapecio volante impecable, rodado buscando diferentes perspectivas y mostrado a cámara lenta para nuestro delelite. Es el preludio de un final de espectáculo que nos acerca a algunos espectáculos de circo de los que hoy se pueden ver en Las Vegas.

Se trata de una ocasión inmejorable para disfrutar de una sesión de circo acompañados por los mejores artistas de la década de los setenta de la Unión Soviética, lo que ya es decir mucho.


Cirkus v cirkuse (1976)
Productora: Filmové Studio Barrandov (CH) / Mosfilm (URSS)
Director: Oldrich Lipský
Argumento: Yakov Kostyukovsky
Guión: Oldrich Lipský
Intérpretes: Evgeni Leonov (Reditel cirkusu), Natalya Varley (Tána), Aleksandr Lenkov (Císník Aljosa), Leonid Kuravlyov (Grisa), Iva Janzurová (Elisabeth Whistler),
Zdenek Díte, Marie Drahokoupilová, Karel Effa, Frantisek Filipovský, Karel Hovorka, Otto Hudrlík, Lubomír Kostelka
134 min. Color

19 de junio de 2026

Enguibarov quiere ser payaso


Tchanaparh depi krkes (Road to the stage, 1963), Henrik Malyan

ESTA ES es la primera de las películas que protagonizó Leonid Enguibarov, uno de los payasos más amados y aplaudidos por el pueblo en la época soviética, que murió con tan solo 38 años y cuya leyenda ha ido ganando sabor con el tiempo. En la Europa occidental no se ha conocido bien su trabajo hasta la divulgación del espléndido documental Historia del Mimo (1987), una serie de cuatro películas dedicadas al arte de la Pantomima y en la que Enguibarov (1935-1972) cubre una parte importante del capítulo de payasos. Por motivos que apuntan a su afición a la bebida o a motivos políticos, este artista nacido en Armenia nunca viajó a Europa en las giras internacionales del circo soviético. Competía con otros grandes payasos como Nikulin, Martchewsky (recientemente homenajeado en el circo que él mismo dirige en Ekaterina), Karandash, Popov, que tuvieron mejor suerte o tenían mejor beber. Decían de él que tenía otoño en su corazón, por su mirada melancólica y su ensimismamiento creativo, y al ver su trabajo, tanto en la pista como en sus películas, lo vemos con claridad. Esta película, realizada para su especial lucimiento, nos muestra al joven payaso dominando diferentes técnicas en una historia que transcurre, casi en su totalidad, en el circo, por lo que tenemos la suerte de ver algunos números excepcionales, además del brillante y polifacético trabajo del artista protagonista: malabarista, mimo, equilibrista, payaso, acróbata, amaestrador, encantador de audiencias. "The lyrical character whom Enguibarov portrays arouses in his audience a kindly, radiant feeling, and the inimitable charm of the clown makes one remember him for a long tome with admiration and gratitude". ¿Se puede decir algo más bonito de un artista? Pese a la oposición de su familia, un joven decide ser artista de circo. Su estreno como payaso, con un maquillaje excesivo y cascadas sin sentido, provoca un silencio que se convierte, poco a poco, en una escandalosa protesta. 

Justo hacia la mitad de la película nos encontramos con una escena familiar: el payaso, maquillado, disfrazado y fracasado, es rechazado también por la chica quedando sumido en la más absoluta tristeza. ¿Os suena de algo? La chica de la que se enamora Leonid es Irina Shestua, auténtica artista de circo que se dobla a si misma en un espectacular número de doble barra rusa. Después del fracaso, el payaso emprende un viaje iniciático donde se encuentra al espíritu de Durov, al de Charlot y al de Marcel Marceau, que le indican el camino de su nuevo personaje. Así cualquiera, dirán muchos. ¡Ya me gustaría a mi tener esas alucinaciones!, digo yo. Enguibarov se queda dormido en una plaza y en el sueño obtiene los datos que le faltan para completar el personaje: enamorado, torpe pero ingenioso, melancólico, habilidoso, soñador y perdedor…


La E de la Enciclopedia rusa de Circo le dedica el dibujo de la capitular a su famoso número del violín: "One of the best mimic scenes staged by Leonid Engibarov is The Violinist. A fiddle has come by accident into the hands of a mischievous person. He has only seen others play the violin and so he presumtuosly attemts to imitate the playing of musicians. Although Engibarov fails in his combat with the violin, he wins another victory with his audience". Al final de esta maravillosa película podemos verlo. Entretanto, acomodémonos, para deleitarnos con el impresionante hipopótamo del amaestrador de animales exóticos Stepan Isaakyan (uno de los animales más difíciles de amaestrar a causa de sus malos modales), o su serpiente pitón; la vertiginosa bajada en equilibrio sobre la cabeza en un raíl deslizando sobre un cable inclinado (el mismo acto que utiliza Lon Chaney para suicidarse en la película de 1928, Laugh Clown Laugh); el vuelo de la trapecista y el majestuoso águila; los números de banquina, olímpicos, un equilibrio sobre escalera en percha que, con su puesta en pista del año 1963, se anticipaba muchos años al llamado nuevo circo; y el excelente y trepidante número de malabarismo. Una verdadera lección de auténtico circo



Tchanaparh depi krkes
(Road to the stage, 1963)
 
Producción: Armenfilm Studios (URSS) 
Director: Henrik Malyan y Levon Isahakyan 
Guión: A. Galiev y Aleksandr Yurovsky 
Intérpretes: Leonid Yengibarov (Leonid), I. Shestua (Ira), I. Danzas (la madre), H. Danzas (el padre), Varduhi Varderesyan (Maro), Karp Khachvankyan (Ashot), Vladimir Tatosov (Khachyan), Gen (Taryan), S. Isahakyan (entrenador), B. Asaturyan (un gemelo), R. Asaturyan (el otro) 
88 min. Blanco y negro

12 de junio de 2026

Anatoly Martchewski

Клоун (Kloun 1980), Natalya Medyuk

CUANDO descubrí a este payaso en una grabación del XVIII Festival de Circo de Montecarlo (1994) me dije: "Mira, un payaso hippy". Las flores de su camiseta y su manera de enfrentarse a la pista me llamaron la atención, Más adelante en su número, viendo su destreza con el rulo y el monociclo, me quedé maravillado y comencé a descubrir que el clown contemporáneo pasaba por la URSS.

 

Karandash, Popov, Nikulin y Shuidin, Enguivarov, Musin, Nikolayev, Vyatkin, Makovsky, nombres difíciles de localizar y que iban apareciendo en documentales extraños, de exaltación del arte circense soviético, como el que me regaló El Niño Costrini: Payasos y Niños, un documental, sin títulos de crédito, únicamente con ese título en castellano, distribuido en Argentina, que me es imposible localizar en ninguna base de datos y que es un baúl de payasos soviéticos "desconocidos".

"…There is a real danger that clowning in the West may become fossilized in a highly stylized and no longer funny tradition of character and costume. Artistes like Oleg Popov and Anatoli Martchevski have given an indication of these ideas …" (George Speight, The Book of Clowns, 1980).

La Escuela Estatal de Circo y Variedades de Moscú se llama M. N. Rumyantsev, en honor a Karandash. Los payasos eran premiados con medallas al Mérito y considerados héroes populares, al mismo nivel que los grandes actores o bailarines. Martchewski es uno de ellos. Sus actuaciones durante las giras por Europa occidental y Estados Unidos dejaron huella en el público. Monica J. Reveney, en su espléndida publicación Le Grand Livre du Cirque (1977) escribe:"Chez lui, aucun maquillage et rien d´un clown traditionnel: c´est un gandin aux cheveux longs, â la démarche dansante, vêtu d´un pantalon à franges et d´un Tshirt fleuri. Facétieux et frondeur, il sème au cirque une panique permanent (…) Martchewski prouve avec talent qu´un clown peut être charmant, élègan et…très drôle!"
Su prestigio se ha mantenido hasta hoy en día que dirige con inteligencia el circo estable de Ekaterinburgo, una ciudad fría de Rusia en mitad de los Urales que, recientemente (del 5 al 8 de abril de 2008), ha organizado el First International Festival of Clowns, coincidiendo con el aniversario del comienzo de la carrera artística de su director. En el Festival estuvieron Monti, Pipo y Tito compartiendo arena con Shiner, Larible, los Hermanos Tanquin y un montón de payasos de la Federación Rusa que me es imposible traducir, entre los que se encontraba el hijo de Anatoli Martchewski, al que podéis ver en la foto del calendario que incluyo, un ejemplo del marketing ruso circense.

La película que nos ha acercado a Martchewski a estas páginas es Kloun (1980), una serie de televisión de dos capítulos de una hora, que he descubierto gracias al incombustible baks. En ella, un conocido payaso, de gira durante demasiado tiempo, se reencuentra con el circo estable de Moscú, con sus amigos, amores y compañeros. Las cosas han cambiado mucho, pero el payaso lo tiene claro: su objetivo sigue siendo el mismo: hacer reír.




Клоун (Kloun, 1980)
Producción: Odessa Film Studios (URSS)
Dirección: Natalya Medyuk
Guión: Denis Dragunsky y Viktor Dragunsky
Intérpretes: Anatoli Marchevsky, Natalya Varley, Natalya Trubnikova, Vladimir Naumtsev, Valentin Nikulin, Yuri Kamornyj, Rimma Bykova, A. Golitsyn y Yelena Kamburova.
150 min. Color

5 de junio de 2026

Circos en blanco y negro

El circo siempre ha tenido gran atractivo para los medios de comunicación. Su color, olor, vitalidad y cierta mística del riesgo a la muerte, hacen que los medios de comunicación se interesen por este espectáculo y que continuamente veamos por la televisión noticias o documentales relacionadas con el circo. Aquí tenemos dos ejemplos tempranos de esto. Dos documentales que circularon en la década de los años cuarenta y que nos muestran dos lados diferentes de esta vida nómada: la función, con sus aplausos, lentejuelas y serrín de la pista; y la vida diaria, el continuo ir y venir, el cuidado de los animales y el entrenamiento diario. 

En el primero podemos destacar un par de apariciones del payaso Emmet Kelly y el número de boxeo de Otto Griebling, así como el entusiasmo del narrador a la hora de presentar los diferentes números. En el segundo, realizado en el circo austriaco Rebernigg, nos sorprende un montaje eficaz y entretenido que ayuda a mantener el interés en el documental, teniendo su momento de clímax en la escena del domador Karli Rebernigg con la cabeza en la boca del león. Realmente impactante. 

Here comes the circus (1942)
Castle Films (USA)
Director: Howard Bretherton
Con la participación de: Emmett Kelly (Circus Clown), Otto Griebling (Circus Clown), Clyde Beatty (Animal Trainer), Betty Rich (Trapeze Artist), Dorothy Herbert (Blind-folded Horse Jumper), Jean Allen (Elephant Rider).
Filmado en el Cole Bros. Circus.
14 min. B&W


 

A circus wakes up (1949)
Argo Films (USA)
Filmado en el Circo Rebernigg
9 min. B&W

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28 de mayo de 2026

El profesor Thalès


La Nuit fantastique (1942), Marcel L'Herbier

Pongámoslo por delante. El título de trabajo de La Nuit fantastique era “La tumba de Méliès” y Marcel L’Herbier pretendía con ella rendir homenaje a nuestro santo patrón, el mago del teatro Robert Houdin. Sólo por eso La Nuit fantastique tendría un lugar preferente en la filmoteca de la carpa.

El sueño y la vigilia
Los historiadores suelen emparejar esta película con Les Visiteurs du soir, de Carné, y L’éternel retour, sobre un guión de Cocteau, como muestras del cine evasivo practicado por los cineastas franceses durante la ocupación nazi. Al cinéfilo contemporáneo le traerá a la memoria After Hours (Jo, qué noche, 1985), de Martin Scorsese. Pero La Nuit fantastique reviste algunas características especiales. Se trata de una obra esencialmente fantástica, refractaria a interpretaciones en clave, y su adscripción al romanticismo onírico, apenas deja resquicio para la lectura alegórica. La cinta se plantea desde el principio como un entretenimiento modesto, con ribetes humorísticos para los que, por otra parte, L’Herbier no parece especialmente dotado. Su motor sería un pensamiento de Blaise Pascal en el que éste ponía en duda la realidad de nuestra vida de vigilia, como contrapunto al tiempo que pasamos soñando. Ahí es nada.

Denis (Fernand Gravey), un estudiante de filosofía harto improbable dada su edad, se gana la vida trabajando por las noches en un puesto de flores del mercado central parisino. Mientras descabeza un sueñecito su cuerpo se desdobla y persigue a una evasiva dama de blanco. Su amigo Lucien (Bernard Blier), que estudia medicina, le recomienda reposo. Sólo así cesarán las alucinaciones. Pero Denis está convencido de que no hay tal. La dama existe; la pasada noche ha dejado caer un ramo de flores a su lado.

Esa noche vuelve a aparecérsele en sueños. En un clima fantástico de nieblas irreales y puertas que se abren solas, Denis sigue a la mujer al interior del “Au grand pére tranquille”. La dama, que se presenta como Irène (Micheline Presle), invita a Denis a compartir la mesa con su padre (Saturnin Fabre) y su prometido (Jean Parédès). Que el padre es mago profesional comenzamos a intuirlo cuando hace desaparecer la copa de Denis en el momento en que éste va a beber de ella. Se hace llamar profesor Thalès y le entrega una tarjeta para que acuda esa misma noche a su Academia de Magia. La mujer enigmática le pide que no olvide la cabeza.

En la Academia hay toda clase de aparatos mágicos, cajas misteriosas, guillotinas, sables, maniquíes descabezados… Irene obliga a Dènis a cambiar su ropa de trabajo por el esmoquin de uno de los maniquíes, si es que quiere acompañarla a le velada que está a punto de celebrarse en el Museo del Louvre. Tienen que llevar en una caja, una cabeza idéntica a la de Irène. Denis, convencido de que todo es un sueño, acepta.

El organizador confunde a Denis con un mago y le hace pasar al escenario donde el profesor Thalès y el prometido de Irène están preparando la trampa que la hará enloquecer definitivamente, porque de esto se trata: hay un plan criminal detrás de tanto misterio. Comienza el espectáculo del profesor Thalès: un truco de escamoteo con dos sarcófagos en el escenario. Irène se ofrece voluntaria. Denis, borracho, pero sabedor de lo que va a ocurrir, intenta retenerla. Irène, atada, es introducida en un sarcófago. Cae por la trampilla al sótano donde dos momias. Uno ignora si Louis Chavance, el argumentista, tenían en mente “la atacan Los habitantes de la casa deshabitada”, comedia con fantasmas de Enrique Jardiel Poncela, cuyo argumento en este tramo es muy similar, por mucho que Jardiel explore estas situaciones hasta la médula y La Nuit fantastique se pierda un poco en el apunte cómico bienintencionado. En el escenario, el profesor Thàles atraviesa con los sables el sarcófago y abre la puerta del otro, donde aparece Irène. Ahora entendemos la función de aquella cabeza decapitada a la que Denis dedicó algunos piropos. En plan héroe, agarra uno de los sables y se introduce en el primer sarcófago para acudir al rescate de la dama misteriosa.

Consiguen escapar de las momias y se refugian en casa del ciego Adalbert (Charles Granval). Denis le ha arrebatado al profesor un libro titulado “La clave de los sueños”, pero antes de que puedan descifrar su contenido Irène es secuestrada por los secuaces del profesor disfrazados de enfermeros. La conducen en ambulancia a la clínica de reposo del doctor Tellier (Marcel Lévesque). Denis les sigue en bicicleta. Iréne se va desnudando y arrojando prendas por la ventanilla para que él pueda seguir su rastro. En la clínica, la pareja consigue escapar por los tejados. No encuentran taxi pero, como están en el sueño de Denis, pueden viajar volando en bicicleta. Llegan así al Caveau des Ilusions, un extraño restaurante en el que los clientes son maniquíes y los camareros visten dominó y llevan antifaz. El profesor Thalés tiene aquí un despachito de nigromante. Hace beber un narcótico a la pareja. Sus sicarios devuelven a Irène a su casa y a Denis al mercado. Los compañeros le despiertan. Todos están convencidos de que ha sido un nuevo sueño de la fértil imaginación de Denis. ¿O no?

Igual da, porque convencido de que habita en un sueño, Denis ha abandonado toda inhibición. Durante esa noche ha puesto en riesgo su vida una y otra vez y se ha enfrentado a la locura sin otras armas que su convicción de que el amor es más fuerte que todo.

El espíritu de Méliès
El espíritu de Méliès que invocábamos al principio se manifiesta apenas en el viaje en bicicleta y en el histrionismo encantador de Saturnin Fabre. Podríamos reprocharle a L’Herbier la torpeza de desvelar los secretos de los trucos del profesor Thalès pero deberíamos de reconocer a renglón seguido su capacidad para crear climas irreales a partir de situaciones prosaicas… ¡Esa niebla que preludia los Poes de Corman!

Los efectos caleidoscópicos para visualizar la borrachera de Denis no son dignos del planificador imaginativo de L’Argent (1928), ni el desolado decorado del sótano egipciaco hace justicia al creador de L’Inhumaine (1924). Y, sin embargo, reconocemos su toque mágico en el interior de un taxi rodeado por la niebla en el que sólo una sugerencia sonora nos transporta en el espacio, o en la delicadeza con que Denis contempla la cabeza cortada en el interior de la caja. La magia, viene a decirnos L’Herbier, no está en el escenario, sino en nuestra fantasía… o en nuestros sueños, que vienen a ser su mejor vehículo.

Aquí la podrán ver si se atreven con este enlace.


La Nuit fantastique (1942)
Producción: UTC (FR)
Director: Marcel L'Herbier.
Guión: Louis Chavance, Maurice Henry y Marcel L'Herbier, sobre un argumento original de Chavance
Diálogos: Henri Jeanson.
Intérpretes: Fernand Gravey (Denis), Micheline Presle (Irène), Saturnin Fabre (el profesor Thalès), Jean Parédès (Cadet, su ayudante), Charles Granval (el ciego Adalbert), Marcel Lévesque (el doctor Tellier), Michel Vitold (Boris), Christiane Nère (Nina), Bernard Blier (Lucien), Roger Caccia (un loco que se cree un reloj), Zita Fiore, Paul Frankeur.
86 min. Blanco y negro.