5 de abril de 2009

Antes de François y Hulot


COMO NUESTRO querido Philip Astley, el padre del circo moderno, Jacques Tati fue oficial de un regimiento de caballería de los Dragones gracias a su destreza como jinete. De procedencia aristocrática, participaba en competiciones de charlestón o practicaba la equitación, el rugby y el tenis mientras finalizaba sus estudios. Su paso por la mili fue determinante en su vida y aparece como una constante en su obra. En Playtime, Hulot se encuentra con amigos de la mili con los que se relaciona de una manera especial. Quizás, por un lado, la armada acentuara su pasión por los uniformes y, por otro, le diera la confianza suficiente para dedicarse profesionalmente a lo que hacía para divertir a sus colegas: pantomimas de tipos sociales o actividades deportivas.

Su trabajo como mimo, un trabajo autodidacta lejos de la parafernalia intelectual que rodeaba la escuela del Vieux-Colombier con Decroux y Barrault a la cabeza, le lleva al cine de la manera más natural del mundo. Antes de la 2ª Guerra Mundial, el cine se está desarrollando a gran velocidad y los artistas de variedades y de circo buscan en el cine una manera de darse a conocer al gran público. Después de la Guerra no hay trabajo para los artistas de music-hall, así que sus esfuerzos se dirigen al cine donde ya ha adquirido una corta pero intensa experiencia con algunos cortos en los que podemos encontrar algunas de las claves de sus grandes películas.

El primer corto en el que se ve inmerso nuestro invitado de estos días es una película perdida pero que por el título,
Oscar,champion de tennis (Jack Forrester, 1931), podemos imaginarnos por dónde iban los tiros, o las pelotas imaginarias.

Más tarde, se asocia con Enrico Sprocani, un popular payaso conocido como Rhum, con el que realiza dos cortos: On demande une brute (Charles Barrois, 1934) y Gai dimanche (1935). Nosotros sólo hemos tenido la oportunidad de ver algunas secuencias en los interesantes documentales “Tati sur le pas de Mr Hulot…” (Sophie Tatischeff, 1989) y “Le premier spectacle au Music Hall” (Bruno Coquatrix, 1989), que cubren toda la carrera de este genial cineasta. Nos ha sabido a poco –lo de los cortos, no lo de los documentales– porque hemos disfrutado de lo lindo viendo a esta inédita pareja de payasos.

Soigne ton gauche (René Clement, 1936), que podríamos traducir como Trabaja tu izquierda, vuelve a aprovechar las posibilidades del número del boxeador que ya había explotado en On demande une brute. El comienzo del corto es espectacular y muy significativo. Un cartero en bicicleta (Max Martell) recorre a toda la velocidad la campiña francesa, señalizando militarmente los cambios de dirección, hasta llegar a una pequeña granja donde finaliza su trayecto de un trompazo con voltereta incluida. La mejor presentación para un cartero, el personaje favorito de Tati. Las noticias no pueden ser mejores para los ocupantes temporales de la granja, un pequeño equipo de boxeo que ha instalado su cuadrilátero en los aledaños. El combate está listo y el campeón necesita entrenarse. Sus sparrings caen uno tras otro hasta que aparece un joven y soñador Tati que juega a ser un gran campeón entre fardos de paja. Los niños filmándolo todo con un molinillo de café facilitan un final al más puro estilo Chaplin.

L’Ecole des facteurs (1945), su siguiente corto, le abre definitivamente las puertas del cine. El entusiasmo y empuje de su socio Fred Orain (Cady Films) le llevaría, por fin, al mundo del largometraje con Jour de Fête, que ya comenzaba a dibujarse en el horizonte. En L’Ecole des facteurs volvemos a encontrar al cartero pequeño, con bigote y marchoso de Soigne ton gauche, esta vez interpretado por Paul Demange, profesor de una curiosa escuela. La experiencia es un grado, así que este divertido personaje examina con dignidad los conocimientos y habilidades de un trío de carteros entre los que destaca el larguirucho Tati. Una vez graduados, ya están preparados para servir a la ciudadanía y comienza una divertida sucesión de gags protagonizadas por un diligente cartero que tiene su culmen cuando este entrega la carta al campanero de una iglesia en plena tarea.


Después de una loca carrera en pos de su bicicleta, el cartero François, el personaje que protagonizaría más tarde Jour de Fête, se toma un respiro en un café. Allí nos regala un delirante baile en el que Jacques Tati rememora sus días de charlestón y fiesta. Digno de ver, sin ninguna duda. Jacques Tati se hace cargo de la realización de este cortometraje demostrando a todo el mundo que tenía algo que decir y sabía cómo hacerlo. Sobre todo se lo demostró a Fred Orain que puso todo su corazón para la producción de su primera película de verdad.

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