20 de abril de 2009

La Parada de Tati


Parade (Zafarrancho en el circo, 1974), Jacques Tati

ALGUNOS estudiosos del circo, historiadores o críticos, buscan las primeras manifestaciones de lo que se dio en llamar nuevo circo –término demasiado ambiguo como para mantenerse en el tiempo–, encontrando el germen del circo contemporáneo en diferentes fuentes. Siendo atrevidos podríamos situar el arranque de esta aventura en 1927, cuando el estado socialista crea la escuela de Artes de Moscú, la primera escuela de circo con un programa de varios años de formación. Si no, tendríamos que esperar hasta los años setenta: en 1971, Victoria Chaplin y su marido, el mago Jean Baptiste Thierrée inician lo que será el Circo Invisible y arranca la carrera. En 1974 nacen las primeras escuelas de circo en París al mismo tiempo que se inicia la andadura del Festival de Montecarlo.

Precisamente ese mismo año, Jacques Tati estrena Parade, una película para la televisión sueca que, con el paso del tiempo, se ha ido reivindicando a sí misma y que a poco a poco hemos ido descubriendo los nuevos aficionados al circo hasta llegar a ocupar puestos privilegiados en nuestra lista de favoritas. Parade, que en España se presentó como Zafarrancho en el circo –título más apropiado para los Marx que para Tati–, es a mi entender el manifiesto del nuevo circo filmado en el instante preciso de su gestación.

El circo estable de Estocolmo –ciudad que hoy en día se esmera en dar al circo el nivel universitario que tanto demandamos en España– es la pista en la que Jacques Tati despliega su maleta de sorpresas, enseñándonos un circo diferente. Ante un público joven y mayoritariamente hippie, construye un homenaje al circo utilizando, sutilmente, todas sus herramientas creativas. Una de ellas es la utilización que hace del público a lo largo del programa. Tati les hace protagonistas de la película y les invita a participar en numerosas ocasiones, construyendo gags en los que el público conduce la acción. Además utiliza siluetas, a modo de recortable, a tamaño real, de personas entre el público, creando un ambiente único y estéticamente muy interesante.

Las amas de casa se mezclan con jóvenes con melenas y adornos
hippies. El guardarropa esta abarrotado de cascos de motos. Niñitos rubios que bostezan. Tati nos presenta algunos de los protagonistas de la película –como Karl Kossmayer que más adelante realizará su número con el burro–, mezclados con pequeños gags visuales: un jugador de hockey anda perdido, un violinista espera impaciente… el arco del violín que le trae su novia. Una singular troupe de artistas da los últimos retoques a una escenografía minimalista sobre blanco de su amigo y artista Jacques Lagrange, que ya había sido el escenógrafo de otras de sus películas.

Con estos elementos Tati compone un excelente programa de circo, o de variedades, para los más puristas. La película está realizada para la televisión y es su última obra, un proyecto que le llevó más de tres años (comenzó en 1971) y que originalmente iba a ser una serie de trece programas de entretenimiento para la televisión sueca. Para ello cuenta con la participación del director de fotografía de Ingmar Bergman, el gran Gunnar Fischer y la confianza de la televisión sueca.

Algunas de las propuestas para los números de circo –el asesor e intermediario fue François Bronnet– son realmente interesantes: un equipo de jockey, que espera su turno para jugar mientras una orquesta de cámara ejecuta una pieza, se convierte en una troupe de acróbatas (Los Williams) sobre plinto al arrebatar el piano a los músicos; un número de magia siempre interrumpido; un tema musical interpretado con martillos mientras se rematan los últimos detalles; un surrealista grupo de tiroleses, el mismo que la delirante cuadrilla española; el reparto de globos al público…; el original número de los malabaristas de brocha gorda; el excelente acto de la doma del burro del ya mencionado Kossmayer…


El programa está tan bien estudiado que tiene hasta intermedio. ¿Qué circo que se precie no tiene un buen intermedio para vaciar las vejigas y los bolsillos? En los pasillos, un tragasables demuestra su arte mientras un niño mira detenidamente su trasero esperando que asome el acero. Detrás de la pista, Tati nos enseña las diferencias entre un guardia de tráfico inglés y otro francés.

La segunda parte comienza con un grupo local de pop que da pie a un número de contorsión del fotógrafo buscando el mejor encuadre, un mago que hace levitar el micrófono, una nueva tanda de saltos desmadrados sobre el plinto… un pequeño Woodstock para el público asistente. Más adelante actúa la estrella de la canción francesa, Pia Colombo. Después tenemos la oportunidad de admirar el número de los cómicos musicales Los Veterans, acto que hay que aplaudir, sin ninguna duda.

Aquí y allá, diseminados a lo largo de toda la película, están los números de pantomima que Tati realizaba en los Music-Hall en los años 30: el portero de fútbol, el boxeador, el tenis, el jinete, el guardia de tráfico… Su última actuación. Una mezcla de maestría y cuerpo cascado que a veces nos enseña al mejor Tati. En todo caso, un documento excepcional y la manera de finalizar el proyecto, pues la televisión sueca había puesto como condición para seguir invirtiendo, la grabación de estos scketchs.

La película, como los espectáculos de nuevo circo más comerciales, tiene un epílogo, colofón poético que dibuja un horizonte de esperanza y renovación. Jacques Tati deja que dos niños jueguen con los trastos de los payasos y artistas. Una pareja de niños especialmente escogidos por su espontaneidad juegan libremente mientras la cámara registra silenciosamente todos sus movimientos. Tati les cede el testigo.


Parade (Zafarrancho en el circo, 1973)
Producción: Gray-Film (FR) / Sveringe Filmproduktion (SUE)
Guión y Dirección: Jacques Tati.
Intérpretes: Jacques Tati (maestro de ceremonias), Karl Kossmayer, Pierre Bramma, Michèle Brabo, Pia Colombo, Johnny Lonn, Bertilo, Jan Swahn, Bertil Berglund, Moniqa Sunnerberg, Norman and Ladd Hall, Les Veterans, Les Sipolas, Les Williams.
89 min. Color.



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