8 de noviembre de 2009

Roko, el hipnotizador que hacía creer a los trabajadores que eran pájaros



Covek nije tica (El hombre no es un pájaro, 1965), Dusan Makavejev

BIENVENIDOS a la República Federal Socialista de Yugoslavia. La Yugoslavia de Tito, liberada de la hegemonía soviética. La Yugoslavia líder del Movimiento de Países No Alineados.

Mientras que en todo el mundo, de Francia a Brasil, proliferaban las “nuevas olas” cinematográficas, en esta Yugoslavia el movimiento recibió el nombre de “ola negra”, tanto por su opacidad narrativa como por su pesimismo con respecto a la política oficial. Como en el caso de los impresionistas, esta etiqueta nefanda fue asumida con orgullo por los así tachados entre los que se encontraba Dusan Makavejev. Desde mediados de los años cincuenta había dirigido varios cortometrajes entre los que destaca Parada (1962) en los que se toma a chacota los preparativos del desfile del 1 de Mayo.

Para su primer largometraje, Covek nije tica, entrelaza tres historias que ocurren en una ciudad metalúrgica del sudeste de Serbia: la de un hipnotizador, la de un trabajador brutal, Barbool (Stole Arandjelovic), acusado de homicidio, y la de un ingeniero maduro, Jan Rudinski (Janez Vrhovec), que debe dirigir el montaje de unas máquinas y vive una breve historia de amor con la joven peluquera Rajka (Milena Dravic).


La película se abre con una supuesta conferencia sobre los fracasos en la vida amorosa a cargo del “hipnotizador” más joven de los Balcanes, Roko Cirkovic. Mediado el metraje comprendemos que la conferencia de Roko era el preámbulo a su actuación en el pueblo. Pide voluntarios a los que hace creer que son cosmonautas y luego pájaros. Los voluntarios baten los brazos como si fueran alas. Los habitantes del pueblo no pueden contener las carcajadas.

El ambiente del pueblo es descrito brutalmente en un bar en el que la exuberante Fátima solivianta a los trabajadores con sus provocadoras interpretaciones de canciones balcánicas.



La cosa degenera en una trifulca y la muerte de Fátima. Barbool (Stole Arandjelovic), uno de los bronquistas, es detenido aunque pronto se demuestra su inocencia. Barbool es un auténtico bárbaro, alienado por el trabajo en la fábrica, pero que, al tiempo, golpea a su mujer (Eva Ras) y la engaña. En la factoria, Barbool es una especie de titán. La situación es ridiculizada por Makavejev que introduce a un grupo escolar que recibe explicaciones de un profesor: para el Estado Barbool es el trabajador ejemplar, un hacha de la productividad.

También Jan lo es a su modo. Conseguirá terminar el ensamblaje de las máquinas antes del plazo previsto por el Estado y por ello recibe su medalla en un acto con música clásica, un gran mural y asistencia de los camaradas trabajadores. Mientras tanto, Rajka cede a los requerimientos amorosos de un joven camionero (Boris Dvornik). Los coros triunfales ofrecen el adecuado contrapunto irónico a la escena. Cuando Jan se entera, demuestra que él también puede ser brutal.

Todo termina con la actuación del circo del Sindicato: “Diversión para la clase obrera”. Artistas talluditos dedicados a la danza de vientre, al lanzamiento de cuchillos, al alambre o a tragar serpientes… Una especie de mercado oriental ambientado con frenética música balcánica. Jan ha felicitado unos instantes antes a los músicos: su interpretación de Beethoven el día anterior, durante la ceremonia, fue ejemplar.


Sobre un plano general de la carpa instalada junto a la fábrica escuchamos de nuevo la voz del hipnotizador que nos suministra la moraleja de la historia. La hipnosis no es magia sino un sueño inducido. Bajo sus efectos un hombre puede, incluso, matar. Una vez más la metáfora del estado socialista –por muy alejado que se pretenda de la órbita de Stalin- es diáfana. Los hombres pueden creer que están volando, pero en esta situación nunca levantarán un palmo del suelo. Años después, desde el exilio, Makavejev lo proclamaría sin ambages: “Mi antiguo país pretendía ser una suerte de experimento social, pero en realidad tenía más de mezcla de prisión y de circo”. Covek nije tica es la plasmación literal de este aserto.

Covek nije tica (El hombre no es un pájaro, 1965)
Producción: Avala Film (YUG)
Guión y Dircción: Dusan Makavejev.
Intérpretes: Milena Dravic (Rajka), Janez Vrhovec (Jan Rudinski), Eva Ras (la mujer de “Barbool”), Stole Arandjelovic (Barbulovic “Barbool”), Boris Dvornik (el camionero), Mirjana Blaskovic, Ljiljana Jovanovic, Dusan Antonijevic, Danilo “Bata” Stojkovic, Predrag Milinkovic, Dusan Bajcetic, Dusan Janicijevic, Milan Lugomirsk, Bosa Stojadinovic, Mirko Todorovic.
81 min. Blanco y negro.


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