30 de noviembre de 2009

La Compagnie du Hanneton


James Thiérrée es el nieto de Charlie Chaplin. James pisó por primera vez el escenario con apenas cuatro años de edad en el espectáculo de sus padres (Victoria Chaplin y Jean-Baptiste Thiérrée) en Le Cirque Imaginaire (más tarde conocido como Le Cirque Invisible). Aparecía dentro de una pequeña jaula o con los pies asomados debajo de una maleta. “Mis padres me utilizaban como utilería” ha dicho él mismo. Era uno de los numerosos fallos del excéntrico mago James: en vez de un pato, aparecía él. A los quince años interpreta a Ariel en el Próspero de Peter Greenaway. Antes de cumplir los veinte años, James había viajado por todo el mundo y se había convertido en un experto en acrobacia, danza, trapecio y violín. Trabaja en el Piccolo Theater en Milán, bajo la tutela de Isabelle Sadoyan-Bouise y más tarde estudia en la Universidad de Harvard. A mediados de la década de los noventa, James comienza dirigir sus propios espectáculos y funda una compañía de circo-teatro, la Compagnie du Hanneton. En 1998, la compañía montó su primer espectáculo La Symphonie du Hanneton, una surrealista y maníaca fusión de acrobacia, contorsionismo, malabarismo y personajes fantásticos, “un cúmulo de imágenes y deseos que uno no puede seguir encerrando en el desván”.

Aunque tarde, seis años más tarde, al final tiene su reconocimiento definitivo en 2006 con la consecución de cuatro premios Moliere: puesta en escena, revelación, mejor espectáculo en un teatro público y mejor vestuario. El trabajo posterior de James es tan intenso e imaginativo como este primer espectáculo y cada nuevo estreno es esperado como uno de los acontecimientos teatrales del año.

Aquí hemos intentado hacer una breve recopilación de su trabajo teatral. Esperemos que os guste.


Symphonie du Hanneton (1998)





La Veillée des Abysses (2003)





Au Revoir Parapluie (2007)


Y aquí puedes ver otra pieza de esta maravillosa obra


Raoul (2009)



28 de noviembre de 2009

bye bye blackbird


Bye bye Blackbird (2005), Robinson Savary

Fue el trapecista Richie Gaona, en Los Ángeles, quien puso a Robinson Savary sobre la pista de James Thiérrée, que vivía a unos cientos de metros de su casa en París. Hasta entonces, el proyecto de Robinson, hijo de Jerome Savary, el fundador del Grand Magic Circus, avanzaba sin su pieza principal, el protagonista Josef. A partir de entonces, Bye bye Blackbird comienza a hacerse realidad.

Estamos en los primeros años del siglo XX. Dos obreros emigrantes descansan sobre una viga suspendida a considerable altura. La imagen nos recuerda las fotografías de Charles Clyde Ebbets, que tanto se han difundido para decorar áticos de profesionales liberales. De repente, Josef (James Thiérrée) trepa por los cables con habilidad y se encarama en lo más alto para otear el horizonte. Se oye un golpe seco. Su compañero ha desaparecido.

Después del funeral, deambula por las calles hasta que se tropieza con un cartel del Dempsey Electric Circus. Josef se enamora a primera vista de Alice (la polaca Izabella Miko), la bella trapecista, melancólica, atrapada entre los cuidados de su obsesivo padre Lord Dempsey (Derek Jacoby, el mismo de Gladiator y Enrique V) y su relación mística con el trapecio. Josef es como un mono. Si puede trepar a algo allí que se va, así que, fascinado por el trapecio, consigue subirse después de realizar un acrobático camino por toda la cúpula de la carpa.

El primer encuentro directo de la pareja es de película de vampiros. Josef se ha hecho un pequeño corte en la mano arreglando un marco de la caravana de Alice. La joven se apresura a limpiarle la sangre chupándosela. Josef se queda tan perplejo como estaba y como si no hubiera pasado nada le pregunta si alguna vez ha pensado en trabajar con otra persona en las alturas. Ella se muestra extrañada y desconfiada de las habilidades de Josef.

Hay otra mujer, claro. Es Nina (Jodhi May), la ecuyere, hermana de adopción de Alice. Aunque también vive una extraña relación de dependencia con su padre adoptivo, el aristocrático y decadente Lord Dempsey, es una mujer más independiente y pegada a la realidad que la frágil Alice. Nina ofrece a Josef un trabajo en las cuadras mientras este se prepara para el gran número. Ha conseguido una audición. Las tres cabezas pensantes del circo, el propio Dempsey, Robert (Michael Lonsdale) y Jenkins (Carlos Pavlidis) hacen de jurado. Josef parece que se retrasa cuando aparece en lo más alto del circo. Desciende hasta donde reposa Alice y comienzan un dúo que maravilla a la singular audiencia.

Lord Dempsey está inspirado. Su petaca le proporciona pequeños éxtasis de gloria en los que se ve triunfando con este nuevo número en París, su próxima plaza. The White Birds, un número excepcional de trapecio iluminado por ¡quinientas bombillas eléctricas! El circo siempre ha estado a la cabeza en cuanto a las innovaciones técnicas aplicadas al mundo del espectáculo y Lord Dempsey es un iluminado, nunca mejor dicho. Un circo eléctrico parece un buen reclamo para esa época. Y seguiría siéndolo hoy en día.

El día del estreno en París, una tormenta amenaza con arrancar las lonas e inundar los circuitos eléctricos. Hay una buena entrada de público entre los que se encuentran algunos nobles, viejos amigos de Dempsey que vienen a ver a su hija y que desprecian al viejo maquillado.

El número se desarrolla como habían planeado. Las bombillas iluminan la carpa en círculos concéntricos a medida que los dos pájaros suben a las alturas. Hay cierta preocupación por el mal tiempo, pero también por lo imprevisible de la pareja.

De hecho se toman un descanso y salen al exterior de la carpa, en lo más alto desde donde les saludan unos fuegos artificiales. ¿Han huido? Dempsey se revuelve en el control. Robert mira preocupado a través de las cortinas. Pero no han huido, el número prosigue con un salto inverosímil de Josef al que sigue otro no menos imposible de Alice. La pareja vive un éxtasis de giros, piruetas y arrojes del trapecio. Josef pierde el control, o eso cree, y Alice cae matándose en el acto.

Josef pierde la cabeza. Decide no bajar del trapecio. Se encierra en si mismo y en las alturas. Viaja subido al trapecio, porque si toca el suelo, Alice aparece y todo se vuelve más confuso. Pero no todo es como parece. ByeBye Blackbird nos sorprende al final lo suficiente como para no anticiparlo.

Josef es un pájaro enjaulado. Como en un relato kafkiano –la primera fuente de inspiración de esta película– la soledad habita en lo más profundo de su alma y sus alas al viento son símbolo de una libertad efímera. Un espejismo. Un sueño imposible. Inalcanzable.









Bye bye Blackbird (2005)
Producción: Samsa Film (FR)
Dirección: Robinson Savary.
Argumento: Robinson Savary, Patrick Faure y Arif Ali-Sham.
Guión: Arif Ali-Sham.
Intérpretes: James Thiérrée (Josef), Derek Jacobi (Lord Derek), Johdi May (Nina). Michael Ondsdale (Robert), Izabella Miko (Alice), Andrej Acin (Roberto), Chris Bearne (Lord Strathclyde), Ek (Djamako), Claire Johnston (Emma), Pavlidis (Jenkins), Claudine Peters (Miss Julia).
99 min. Color.



26 de noviembre de 2009

El Hipódromo, en Hamburgo


Grosse Freiheit Nr. 7 (1944), Helmut Käutner

Ha querido la casualidad –o nuestra insana curiosidad- que hayamos visto una escena de
Grosse Freiheit Nr. 7 en un reportaje dedicado a la invención del Agfa-Color. En esta película Hans Albers regresó al ambiente portuario de su Hamburgo natal.

Hans Albers protagonizó las versiones alemanas de Quick, y Fahrendes Volk / Gens du voyage (Payasos, 1938), estuvo junto a Marlene Dietrich en Der blaue engel (El ángel azul, 1930), fue un Sherlock Holmes apócrifo en Der Mann, der Sherlock Holmes war (1937) y encarnó al Barón de Munchhausen. Inmediatamente después de protagonizar esta película con al que Goebbels pretendía conmemorar las bodas de plata de la Ufa y, de paso, dejar chico al cine de fantasía estadounidense, se metió en la piel de un marinero retirado que canta y toca el acordeón.

El ministro de Propaganda se mostró mucho menos convencido con Grosse Freiheit Nr. 7. No es de extrañar, puesto que Helmut Kautner utilizaba el glorioso Agfa-Color en retratar un triángulo sentimental en el ambiente del barrio chino hamburgués. De fondo, el amor perdido y la nostalgia marinera. El primer término, quereres de pago y marineros borrachos. Poco edificante para las tropas que regresan de Stalingrado.

La escena que hemos visto muestra el ambiente del barrio de St. Pauli y se detiene en un club de variedades, El Hipódromo, en cuya entrada la efigie de Hannes Kroeger reclama la atención del público. Dentro, el propio Hannes (Hans Albers) con su acordeón al frente de una orquesta de señoritas.

El centro del club está ocupado por una pequeña pista circense por la que circulan ecuyeres de torneados muslos. Alguna le da de beber una jarra de cerveza a su montura. En la barra, los curtidos hombres del mar intercambian cigarrillos y requiebros con madamas orondas.

Aquí tienen el fragmento:



Hannes canta:
“Ven, mi querida pequeña. / Sé mía, no digas que no. / Tú serás hasta mañana temprano, a las nueve, / mi pequeña más querida. / Si accedes te seré fiel / incluso hasta las diez. / Ahora, vámonos juntos de juerga. / De noche, en la Reeperbahn, / a las doce y media, / diviértete aunque no tengas una chica. / Siempre es posible divertirse / de noche, en la Reeperbahn, / a las doce y media. / El que nunca en la noche alegre / haya ido de juerga a la Reeperbahn / es un pobre infeliz / porque no te conoce… / St. Pauli, mi St. Pauli nocturno”.

También canta la habanera “La paloma”, de Sebastián Yradier:



Tras el bache profesional que supuso la posguerra Albers regresó una y otra vez en sus películas de los años cincuenta a este decorado. La ciudad le ha dedicado una estatua.

Grosse Freiheit Nr. 7 (1944)
Prodicción: Terra-Filmkunst (AL)
Director: Helmut Käutner.
Guión: Helmut Käutner y Richard Nicolas.
Intérpretes: Hans Albers (Hannes Kroeger), Ilse Werner (Gisa), Hans Söhnker (Willem), Hilde Hildebrand (Anita), Gustav Knuth (Fiete), Günther Lüders (Jens), Ilse Fürstenberg (la madre de Gisa), Ethel Reschke (Margot), Erna Sellmer (Frau Kaasbohm), Kurt Wieschala (Jan), Helmut Käutner (Karl), Richard Nicolas (el almirante), Maria Besendahl (Frau Boergel), Justus Ott (Herr Wellenkamp), Gottlieb Reeck (Herr Puhlmann).
111 min. Color (Agfa-Color).


23 de noviembre de 2009

Payasos de Weimar


Quick (Quick, mi clown, 1932), Robert Siodmak

La comedia musical alemana de la República de Weimar tiene poco que ver con su homóloga norteamericana. Están, desde luego, los grandes espectáculos basados en operetas y en el universo de los Strauss, pero también las cintas de ambientación contemporánea con argumentos escapistas e influencia de la música de kabarett.
Der Kongress tanzt (El Congreso se divierte, 1931) serviría como ejemplo del primer modelo y Die Drei von der Tankstelle (El trío de la bencina, 1930), del segundo. En ambos brilló la minúscula estrella de origen británico Lilian Harvey. Su partener habitual, el incombustible Willy Frtisch. Eric Pommer, el mandamás de la UFA, probó en 1932 a emparejar a Lilian Harvey con otra estrella masculina del cine teutón: Hans Albers. El resultado fue Quick.


Hans Albers es Quick
“Quick” (Hans Albers) es el payaso de moda en una ciudad balnearia. Todas las noches actúa en el Teatro Apollo. Su número, desarrollado entre piruetas acrobáticas, se aprovecha de un sofisticado escenario móvil que incluye rampas, trampolines y camas elásticas. Además, Quick realiza sencillos trucos de ilusionismo y canta, acompañándose de la concertina, una canción de corte cabaretero con la que encandila a las damas. Está claro que si el teatro se llena cada noche es por las señoras.


Entre cajas su representante, Lademann (Paul Hörbiger), renegocia el contrato con herr Henkel (Karl Meinhardt). Si no duplica el sueldo de Quick éste aceptará la golosa oferta de un teatro madrileño. Pero a Quick todo esto se le da un ardite. Su atención está puesta en el palco donde cada noche se sienta la caprichosa Eva (Lilian Harvey), escapada de los brazos de su pretendiente, el bobalicón Dicky von Pohl (Willy Stettner), y del doctor Bertram (Albert Kersten), que cuida de su línea y de su astenia.

En resumen que Quick se ha enamorado locamente de Eva y Eva se pirra por Quick. Y, sin embargo, mujer de su tiempo, Eva prefiere el disfraz al hombre, el amor de una hora al matrimonio. Como Quick se ha hecho pasar por el director Henkel y Eva no lo reconoce sin su maquillaje ya tienen ustedes el embrollo servido. Para salpimentarlo están la celosa e irascible bailarina Marion (Genia Nikolaieva), un augusto alcohólico llamado Clock (Paul Westermeier), el señor Müller con sus monitos amaestrados, forzudos, bailarinas, acróbatas… Todo ese discurrir de la vida que se cruza en las escaleras tras el escenario. Nada más sabemos de ninguno de ellos.

Fiesta en el balneario donde se aloja Eva. Quick decide no actuar. En sustitución Dicky recitará sus poemas. Pero Quick se lo piensa mejor. Ya que Eva no ama a Henkel es Quick quien la seduce. Y Eva se deja seducir. Después de una noche de amor Quick está hecho polvo. Sin su maquillaje Eva no le ama. Todo se resolverá en el escenario, justo minutos antes de que el tren parta para Madrid.

Más allá del enredo boulevardier, del modernísimo diseño de la clínica y del ambiente de las variedades, de Quick se queda la cancioncilla “Gnädige Frau, komm und spiel mit mir” que el payaso canta con machaconería acompañándose de la concertina.


Jules Berry es Quick
Jules Berry tomó el papel de Quick en la versión gala, rodada al mismo tiempo que la germana. Él había protagonizado el estreno de la comedia de Félix Gandéra en el teatro de la Potinière en 1930. Su coprotagonista de entonces, Suzy Prim, tuvo que renunciar a favor de Lilian Harvey. Es posible que existiera mejor química entre el actor francés y la poliglota protagonista de ambas versiones, el caso es que mientras la alemana fracasó ante el público que prefería ver una vez más a Lilian Harvey emparejada con Willy Fritsch, la francesa aguantó sus buenas siete semanas de estreno en un cine parisino.

Escribe Adrian que Berry « sait rendre la côté merveilleux du clown blanc pailleté, bondissant, musical et imposer l’image de sa séduisante désinvolture, de sus gestes de mains, de bras, de ses attitudes toujours à la frontière de l’humour et d’une canaillerie vaguement inquiétante ». Nosotros ya se lo presentamos cuando hablamos de Le Jour se lève.

En España se estrenó la versión francesa con el título de
Quick, mi clown.

Quick (Quick, mi clown, 1932)
Producción: UFA (AL) / ACE (FR)
Director: Robert Siodmak.
Guión: Hans Müller, basado en una comedia de Félix Gandéra.
Intérpretes: Lilian Harvey (Eva Pertorius), Hans Albers (“Quick”), Willy Stettner (Dicky von Pohl), Albert Kersten (el doctor Bertram), Paul Hörbiger (Lademann, el representante), Karl Meinhardt (Henkel, el director del Apollo), Paul Westermeier (Clock, el augusto), Genia Nikolaieva (Marion, la bailarina), Flockina von Platen (Charlotte, la doncella), Käthe Haack (Frau Koch), Fritz Odemar (Oberkellner).
90 min. Blanco y negro.

19 de noviembre de 2009

Cuatro galanes para Lady Misterio



Pompoff, Thedy y compañía (1940), Octavio F. Roces


Juan B. Heinink y Alfonso C. Vallejo
Catálogo del cine español. Films de ficción 1931-1940
Madrid, Cátedra / Filmoteca Española, Serie Mayor. 2009.
ISBN.: 978-843762579-9


Acaba de llegar a las librerías el catálogo del Cine Español de Ficción de los años treinta, lo que nos está dando ocasión de descubrir algunos títulos ignotos relacionados con nuestros intereses. Entre ellos una película de corto o medio metraje titulada
Pompoff, Thedy y compañía.

Ya saben que la familia Aragón desciende toda del seminarista arrepentido Gabriel Aragón Gómez y de la écuyère Virginia Foureaux, hija del propietario del Grand Cirque Foureaux. Poco tiempo le dio a estar sobre el caballo porque doña Viriginia dio a luz quince criaturas. Una de ellas, a la que se impuso en la pila bautismal el nombre de Arturo, forma pareja con su padre con el número de payasos musicales Pepino y Tonino. De entre los otros hermanos surgen nuestros protagonistas: Pompoff (José María Aragón Foureaux) y Thedy (Teodoro Aragón Foureaux). Cuando Emig (Emilio Aragón Foureaux) deja a sus hermanos se incorporan al grupo Nabucodonosorcito (José, hijo de Pompoff) y Zampabollos (Emilio Aragón).

Esta es la formación que se presenta durante todo el año 1939 en el Madrid del hambre y el saludo imperial. Su feudo es el Teatro Maravillas, el “Palacio de las Variedades”. Después de haber recorrido medio mundo, apenas tenemos constancia de que los Aragón viajaran un par de veces a Barcelona. Pero como la inactividad no es lo suyo, entre función y función, en los primeros días de 1940 se encierran en los estudios Roptence de la calle Príncipe de Vergara –en breve cambiará su denominación por la de General Mola- de la capital y ponen en pie un complemento cómico.

El equipo es mínimo, pero Roptence es uno de los pocos estudios que no ha sufrido desperfectos durante la contienda y, aunque modesto, esta plenamente operativo desde el primer día. Es por ello que con producción del propio estudio y la dirección del hermano de su fundador, Octavio F. Roces, se rueda esta película de complemento de la que no quedan copias y apenas testimonios.

Según el mencionado catálogo el argumento sería el siguiente:
Cuando salen a escena, cada uno de los cuatro payasos del grupo que capitanea Pompoff se esfuerza en mejorar su actuación, bien haciendo gracias y números ingeniosos o bien tocando la concertina a ritmo de fox, porque acaban de recibir una carta de una tal Lady Misterio con sugerentes proposiciones para aquel de ellos que más le agrade en la función de esa noche, pero al conocer el aspecto de la misteriosa dama todos intentan escurrir el bulto”.

La duración es de tres bobinas (entre veinte y treinta minutos) según anuncia el diario ABC del 3 de marzo de 1940. El cortometraje se estrena al día siguiente en el Cine Callao como complemento de otra producción Roptence, la primera de largometraje rodada en sus estudios al finalizar la contienda: Leyenda rota (1939).

Pompoff, Thedy y compañía (1940)
Producción: Estudios Roptence (ES)
Dirección: Octavio F. Roces.
Argumento: José María Aragón “Pompoff” y Teodoro Aragón “Thedy”. Adaptación: Mauricio Torres.
Intérpretes: Pompoff, Thedy, Nabucodonosorcito y Zampabollos.
3 rollos. Blanco y negro.


18 de noviembre de 2009

Sin final feliz



Guttaperchevyy malchik (1957), Vladimir Gerasimov

La película no empieza mal para ser una película de circo. Petja está desconsolado por la muerte de su madre. No le queda nadie en el mundo. Por lo menos, aunque el ruso me sigue sonando a chino, me siento como en casa. Comienzo a imaginar a otros personajes y acierto. No hay nada como ser un especialista. Si hay un niño huérfano, ¿quién será su mejor amigo? Muy bien, el payaso solitario. Pero no tan rápido, señoras y señores. Esta película es un drama de los de verdad. Está catalogada como película infantil, pero yo no le pongo esto a mi hija hasta que cumpla los dieciséis y dudo que aún así no llore desconsolada y me mire desconfiada al saber que me he dedicado toda la vida a este oficio. Esta sí es una película para tener pesadillas con el circo, sobre todo porque no tiene un final feliz.

Petja (Sasha Popov) es entregado para su educación al bruto y desalmado atleta Bekkera, que parece forzudo pero no se esfuerza demasiado, que le maltrata y le obliga a realizar ejercicios peligrosos. Por otro lado está el payaso Edward (Aleksei Gribov, el mismo que hace de capitán en la película Polosatiy Reis), al que conocemos primero en la pista, junto a su oca matemática; y luego en su alcoba, junto a su botella de vodka. Es un hombre de buen corazón. El sonido de su flauta, como Hamelin, atrae a Petja y se hacen amigos.

Las sesiones de entrenamiento con Bekkera resultan una tortura para Petja desde el primer día. Los métodos pedagógicos del forzudo son látigo y orden. Petja obedece hasta que no puede más. El único que sabe como parar la situación es Edward el payaso. Se inventa una dama para el torturador que, vanidoso, se apresura a la cita. Es Mikhail Nazvanov, el mismo actor que hace del príncipe Andrei Kurbsky en el Iván el Terrible de Eisenstein.

El payaso ha intentado adoptar al niño pero los trámites burocráticos parecen insalvables así que se dedica a entrenarle en secreto y a procurarle un poco de alegría. Poco a poco nuestro héroe se ha convertido en un acróbata que pronto se estrenará en la pista con un número de equilibrio sobre percha. Un número que entrena y entrena sin descanso.

Ha llegado el gran día. El chaval parece un ángel en todo lo alto. Después de unos cuantos equilibrios en lo alto de la percha, se pone en equilibrio sobre su espalda preparado para un arroje a la inversa. Se adivina la tensión en la cara del payaso que observa la escena desde el control.



Ya les he dicho que acaba mal, el niño se desnuca. Así como suena. La escena es presenciada por una adorable niña de la nobleza que coincide con el chaval en varias ocasiones, como invitando a pensar en un final feliz, pero no, no es así. El niño tiene una agonía demoledora, con las carcajadas del público como fondo. El payaso efectúa también un nuevo número de riesgo. Se lanzará desde lo alto atravesando un aro de fuego. La imagen es bastante elocuente. Parece que el director se guardaba en la manga varios finales y optó por el más adecuado para los niños, el más demoledor.

Los más atrevidos o los más morbosos pueden disfrutarla en calidad internet gracias a la colaboración de baks en este youtube ruso lleno de sorpresas.




Guttaperchevyy malchik (1957)
Producción: Ministerstvo Kinematografii
Director: Vladimir Gerasimov
Guión: Mikhail Volpin
Intérpretes: Sasha Popov (el huérfano), Alexey Gribov (el payaso), Mikhail Nazvanov (el forzudo), Inna Fedorova, Olga Viklandt, Ivan Koval, Andrei Popov, Marina Strizhenova, Afanasij Kochetkov, Alexander Popov, Sergei Filippov, Vladimir Gribkov, В. Kirillin, Н. Stepanov.
77 min. Color

15 de noviembre de 2009

Gato por liebre



Az prijde kocour (La historia que nunca ocurrió, 1963), Vojtech Jasny

Gato por liebre. Y no es que haya engaño alguno en
Az prijde kocour. Ocurre simplemente que lo que trae el mago en la chistera no es un conejo sino un gato. O una gata. Una gata con unas gafas con cristales de colores. Si miran por ellas verán que el apacible pueblecito en el que ustedes viven se transforma en un mundo fantástico que anticipa la sicodelia y en el que toda hipocresía queda al descubierto.

La conexión donostiarra de Vojtech Jasny
Az prijde kocour es obra de Vojtech Jasny, hijo de un maestro de Moravia. Estudió Filosofía y ruso en Praga antes de iniciar una carrera como documentalista que desemboca en su dedicación al cine de ficción. Forma parte, por tanto de la generación de directores checoslovacos que emergieron durante los primeros sesenta, aunque, un poco mayor que Milos Forman o Vera Chytilová, procedentes de la FAMU, la Escuela de Cine de Praga.

Jasny ganó con esta película el premio especial del jurado en Cannes, en 1963, y formó parte de la primera delegación checoslovaca que visitó el Festival de San Sebastián en 1964. En aquel entonces el certamen donostiarra era la excusa del régimen para demostrar que en España se proyectaba cine de más allá del telón de acero y mantener una cierta apariencia de apertura cultural, que no política. Jasny concurrió a la Sección Informativa precisamente con Az prijde kocour, cuya presencia quedó oscurecida por la película a concurso Limonadovy Joe (Joe Kolaloka, 1964), de Oldrich Lipsky, una farsa musical en clave de ópera western que obtuvo la Concha de Plata. Aunque Az prijde kocour no se estrenó comercialmente en España circuló por algunos festivales y cine-clubs con el título de La historia que nunca ocurrió.

Jasny regresó a San Sebastián en 1977. Para entonces ya había tenido que salir por pies de Checoslovaquia. Esta vez la Concha de Plata fue para él, por su adaptación de la novela de Heinrich Böll, “Opiniones de un payaso”, así que a lo mejor nos volvemos a tropezar con él por aquí.

El mago, la trapecista y la gata
El señor Oliva (Jan Werich, que también es el guionista) se nos aparece en un ventanuco del reloj de la torre y nos interroga:
-¿Realidad o fantasía? Más bien parece fantasía…

Y pronto nos daremos cuenta de que es así cuando Robert (Vlastimil Brodsky) encomiende a sus alumnos que dibujen lo que más y lo que menos les gusta de la ciudad. Los papeles en blanco se animan con imágenes en blanco y negro de lo que de siniestro esconde lo cotidiano. Nadie se atreve a dibujar esto.

Jasny es un moralista. Robert se enfrenta al director del colegio (Jirí Sovák) cuando éste abate una cigüeña. La reprimenda apenas deja margen para la interpretación: llamar asesino a un superior no es lo más adecuado y sólo existe una verdad, la del recto camino que marca la autoridad. Robert filmaba a la cigüeña. El plano del director disparando a la zancuda es su simétrico inverso. Robert ama a los animales. El director está orgulloso de que la ciudad tenga el mejor museo de animales disecados del país: eso es lo que atrae a los turistas.

Desde la torre del reloj el señor Oliva nos presenta a los habitantes de la ciudad: Janek (Karel Effa), un perezoso que se hace pasar por cojo, y Marjánka (Vlasta Chramostová), trabajadora infatigable que carga con él cuando se finge enfermo; la cotilla (Alena Kreuzmannová), que pretende enterarse de lo que ocurre detrás de cada ventana; el dueño del restaurante (Jaroslav Mares), que agasaja a los representantes oficiales para que hagan la vista gorda…

Robert lleva al señor Oliva a clase. Servirá de modelo para que los niños deben dibujen “la realidad”, siguiendo la vieja norma del realismo socialista. Sin embargo, en un instante, el señor Oliva se ha embarcado en una historia que encanta a los niños y dispara su imaginación. La historia de su naufragio, de cómo conoció a la bella Diana (Emília Vásáryová) y a Mourka, una gata con gafas. Cuando se las quitaban la gente se volvía del color de sus acciones: los farsantes y mentirosos, violetas; los desleales, amarillos… En cambio los enamorados se volvieron rojos como amapolas.

Y de pronto la fantasía cobra vida. Al pueblo llega un camión rojo con un jazz band negro, Diana con el gato en brazos y el doble del señor Oliva como un mago vestido de verde.

Por la noche, en la plaza, tiene lugar el espectáculo. La sesión comienza con una pantomima protagonizada por prendas de ropa y utilería que se recortan contra el fondo negro. Los habitantes de la ciudad están encantados en tanto que la fábula resulta inofensiva, pero cuando el director y el profesor reconocen el incidente de la mañana en un sombrero con un rifle y un jersey con una cámara, la sátira es tan diáfana que el director no tiene más remedio que pronunciarse. Todo es una patochada: ¿quién habría de sentirse agredido por ello?

Luego, el mago lanza una serie de flores al público. La última se transforma, en el aire, en la bella Diana. Un ejercicio de levitación es el prólogo al número de la muchacha en el trapecio. Más tarde hacen su aparición los gatos equilibristas. Mourka se acerca a Diana que le quita las gafas. Se produce entonces un ballet frenético. Los amarillos y los grises se enfrentan con los rojos. El profesor, enamorado de la trapecista hasta las cachas, está de un rojo encendido, en tanto que su amante vira del amarillo al morado. El resto del pueblo huye en desbandada. Mourka ha desaparecido.

Todos buscan a la gata pero son los niños quienes la encuentran. Los habitantes del pueblo quieren matarla. El director del colegio considera que será una pieza estupenda para el museo de animales disecados. Robert y el señor Oliva aguardan el regreso de Diana y del señor Oliva para que la situación se resuelva.

Lírica y satírica
Az prijde kocour es una película deliberadamente poética, una sátira con ribetes amables y un derroche de técnica cinematográfica en un momento en que estas cosas se hacían en plan artesanal.

Cuando el señor Oliva se encuentra con su doble, el mago, se preguntan a qué se dedica cada cual. El mago acude con Mourka allá donde se les necesita, o sea, a todos sitios. El señor Oliva se pretende botánico; un jardinero que busca que la flor de la fantasía infantil no se marchite al concluir la infancia. Acaso a alguno de ustedes les resulte un tanto trasnochado. En ese caso, procreen, críen a sus vástagos y luego vean la película con ellos.

Aquí tienen un aperitivo:




Az prijde kocour (La historia que nunca ocurrió, 1963)
Producción: Filmové Studio Barrandov (CHE)
Director: Vojtech Jasny
Guión: Jan Werich y Vojtech Jasny. Argumento: Vojtech Jasny y Jirí Brdecka.
Intérpretes: Jan Werich (el mago / Oliva), Emília Vásáryová (Diana), Vlastimil Brodsky (Robert, el profesor), Jirí Sovák (Karel, el director de la escuela), Vladimír Mensík (el conserje), Jirina Bohdalová (Julie), Karel Effa (Janek), Vlasta Chramostová (Marjánka), Alena Kreuzmannová (la cotilla), Stella Zázvorková (Ruzena), Jaroslav Mares (el dueño del restaurante), Jana Werichová, Ladislav Fialka, Karel Vrtiska, Václav Babka.
91 min. Color.