16 de agosto de 2012

Los cómicos ambulantes contemplan la Danza de la Muerte




Det sjunde inseglet (El séptimo sello, 1957), Ingmar Bergman

Ya conocen ustedes el argumento de Det sjunde inseglet, seguramente la cinta más celebrada, glosada e, incluso, parodiada de Ingmar Bergman. El caballero Antonius Block (Max von Sidow) regresa de las Cruzadas a la Suecia asolada por la peste negra y juega una partida de ajedrez contra la Muerte (Bengt Ekerot). El caballero atormentado por las dudas, su agnóstico escudero, un herrero y su mujer adúltera, una muchacha muda y una compañía de comediantes atraviesan el bosque de noche intentando esquivar a la dama de la guadaña.



Pero a nosotros nos interesa la participación en la historia de los cómicos ambulantes. Los conocemos de buena mañana, camino de Elsinore, en la escalinata de cuya iglesia deben representar una alegoría macabra por la festividad de Todos los Santos. No es lo suyo. Ellos prefieren el arte juglaresco. Realizan pantomimas y cantan canciones burlescas, interrumpidas por los cánticos lúgubres de los penitentes. Estamos en una sociedad dominada por el terror en la que el fanatismo campa a sus anchas. La ejecución de una bruja que es casi una niña no es el mayor horror en este mundo en crisis.

 
Apenas levantado, el poeta, acróbata y músico Jof (Nils Poppe) tiene una visión de la Virgen María con un niño. Mia (Bibi Andersson), su mujer, le reprocha sus tratos con ángeles y demonios. Pero Jof es un inocente que desea para su hijo Mikael un futuro fantástico: le gustaría que fuera el primer malabarista capaz de dejar las bolas suspendidas, inmóviles, en el aire.


El tercer miembro de la compañía es Jonas (Erik Strandmark), su director. A él le tocará ponerse la máscara de la muerte para la representación de Elsinore. Pero antes, en la aldea en la que se detienen, aprovecha para escaparse con la lozana mujer del herrero (Ake Fridel).


En el bosque, actor hasta el fin, Jonas finge darse muerte con un puñal falso ante el marido burlado. Orgulloso de su representación, no advierte hasta que ya es demasiado tarde que la Muerte verdadera ha venido a buscarlo.


Mientras ésta persigue a los demás miembros de la expedición hasta el castillo de Antonius Block, la pareja de comediantes y su hijito se adentran en el bosque. Por la mañana, el visionario Jof contemplará la macabra Danza de la Muerte. Jonas, el último de la fila, tañe su laúd.


En un momento de la película, después de la representación en la aldea, Jof ha acudido a la taberna. Los lugareños lo reconocen y le humillan. Le obligan a bailar como un oso al ritmo de las jarras de cerveza golpeando contra la mesa. Jof divierte a los aldeanos, pero antes de escapar consigue robar un brazalete que regalará a Mia. Ellos dos y su hijo, el cómico simplón y la madre, son los únicos a los que Bergman salva de la Muerte. Es la cara y la cruz del oficio de cómico ambulante: soportar humillaciones a cambio de sobrevivir. Bergman profundizará en este tema el año siguiente cuando conciba y ruede Ansiktet (El rostro, 1958). Próximamente en esta misma pantalla.


Det sjunde inseglet (El séptimo sello, 1957)
Producción: Svensk Filmindustri (SUE)
Director: Ingmar Bergman.
Guión: Ingmar Bergman, basado en su drama “Trämalning”.
Intérpretes: Max von Sydow (Antonius Block), Gunnar Björnstrand (el escudero Jöns), Bengt Ekerot (La Muerte), Nils Poppe (Jof), Bibi Andersson (Mia), Erik Strandmark (Jonas), Åke Fridell (Plog, el herrero), Inga Gill (Lisa, su  mujer), Bertil Anderberg (Raval), Gunnel Lindblom (la muda), Maud Hansson (la bruja), Inga Landgré (Karin, la mujer de Block), Gunnar Olsson (el pintor), Anders Ek  (el monje).
96 min. Blanco y negro.