12 de diciembre de 2009

Cantinflas, cortometrajista


Cantinflas debuta en el cine en 1937. Realiza algunas intervenciones de carácter secundario en películas de largo metraje pero, en paralelo, produce a lo largo de 1939 y 1940 siete cortometrajes para la marca Posa Films. En esta serie de cintas de dos rollos, al modo clásico, sienta las bases de lo que será su personaje cinematográfico en lo sucesivo. En el equipo figuran de manera prominente Fernando A. Rivero en la realización, Jack Draper a la cámara y los guionistas Estanislao Schilinsky y F. J. Villareal.

Los dos primeros episodios de la serie presentan a Mario Moreno como “genial cómico metropolitano” y se autoubican en un género descrito como “episodios cortos de la vida vernácula mexicana”. En Siempre-Listo en las tinieblas Cantinflas aún no se ha encontrado. Están ya el vestuario y los juegos de palabras pero Mario Moreno no es aún el “pelado” chaplinesco. Está casado y vive en un hogarcito burgués. Tanto, que un ladrón conocido como “El Boinas” lo elige como objeto de sus desvelos profesionales. Entonces es la señora Albondigón (Chelo Gómez) quien se desvela y despierta a su marido, el cobarde recalcitrante Chencho Albondigón (Cantinflas). Una rutina sencilla constituye el grueso de la trama. Chencho se alista para enfrentarse al intruso, llega al salón, pregunta si allí hay alguien, “El Boinas” contesta que no y Chencho se vuelve a la cama tan tranquilo a seguir durmiendo. Finalmente logrará detenerlo cuando el otro ya escapaba de casa con el botín. Durante el desayuno Chencho cantinflea a costa del artículo periodístico en el que se relata su hazaña. Alardea de su valor y tira de revolver. Un disparo fortuito hace que el techo se desplome sobre su cabeza. Fin.

Su siguiente aparición en la pantalla es una especie de largo publi-reportaje del ginger-ale de Canada Dry. De ahí el título: ¡Jengibre contra dinamita!. Chila (Gloria Marín), la hija de don Cleto, prefiere esta bebida de jengibre. El malvado Ojo-Tapado (A. Ramírez), en cambio, sólo bebe aguardiente con pólvora. Cantinflas llega a la cantina rural con su hatillo al hombro. Es “de allá” y se hace llamar Bala-Fría. Está claro que en la cantina no habrá tranquilidad en tanto que ande por allí. Chicolea a la chica, interrumpe continuamente a los jugadores de dominó y sus comentarios ofenden al matón Ojo-Tapado. Éste decide darle una lección. Cantinflas se escurre al modo chaplinesco hasta que detiene al malvado “abusativo” con una pistola. La recompensa son cinco mil pesos y la mano de Chila. La pareja se fotografía mientras los invitados a la boda brindan con Canada Dry.

El otro corto publicitario de la serie es Cantinflas ruletero y está patrocinado por la Chevrolet, cuyo concesionario visita el taxista Baldomero (Cantinflas) en los primeros compases de la cinta. En una de sus correrías –cuando el taxi no está averiado le falta combustible- rescata de una agresión callejera a Rosita (de nuevo Gloria Marín). Ella le lleva a casa para que conozca a su mamá (María Calvo) y le presenta a las otras cuatro hermanas. Cada una de ellas se ofrece a regalarle un automóvil nuevo. El ruletero Cantinflas no duda ni un segundo en pedir que todos sean de la marca Chevrolet El epílogo presenta a las cinco muchachas como sugestivas taxistas en el “Sitio de Cantinflas – El sitio mejor sitiado”.

Gloria Marín, la compañera de Cantinflas en estos dos títulos, se encontraría al año siguiente con Jorge Negrete en el reparto de Ay, Jalisco, no te rajes. Fue el principio de una de las historias de amor más sonadas de la Edad de Oro del cine mexicano.

Más entidad dramática tiene Cantinflas y su prima (1940). Estanislao Schilinsky escribe y co-protagoniza un vodevil en toda regla. Inés (Chelo Gómez) es una casada casquivana con numerosos “primos”. Cantinflas es un fontanero que lleva quince días arreglando el baño. Cuando la señora está a punto de hacerlo “entrar” en su cámara -y el diálogo tiene todo el doble sentido del entrecomillado- se presenta allí uno de los primos (Wilfrido Moreno) que pone a Cantinflas de patitas en la calle no sin antes intercambiar con él una catarata de dicterios absolutamente incomprensible. Cantinflas llama a Gonzalo de Aúlla y del Toro (Estanislao Schilinsky), el marido de Inés, y le pone sobre aviso. Su plan es enfrentar al marido y al amante; en cuanto ambos se peleen él se quedará con la changuita. Después de una larga conversación con el marido cornudo, orquesta el duelo entre ambos. Pero cuando por fin parece que logrará el amor de Inés, ésta aparece con su nuevo amante (Tito Novaro).

En Cantinflas boxeador –trama clásica de botarate metido en un combate pugilístico imposible que han utilizado Charlot, Keaton, Harold Lloyd y José Luis Ozores- Cantinflas comparte de nuevo cartel con Schilinsky, que escribe el guión en colaboración con F. J. Villareal. Nacido en Lituania, Shillinsky formaría uno de los dúos más perdurables de la comedia mexicana junto a Manuel Palacios Sierra "Manolín”.

Cantinflas y Schilinsky se habían encontrado en 1929, en una carpa donde habitualmente se daban los espectáculos de variedades en México. El propietario de la carpa era un ruso huido de la Revolución llamado Gregor Ivanov. Como en los cuentos, este señor tenía tres hijas. Schilinsky se casó con una de ellas (Olga Subarev Ivanova) y Cantinflas hizo lo propio con su hermana (Valentina Ivanova), en 1936, así que todo quedaba en casa. En 1940, cuando Cantinflas debute por fin en el largometraje con su máscara cinematográfica ya cuajada, en Ahí está el detalle, obtenga un éxito tan inmenso que servirá de pórtico a cuarenta años de carrera cinematográfica, con incursión hollywoodense incluida. Pero esa es otra historia.

Los cortometrajes de Mario Moreno “Cantinflas”:

Siempre-Listo en las tinieblas (1939), Fernando A. Rivero 
¡Jengibre contra dinamita! (1939), Fernando A. Rivero 
Cantinflas y su prima (1940), Carlos Toussaint 
Cantinflas y los censos (1940), Miguel Zacarías 
Cantinflas torero (1940), Fernando A. Rivero 
Cantinflas ruletero (1940), Fernando A. Rivero 
Cantinflas boxeador (1940), Fernando A. Rivero


8 de diciembre de 2009

Tres miradas sobre Cantinflas


Mario Moreno Reyes, alias “Cantinflas” 
12 de agosto de 1911 (México DF) - 20 de abril de 1993 (México) 

1. El recientemente fallecido Francisco Ayala glosó el deslumbramiento del primer Cantinflas en su exilio americano: “Lo que destaca enseguida a Cantinflas de la turbamulta de cómicos afortunados es su capacidad para romper la costra de las circunstancias locales, haciendo brotar por entre sus grietas un zumo de humanidad esencial. Y ellos no como simple resultado de su natural gracia, sino por obra de sus trabajo consciente. (…) El habla de que se ha provisto Cantinflas, y mediante la que consigue dar una impresión universal de localismo, toca su culminación y alcanza su ápice en esas interminables retahílas donde en resumen no se ha dicho nada pero se ha expresado hasta el fondo”.

2. Cuando el cineasta brasileño Glauber Rocha llega a España en 1970 trae como objetivo la producción de un peculiar cruce entre el Quijote y Macbeth. La película se tituló Cabezas cortadas. Adalid del “Cinema Novo” brasileiro, agitador cultural, visionario y místico, Rocha es objeto de atención por la crítica española más comprometida. A él se acercan como al oráculo. ¿Qué es lo más interesante del cine latinoamericano? Rocha se despacha con que cualquier imitación del cine yanqui es hacerle el juego al imperialismo: dramas, comedias, películas caligráficas… Todo es uno. ¿Qué salva entonces? Las primeras películas de Cantinflas. Aquellas que reflejan, según Rocha, la auténtica idiosincrasia del indígena, la que sólo se puede encontrar en los espectáculos populares de carpa.

3. Rumberos catalanes de la primera hornada: los hermanos José y Delfín Amaya. Los Amaya. Los de rumbas definitivas como “Caramelos” o “Zapatero remendón”, los del archipopular “Vete”. Porque nadie te escribió una canción, es mi homenaje: Mario Moreno “Cantinflas” En el cine y en el barrio yo te vi Tantas veces tú me hiciste sonreír. Hoy quizás tu corazón está cansado y recuerdas con nostalgia aquellos años. Cantinflas, inimitable Cantinflas. Al mundo has hecho sonreír, esta canción es para ti.

… Cantinflas protagonizó medio centenar de películas de largo y cortometraje. Buena parte de ellas fueron producidas por Posa Films, dirigidas por Miguel M. Delgado y escritas por Jaime Salvador. Al contrario que Germán Valdés “Tin Tan”, Fernando Soto “Mantequilla”, Manolín y Shillinsky o Joaquín Pardavé, su comicidad caló en el mundo anglosajón. Around the World in Eighty Days (La vuelta al mundo en ochenta días, 1956) y Pepe (1960) fueron sus intentos más evidentes de practicar lo que los sajones llaman el crossover. En coproducción con España rodó Don Quijote cabalga de nuevo (1973), en la que encarnaba a un peculiar Sancho Panza. El diccionario de la DRAE recoge el verbo “cantinflear” –“hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada”- y el sustantivo “cantinflada”. La serie de televisión con el peladito animado “Cantinflas Show” es pasto de youtube.

11 de noviembre de 2009

El mago de la sala Lux



Le notti di Cabiria (Las noches de Cabiria, 1957), Federico Fellini

Papà Colombaioni ha sido para mí un colaborador precioso.
No sólo porque haya puesto a mi disposición su carpa y su prole de hijos y nietos,
que saltaban como canguros por todas partes, sino, sobre todo,
por el ambiente de intimidad que transmitía su circo,
con algo de indefinible y de onírico”.

Federico Fellini

Como a Dorita en “El mago de Oz” hay algo siempre que nos empuja a volver a casa. Y uno se encuentra como en casa en este teatro cochambroso del suburbio romano: el Lux. Aquí lo mismo te ponen una película de aventuras exaltando el fascismo que una de teléfonos blancos. De hecho, si hemos acompañado a Cabiria en una de sus correrías nocturnas –porque Cabiria es una lumi de las que sólo caen por Via Venetto para comprobar que en esto de la prostitución también hay clases- nos habremos tropezado con el mismísimo Amedeo Nazzari, el hombre por el que suspiraban las mujeres de los países del Eje (España incluida) veinte años atrás.


Pues he aquí a la atribulada Cabiria (Giulietta Masina) ante la fachada del Lux, dispuesta a buscar un rato de evasión en una de esas funciones de variedades que el propio Fellini había inmortalizado en Luci del varietà. En el escenario actúa un mago innominado (Aldo Silvani). La primera parte de su número ha consistido en el escamoteo de la cabeza de su ayudante, encerrado en una caja atravesada por sables.

La segunda parte tiene que ver con el magnetismo y la hipnosis. Cinco garridos muchachos se ofrecen como voluntarios y al punto están remando en un banco. A la invocación del mago de una imaginaria tormenta, los gamberros se lanzan al mar o imploran por sus vidas. Un pase mágico les devuelve a la realidad en una situación de ridículo que provoca la hilaridad de los espectadores.

Cabiria cree que puede irse de rositas, pero el mago la detiene con sus poderes mesmerizantes. Bajo la chistera esconde unos cuernos de Mefistófeles de teatrucho. Un pase hipnótico y la baqueteada prostituta se convierte en una adolescente virginal que conoce por primera vez el amor junto a un imaginario príncipe azul llamado Óscar. La luz cruda del foco muestra al mago con su cansancio y sus ojos pintados, pero envuelve a Cabiria en un halo de inocencia recuperada o, caso, nunca perdida. Fellini pone buen cuidado en mostrarnos entre cajas, en segundo término, a los trabajadores del teatro, tonteando con las chicas o fumando un pito. La magia sólo tiene lugar en el escenario. Detrás todo es tramoya.

Giulieta – Gesolmina – Cabiria… y los ColombaioniEn otro lugar hemos hablado de la participación de la familia Colombaioni en la gestación de I Clown. La relación con Fellini arranca precisamente en Le notti di Cabiria donde es posible ver a Vittoria en moto y a Carlo y Romano sirviendo de soporte a esa escena magnífica en que Giulietta Masina da cumplida cuenta de su maestría en la pantomima. Más allá de Gesolmina, la Masina es el augusto ingénito, aquel que por todo maquillaje no precisa más que una lágrima pintada.

Giulietta Massina ya había interpretado el personaje de esta puta lunar y chaplinesca en Lo sceicco bianco (El jeque blanco, 1952), un personaje episódico con el que se encuentra Leopoldo Trieste vagando en la noche romana mientras su mujer tontea con un Alberto Sordi protagonista de fotonovelas. Después del Oscar de la Academia de Hollywood a La strada, la resurrección de Cabiria fue el mejor regalo que Fellini pudo hacerle a su señora.

Aquí tienen el trailer.


Le notti di Cabiria (Las noches de Cabiria, 1957)
Producción: Dino de Laurentiis (IT) / Les Films Marceau (FR)
Director: Federico Fellini.
Guión: Federico Fellini, Tullio Pinelli y Ennio Flaiano. Con la colaboración de Pier Paolo Pasolini.
Intérpretes: Giulietta Masina (Cabiria), Aldo Silvani (el mago), François Périer (Oscar D'Onofrio), Franca Marzi (Wanda), Ennio Girolami (Amleto), Amedeo Nazzari (Alberto Lazzari), Dorian Gray (Jessy), Vittoria Colobaioni (la chica de la moto), Romano Colombaioni, Carlo Colombaioni..
113 min. (la versión restaurada). Blanco y negro.

6 de noviembre de 2009

Voltan, el hipnotizador del Rainbow Room


The Curse of the Jade Scorpion (La maldición del escorpión de jade, 2001), Woody Allen

Cuando escuchen la palabra “Constantinopla” estarán ustedes bajo el poder del escorpión de jade. Entonces caerán en un sueño profundo y obedecerán sin rechistar las órdenes del Profesor Voltan, un granuja de medio pelo, que puede hacer que comenten ustedes una serie de robos sensacionales sin tener que ponerse siquiera los guantes blancos de ladrón de lo mismo. ¡Constantinopla!

El Profesor Voltan Polgar (Donald Ogden Stiers) tiene un número de mentalismo en el club neoyorquino Rainbow Room. Ataviado con un turbante y asistido por una bella señorita de rasgos orientales (Carole Bayeux) es capaz de adivinar el número de la Seguridad Social de cualquiera con los ojos vendados. Luego, pedirá voluntarios entre el público y demostrará el poder hipnótico del escorpión de jade que fue amuleto de un ignoto emperador chino. Entre los voluntarios podrían salir dos de los empleados de la agencia de seguros North Coast, que han ido allí a celebrar el cumpleaños de George (el estupendo Wallace Shawn), que es un gran aficionado a la magia. Los voluntarios resultan ser los escépticos C.W. Briggs (Woody Allen), un investigador de la vieja escuela, machista y jugador, que se mueve como pez en el agua entre soplones, y Betty Ann Fitzgerald (Helen Hunt), especialista en rendimiento que pretende poner un poco de orden en el archivo de la agencia en tanto se entiende con el director de la misma (Dan Aykroyd).

Briggs y la señorita Fitzgerald se odian a primera vista, pero en el trance hipnótico se ven obligados a sentirse apasionadamente enamorados. Si además cada uno sospecha del otro como el ladrón que está cometiendo los robos desde dentro de la agencia ya tienen ustedes servida una comedia policiaca aliñada con buenas dosis de guerra de sexos. Lo ideal para que Allen recree el ambiente de algunas películas de los años treinta y cuarenta, vampirice el adulterio y el intento de suicidio de The Apartment (El apartamento, 1960), de Billy Wilder, y devuelva a la vida a Veronica Lake con las hechuras de Charlize Theron.

El final, en un almacén pirotécnico de Chinatown. No podía ser de otro modo en una película bajo el maleficio del escorpión de jade. Y, de paso, Allen puede citar otra escena memorable del cine de ladrones de guante blanco: el beso entre Cary Grant y Grace Kelly en To Catch a Thief (Atrapa a un ladrón, 1955), del tío Alfred. Así que, ya saben, si un hipnotizador pide voluntarios piénsenselo dos veces antes de salir al escenario. Cuando chasqueemos los dedos despertarán ustedes descansados y no recordarán nada de lo que aquí han leído. ¡Despierten! 

The Curse of the Jade Scorpion (La maldición del escorpión de jade, 2001) 
Producción: Rollins & Joffe para DreamWorks SKG (EEUU) 
Guión y Dirección: Woody Allen. 
Intérpretes: Woody Allen (C.W. Briggs), Helen Hunt (Betty Ann Fitzgerald), Dan Aykroyd (Chris Magruder), David Ogden Stiers (Voltan Polgar), Carole Bayeux (la ayudante de Voltan), Wallace Shawn (George Bond, mago aficionado), Dick Hyman (el director de la orquesta del Rainbow Room), Elizabeth Berkley (Jill), Charlize Theron (Laura Kensington), John Tormey (Sam). 
103 min. Color.

28 de octubre de 2009

Un folletín anticapitalista

Miss Mend / Мисс Менд (1926), Fiodor Otsep y Boris Barnet.

Tiene a bien enviarnos nuestro venerable Abuelito esta muestra de serial a la soviética, exhumado de entre las muchas maravillas que guarda en su Desván. Como estamos en plena conmemoración de la Revolución octobrina lo reseñamos para nuestros lectores.


Jim Dollar 
El guión de Miss Mend se basa en una novela satírica, “Mess-Mend, ili Yanki v Petrograde”, publicada en 1923 por Marietta Shaginian con el seudónimo de Jim Dollar. La novela se publicó a modo de folletín, en diez entregas. Pero la dulce Marietta –que diría Brassens- fue reconvenida por fijarse en estos asuntos tan burgueses como decadentes y decidió dedicar su pluma al periodismo y la glosa viajera. A finales de los años veinte –nos cuentan los cronistas- pasó una buena temporada en Armenia colaborando en la construcción de una gran presa. El resultado de sus observaciones quedó plasmado en 1929 en “Gidrotsentral”, aplaudida por su acercamiento al realismo socialista estricto. Acaso en sus diarios (“Dnevniki: 1917-1931”), editados en Leningrado en 1932, se halle la explicación de su conversión y qué se hizo de Jim Dollar, aquel escritor de novelas pulp para el pueblo soviético.

En el prólogo de “Miss Mend” se fabula con la idea de que la primera edición en la Unión Soviética es, en realidad, la vigésimo segunda de una novela de éxito universal de este escritor populista y pomposo llamado Jim Dollar. Se postula en este prefacio la necesidad de una literatura de aventuras para consumo de los jóvenes en la que no falte el humor. Cuando el editor le reprocha a Jim Dollar su autosuficiencia, el autor replica: “Probablemente sea un defecto. En cualquier caso sería uno que comparto con Goethe”.

Un argumento en tres partes 
Miss Vivian Mend (Natalia Glan) es una taquimeca de la Rockefeller Co.: una Pearl White con conciencia de clase. Tom Hopkins (Igor Ilinsky), el tímido escribiente, está enamorado de ella hasta las cachas. Pronto tendrá ocasión de demostrarlo porque los obreros se ponen en huelga y la policía, en connivencia con los patronos, no tiene miramientos a la hora de utilizar la violencia. Miss Mend salta desde la ventana para liderar la revuelta. Hopkins la sigue. Pronto se reúnen con ellos Barnet (Boris Barnet), un intrépido reportero del rotativo “La Voz de Littletown”, siempre a la caza de la noticia sensacional, y Vogel (Vladimir Vogel), su inseparable fotógrafo.

Persecuciones vertiginosas, escenas tomadas del universo eisensteniano, acciones rodadas en reversa para lograr saltos imposibles, evasiones filmadas con los modos de una película de los Keystone Kops… Barnet y Ozep ponen la batidora a funcionar desde el primer momento y el mejunje tiene carácter, desde luego.

Miss Mend es salvada in extremis por un individuo que viaja en coche y que dice llamarse Johnson. En realidad se trata de Arthur Storn (Ivan Koval-Samborsky), cuyo padre acaba de ser asesinado por los bolcheviques según difunde la prensa que no se atreve a publicar el reportaje sobre la huelga de Barnet y Vogel. El malvado Sitché (Sergei Komarov) viaja con la viuda y el sarcófago de vuelta a Estados Unidos. Inopinadamente el ataúd empieza a abrirse. En realidad el millonario está secuestrado por la banda de Sitché, que financias u organización criminal gracias al rescate. Gordon Storn consigue enviar un mensaje que cae en manos de Tom Hopkins. Las idas y venidas de este mensaje constituyen el macguffin de este primer episodio que culmina con los sicarios de Sitché se deshacen de la molesta Miss Mend arrojándola al mar.

La segunda entrega arranca cuando los dinámicos reporteros y Tom Hopkins salvan a Miss Mend. Se introducen en la mansión del millonario y averiguan que el hijo de éste, Arthur, se ha asociado con los facinerosos. Estos visitan un laboratorio donde se ha encapsulado la bacteria de la peste. El fragmento debe mucho –tanto en lo puramente decorativo como en su concepción- a los seriales criminales de Lang. El momento en que Sitché y sus socios capitalistas se quitan las chisteras para ponerse las máscaras de gas tiene toda la belleza del surrealismo de perra gorda. El que popularizaron los seriales de Feuillade. El que crea imágenes que pasan a formar parte de nuestras más hermosas pesadillas. Destaca también el momento en que nuestros héroes se enteran de los planes criminales de Sitché apoyados por toda la oligarquía financiera norteamericana. La reunión de los villanos es puro Bond. En la mansión en la que se reúnen hay unas armaduras medievales que, de pronto, cobran vida.

Sitché y Arthur Storn –que ha suplantado al ingeniero Berg- se embarcan hacia Leningrado. Miss Mend y sus amigos se embarcan también, aunque tengan que viajar como polizones. En esta segunda parte, que encontramos cuajada de referencias, no tenemos más remedio que aludir a Nosferatu. Barnet y Hopkins viajan en la bodega, en unos grandes cajones de madera, en tanto que en el barco en el que se ha introducido Vogel se declara una epidemia de peste.

Cuarentena. Vogel inmovilizado. Barnet persigue a Arthur Storn y lo desenmascara, arrancándole la barba postiza. Lucha a brazo partido. Puñetazos a granel. Una mesa tumbada oculta a los contendientes mientras Arthur Storn coge un cuchillo. ¿Llegará a tiempo Miss Mend de ayudar a Barnet? Fin de la segunda parte.

Miss Mend aún cree que Arthur Storn es su benefactor, el señor Johnson. Se asombra de encontrárselo en las afueras de Leningrado pero se cita con él por la tarde. Mientras tanto, Hopkins, que seguía a Sitché en tren, cae hipnotizado por el villano, émulo de Mabuse. Vogel puede por fin abandonar el barco. Su encuentro con un arrapiezo nos traslada de improviso al universo chapliniano. Es más, la primera nevada del año crea un inopinado remanso apacible en el que Barnet y Ozep se muestran irrevocablemente líricos. Ya les dijimos al principio que aquí cabe todo y todo encuentra su lugar.

Pero no nos relajemos. El plan de Sitché es diabólico. Las cápsulas mortales están suspendidas en cables que cruzan las calles de la ciudad. Todo lo controla él desde una clínica de reposo donde tiene su cuartel general. Los últimos veinte minutos son una catarata de acción trepidante. No hay tregua. Carreras a caballo y en coche por paisajes nevados, máscaras de gas, persecuciones y peleas, identidades desveladas, culminan con la escena impresionante de la muerte del villano.

Miss Mend y sus tres amigos pueden por fin regresar a Estados Unidos. Gracias a ellos miles de ciudadanos la Unión Soviética se han librado de una muerte terrible.

Otsep / Ozep / Otzoup (que de los tres modos puede escribirse) 
Fedor Ozep (o Fyodor Otsep, si así lo prefieren), el codirector de Miss Mend, fue un auténtico zíngaro del cine. Era todavía estudiante en la Universidad de Moscú cuando comenzó a escribir guiones cinematográficos. Esto ocurría allá por 1916. Junto a Protazanov, Pudovkin y Boris Barnet, integra el grupo de producción Mezhrabpom-Rus. De esta época es su colaboración en esa fantasía marciano-marxiana titulada Aelita (1924). De la Unión Soviética viajó a Alemania y de allí a Francia, huyendo del auge del nazismo, dirigió una película en Gran Bretaña e, incluso, camino de Estados Unidos recaló en España donde trabajó como técnico bajo el nombre de Pedro Otzoup y dirigió el remake de Maddalena: zero in condotta que De Sica había hecho en Italia en 1940. Previo paso por Marruecos, Ozep se dirigió al continente americano. No pudo hacer Guerra y Paz en Hollywood y terminó inventándose el cine francófono en Quebec apenas terminada la Segunda Guerra Mundial. Murió a los 54 años. Si se atreven, aquí pueden ver la versión completa de tres horas:

 





Miss Mend / Мисс Менд (1926) 
Producción: Mejrabpromfilm-Rus (URSS) 
Dirección: Fedor Ozep y Boris Barnet. 
Guión: Fedor Ozep, Boris Barnet y Vasili Sakhnovsky. 
Basado en una “Mess-Mend, ili Yanki v Petrograde” (1923), de Marietta Shaginian.
Intérpretes: Natalia Glan (Miss Vivian Mend), Igor Ilinsky (Tom Hopkins), Boris Barnet (Barnet, el reportero), Vladimir Vogel (Vogel, el fotógrafo), Sergei Komarov (Sitché), Ivan Koval-Samborsky (Arthur Storn), Natalya Rozenel (Elisabeth Storn), S. Ghez (John, el sobrino de Vivian), Mikhail Zharov. 
3 partes. 261 min., la versión restaurada. Blanco y negro.

13 de octubre de 2009

Farsa en el koljós


Schastye (La felicidad, 1934), Aleksander Medvedkin 

“Esta es la historia del infortunado Jmir, de su mujer-caballo Anna, de su acaudalado vecino Foka, de un sacerdote y una monja…” Aleksander Medvedkin debió de pensar que la educación de las masas era más factible por vía de la farsa que de la moralina y concibió esta Schastye que hoy les presentamos. Luego, el Estado dispuso que éste no era ése el camino adecuado y Medvedkin tuvo que conformarse con escribir al dictado. Esto al menos es lo que nos cuentan los que saben del asunto; entre ellos, el documentalista francés Chris Marker, responsable en buena medida de que la película haya llegado hasta nosotros. Las fuentes de Schastye son rastreables: los cuentos populares, el teatro de Meyerhold, las viñetas satíricas y el slapstick desaforado de Keaton y Larry Semon. Veamos algunos ejemplos…

Jmir (Piotr Zinovyev) envidia a Foka. Lo espía a través de un agujerito en el muro que separa su pobre granja del jardín de su vecino. Las suculentas viandas vuelan hasta la boca de Foka por arte magia… Ya sabemos que la magia cinematográfica es, en primera instancia, el paso de manivela que patentaron Méliès y Chomón. El sueño de Jmir: vivir como un zar. Anna (Yelena Yegorova) que lo envía a “buscar la felicidad” y le conmina a no regresar en tanto no la haya encontrado. La montaña que Jmir debe roturar con ayuda de su nuevo caballo. La granja en la noche: ilustración de un cuento infantil, con su luna de cuernos.

La mujer que se convierte en caballo cuando el auténtico caballo cae enfermo, el abuelo que muere estirando –literalmente- la pata en el jardín de Foka… Soldados uniformados hasta en la máscara. De Vsevolod Meyerhold proviene la estilización del trabajo de los actores.

Sacerdotes avaros, candados más grandes que los baúles que protegen, los hambrientos koljosianos, pies enormes, narices y barbas de pega… Caricaturas que nos traen a la memoria las ilustraciones del checo Josef Lada para “El bravo soldado Schwejck”.

Un apunte buñueliano: dos monjas con los hábitos transparentes que dejan ver sus senos. Como en los cuentos, después de haber encontrado una fortuna y de que los demás –ejército, Iglesia, terratenientes y funcionarios del zar- la hayan esquilmado, después de haber construido su propio ataúd y de haber sido detenido antes de poder disponer de su vida, porque incluso su vida pertenece a sus amos… Después de todo esto, decíamos, como en los cuentos Jmir “fue azotado durante 33 años, fue fusilado en 12 frentes y le mataron 7 veces en los Cárpatos. Esto le hizo perder toda confianza en encontrar la felicidad”. Estas cartelas trazan la elipsis de la Rusia Zarista a la joven Unión Soviética del primer Plan Quinquenal.

La película está dedicada “hasta el último holgazán koljosiano” y estos hacen su aparición en el cuadro postrero. Anna se ha transformado en una trabajadora modelo, en una fiera con el tractor, en tanto que Jmir se ha convertido en un aguador indolente. Tampoco algunos granjeros han aceptado de buen grado la Revolución y prefieren permanecer al acecho, como buitres. Jmir es el encargado de vigilar el grano. Los famélicos holgazanes aprovechan su despiste para robar el granero, que se convierte en una especie de animal monstruoso. Jmir los persigue en una secuencia ejecutada y ritmada en el más puro estilo Keaton.

Jmir se convierte en un héroe al salvar a los caballos de un incendio provocado por el malvado Foka. Sus camaradas campesinos lo aclaman. Anna le acepta. Van a la ciudad a comprar un traje nuevo. A nosotros nos parece un traje de burgués, pero es mejor que sus harapos, de los que intenta deshacerse a toda costa. Como Chaplin en The Kid (El chico, 1920) con Jackie Coogan, el asunto parece imposible. Jmir no puede dejar atrás su pasado. Finalmente abandona la ropa en un descampado. Dos mendigos se pelean por ella.

Jmir y Anna ríen de buena gana. En esto debe consistir, nos cuenta el satírico Medvedkin, la felicidad. 

Schastye (La felicidad, 1934) 
Producción: Moskino Kombinat (URSS) 
Guión y Dirección: Aleksander Medvedkin. 
Intérpretes: Piotr Zinovyev (Jmir), Yelena Yegorova (Anna, su mujer), Vladislav Uspensky, Lidia Nenasheva, Nikolai Cherkasov, Mikhail Gipsi, Viktor Kulakov, V. Lavrentyev, G. Mirgorian. 
95 min. Blanco y negro.