31 de marzo de 2009

¡Ay, qué risa!


El número 11 de la revista de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España dedica su dossier a la comedia. Artículos de La Cuadrilla (el incansable Sr. Feliú y Luis Guridi), Luis G. Berlanga, Paco Mir, Javier Pozuelo "Cansado", Jose Luis Coll, Miguel Gila, Ramón Mayrata (otro conocido nuestro) y muchos más para entender un poco mejor los mecanismos de la risa.


VV.AA.
Academia, Revista del Cine Español, nº 11-julio 1995
¡Ay, qué risa!
Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográgicas de España, Madrid, 1995
ISSN: 1133-7559

30 de marzo de 2009

Physical comedy





Escrito por un actor y director de teatro este libro es un manual práctico para comprender, explorando e investigando con ejercicios  teatrales, las claves de la comedia física. Profesor de teatro, el autor traza un camino claro y sencillo con multitud de ejemplos prácticos.

WRIGHT, John
Why is That so Funny? A Practical Exploration of Physical Comedy
Limelight Ediitons, New York, 2007

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Sencillo manual de recursos para actores y directores que estén interesados en la comedia física

RIDER ROBINSON, Davis
The Physical Comedy Handbook
Heinemann, Portsmouth, 1999

29 de marzo de 2009

¡Vaya batacazo!




Excelente libro sobre la comedia física, comedia de la acción o comedia de la astracanada como recientemente he leído que se traduce knockabout. Recorrido histórico impecable con numerosas fotografías e ilustraciones. Desde los primeros artistas de vaudeville y variedades a las estrellas de cine o payasos de circo. Muy completo.

TONY STAVEACRE
Slapstick! The Illustrated story of knockabout comedy
Angus & Robertson Publishers, UK, 1987

26 de marzo de 2009

Louise Brooks dice no a la Paramount


The Canary Murder Case (Quién la mató, 1929), Malcolm St. Clair y Frank Tuttle

LOUIS Brooks ha resultado ser nuestra madrina del mes de marzo y no nos resignamos a despedirnos de ella. En la película de hoy su personaje muere en el minuto veinte. Como Janet Leigh en
Psycho (Psicosis, 1960). Hala. Ya les hemos reventado dos películas por el precio de una. Vamos con The Canary Murder Case que es la que nos importa.

Como la película se hizo en aquellos momentos en los que la industria de Hollywood aún no sabía a qué carta quedarse, resultó un producto mixto, rodado mudo por Malcolm St. Clair y con largas escenas dialogadas registradas posteriormente por Frank Tuttle. Mientras la Paramount planeaba esta vampirización de su propio título reclamó la presencia de la bailarina de Kansas para que volviera a rodar sus escenas bajo el micro. Ella, tan firme como siempre, adujo que tenía proyectos mucho más interesantes en Europa –ya saben:
Die Büchse der Pandora- y dejó con un palmo de narices al todopoderoso B. P. Schulberg.

Éste resolvió el asunto con tres medidas expeditivas:
a) hizo descender su nombre del segundo al cuarto puesto en los títulos de crédito,
b) publicó en todas las revistas especializadas la voz de la señorita Brooks no era apta para el sonido, y
c) contrató a Margaret Livingston para que doblase su voz e, incluso, interviniera en varios planos de escorzo con el característico corte de pelo de la pequeña Louise.

La película se convierte así en un rompecabezas en el que uno pasa más tiempo intentando adivinar quién es quién en cada plano.

Margaret Odell (Louis Brooks) actúa en la esplendorosa extravaganza musical “Canary Revue”. Ella es el canario titular y su actuación consiste en columpiarse sobre el patio de butacas mientras un grupo de bailarinas se afana en su coreografía en el escenario. Margarte aprovecha su vuelo sobre el patio de butacas para timarse con alguno de los espectadores. Mientras, desde un palco, Philo Vance (William Powell) habla y habla sin parar con Charles Spotswoode (Charles Lane) para ponernos en antecedentes del argumento policiaco. El señor Spotswoode está dispuesto a pagar para que la señorita Odell libere a su hijo Jimmy (James Hall) para que se pueda casar con la dulce muchacha (Jean Arthur) a la que ama con toda el amor del que es capaz un hijo de familia de la buena sociedad neoyorquina. El buen padre burgués, un gángster recién salido de prisión que se dice su marido (Ned Sparks), un doctor idéntico a Lenin (Gustav von Seyffertitz) y un periodista al que ella chantajea, la odian lo suficiente como para matarla. A la mañana siguiente aparece estrangulada. ¿Quién lo hizo?

Uno se puede entretener en seguir la trama policiaca, a pesar del exceso de diálogo y la falta de acción. Sólo diremos que en la resolución de esta película que nació muda y se estrenó sonora, tiene parte importante un disco fonográfico.

Por lo demás, lo mejor es disfrutar de los encontronazos entre dos comediantes de raza, William Powell y Eugene Pallette, que encarnan al sofisticado as de la deducción y al poli obtuso y noblote respectivamente.

Adiós a Louise Brooks. La última escena en la que interviene su personaje fue rehecha con sonido, así que su bello cadáver queda oculto por una lámpara volcada. Ni siquiera podemos satisfacer este capricho necrófilo. Recordémosla en lo alto del columpio, volando sobre el patio de butacas, con su sonrisa picarona y cubierta de plumas.

Sr. Feliú

The Canary Murder Case (Quién la mató, 1929)
Producción: Pramount Pictures (EEUU)
Dirección: Malcolm St. Clair y Frank Tuttle.
Guión: Albert S. Le Vino y Florence Ryerson, basada en un argumento de y dialogada por S. S. Van Dine. Intertítulos: Herman J. Mankiewicz.
Intérpretes: William Powell (Philo Vance), Louise Brooks (Margaret Odell, el Canario), Jean Arthur (Alice LaFosse), James Hall (Jimmy Spotswoode), Charles Lane (Charles Spotswoode), Eugene Pallette (el sargento Ernest Heath), Gustav von Seyffertitz (el doctor Lindquist), Lawrence Grant (Charles Cleaver), Ned Sparks (Tony Sheel), Louis John Bartels (Louis Mannix), Capitán E. H. Calvert (el fiscal Markham), Oscar Smith, Tim Adair.
82 min. Blanco y negro.


21 de marzo de 2009

Lulú


Die Büchse der Pandora (La caja de Pandora, 1929), Georg Wilhelm Pabst

SIETE actos. Siete escalones en la degradación de Lulú, que arrastra en su caída a cuantos hombres (y mujeres) se cruzan en su camino. Poco podemos esperar cuando la conocemos en brazos del viejo y repulsivo Schigolch (Carl Goetz), el hombre que la desfloró cuando era una niña. O sea, que lo esperamos todo.

El doctor Schön (Fritz Korner), que cree que la puede dejar plantada para casarse con Charlotte Marie Adelaide von Zarnikow (Daisy d'Ora). Lulú le seduce una vez más y luego convence a Alwa (Franz Lederer), el hijo del doctor Schön, de que la contrate como bailarina en su nuevo espectáculo. Un hombre más, el trapecista Rodrigo Quast (Krafft-Raschig), que le había pedido que subiera con él al trapecio, se conforma con hacer de comparsa en la revista de Alwa. El trajín entre cajas es continuo: tramoyistas que cargan con decorados, bailarinas que bajan las escaleras. Lulú lleva un sensacional tocado para un número de romanos, del que apenas entrevemos las salidas y entradas del escenario. Un gag muestra a cada gladiador con dos chicas en brazos; el último en salir es el trapecista que lleva en brazos a un fornido legionario. El otro contrapunto cómico es el atribulado regidor (Sigfried Arno).

La revista de Alwa es trasunto del tipo de representaciones que ofrecía el cabaret berlinés de aquellos años. No el “kabarett” de asunto político y tintes dadaístas sino el de gran espectáculo al estilo de los que preparaba Erik Charell para el Wintergarten o el Grand Theater de Max Reinhardt. También tenemos ocasión de ver en acción –no escuchar, porque la película es muda- a los Sid Kay’s Fellows, uno de los grupos más representativos de jazz de aquel ambiente, intérpretes de las melodías creadas por compositores como Mischa Spoliansky Werner Richard Heymann o Friedrich Hollaender.

Cuando Lulú descubre a Schön con su prometida tras el escenario, se niega a salir a bailar. Un cuarteto de bailarines de jazz se apresura a sustituirla. Todavía el número del cuento de las Mil y Una Noches debe comenzar sin ella, que se ha encerrado en el cuarto del atrezo con Schön. Creyendo que es capaz de convencerla, aunque sea a costa de forzarla, el hombre no hace sino enredarse más en la red que le tiende la mujer araña. Lo mismo le ocurrirá a la condesa Geschwitz (Alice Roberts). Se trata de unas escenas famosas en la historia del cine ya que pasan por ser las primeras en las que se muestra el lesbianismo a cuerpo limpio.

Más violentas, aunque acaso entonces no se viera así, son las del trapecista borracho y el viejo chulo cuando irrumpen en la fiesta nupcial de Lulú. Todo el edificio social se viene abajo en este momento, lo que desencadena el enfrentamiento entre padre e hijo y culmina con la muerte de Schön. Después la acción se traslada a un barco-casino en la costa francesa, penúltima estación de la degradación del grupo. La Geschwitz, que ha seguido a su amada hasta allí, termina en prisión, y Lulú en el East End londinense, en un grotesco “menage a trois” con Schigolch y Alwa. Es Navidad. El único modo en que pueden conseguir unas monedas es mediante la venta de lo único que le queda a Lulú: su cuerpo. Schigolch la empuja a ello sin ningún miramiento. Alwa prefiere hacer que no se entera. De este modo, entre ambos empujan a Lulú en brazos de Jack el destripador (Gustav Diesel).

Con más de una licencia, Pabst adapta dos obras de Wedekind que habían sido objeto de censura y prohibición en la Alemania de 1905. La crudeza de las situaciones y del lenguaje empleado, atacaba al buen gusto de la sociedad biempensante. Poco más o menos pasó con la película en la época de su estreno. Lo peor no era el lesbianismo, la sífilis, la depredación del hombre por el hombre, la prostitución, la pobreza, la violación o el juego. Lo peor es que Lulú pasa por todas estas experiencias con una inocencia total. Su amoralidad es absoluta; por tanto, está exenta de todo sentido de culpa.

En su autobiografía (Lulú en Hollywood) Louise Brooks relata que a su vuelta a Estados Unidos, un sacerdote quiso perdonarla por haber pintado semejante cuadro de la mujer y le pidió que se arrepintiera. La actriz replicó que no había hecho absolutamente nada que no hubiera visto por sí misma en el Berlín de entreguerras:

El sexo era el gran negocio en la ciudad. En el Eden Hotel, donde me hospedaba, las rameras más caras se alineaban a lo largo de la barra del café. Las más económicas paseaban por las calles. En las esquinas se podía ver a las que calzaban botas y ofrecían flagelar al cliente. Los agentes de los actores eran los chulos de las damas de los lujosos apartamentos del Bavarian Quarter. Las busconas de Hoppegarten organizaban orgías para grupos de deportistas. El night-club El Dorado ofrecía una seductora fila de homosexuales vestidos de mujer. En Maly se podía elegir lesbianas femeninamente ataviadas o de chaqueta y corbata. Una lujuria colectiva inundaba los teatros. En la revista Chocolate Kiddies, Josephine Baker aparecía desnuda con una especie de cinturón hecho de plátanos, provocando exactamente la misma reacción que Wedekind expresaba al describir la entrada de Lulú en el escenario: “Se oyen los mismos bramidos que cuando les echan carne a las fieras en sus jaulas”.

Irredimible Lulú, que ni necesita ni quiere nuestro perdón.

Sr. Feliú

Die Büchse der Pandora (La caja de Pandora, 1929)
Producción: Nero-Film AG (AL)
Director: Georg Wilhelm Pabst.
Guión: Ladislaus Vajda, basado en las obras teatrales de Frank Wedekind “El espíritu de la tierra” y “La caja de Pandora”.
Intérpretes: Louise Brooks (Lulú), Fritz Kortner (el doctor Schön), Franz Lederer (Alwa Schön), Carl Goetz (Schigolch), Krafft-Raschig (Rodrigo Quast), Alice Roberts (la condesa Anna Geschwitz), Daisy d'Ora (Charlotte Marie Adelaide von Zarnikow), Gustav Diesel (Jack el destripador), Michael von Newlinsky (el marqués de Casti-Piani), Sigfried Arno (el regidor).
133 min. (la version restaurada). Blanco y negro.


18 de marzo de 2009

Mam’selle Godiva: la prometida de Neptuno




A Girl in Every Port (En cada puerto un amor, 1928), Howard Hawks

SPIKE (Victor McLaglen) y Salami (Robert Armstrong) recorren el mundo de puerto en puerto, peleándose y destrozando corazones de mujeres. La primera vez que Spike oye hablar de Salami es en Holanda: la chica con la que ha ligado lleva una pulserita con un corazón en el que hay grabado un ancla. Se la ha reglado otro marinero. Spike renuncia a su conquista. Últimamente cualquier muchacha a la que se acerca lleva el regalo de su rival. Las escalas en Río de Janeiro y América Central arrojan resultados similares, pero en Panamá tropieza con Salami. Deben posponer sus diferencias por la llegada de la policía. Las trastadas mutuas cimientan su amistad alrededor del mundo, pero en Francia esta camaradería se verá sometida a la prueba decisiva.

A Girl in Every Port
es la sexta película de Howard Hawks, en cuya filmografía hay cintas de acción, policiacos, westerns y comedias que son la quintaesencia de sus respectivos géneros. No las vamos a citar porque su simple enumeración nos llevaría demasiado lejos. Baste decir que si sus comedias –a menudo con Cary Grant de protagonista- son el epítome de la guerra de los sexos, sus películas de aventuras exaltan, hasta donde resultaba admisible por la censura, la amistad y el trabajo en equipo en ambientes cien por cien masculinos, cuando no teñidos de cierta misoginia. Eso sí, las mujeres en sus películas son siempre de armas tomar: Carole Lombard, Katharyn Hepburn, Rosalind Russell, Lauren Bacall o Paula Prentiss, en distintas épocas y circunstancias, son buenos ejemplos de féminas capaces de competir con sus compañeros y ganarles por la mano.


La precursora de todas ellas es Louise Brooks, una bailarina de Kansas que había llegado a Hollywood procedente de las Ziegfield Folies de Broadway. En A Girl in Every Port se presenta en la feria de Marsella como mam’selle Godiva: la prometida de Neptuno, la novia del mar. Cuando actuaba en el parque de atracciones de Coney Island, en Nueva York, se llamaba simplemente Tessie. Mam’selle Godiva asciende a una plataforma a unos veinte metros del suelo y desde allí se arroja a un pequeño tanque de agua. Entendemos perfectamente el arrobo de Spike al verla: una muchacha diminuta, desvalida en lo alto de una plataforma, pero valiente y precisa en el momento de arrojarse al vacío. Este plano, rodado en un contrapicado absoluto, en el que el cuerpo de la bella –poco importa que sea una doble- nos sobrevuela literalmente es de una belleza tan inefable que una captura de la rudimentaria copia que poseemos no le haría justicia. Hay que verlo en una pantalla grande, como lo pudimos hacer nosotros en un ciclo que Fox presentó hace años en salas con el título de “Amar el Cine”.

En la copia que hemos visto tampoco están los episodios ambientados en los Mares del Sur y Extremo Oriente, aunque parece que fueron los propios ejecutivos de la Fox quienes decidieron prescindir de ellos antes de su estreno, considerando que la película era demasiado episódica y, por tanto, poco comercial. Se equivocaron. El público estadounidense respondió muy bien a la cinta. Pero, sobre todo, tuvo reconocimiento en Francia y Alemania. Georg Wilhelm Pabst vio a Louise Brooks en A Girl in Every Port y decidió que únicamente ella podía encarnar a la Lulú de Wedekind en su siguiente proyecto. Al recibir la oferta, la bailarina de Kansas cortó amarras con Hollywood y partió hacia Europa.

Sr. Feliú

A Girl in Every Port (En cada puerto un amor, 1928)
Producción: Fox Film Corporation (EEUU)
Director: Howard Hawks.
Guión: James K. McGuinness, Seton I. Miller, Reginald Morris y Sidney Lanfield, basado en un argumento de Howard Hawks. Intertítulos: Malcolm Stuart Boylan.
Intérpretes: Victor McLaglen (Spike Madden), Louise Brooks (mam’selle Godiva), Robert Armstrong (Salami), Maria Casajuana (Chiquita), Leila Hyams (la mujer del marinero), Phalba Morgan (Lena, la chica de Holanda), Gretel Yoltz (la otra chica de Holanda), Natalie Joyce (la chica de Panamá),Caryl Lincoln, Elena Jurado, Dorothy Mathews, Francis McDonald, Michael Visaroff, William Demarest, Félix Valle.
78 min. Blanco y negro.

17 de marzo de 2009

Publicidad

Actualidades Gaumont (1928)

Publicada en “La Vanguardia”, el 1 de diciembre de 1928.

15 de marzo de 2009

Crimen en La Ratonera de Oro



De espaldas a la puerta (1959), José María Forqué


PATRICIA (Elisa Loti) no se llama Patricia; se llama María. Claro que si en su pueblo se enteraran de a qué se dedica… Ella quería ser artista. Bailarina. Un día se escapó de casa y se enroló en un espectáculo de variedades itinerante. Figúrense una de esas carpas tipo la del Teatro Chino de Manolita Chen. Lo que no se imaginan ustedes es cómo se llamaba la revista en la que actuaba Patricia en la España de 1958… “Lluvia de oro”. Como lo oyen.


Total que se vino a Madrid, a “La Ratonera de Oro”, un club que regenta con mano de hierro doña Luisa (Irene López Heredia), vieja, seca y coja como ella sola. Las lecciones se aprenden el primer día: hay que bailar una coreografía contemporánea, pero también hay que alternar con los clientes, hacerles consumir y tenerlos contentos. Además hay que esquivar a las compañeras con más callo. Lola (Emma Penella) es de las que no pasan una. Bueno, pues en esta su primera noche de alterne, Patricia es apuñalada. Un policía escéptico (Luis Prendes) y su ayudante (José Luis López Vázquez) deben esclarecer el caso mientras la chica permanece entre la vida y la muerte. Una pirueta dramática obliga a que toda la acción tenga lugar en el club a lo largo de la noche. Interrogatorios, vueltas atrás en el tiempo, coartadas que el inspector desarma… Ya conocen ustedes el percal, que para eso son lectores fieles de Agatha Christie. Forqué se maneja con soltura en este proyecto heredado de Ladislao Vajda. Buena prueba de ello es una reconstrucción plena de suspense al ritmo del taconeo de La Chunga.


Pero si estamos aquí es por “El Fantasías”. Ramón “El Fantasías” (Luis Peña), estafador profesional y granuja de medio pelo. Luis Peña, que había sido galán heroico en la posguerra, realiza durante estos años un buen puñado de papeles de composición con una hondura aprendida probablemente en las tablas. Este tipo patético que suplica, negocia, se escabulle, trapichea incluso con la policía, se humilla, chivatea y es capaz de gastarse seis mil pesetas con las chicas, es el personaje más verdadero de todo el reparto. ¿Saben ustedes cuál ha sido su última hazaña? Le ha vendido dos leones de segunda doma al domador del Circo Americano, que estaba en un apuro. Claro que los leones no eran suyos, si no del Circo Price. Pecata minuta. Pues un delito así se paga con tres años de cárcel, que lo sepan.

Sr. Feliú

De espaldas a la puerta (1959)
Producción: Halcón para Chamartín (ES)
Director: José María Forqué.
Guión: José María Forqué, Alfonso Paso y Luis de los Arcos, basado en un argumento de este último.
Intérpretes: Luis Prendes (Enrique, el inspector jefe), Elisa Loti (Patricia / María), Emma Penella (Lola), Amelia Bence (Lidia), José Luis López Vázquez (el inspector Arévalo), Irene López Heredia (Luisa), Carlos Mendy (Perico, el camarero), Luis Peña (Ramón “El Fantasías”), José María Vilches (Tonio), José Marco Davó (Barea), Félix Dafauce (el doctor Ponce), María del Valle (Amanda), María Luisa Merlo (Luchy) y La Chunga y su conjunto.
88 min. Blanco y negro.

14 de marzo de 2009

Un cuplicidio



Miss Cuplé (1959), Pedro Lazaga

LA VIEJA estrella del cuplé Stella Marco (María Fernanda Ladrón de Guevara) vive rememorando pasadas glorias, viendo como su chalet, que en tiempos recibía a admiradores de todo el mundo, se ha convertido en una pensión. Todas sus esperanzas estaban puestas en su hija, pero Mary… Mary es Mary Santpere, así que ya se pueden ustedes figurar que todo aquel glamour de los años veinte que la película atribuye al mundo del cuplé se queda en nada. Stella está resentida con su hija por haber acabado con su carrera y no haber conseguido reverdecer sus éxitos, los de aquellos tiempos cuando ella fue proclamada “Miss Cuplé”.

Stella se queja amargamente de que una legión de artistas de medio pelo y edad inconfesable han conseguido volver al escenario menos ella. Y todo porque “una película” ha vuelto a poner de moda estos cantables picarescos procedentes de Franci.. En esto el guión es claramente autorreferencial. Miss Cuplé es una parodia de El último cuplé, estrenada en 1957 pero que supuso un bombazo de tal calibre que todavía circulaba por las pantallas españolas. Repiten los guionistas de ésta (Antonio Mas Guindal y Jesús María de Arozamena) y se reprisan tres de las canciones que interpretara Saritísima y que Mary Santpere canta en guasa: “Nena”, “Es mi hombre” y el hit “Fumando espero”.
-¿Qué va a hacer con “Nena”? –pregunta una de las “viejas glorias” que asiste a la representación desde un palco. Y otra le contesta:
-¡Tú verás! Un cuplicidio.

¿Era esta la intención de la película? ¿Explotar las dotes de parodista de Mary Santpere? Probablemente. En el escenario todo se desarrolla conforme a esta premisa. Sin embargo, Arozamena y Mas Guindal no son capaces de urdir un armazón en el mismo registro. Al elemental argumento de la temperamental Amalia Escuder (Marta Flores), recién regresada de América con su estrella declinante a la que sustituye Mary, que es la encargada del vestuario, le sucede una trama melodramática en que aparece un galán más interesado en el negocio inmobiliario que se pueda hacer con el chalé familiar que en ella. Una vez más, Mary tiene que salir al escenario. El corazón llora pero ella debe hacer reír, interpretando el fox-trot “¡Venga alegría!”, aquél que decía: “Soltera y sola en la vida, por una mala partida...”.

Lazaga aún no había entrado en el adocenamiento que su trabajo sufrió desde mediados de los sesenta y se permite algunas figuras de estilo. Como lo que está en juego es la belleza o fealdad de Mary y la capacidad del triunfo de embellecernos a los ojos de los demás, recurre repetidamente a planos compuestos con espejos en el que la artista y su reflejo conviven. Habría hecho falta el rigor de un Douglas Sirk para que la cosa fuera más allá de un mero apunte.

Al menos la película nos permite contemplar a dos estrellas de la vieja escuela: María Fernanda Ladrón de Guevara, cuyos trabajos tardíos tuvimos ocasión de comentar a propósito de Altas variedades, y Roberto Rey, como el empresario don Fernando. Éste fue apodado, cuando el cine español lanzaba sus primeros gorgoritos, como el Chevalier español” y cuenta en su filmografía con el honor de haber protagonizado la mejor versión de La verbena de la Paloma, que dirigió Benito Perojo en 1935.

Otro día nos acercaremos al Paralelo donde la Mary y su padre, José Santpere, vivieron noches de gloria y aprendieron a darle al público lo que este demandaba.

Sr. Feliú

Miss Cuplé (1959)
Producción: Pefsa Films para Chamartín (ES)
Director: Pedro Lazaga
Argumento y Guión: Antonio Mas Guindal y Jesús María de Arozamena.
Intérpretes: Mary Santpere (Mary Marco), María Fernanda Ladrón de Guevara (Stella Marco), María Mahor (Charo), Carlos Miguel Solá (Paco Vélez), Marta Flores (Amalia Escuder), Roberto Rey (don Fernando), Santiago Ontañón (Cortés), Camino Delgado, Manuel Álvarez Insúa, Ramón Cazorla, Jorge C. Díaz, Manuel Graneri, Esperanza Hidalgo, José María Labernié, Jaime Masaguet, Rosa Mateu, Pedro Monje, Miguel Muniesa, Luis Fernando Navarro, Jesús Puche, Josefina Robeda, Eugenia Roca, Amparo Soto, Josefina Tapias, Francisco Tuset, María Zaldívar.
90 min. Color (Agfacolor).

10 de marzo de 2009

Leyendas del Danubio


Cita imposible (1959), Antonio Santillán

YA ESTAMOS de nuevo en el Palacio de las Variedades. ¿Se acuerdan ustedes de Altas variedades? Pues se trata del mismo coliseo del Paralelo barcelonés. Junto a la puerta se anuncia el Show de Buddy Bradley, un bailarín afroamericano que llevaba más de tres décadas dando guerra cuando se rueda Cita imposible y los habituales e incombustibles Carlos Saldaña “Alady” y “la Bella Dorita”, que pertenecían a la misma quinta.

Resulta que la secretaria (Josefina Güell) es acusada de robo y, al cumplir la condena, el empresario aparece asesinado. Un abogado novato (Philippe Lemaire) y un inspector de policía (Arturo Fernández), que además resultan ser primos, compiten por el amor de una guapa chica (Luz Márquez) y por llevarse el gato al agua en la resolución del misterio.

En la resolución del caso tiene un importante papel el falso conde Máximo Rowinsky, un ladrón de tres al cuarto interpretado por el italiano Gustavo Re. A principios de los años cuarenta había llegado a España, donde se unió a la compañía de Los Vieneses, fugitivos todos de la Guerra que asolaba el mundo. Arthur Kaps, Franz Joham y Herta Frankel se afincaron en Barcelona donde pronto triunfaron con sus operetas y sus revistas llenas de imaginación y señoritas estupendas. En 1958, cuando se rueda Cita imposible, son toda una institución en el Paralelo, donde están representando la revista “Leyendas del Danubio”, un par de cuyos números se aprovechan en la cinta.

Antonio Santillán, un director procedente del doblaje que se especializó en este tipo de policiacos rodados en Barcelona durante la década de los cincuenta y los primeros sesenta, inmortaliza esta parte del espectáculo sin echarle demasiada imaginación. La Censura cinematográfica era bastante más estricta que la teatral así que los pudorosos responsables de velar por la moral colectiva, decidieron que había que cortar un número completo de Mercedes (Mercedes Monterry) y varios planos de las bailarinas que acompañaban al payaso Juanón (Francisco Piquer). Éste, imitador de voces, tiene un importante papel en la alambicada trama policiaca.

Franz Joham recordaba (“La Vanguardia”, 20 de septiembre de 1984) lo que supuso “Leyendas del Danubio”, un espectáculo cuyo montaje había costado cuarenta millones de pesetas de las de entonces. Aunque la obra se hizo centenaria en el Teatro Cómico, era imposible amortizarla. Los decorados y el vestuario terminaron en un almacén a cuyo alquiler tampoco pudieron hacer frente, de modo que lo liquidaron todo por diez mil duros. “Pero lo mismo nos pasó con la carpa de circo que también tuvimos que vender a Caballé, aunque aquí el recuerdo es más triste. Cuando las riadas de Valencia, un día en la Plaza del Caudillo, refugiados en un punto alto, vimos flotar sobre las aguas, parte de la lona y otros útiles. Fue realmente muy triste”.

Gustavo Re se prodigó bastante en el cine catalán. El resto de Los Vieneses se convirtieron en el complemento imprescindible de la naciente Televisión Española. Los nacidos con la tele recordarán sin duda los espectáculos de marionetas de Herta Frankel y su perrita Marilyn.

Sr. Feliú

Cita imposible (1959)
Producción: Vértice (ES)
Director: Antonio Santillán.
Guión y diálogos: José Antonio de la Loma.
Intérpretes: Josefina Güell (Rosario), Philippe Lemaire (Raimundo), Arturo Fernández (comisario), Luz Márquez (Pilar), Francisco Piquer (Juanón), Estanis González (el detective), Gustavo Re (Máximo), Mercedes Monterry (Mercedes), Luis Induni (Gaston Ledocq), Fernando Rubio (la viuda).
92 min. Blanco y negro.


7 de marzo de 2009

Circo victoriano en el Swinging London



Far from the Madding Crowd (Lejos del mundanal ruido, 1967), John Schlesinger

BATSHEBA Everdene (Julie Christie) ha heredado una finca de su tío y está dispuesta a llevarla como un hombre más. Como estamos en la Inglaterra rural en pleno siglo XIX la cosa levanta ronchas en la sociedad victoriana. Tan claro como lo tiene ella para esto y en cambio es incapaz de decidirse entre los tres hombres que la adoran y a los que ella aprecia por igual: Gabriel Oak (Alan Bates), un pequeño propietario rural arruinado; el hacendado William Boldwood (Peter Finch); y el apuesto sargento Frank Troy (Terence Stamp). Cada uno de ellos le ofrece algo -seguridad, una posición social, pasión- de lo que los demás carecen. Y Batsheba no entiende porqué debería privarse de cualquiera de ellos.

Ahí tienen ustedes planteado el drama, al hilo de la novela de Thomas Hardy. El resto del envoltorio es una producción a la que no le falta de nada: desde la fotografía suntuosa de Nicolas Roeg, una música espectacular, escenografía sin tacha y tres horas para devanar la madeja. Si a ello le suman que el elenco es el no va más del swinging London y que John Schlesinger ha lanzado sus carreras con A Kind of Loving (Esa clase de amor, 1962) y Darling (Darling, 1964) ya entenderán ustedes que la película en su tiempo aspirara al estatuto de clásico y que le valiera a Schlesinger el pasaporte para Hollywood.

Pero si hablamos de Far from the Madding Crowd no es por el envoltorio sino por las escenas que tienen lugar en el circo del Capitán Fortescue (Noel Henkel), con toda clase de atracciones y servicios, desde un sacamuelas que organiza una verdadera carnicería a la mujer más gorda del mundo (Peggynne Clifford). Hay también una funambulista, fieros leones, payasos de toda laya y tres forzudos en mallas. Con Batsheba y el hacendado Boldwood asistimos a un número completo basado en las aventuras del bandido generoso Dick Turpin. En él, el sargento Troy puede lucir sus habilidades para la doma ecuestre y su pericia con el sable y… las tartas de crema. Ni que decir tiene que Terence Stamp aprovecha para hacer gala de su histrionismo en un entorno, por esta vez, perfectamente adecuado a toda clase de excesos. Cuando recita un poema a su caballo muerto los rudos campesinos no pueden contener una lagrimita.

Si tienen un rato Far from the Madding Crowd les ofrece la oportunidad de corroborar que David Lean sólo hubo uno y, de paso, sumergirse durante unos minutos en el ambiente del circo victoriano.

Sr. Feliú

Far from the Madding Crowd (Lejos del mundanal ruido, 1967)
Producción: Vic Films (GB)
Director: John Schlesinger.
Guión: Frederic Raphael, de la novela de Thomas Hardy.
Intérpretes: Julie Christie (Bathsheba Everdene), Terence Stamp (Frank Troy), Peter Finch (William Boldwood), Alan Bates (Gabriel Oak), Fiona Walker (Liddy), Prunella Ransome (Fanny Robin), Peggynne Clifford (la gorda del Circo), Noel Henkel (el capitán Fortescue), Manager Alison Leggatt, Paul Dawkins, Julian Somers, John Barrett, Freddie Jones, Andrew Robertson.
168 min. Color (Metrocolor).




3 de marzo de 2009

Mirando hacia atrás con ira




The Entertainer (El animador, 1960), Tony Richardson

EL DRAMATURGO británico John Osborne dio nombre a toda una generación con “Look Back in Anger”: los jóvenes airados. Este movimiento teatral y literario tuvo su par cinematográfico en el grupo que había promovido el movimiento documentalista conocido como “Free Cinema”. Los nombres propios se encuentran en cualquier enciclopedia: Karel Reisz, Lindsay Anderson, John Schlesinger, Tony Richardson…

Richardson precisamente fue uno de los responsables del montaje en el Royal Court Theater de la obra seminal de Osborne. Ocurría esto en 1956. La obra supuso un gran éxito pero también un estruendoso escándalo. Laurence Olivier, siempre atento a lo que se cocía, decidió que no quería dejar pasar aquel tren y se puso en contacto con el joven dramaturgo para que le hiciera un traje a medida. Y Osborne parió un drama en el que los viejos comediantes funcionan como iconos de lo que los jóvenes airados denunciaban: el apolillamiento del imperio.

¿La excusa? El teatro de variedades en decadencia ante el empuje televisivo, el tono rijoso teñido de patriotismo de sus números, la realidad de una guerra contemporánea con la movilización de tropas hacia Suez. Con estos mimbres tejió Osborne su ácido retrato de la realidad contemporánea.

Jane Rice (Joan Plwright), profesora en un centro de arte, regresa al hogar familiar en la ciudad costera de Morecambe después de una disputa con su novio. El panorama es desolador. Su padre, Archie Rice (Laurence Olivier) es un cómico en decadencia con un espectáculo rutinario de chicas y canciones que mantiene a pesar de su poco éxito en el Teatro Alhambra. Él mismo expone su programa de vida: “Siempre he buscado algo... He buscado una cerveza que durase toda la noche sin acabarse, que te emborrachase bien y que fuera barata. Votaría por el hombre que me ofreciera eso”.

Archie sigue empeñado en montar el espectáculo que le otorgará fama y dinero, mientras que sus continuos amores adúlteros y sus sarcasmos han sumido a su segunda mujer, Phoebe (Brenda De Banzie) en el alcoholismo. Con ellos viven el padre de Archie, Billy (Roger Livesey), artista de music-hall retirado, y los dos hermanos de Jane. Frank (Alan Bates) echa una mano a su padre en el teatro, en tanto que Mick (Albert Finney) debe partir como soldado a la campaña de Suez.

Archie colecciona amantes jóvenes, como si así pudiera detener el tiempo que se le acaba. En un concurso de belleza se las arregla para seducir a la joven Tina (Shirley Anne Field). No contento con eso, convence a los padres de la chica para que inviertan en su nuevo espectáculo. Billy, ante la amenaza de Archie de abandonar a Phoebe, les abre los ojos a los inexpertos inversores. La situación es catastrófica, porque Archie se ha dedicado a pulirse el dinero antes de tenerlo en la mano.

Mick muere en el campo de batalla y Frank propone a toda la familia viajar al Canadá, donde el hermano de Archie tiene un hotel. Pero el cómico se las arregla para enredar a su padre en un nuevo espectáculo: mujeres desnudas y la sabiduría del viejo music-hall es lo que necesitan para triunfar.

No les cuento el final, pero ya se pueden imaginar que Archie lo tiene bastante complicado para convertir sus sueños en realidad.



Aunque la película le valió una interminable serie de premios a Laurence Olivier –además de casarse con su joven protagonista, Joan Plowright- hoy es una de las más olvidadas de aquellos años, enterrada entre la programática Look Back in Anger (Mirando hacia atrás con ira, 1958), la contundente The Loneliness of the Long Distance Runner (La soledad del corredor de fondo, 1962) y la exitosa Tom Jones (Tom Jones, 1963).

Denle ustedes una oportunidad porque, aunque hija de su tiempo, The Entertainer es un hermoso epitafio de un mundo que agoniza.

Sr. Feliú

The Entertainer (El animador, 1960)
Producción: Woodfall Film Productions (GB)
Director: Tony Richardson.
Guión: Nigel Kneale y John Osborne, basado en la obra homónima de Osborne.
Intérpretes: Laurence Olivier (Archie Rice), Brenda De Banzie (Phoebe Rice), Roger Livesey (Billy Rice), Joan Plowright (Jean Rice), Alan Bates (Frank Rice), Daniel Massey (Graham), Albert Finney (Mick Rice), Shirley Anne Field (Tina Lapford), Thora Hird (Mrs. Ada Lapford), Miriam Karlin (una soubrette), Geoffrey Toone (Harold Hubbard), MacDonald Hobley (la estrella de TV), Anthony Oliver (el entrevistador), Max Bacon (Charlie Klein), George Doonan (Eddie Trimmer).
105 min. Blanco y negro.