13 de enero de 2010

El Hombre Tronco


Kobelkoff (1900)

Nikolai Vassilivivh Kobelkoff nació en 1853 en Troizk, en la Siberia rusa en el seno de una acomodada familia numerosa de 14 hermanos, todos ellos normales excepto el pequeño Nikolai. Al principio sus padres pretenden ocultarlo de las miradas horrorizadas de sus vecinos, pero pronto aceptan la realidad y permiten que un clérigo de buen corazón le dé una educación básica. Kobelkoff se anima y aprende a escribir y a pintar, desarrollando con asombrosa efectividad el muñón de su hombro derecho que junto con la barbilla le permitían realizar numerosas actividades de la vida diaria.


Un avispado empresario de espectáculos llamado Berg le ofrece la posibilidad de trabajar en St. Petersburgo en el año 1870. Durante los dos años siguientes, Kobelkoff maravillará a la audiencia con sus demostraciones de habilidad comiendo con cuchara, abriendo y sirviendo vino en un vaso, pintando, enhebrando una aguja, disparando con rifle, danzando y realizando diversas acrobacias… En esta grabación que podemos ver en la a página de Europa Film Treasures (http://www.europafilmtreasures.es/FT/327/sobre-la-pelicula-kobelkoff), Kobelkoff nos muestra su talento y su encanto personal en un acto lleno de dinamismo. Su fama se expandió por toda Europa llegando a actuar ante la realeza de diferentes países.


En 1876 se casa con una joven austriaca, Anna Wilfert. En su extraño casamiento, como cuenta Frederik Dimmer en su excelente libro Very Special People (1973), Nikolai después de llevar a su mujer en brazos (¿?) hasta el altar, puso el anillo a su prometida con la boca y guardó el suyo en una pequeña bolsa que llevaba colgada al cuello. Fue un matrimonio feliz que engendró hasta once niños normales, seis de los cuales alcanzaron la madurez.

El Hombre Tronco fue una persona cultivada y muy emprendedora. Algunos estudiosos hablan de su autoritarismo y de los maltratos a los que sometía a su mujer. Como otro gran artista de la época, el violinista sin brazos Carl Unthan, publicó sus memorias. También construyó su propia barraca de feria donde, como novedad, incluye el cinematógrafo y acaba sus días en 1933 con su propio establecimiento en el Prater, el histórico Parque de atracciones de Viena.

Se puede encontrar más información sobre este y otros personajes sin extremidades en este link http://tithonuspednaud.wordpress.com/category/limbless/

3 comentarios:

El Abuelito dijo...

Este tipo de información la agradezco yo como el agua un náufrago del desierto. Gracias, señores.
A Kobelkoff lo descubrí por casualidad hace algún tiempo al explorar los Europa film treasures de la página citada. Lo he vuelto a encontrar recientemente - a él y a otros de sus compañeros de profesión, como Juila Pastrana, el Chico Langosta o las siamesas hermanas Hilton- en el libro de Vicente Muñoz Puelles "El extraño deseo del jíbaro y otras fantasmagorías", evocaciones literarias entre lo real y lo inventado de personajes caracterizados por su singularidad y extravagancia. Seguramente ya lo conocen ustedes, en todo caso aprovecho para recomendarlo a todos los lectores interesados en estos heterodoxos temas.

Javi dijo...

Muchísimas gracias por la referencia bibliográfica. Es un tesoro descubrir libros que se ocupen de este apasionante tema en nuestro idioma. Iré raudo y veloz a conseguir un ejemplar.

Hay otro libro escrito en castellano, recién salido de la imprenta y que trata de mujeres peludas: Pilar Pedraza, La Venus barbuda y el eslabón perdido, Siruela, 2009. Probablemente sea de su interés.

De nuevo le reiteramos nuestro agradecimiento por su complicidad. Nuestro departamento de marketing está estudiando la manera de conseguirle un pase VIP que le permita venir a nuestra carpa siempre que lo desee, con un asiento reservado en el palco de autoridades en la materia.

Esperamos que nuestros próximos programas sean de su agrado

Sus nietos

El Abuelito dijo...

Pilar pedraza es novelista extraordinaria, culpable en buena medida de mi regreso a la ficción tras años de leer ensayo... habrá que acercarse pues, por grima que me dé, hacia esas mujeres hirsutas tan suyas...
El de Muñoz Puelle, no lo dije antes, está en Valdemar. Fácil de conseguir, por tanto.