12 de mayo de 2008

Henny Porten


Carola Lamberti, Eine von Zirkus
(1954) de Hans Müller

Creemos que esta actriz se merece un pequeño homenaje y por eso hemos preferido titular nuestro comentario con el nombre de la estrella alemana, en vez de con el título de la película que nos ocupa: Carola Lamberti, Eine von Zirkus (1954). Henny Porten tiene el honor de haber sido una de las primeras actrices de cine interpretando un papel protagonista, Apachentanz (1906), y de mantener su carrera durante seis décadas (1906-1956). Junto con Asta Nielsen y Pola Negri conforma el triunvirato de actrices del primer cine alemán. Henny Porten consiguió su madurez interpretativa junto con Lubitsch en Anne Boleyn (1920) y Kohlhiesel's Daughter (1920), en ambas con Emil Jannings como compañero de reparto. A finales de los años veinte, en una Alemania despreocupada, la actriz representaba la quintaesencia de la solidaridad y los valores femeninos, a pesar de ser una estrella. Pero todo estaba a punto de cambiar. Cuando su encuentro con el cine sonoro comenzaba a despuntar con la película de G.W. Pabst, Skandal um Eva (1930), los nazis se encargaron de hacerle la vida imposible. Su negativa a separarse de su marido judio, Wilhelm von Kaufmann, le ganó la enemistad del todopoderoso Goebbels, que la relegó a pequeños papeles hasta 1943. Una vez acabada la guerra tampoco tuvo grandes ofertas por lo que en 1953 decide irse a la recién fundada RDA, donde consigue que la DEFA la incluya en algunos de sus proyectos, como interpretar a Carola Lamberti, nuestra segunda invitada de hoy. En 1955 vuelve al Berlín occidental donde muere en 1960 más o menos olvidada, rodeada de pobreza, abandonada entre los escombros de la memoria de una guerra que todavía se mantenía en la cabeza de muchos alemanes.

Vayamos con Carola Lamberti (Henny Porten), la viuda de un propietario de circo que maneja con mano férrea el gran Circo Lamberti, una marca familiar que mueve el material, mucho material, en un tren. En el Circo Lamberti, además de la viuda, que hace un clásico número ecuestre de Alta Escuela, trabajan los hijos de esta (Horst Naumann, Rüdiger Renn y Edwin Marian), guapos e inquietos trapecistas volantes y Viola (Ursula Kempert), una joven y atractiva amazona que, inevitablemente, al final los distrae lo suficiente como para provocar uno, dos, tres accidentes…

La película retrata un drama circense que han vivido muchas familias y que, en ocasiones, ha provocado enemistades irreconciliables. Los hijos, conscientes de su propio éxito y peso en el programa, tienen grandes ideas para el futuro y reclaman ser los directores del circo. Además está Viola, la amazona. Carola, madre y viuda, meticulosa en todos los detalles, después de una "problemática" función de circo, decide abandonarlo todo cansada de tanta oposición. La inexperiencia de sus hijos en la organización, administración y demás tareas que rodean un circo en gira, hace que pronto aparezcan los problemas, así que ya tenemos final feliz: vuelven con su madre.


La cinta comienza con el número de acrobacia sobre caballo de Viola. El número es excepcional y no necesita el montaje, demasiado evidente, para hacerlo mejor, aunque sí para disimular a la doble, la auténtica acróbata, de la guapa Ursula Kempert. De camino a su caravana se cruza con los trapecistas y besa a uno de ellos. La madre, que llega en ese momento, le limpia el carmín sin contemplaciones. Es Carola Lamberti, la dueña del circo. Pronto aparece el enfrentamiento entre la joven, segura del poder de su atractivo, y la mujer madura, responsable y desconfiada de las intenciones de Viola. Uno de los momentos más interesantes de la película es cuando Carola Lamberti ralentiza su número de Alta Escuela con la intención de dar tiempo a su hijo para que vuelva de su romántica escapada con Viola. Esto provoca un gran alboroto y un escándalo entre el público que se soluciona cuando este vuelve y realiza el triple salto mortal ¡sin red!, un éxito que debería compartir con el montador, verdadero responsable de la proeza. A pesar de esto, las imágenes de trapecio volante son largas y están bien filmadas, aunque no hemos podido saber de qué artistas se trata. La última escena, la que lleva a la madre de vuelta con sus hijos y su circo, es una loca carrera entre un taxi, conducido por un soberbio y divertido Willy A. Kleinau, y el tren que transporta el circo. En la película hay circo (además de lo comentado: caballos en libertad, elefantes, niños acróbatas, caravanas, tractores, trenes…), cierta intriga, por lo menos hasta saber quién conquista el corazón de Viola y muchas miradas que matan, una de ellas a punto está de hacerlo literalmente cuando el trapecista se desploma desde la plataforma.

3 comentarios:

filomeno2006 dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sr. Feliú dijo...

Según Aguilar y Genovés, Helga Liné, que se llamaba entonces Helga Lina Stern y había nacido en Alemania en 1932 se instala en 1940 "con su madre y su hermano en Portugal, huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Gracias a su formación previa de gimnasia artística y danza comienza a trabajar en un circo como contorsionista y bailarina".
Habrá que seguir esta pista de la gran señora del cine español de los sesenta y setenta.
Muchas gracias por su vista.

Anónimo dijo...

O.K.