28 de junio de 2009

Kitty Darling y sus Gaiety Girls


Applause (Aplauso, 1929), Rouben Mamoulian


“No puedo evitar amar a ese hombre”
Kitty Darling es una de esas madres resignadísimas y sufrientes que proliferaron en el cine americano de los primeros años treinta hasta que las disparatadas y sofisticadas heroínas de la comedia screwball tomaron su lugar. Lo curioso es que, en ocasiones, las actrices –Myrna Loy, Barbara Stanwyck, Claudette Colbert…- eran exactamente las mismas en ambos géneros. No es el caso de Helen Morgan, una cantante de Broadway con tendencia el exceso en su vida privada y con una breve carrera en Hollywood entre 1929 y 1936. Seguro que encuentran información sobre ella en otros sitios pero, si no les apetece tomarse la molestia, aquí la pueden contemplar en una de las tórridas rendiciones que la hicieron célebre, el tema “Bill”, de Showboat (Magnolia, 1936):



Helen Morgan había triunfado con este musical en Broadway y había interpretado la primera versión cinematográfica (parcialmente sonora) de 1929, después de iniciarse en el mundo del arte en un cabaret de Chicago y de haber regentado varios
speakeasies, esos locales clandestinos en los que se servía alcohol durante la Prohibición. La frecuentación de ambientes insanos y malas compañías la condujo a una muerte prematura por cirrosis hepática a los cuarenta y un años. Su drama personal llegó a la pantalla convenientemente edulcorado en The Helen Morgan Story (Para ella un solo hombre, 1957). Dirigió Michael Curtiz, Ann Blyth interpretó a la malhadada estrella y Paul Newman a “ese hombre” al que ella no puede evitar amar:



“Paris Flirts”
Sin embargo, Helen Morgan está aquí en su papel de la reina del burlesque en decadencia, Kitty Darling, la protagonista de Applause. Aunque interpreta con toda propiedad a una mujer alcohólica entrada en los cuarenta, la Morgan tenía tan sólo veintinueve años cuando interpretó la película. El debutante Rouben Mamoulian –provenía de los escenarios de Broadway, como la actriz- la presenta en un miserable teatrucho de provincias, en una ciudad llamada irónicamente Zenith. La acompañan las Gaiety Girls. También hay sorna en esto, porque las genuinas chicas Gaiety fueron aquellas famosas coristas del teatro londinense que llevaba dicho nombre y cuya belleza las hizo merecedoras de la atención de la nobleza británica, de modo que alguna de ellas terminó accediendo a un ducado por vía matrimonial. ¡Qué diferencia con estas coristas jamoncillas próximas al ingreso en un geriátrico, cuyas mallas apenas pueden contener las carnes fofas!

Durante el primer acto tenemos oportunidad de contemplar tres números en los que Mamoulian se muestra como un riguroso forjador del realismo cinematográfico –no llega a los extremos de Stroheim en Greed, pero por ahí van los tiros- y un virtuoso de la cámara. Apenas hay un plano en el que el tomavistas repose: busca siempre el detalle, la cara del espectador, al músico… Y a pesar de ello no se detiene. En un momento, en el que el cine rompe a hablar y el micrófono obligaba –supuestamente- a la inmovilidad absoluta, Mamoulian se empeña en demostrar que los logros del cine mudo, los hallazgos de Dupont o Murnau, siguen siendo perfectamente válidos, aunque para ello deba utilizar dos micrófonos y realizar la mezcla durante la toma directa de sonido.

Los números son puro burlesque: una coreografía cansina, una orquestina que trasiega jarras de cerveza durante la actuación y la estupenda voz de Kitty Darling y las piruetas de su compañero Joe King (Jack Cameron). King ejecuta una coreografía excéntrica vestido de vagabundo de vaudeville, uno de aquellos tipos con barba pintada, cuello duro y camisa sin mangas que eran tan representativos del teatro ínfimo como los estereotipos raciales del los minstrel shows, con sus rostros pintados de negro.

Durante esta actuación Kitty se siente indispuesta. Nadie lo había advertido, pero resulta que la estrella está a punto de dar a luz. La mala pata quiere que al padre de su hija le hayan denegado el indulto. Pero es que Kitty no tiene ojo para los hombres. Rechaza a Joe, un buen tipo que podría haberla hecho feliz, a cambio de un triunfo ilusorio en Broadway. Nunca llega. La única carrera que hace Kitty es la de la botella. Mientras tanto, su hija se cría interna con unas monjitas recibiendo una educación absolutamente contrapuesta a lo que ha sido la vida de su madre.

Pasamos por el segundo acto de puntillas, porque es el más convencional. El nudo (melo)dramático presenta a la mujer incapaz de elegir nunca al hombre adecuado y el sacrificio materno llevado hasta las últimas consecuencias de la renuncia. April (Joan Peers), una jovencita de diecisiete primaveras, regresa a casa para encontrarse con la vida decadente que lleva su madre, a la que explota el canalla de Hitch (Fuller Mellish jr.). Mamoulian recurre entonces al montaje para mostrarnos el espanto de la muchacha. Su madre se exhibe impúdicamente en una pasarela que avanza hasta el centro del patio de butacas acompañada por las Gaiety Girls. El siguiente número, visto entre cajas, no hace sino aumentar el horror de April. Las sombras agrandadas contra el telón componen una especie de teatro de sombras chinescas en que las figuras se agitan como marionetas dislocadas.

Abusando de su buena fe, el chulo pretende engatusar a April, a la que defiende un inocente marinero de permiso (Henry Wadsworth). Las imágenes del romance juvenil entre Tony y April se redimen por la inocencia genuina que destilan su paseo por el puente de Brooklyn y la contemplación de Nueva York desde la azotea de un rascacielos.

La utilización sistemática de las sombras, los encadenados entre objetos que enlazan las secuencias, el uso del sonido en off –los ruidos de la calle y el vecindario cuando Kitty intenta suicidarse-, hacen de Mamoulian un auténtico explorador de terrenos vírgenes y coadyuvan a que veamos con buenos ojos el previsible final en el que April deberá ocupar el lugar de su madre en la pasarela.


Antes del Código Hays
Applause obtuvo un tremendo éxito crítico pero escaso eco en el público, que en plena Depresión buscaba espectáculos menos sombríos. La película había tenido sus más y sus menos con la Censura, aunque se libró de una más decidida actuación censorial por parte del propio estudio debido a que el Código Hays no se implantó definitivamente hasta 1934. Llegaron así a las pantallas algunas blasfemias y expresiones que entonces se consideraban malsonantes y, sobre todo, “cuatro o seis escenas que en nuestra opinión –escribe un censor- no añaden ningún valor a la película… Dichas escenas son aquellas en que la anatomía de Helen Morgan y/o las coristas queda revelada de forma más íntima”. Por suerte, estos paternalistas consejos fueron obviados, y hoy podemos valorar no sólo el trabajo innovador de Mamoulian tras la cámara (y el micro), sino lo que era el burlesque en aquellos años, una de las formas de entretenimiento popular de las que Applause sirve como inapreciable testimonio documental.

Sr. Feliú

Applause (Aplauso, 1929)
Producción: Paramount Pictures (EEUU)
Director: Rouben Mamoulian.
Guión: Garrett Fort, basado en una novela de Beth Brown.
Intérpretes: Helen Morgan (Kitty Darling), Joan Peers (April Darling), Fuller Mellish Jr. (Hitch Nelson), Jack Cameron (Joe King), Henry Wadsworth (Tony), Roy Hargrave (Slim Lamont), Dorothy Cumming (la madre superiora).
80 min. Blanco y negro.

26 de junio de 2009

La gigantesa Angélica y la autómata Rosalba


Il Casanova di Fellini (Casanova de Fellini, 1976), Federico Fellini


CASANOVA fue, en su momento, una de las películas menos comprendidas de Fellini: tres años de trabajo en los que plasmó, como en el harén de Otto e mezzo (1963), como en La Saraghina de Amarcord (1973), como en su episodio de Boccaccio ’70 (1961), su visión abismal de la mujer.




La gigantesa…
El misterio se esconde en una feria londinense envuelta en la niebla y recreada, como el resto de la cinta, en los platós de Cinecittà. Entre los reclamos, una contorsionista que hace sonar cascabeles con los pies y un hombre con un rostro femenino tatuado en el torso. Un voceador invita a los fantasmales espectadores a acceder al vientre de la gran Mouna, una ballena varada en cuyo interior –trasunto diáfano de una vagina- un viejo ofrece un espectáculo con esa abuela del cinematógrafo que fue la linterna mágica. Los cristales proyectados son obra del “pánico” Roland Topor.



En una carpa, la gigantesa Angélica (Sandra Elaine Allen) acepta apuestas sobre su fuerza. ¿Habrá entre el público quien consiga derrotarla en un pulso? Casanova (Donald Sutherland), fatuo como él solo, se ve obligado a aceptar el reto y luego intenta negociar con el fenómeno que le deje ganar, haciendo valer un supuesto paisanaje. Cuando pierde, soborna a los liliputienses que sirven de criados a la gigantesa y se convierte en voyeur durante el baño. Sandy Allen, que ostentaba con 232 centímetros el récord Guinness de mujer más alta del mundo, intervino, sin ficción de por medio, en Being Different (1981), el documental de Harry Raskin sobre los monstruos de la naturaleza, nuestros hermanos.



… y la autómata
Desde su primera aventura amorosa Casanova se hace acompañar de un pájaro artificial que emite un canto mecánico mientras duran sus proezas amatorias, siempre gimnásticas, siempre un poco mecánicas. Por eso el encuentro en la corte de Wuertemberg con la autómata Rosalba (Leda Lojodice) es uno de los más consecuentes del recorrido moral del amante legendario. En Rosalba, nueva Olympia, quiere descubrir Casanova el resorte oculto del amor. También hay un regusto morboso en esta nueva conquista, qué duda cabe. ¿Habrá mantenido Rosalba una relación incestuosa con su creador?



Al final de su vida Casanova evoca a todas las mujeres que han pasado por su vida. Han pasado, sí. Ni ellas le amaron ni el las amó. En una especie de sueño –toda la película lo es- se ve a sí mismo de nuevo joven en un canal helado de Venecia. Sus amantes escapan. Sólo Rosalba le aguarda. Casanova baila sobre el hielo con la mujer mecánica. Podrían seguir eternamente. La música es de Nino Rota, pero nos parece escuchar a Leonard Cohen cantar “Dance Me to the End of Love”.
Sr. Feliú




Il Casanova di Fellini (Casanova de Fellini, 1976)
PEA - Produzioni Europee Associati (IT)
Director: Federico Fellini.
Guión: Federico Fellini y Bernardino Zapponi, libremente inspirado en la autobiografía de Giacomo Casanova, “Histoire de ma vie”.
Fotografía: Giuseppe Rotunno. Música: Nino Rota.
Imágenes de la linterna mágica: Roland Topor.
Intérpretes: Donald Sutherland (Giacomo Casanova), Tina Aumont (Henriette), Leda Lojodice (Rosalba, la autómata), Sandra Elaine Allen (Angelina, la gigantesa), Pietro Torrisi (el forzudo).
155 min. Color (Technicolor).


23 de junio de 2009

Más sobre el Zirkus Renz



Este conjunto de entradas dedicadas al aventurero y cineasta Piel, nos han obligado a revisar nuestra biblioteca y nuestro archivo en busca de documentos relacionados. Primero hemos buscado en la r de Renz y hemos encontrado, además del sello que encabeza esta entrada, un libro muy interesante dedicado al circo alemán y editado en la misma época:

Kober, A.H.
Zirkus Renz
Verlag Karl Siegismund, Berlin, 1942

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De este mismo autor hay otros dos libros destacables. El primero de ellos es Star Turns, traducción al inglés de Die Grosse Nummer, traducción que mejora el original según el bibliófilo R. Toole Stott, aunque este estudioso no dominaba el alemán y no entendemos cómo llegó a esa conclusión. Es una entretenida historia del espectáculo circense acompañada de unos dibujos muy divertidos de Mendoza. Es un libro muy recomendable y todavía asequible en librerias de viejo:

Kober, A. H.
Star Turns
Noel Douglas, London, 1928

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El segundo es una biografía novelada sobre la vida del mejor malabarista de todos los tiempos: Enrico Rastelli. Tenemos el mismo problema que Toole Stott así que hasta aquí podemos llegar con nuestro comentario.


Kober, A. H.
Das Wunder der tanzenden Bälle
Bolfsverband der Bücherfreunde, Berlín, 1938

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En 1927 se rodó una película titulada Zirkus Renz, dirigida por Wolfgang Neff. Hay otra del mismo título de 1943, realizada por Arthur Maria Rabenalt, en la que René Deltgen encarna al rey del circo. Este pequeño programa pertenece a esta última película que, desafortunadamente, no hemos tenido la oportunidad de ver.


20 de junio de 2009

Más Piel



Menschen, Tiere, Sensationen (Hombres… Fieras… ¡Sensación!, 1938), Harry Piel

Aquí nos tienen de nuevo para presentarles unos bonitos carteles procedentes del sitio de un alemán colgado con su policía y con las películas criminales realizadas en su país durante el régimen nazi.


Aquí tienen a Harry Piel en
Neunzig Minuten Aufenthalt (1936), ambientada en Lisboa y en la que nuestro héroe se pelea con un leopardo y, por una vez, deja tranquilo a su tigre.

Sein bester Freund (1937), en la que el mejor amigo del inspector Harry Peters es su compañero de foto, el perro Grief.

Y, por último y no por ello menos importante, la incomparable Menschen, Tiere, Sensationen (Hombres… Fieras… ¡Sensación!, 1938), sobre la que nuestros archivos guardan este delicioso comentario de la época:


“Sobre un argumento más corto que un suspiro entrecortado se ha elaborado esta película –revista circense, más bien–, en la que los intérpretes no son solamente Harry Piel, Elizabeth Wenz, etcétera, etc., sino toda una cohorte de monos y tigres que cumplen también admirablemente su cometido de “estrellas” de la pantalla, sin ponerse tontos ni pedir sueldos fabulosos ni nada de eso.

Lo cual, naturalmente, no quiere decir que no destaquen los “astros” humanos en esta cinta. Destacan mucho más que la sonrisa de un negro en la penumbra, sí señor. Sobre todo, Harry Piel, que si como protagonista expone su apellido intentando convencer por la persuasión a unos cuantos tigres “revoltosuelos” que le tiran cada zarpazo que si salva la nariz es por ser algo chato, como director nos resulta de una valentía mucho más temeraria aún.

Y lo grande es que de actor y de director logra lo que se propone, nada más que con la palabra. ¡Porque nos suponemos que a las masas les hará moverse también por la persuasión, claro está!

En fin, que, hablando, hablando, ha conseguido Harry Piel una película entretenida y emocionante. Y que con tanta emoción se nos olvide respirar durante unos minutos. Que ya es conseguir. ¡Lo que puede la charla, chico!”

El Extra Tercero
Dígame (9 de abril de 1940)


La película se rodó en el Zirkus Sarrasani, en la ciudad alemana de Dresde. Si se animan ustedes con la lengua de Harry Piel: aquí tienen un enlace con la información que buscan: www.dbcf.de/sarrasani.


Menschen, Tiere, Sensationen (Hombres… Fieras… ¡Sensación!, 1938)
Producción: Ariel Film (AL)
Director: Harry Piel.
Guión: Erwin Kreker y Reinhold Meißner.
Intérpretes: Harry Piel (Hansen), Ruth Eweler (Fedora), Elisabeth Wendt (Majady Passy), Edith Oß (Ella), Josef Karma (Franz), Egon Brosig (Hopkins).
Blanco y negro
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17 de junio de 2009

En el Zirkus Renz





Was ist los im Zirkus Beely? (El misterio del circo, 1927), Harry Piel

El alemán Ernst Jakob Renz (1815-1892) fue primero funámbulo y luego uno de los más importantes empresarios europeos del siglo XIX. En 1842 encargó la construcción del circo que llevaba su nombre en Berlín. A éste siguieron otros coliseos en Viena, Hamburgo, Bremen y Copenague. En 1927 se rodó una película titulada
Zirkus Renz, dirigida por Wolfgang Neff. Hay otra del mismo título de 1943, realizada por Arthur Maria Rabenalt, en la que René Deltgen encarna al rey del circo. Sirva este breve prólogo para introducir el plató de Was ist los im Zirkus Beely?.

En los dominios del serial
“¿Qué ocurre en el Circo Beely?” sería más o menos la traslación del título de la cinta producida, dirigida y protagonizada por Harry Piel. Lo que ocurre es que Harry recibe desde allí una llamada de su amigo Robert Jackson (Max Ralph-Ostermann), recién regresado de Sudamérica. Harry, al teléfono, imagina lo que está pasando al otro lado del hilo y no tarda ni un segundo en partir al rescate. Cuando se topa con la puerta del circo cerrada a cal y canto escala por la pared y entra por una ventana. Para él no hay obstáculos.

Su llegada es espiada por la bailarina Anita de Moran (Hanni Weisse) que corre a avisar a la policía. Anita es cómplice de un misterioso criminal enmascarado que –nuevo fantasma de la Ópera- habita en los sótanos del circo, se vale de las fieras para sus propósitos criminales, y va siempre acompañado de un negro descomunal (el luchador Bambulla) que obedece sus órdenes sin rechistar. Antes de que Harry pueda atraparlos los policías le detienen a él y le conducen ante el comisario Bull (Fritz Greiner).

A partir de aquí el esquema se va a repetir una y otra vez, acto tras acto… y la película tiene cinco. Harry acude al circo para desenmascarar a los asesinos de su amigo y recuperar un documento secreto, se enfrenta a peligros sin cuento y el comisario, que es bastante tontorrón, intenta colocarle las esposas infructuosamente. El juego del escondite con la policía y las mil diabluras que le gasta el villano enmascarado en lugar de cargárselo a la primera de cambio, sirven para hilvanar una serie de escenas emocionantes o cómicas, como aquella en la que Harry se presenta con el tigre en el bar del circo o en la que, disfrazado de cowboy, se dedica a disparar al aire, provocando en ambos casos el pánico del inepto comisario. Comedia de escaso fuste, carente de humor, pero no le pidan ustedes peras al olmo de Harry.

Aunque la película adopta el formato de largometraje su deuda con el serial es innegable: acción episódica con puntos álgidos de emoción al final de cada acto, sobre todo en el tercero, cuando Harry consigue escapar de una muerte segura por espachurramiento gracias a su habilidad con el revólver. En uno de sus primeros encuentros, el malvado enmascarado libera a un tigre (Byla) de su jaula. Si con el moreno Harry ha usado la fuerza, con Byla le basta el poder de su mente. Ya hemos contado que este encuentro tiene truco. Harry tendrá ocasión también de enfrentarse a los leones sin más armas que sus manos y de arrojarse al vacío con dos cuerdas atadas a las muñecas desde lo alto de la cúpula, dejando a los sabuesos con un palmo de narices. Son estos momentos, de pura aventura, los más logrados de la cinta. La escena en la que Harry recorre las gradas con su linterna sorda tiene un encanto misterioso difícil de describir, al igual que un plano del enmascarado cruzando una pasarela.

Si traemos a colación Was ist los im Zirkus Beely? es por sus escenas circenses. En el tercer acto tenemos por fin oportunidad de ver a la troupe del Circo Beely ensayando: dos elefantes, unos liliputienses, una pareja de contorsionistas acróbatas y un payaso que se echa la siesta mientras su mono lo despioja sirven para dar una nota de ambiente. Parte del elenco ha adoptado el vestuario del Salvaje Oeste para un número ecuestre, por lo que Harry tiene una excusa para embutirse en su disfraz de vaquero, con lo que la identificación de sus modos con el cine americano es absoluta.


La función, que un programa de mano data el 13 de diciembre de 1926, comienza con un número de doma ecuestre. Luego se intercalan la actuación de unos trapecistas con unos perros boxeadores. Hay también una curiosa atracción en la que un elefante, un caballo y un pony exhiben sus habilidades conjuntamente. La emoción vertiginosa viene de la mano del doble anillo suspendido de un tal Gebrüder Steffen. En el tramo final podemos echar un vistazo a un número de equitación, a los payasos y a unos acróbatas.

Más importancia tiene la intervención del misterioso mago Hassan, que actúa enmascarado y, por tanto, levanta inmediatamente las sospechas del inspector Bull, que ha desplegado a sus fuerzas por todo el recinto.

En la mejor tradición hitchcockiana la persecución final se desarrolla en la cúpula del circo, mientras en la pista actúa el domador con sus fieras. Harry obliga al enmascarado a descender. Entre los espectadores se crea una expectación extraordinaria. La pelea final tiene lugar en una escalera que se balancea en el aire, al alcance de los leones.

Celuloide (rancio) encontrado
Si les descubrimos que al final triunfa el bien y el asesino de Robert Jackson es desenmascarado no creemos que se sientan ustedes decepcionados. Harry y el comisario Bull comparten los aplausos del público en el centro de la pista, produciéndose así una extraña simbiosis entre el espectáculo cinematográfico y el circense. ¿Aplaudirían los espectadores de la sala de cine con la misma pasión que los figurantes del Circo Beely? Sí que lo hicieron, al parecer, los que tuvieron ocasión de asistir al estreno de la película en Berlín el 4 de enero de 1927. La crítica la saludó como la enésima película de su héroe -un poco cansino ya a estas alturas-, pero ante cuyos encantos se seguían rindiendo las damas y los niños.

En España -al menos en Barcelona- se estrenó en 1928 con el título de El misterio del circo. Suponemos que es la misma que Adrian menciona en su libro como L’Enigme du Grand Cirque. Como otras películas de Harry Piel ésta se perdió durante los bombardeos de Berlín. La versión restaurada procede de la Cineteca de Bolonia, donde se encontró una copia de metraje considerablemente reducido para la exhibición internacional. Seguramente a eso se deben los muchos agujeros que presenta la trama. Pero si se acercan ustedes al Zirkus Beely seguro que no es por el argumento.

Sr. Feliú

Was ist los im Zirkus Beely? (El misterio del circo, 1927)
Producción: Nero-Film AG (AL)
Director: Harry Piel.
Guión: Max Bauer, basado en las novelas “Das Geheimnis des Zirkus Barré” y “Der Reiter ohne Kopf”.
Intérpretes: Harry Piel (Harry Peel), Fritz Greiner (el comisario Bull), Max Ralph-Ostermann (Robert Jackson), Ilona Karolewna (Rose Jackson), Hanni Weisse (Anita de Moran), Eugen Burg (el director del circo), Bambulla (el sicario del enmascarado), Erich Kaiser-Titz (el doctor Oskar Waldow), Charly Berger (Allan Kean), el tigre Byla, el mago Hassan, Gebrüder Steffen y las atracciones del Zirkus Renz.
85 min. Blanco y negro más virados.


15 de junio de 2009

El hombre dinamita






¡Les presentamos al hombre dinamita! ¡El Fairbanks teutón! ¡El productor al que no le importaba poner en peligro, título tras título, la vida de su protagonista rodando escenas de riesgo inusitado porque el protagonista era… él mismo! ¡El increíble Harry Piel!

El acróbata que se convirtió en cineasta
El joven Heinrich “Harry” Piel había sido guardiamarina en su Alemania natal. En 1912 viajó a París con la intención de profesionalizarse como acróbata. Allí se encontró con Leonce Perret que dirigía películas para la poderosa Gaumont y, sin pensárselo dos veces se convirtió en guionista. De vuelta a Alemania fundó su propia productora y, aunque quebró un par de veces, nunca cejó en el más difícil todavía. Además de las funciones de director, guionista y productor, desde 1915 asumió las de actor.


En Die Grosse Wette (1915) tenía que enfrentarse a unos robots. Nada que pudiera despeinarle: el sello de la casa eran las escenas de riesgo espectaculares. A principios de los años veinte realizó una serie de películas en las que encarnaba al temerario detective Joe Deebs, siempre dispuesto a una vertiginosa persecución en automóvil o a saltar sobre cualquier abismo. Aunque no fuera del todo cierto, Piel aseguraba que él mismo realizaba todas estas proezas. Tuvo que dirigir algunas escenas de Sein bester Freund (1929), ambientada en el mundo de la revista, desde una silla de ruedas después de haber sufrido un accidente durante el rodaje de una secuencia en la que bajaba en motocicleta por la escalinata de un hotel. Gajes del oficio.

Pero como toda emoción le parecía poca vio el cielo abierto cuando trabó amistad con un encargado de volar edificios y construcciones en ruinas. Llegó a un acuerdo con él, a fin de que le avisase para rodar impresionantes escenas de acción en medio de las demoliciones. La fascinación por lo norteamericano es evidente –sus persecuciones deben más a los seriales de Pearl White que a los de Feuillade- hasta en la elección de los nombres de sus personajes, tantas veces llamados Harry Peel o Harry Peters.

No tenía un físico demasiado adecuado para el género: pelo engominado, cara redondita, como de pepona, falseada además en el periodo silente por un maquillaje excesivo de ojos y boca. La virilidad del hombre de acción se encoge en cuanto debe enfrentarse a una de sus compañeras femeninas, ante las que adopta un gesto displicente que, por otro lado, es consustancial con su personalidad cinematográfica. Cuando consigue el objeto cuya búsqueda ha desencadenado la acción lo alza en el aire con gesto triunfal, mientras la otra mano reposa en la cadera, las piernas abiertas y una sonrisa de perdonavidas. A uno se le escapa en dónde pudiera residir su sex-appeal, pero el público que pasaba una y otra vez por taquilla para ver sus películas lo tenía claro.

Harry Piel y su tigre de Siam
Detective aficionado o caballero del gran mundo, hasta pasar el rubicón del cine sonoro, Harry Piel sólo prescinde del sombrero de copa cuando lo sustituye por el turbante de sus aventuras orientales o por el sombrero de cowboy.

En Unter heißer Zone (1916) Piel incluyó escenas con animales por primera vez. A partir de ese momento comenzó a colaborar en su entrenamiento y lo convirtió en uno de sus sellos de identidad, lo que le llevaría a ambientar sus siguientes películas en escenarios exóticos o, como no, en el circo. Uno de sus compañeros de reparto habituales en los años veinte fue el tigre Byla. Según la publicidad, Byla habría sido capturado en Siam cuando era un cachorro por el propio Harry Piel en una de sus habituales aventuras cinegéticas. La prensa aseguraba que era “el único ejemplar en el mundo que haya llegado a un grado de domesticidad similar al de un perro, pues come a los pies de Harry Piel, toma el té en su misma mesa y se acuesta en un diván, al pie de la cama. El tigre Byla –concluye el reportaje- no permanece en ninguna jaula, y pasea por los estudios sin otra precaución que la mano de su dueño asida a su collar”.

En Was ist los im Zirkus Beely? (El misterio del circo, 1927) –rodada en el Zirkus Renz de Viena y de la que tendrán ustedes noticia en breve- Harry y Byla comparten varias escenas y es fácil comprobar la familiaridad que existe entre el gran felino y el intrépido actor. Nada más terminar esta cinta, Harry Piel se embarcó en Sein größter Bluff (1927), en la que encarnaba el doble papel de los gemelos Devall y compartía pantalla con una primeriza Marlene Dietrich y el liliputiense Paul Walker, que interpretó algunas películas con el sobrenombre de “Goliath”. Panik (Panik, 1928), realizada al año siguiente tenía un argumento policiaco –Harry debe cazar al peligroso criminal Arsenio Dupin- pero era una mera excusa para que se enfrentase una vez más a Byla y al grupo de leones con las que ya había tenido que vérselas en el Circo Beely.

Harry Piel, que era su propio productor con la marca Ariel, realizó la transición al sonoro sin dificultad. Volvió ocasionalmente a los argumentos de corte fantástico -Ein Unsichtbarer geht durch die Stadt (1933), en la que un taxista encuentra un casco que lo otorga la invisibilidad- pero, en una carrera que ya había sobrepasado los cien títulos, regresó una y otra vez al circo y a la selva, donde pudiese desenvolverse entre fieras. Artisten (Gran atracción, 1935), Der Dschungel ruft (La voz de la selva, 1936) o Menschen, Tiere, Sensationen (1938), rodada en el Circo Sarrasani de Dresde, dan fe de ello.

Desnazificando a Heinrich
Harry Piel siguió produciendo aventuras sin cuento hasta el final de la segunda Guerra Mundial, cuando fue depurado por haber pertenecido al Partido Nazi. De poco le había valido, porque Panik (1943, no confundir con la película del mismo título de 1928), que trataba sobre el bombardeo del parque zoológico de Hamburgo y la consecuente estampida de animales salvajes que invaden la ciudad, no fue del agrado del Ministerio de Propaganda. Goebbels prohibió la exhibición de la película por los efectos desmoralizadores que pudiera tener sobre la población. Cuando las tropas rusas entraron en Berlín, se llevaron las copias. Para colmo, durante los bombardeos habían resultado destruidos buena parte de los negativos de sus películas.

Harry Piel volvió en 1950 tras las cámaras y, de paso, al circo y a sus amados tigres con Der Tiger Akbar (1950, también conocida como Panik im Zirkus Williams). Entonces consiguió recuperar el negativo de Panik, rodó nuevas escenas y la estrenó con el título de Gesprengte Gitter (1953). Pero el público ya no aceptaba al veterano Harry Piel como el intrépido aventurero que había encarnado en los años veinte, en la cúspide de su fama. Las muchachitas que se habían enamorado de él entonces estaban a punto de convertirse en abuelas y los niños que admiraron sus proezas y sobrevivieron a la segunda Guerra Mundial estaban forjando la gran Alemania del “Milagro Económico”.

Sr. Feliú

Heinrich Piel, alias Harry Piel
12 de Julio de 1892 (Düsseldorf) – 27 de marzo de 1963 (Munich)


El documental Harry Piel - Der Entfesselte (2004), de 15 minutos, producido por el canal franco-alemán Arte, realiza un repaso por la carrera del actor/director. El sitio web oficial (www.harry-piel.com) no proporciona demasiada información.