17 de noviembre de 2008

Beby, canciller


Affaires publiques (1934), Robert Bresson

Affaires publiques era una película desparecida desde la ocupación alemana, pero en 1986 la Cinemateca Francesa descubrió una copia de este trabajo preliminar de Robert Bresson para el cine que en nada prefigura lo que serían sus intereses posteriores.

No hay que buscar ahí las raíces de Affaires publiques, si no en la vanguardia más juguetona -con
Entre-acte (Entreacto, 1924), de René Clair, como punta de lanza- y el éxito mundial de las comedias más enloquecidas de los hermanos Marx o W.C. Fields.

La república de Corgandie y el reino de Miremie nos retrotraen inevitablemente a las Marsovia y Freedonia marxianas. Recurre para ello a Beby, la estrella del circo Medrano y uno de los más famosos augustos de la tradición circense. Con sus piernas combadas, realzadas por los faldones del frac, y tocado con una chistera, es la viva estampa del prohombre de tebeo. Lo interesantes es que Bresson no descarga en él todo el peso de la acción, permitiendo que desarrolle sus rutinas, si no que impone su propio ritmo, crea continuamente gags visuales y juguetea con el sonido casi recién nacido. Entre estos, uno ha disfrutado especialmente con la cantante de ópera –la Castafiore rediviva- metida en la pecera de la emisora de radio, cuyos gorgoritos no escuchamos hasta la apoteosis final.

Vamos al asunto. La princesa de Miremie (Andrée Servilanges) escapa en un aeroplano de su aburrido reino. Mientras, en Corgandie, el canciller (Beby) se dispone a inaugurar un monumento en que aparece él mismo representado pronunciando un discurso. Pero la boca abierta de la estatua invita al bostezo y ya se sabe que éste es contagioso. Bosteza el canciller, bostezan los asistentes, bosteza el locutor que retransmite el acto, y la princesa, que escucha la radio en su aeroplano, también se siente atrapada por Morfeo. El avión se estrella y la princesa recorre el país de la bella durmiente. Cuando todos despiertan se produce una nueva situación, tan gratuitas y propicia al slapstick como la anterior: una absurda demostración a cargo del cuerpo local de bomberos. Para recibir la condecoración el jefe (Marcel Dalio) ha de cortarse la larga barba; uno de los bomberos es (literalmente) un comefuegos; y la banda hace que la casa de cartón sobre la que van a hacer su demostración se desplace a golpes de soplido de trompa.

La última viñeta concierne a la botadura de un barco, insensible a la botella de champán que la comisión cancilleril pretende estrellar contra su casco. Si Beby es el protagonista de la historia y hay buenas oportunidades de contemplarlo en acción, Dalio lucha denodadamente por robarle el protagonismo. No en vano, gracias a distintos apliques capilares interpreta a tres o cuatro personajes. Tanto en el del almirante como en el del jefe de bomberos, se luce.
Sr. Feliú

Affaires publiques
(1934)
Producción : Arc Films (FR)
Guión y dirección: Robert Bresson
Intérpretes: Beby (el canciller de Crogandie), Andrée Servilanges (la princesa de Miremie), Marcel Dalio (el escultor, el almirante y el jefe de bomberos), Gilles Margaritis (el locutor), Simone Cressier (Christiane), Jane Pierson, Franck Maurice, André Numès Fils, Jacques Beauvais, Eugène Stuber. 25 min. Blanco y negro.

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