28 de enero de 2014

Bailes, salas de fiestas y teatrillos de variedades selectas



La honradez de la cerradura (1950), Luis Escobar

Luis Escobar era aún director del Teatro Nacional María Guerrero cuando recibió el premio del Sindicato Nacional del Espectáculo por su adaptación del drama de Jacinto Benavente La honradez de la cerradura. La obra, estrenada en 1942, planteaba las consecuencias para un matrimonio feliz de apropiarse del dinero que una vecina dedicado al préstamo con usura les ha dejado en depósito.


Según José Luis López Vázquez, que por entonces simultaneaba pequeñas partes como actor cinematográfico con las funciones de ayudante de escenografía y ayudante de dirección, él mismo echó una mano a Luis Escobar a la hora de ajustar sus ideas para la  adaptación al formato de guión. Como supervisor para los aspectos técnicos del rodaje José Carreras Planas contó con Rovira-Beleta. Cuenta éste que se hizo cargo tanto de la planificación como del buen funcionamiento en el plató, en tanto que Luis Escobar se encargaba estrictamente de la dirección de actores. El asunto requería dedicación porque debutaban como protagonistas Mayrata O’Wisiedo y Rabal, al que Rovira-Beleta lanzaría definitivamente con Hay un camino a la derecha (1953).


Director y supervisor airean el argumento intentando limpiarlo de resabios teatrales, aunque, por contraste, las escenas directamente traídas del drama destacan por unos diálogos fuertemente literarios. En cambio, las sospechas de la usurera (Lola Bremón) de que su criada pueda robarle el dinero que tiene en casa están resueltas con pulso caligráfico no exento de manierismos por Rovira-Beleta.


Una secuencia de montaje sobre los remordimientos de Ernesto (Paco Rabal) y su progresiva distanciación de Marta (Mayrata O’Wisiedo) y la persecución final del chantajista (Ramón Elías), que arrastra a Ernesto en su huida de la policía, constituyen otras tantas piezas autónomas forzadamente cinematográficas. Contribuye a acentuar lo artificial de alguna de estas resoluciones una partitura de Juan Dotras Vila, archipresente y, por momentos, abrumadora.


No obstante, se nota que Luis Escobar es hombre de teatro. Bailes populares, salas de fiestas y teatrillos populares dedicados a las variedades sirven de fondo animado y espectacular a varias escenas. En las del Café de la Luna asistimos a algunos números de baile por parte de una bailaora que en los carteles se anuncia como Margara de Córdoba. También se entrevé la actuación de dos payasos —“geniales caricatos”, a decir del presentador de la atracción— que atienden en la ficción por Tony y Pepé.


El Marqués de las Marismas del Guadalquivir sólo realizó otra película inmediatamente después -La canción de la Malibrán (1951)- y abandonó la dirección para resurgir como actor personalísimo mediada la década de los cincuenta en la serie televisiva El pícaro (Fernando Fernán-Gómez, 1979) y como simpar Marqués de Leguineche en La escopeta nacional (Luis G. Berlanga, 1978).


La honradez de la cerradura (1950)
Producción: José Carreras Planas para Pecsa Films (ES)
Director: Luis Escobar. Supervisor: Francisco Rovira-Beleta.
Guión: Luis Escobar, de la obra teatral homónima de Jacinto Benavente.
Intérpretes: Francisco Rabal (Ernesto), Mayrata O'Wisiedo (Marta), Ramón Elías (el chantajista), Lola Bremón (doña Matilde, la prestamista), Pilar Muñoz (Carmen), María Victoria Durá (Rosa, la criada), Ramón Martorí (don Pablo, el director de la sucursal), Modesto Cid (el juez), Miguel de Granada (Pedro), Pedro Mascaró, (don Cristóbal) Esperanza Navarro (Ketty), Concha López Silva (una vecina), Mercedes Gisbert, Paquita Bresoli, Ramón Vaccaro, Ricardo Martín, Antonio Polo, Esperanza Barrera, Pedro Puche, Juan Velilla
88 min. Blanco y negro.



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