12 de enero de 2012

Intermedialidad en el Eslava


El amigo del alma (1905), Antonio G. Escobar 

La aparición del cinematógrafo a finales del siglo XIX supuso, antes que el abandono del teatro por parte de los espectadores, un cambio en sus usos y costumbres. Los teatros de variedades y aún aquellos llamados “por horas” alternaban en sus programas sainetes líricos, espectáculos de toda índole y sesiones cinematográficas.


Un paso más en estos mestizajes se produce cuando algunos espectáculos teatrales integran en su trama la proyección de una película. Esto ocurre en El amigo del alma, humorada lírica de Francisco de Torres y Carlos Cruselles con música de Giménez y Vives, estrenado el 16 de noviembre de 1905 en el Teatro Eslava de Madrid.

La trama de la obra va más o menos así: un zapatero (Enrique Chicote) que se perece por el bello sexo tiene una socia capitalista que está liada con un empleado que es un viejo verde y un aprendiz apodado Cascarilla (Prado), que es cómplice de las aventuras de su jefe y simpático piropeador de clientas. La zapatera quiere ir a “la cuarta de Eslava” —el teatro donde se está dando la representación— y el zapatero se la coloca al viejo empleado, su amigo del alma.


En el segundo cuadro, ya en el cine, es donde se produce la proyección. El escenario se convierte en un cinematógrafo y en la pantalla aparece un decorado que representa la playa de San Sebastián, donde el verano anterior la zapatera ha ido también acompañada por el amigo del alma. Las acciones se suceden en la pantalla con entradas y salidas de cuadro: unos pilletes llenan el sombrero del señor de arena, Chicote interpreta a un señor que requiebra a una señorita y Loreto le arrea con la sombrilla y, por último, vemos al amigo del alma y a la zapatera entrar juntos en una caseta de baño. El ojo indiscreto del cinematógrafo ha registrado el idilio ilícito.


Según la descripción que se hacía en el semanario “Blanco y Negro” del estreno: “El zapatero, al verlo, arma un escándalo; entra la pareja, grita Cascarilla, y el público celebra esa escena que constituye una novedad y que determina el éxito feliz y decisivo de la obra”. Celebran los espectadores la novedad, pero también, suponemos, la perfecta integración de la proyección en la trama de la obra. Los empresarios del Eslava recurrieron para esta filmación a un fotógrafo madrileño llamado Antonio G. Escobar que tenía la representación para España de las películas de Gaumont y estaba muy bien relacionado con la Casa Real, a la que surtía de películas. Como la iluminación del teatro no permitía el rodaje es muy posible que este se llevara a cabo en la galería del fotógrafo.

El amigo del alma (1905)
Director: Antonio G. Escobar.
Intérpretes: Loreto Prado y Enrique Chicote.
3 min. Blanco y negro.