9 de mayo de 2008

En el Circo Primrose


Daró un milione (1936), de Mario Camerini

Le cabe a Mario Camerini la gloria de haber sacado las películas del estudio a la calle. Es por ello que se le ha considerado precursor del Neorrealismo, el movimiento que tanto dio que hablar en la inmediata posguerra. Darò un milione es, para colmo, el primer guión del animador de este movimiento, el guionista Cesar Zavattini y su encuentro con Vittorio de Sica –aquí actor-, más tarde director de El limpiabotas (Scisucià, 1946) y Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948). En la urdidumbre de la historia también interviene otro humorista hoy poco conocido en España pero que fue uno de los puntales de los primeros tiempos de “La Codorniz”, el genial Giaci Mondaini.
El debut cinematográfico de De Sica se produce a las órdenes de Camerini en una película que alcanza un éxito inmediato: ¡Qué sinvergüenzas son los hombres! (Gli uomini, che mascalzone!, 1932). En la Italia fascista de los años treinta, cuyo cine prototípico se conoce con el nombre de “teléfonos blancos”, lo de Camerini parecía una osadía: personajes que ni siquiera pertenecían a la pequeña burguesía, sino al proletariado, parados, hambrientos… Un contemporáneo, en fin, de Charles Chaplin y de René Clair, también en la utilización del humor y en la agilidad con que están planteadas las tramas.

Vamos con la de Darò un milione: dos hombres se arrojan al mar al mismo tiempo. El primero (Luigi Almirante) es un pobre de solemnidad, sin nada que echarse al coleto, que se ata una piedra al tobillo buscando una muerte rápida. El segundo, el millonario Gold (Vittorio De Sica) se lanza al agua desde su yate, aburrido del dinero y de la hipocresía de sus invitados. El millonario salva al pobre e intercambian sus ropas. Asegura que daría un millón con tal de encontrar a alguien que fuera capaz de un gesto amable desinteresado. El pobre vestido de frac cuenta su increíble historia al director de “Le Courrier du Sud Est”, porque la historia se desarrolla en Francia –el fascismo no admitía que hubiera pobreza en Italia- pero muy al sudeste de Francia… Digamos que al otro lado de los Alpes. Concienzudo periodista, el director del diario decide cambiar los tiempos verbales para que el titular sea más eficaz. “Daré un millón”, clama la primera plana a cuatro columnas. Y como cualquier pobre puede ser el millonario disfrazado, los burgueses se apresuran a ser generosos y amables con cuanto menesteroso se les pone a tiro.

Entretanto –y por eso estamos aquí- el millonario ha conocido a una muchacha (Assia Noris) que trabaja en un circo. No es artista: lleva las cuentas, se ocupa del vestuario… Cuando se encuentran ella persigue a un perro matemático que persigue a los participantes en una Vuelta Ciclista sumando los números de los dorsales de los maillots. En el Circo Primrose se organiza una comida benéfica y una rifa. Tampoco ellos quieren dejar escapar al pobre del millón. Llega entonces uno de los momentos más brillantes de la película, el montaje en que los malabaristas y acróbatas colocan y sirven en un santiamén una larga mesa para el banquete de los pordioseros. Los malabaristas hacen girar los platos chinos en lo alto de sus varillas, otro lanza las viandas a velocidad vertiginosa, los acróbatas extienden el mantel a base de volteretas y los trapecistas recogen las botellas al vuelo… y las vacían en lo alto de la carpa.
Otros números clásicos, como la écuyère o los clowns que se persiguen a escobazos dan lugar a un número musical en el que chicas vestidas con ropas harapientas cambian sus viejas gorras por los sombreros de copa de sus parejas de baile, ataviadas con un impecable frac, según la moda impuesta por Marlene Dietrich en Marruecos (Morocco, 1930).
Los desencuentros entre la chica, obligada a exhibirse para la rifa, y el millonario, que sospecha que ella pueda estar interesada en él por su dinero, se resuelven felizmente, como no podía ser de otro modo. Pero los apuntes zavattinianos están ahí en todo su esplendor, mezclando sátira de costumbres, populismo y surrealismo con sabiduría. Durante una persecución, los redactores del periódico pasan junto a una pareja que se está fotografiando y no dudan en permanecer congelados hasta que el magnesio suelta su fogonazo. Mayor carga crítica tienen las viñetas –no en vano Zavattini y Mondaini se han formado en las revistas de humor de los años treinta como el “Marc’Aurelio” y el “Bertoldo”- en que los burgueses se ven obligados a ser caritativos. Más aún, cuando se adjudica la personalidad del millonario a un inocente pobretón, y corren a quitarse de en medio a los pobres de pedir a los que pretenden demandar por estafa. Darò un milione no estaba muy lejos del ánimo de Berlanga cuando concibió Plácido (1961).

Otra prefiguración: los pobres tomando al asalto las atracciones de la feria en la escena final de la película, en una bella metáfora de lo efímero de la felicidad, tendrá una elaboración más depurada en una nueva colaboración entre De Sica y Zavattini, Milagro en Milán (Miracolo a Milano, 1951).

Coda: El personaje interpretado por Luigi Almirante estaba pensado para el inconmensurable Totò, que finalmente decidió continuar con su carrera en el avanspettacolo y posponer su dedicación al cine por el momento. Como la vida y milagros del insigne Totò merecen capítulo aparte queda uno emplazado a hablar de él en otra ocasión.
Sr. Feliú

3 comentarios:

Raffaele De Ritis dijo...

Congratulations for your deep and remarkably detailed knowledge of the italian movies and culture of the "telefoni bianchi" years.

Raffaele De Ritis dijo...

Even if imagined in France, "Darò un Milione" was shoot in Italy, in a fake circus set, using performers from italian cicuses. But I was never able to track their identity.

Sr. Feliú dijo...

Dear De Ritis:
We have been researching for some time the relationships between some forms of avanspettacolo and the spanish "revista".
A further point in our curiosity is the fluent two ways interchange between the spanish war and postwar magazines "La Ametralladora" y "La Codorniz" and the italian ones "Bertoldo" y "Marc'Aurelio". Mosca, Manzoni, Campanile or Manzi, where usual collaborators in spanish magazines.
Excuse my espanglish, Sr. Feliú