1 de agosto de 2012

Entre el teatro y la vida, hay que elegir



Le capitaine Fracasse (El capitán intrépido, 1943), Abel Gance

Abel Gance rueda su versión de la novela de Gautier entre los meses de agosto de 1942 y febrero de 1943 en los platós de Saint Maurice. Siete meses de rodaje íntegramente en estudio, una vez fracasado su gran proyecto de ampliar mercados en Brasil y Latinoamérica produciendo en colaboración con la España franquista una vida de Cristóbal Colón, en la estela de su Napoleon (Napoleón, 1930).


Gance simpatiza con el régimen del mariscal Pétain. No tiene problemas en este sentido, pero la financiación fuera de la Continental, la productora con la que los nazis controlan las películas producidas en Francia, es cada vez más complicada. Así que Gance plantea una coproducción con la Italia fascista, se trae a la estrella Assia Noris y rueda una doble versión en francés e italiano del asunto de Gautier, popularísimo a ambos lados de los Alpes.


El ambicioso proyecto debe presentarse, debido a su duración, en dos partes. Pero desavenencias con el protagonista masculino, la enfermedad de la femenina, y numerosas carencias provocadas por la situación bélica, obligaron a la productora a prescindir de parte del metraje y a estrenarla con una duración estándar de 103 minutos. Gance intentó retirar su nombre de los créditos… aunque sin mucho empeño, pues ahí sigue.

 
Mucho se ha hablado del cine de evasión practicado por los franceses durante este periodo. Nosotros mismos hemos abundado en el tópico en alguna ocasión. Gance encuentra en este proyecto, guardado en una gaveta desde 1933, el modo idóneo de eludir la realidad asfixiante, volver a la gran tradición de la Comédie Française y crear un espectáculo que pueda gustar a todos los públicos. Cuando Zerbine (Josette France) decide continuar con la compañía en la escena final de la película, lo dice a las claras:


Y ella elige, por supuesto, el teatro. El motivo de la rueda, la carreta avanzando por el barro, es una especie de estribillo que se repite a lo largo del metraje. Es lugar común en el cine de la legua, como en las películas ambientadas en el siglo XX lo será el vagón de tercera en el tren nocturno.


Fernand Gravey disfruta con la puesta en abismo a que le aboca su papel: es el histrión histrionante. Se abandona a esa dicotomía del galán romántico y el farsante al modo clásico, de los de nariz emplastecida y enorme mostacho. En la escena del duelo, Gance invoca al Cyrano de Rostand. Se pone bajo su advocación, casi diríamos —en España pondrá fin a su carrera cinematográfica precisamente con Cyrano y D’Artagnan (1964)—, para orquestar un enfrentamiento entre Fracasse y el duque (Jean Weber) en que las lenguas tienen tanto o más filo que las espadas.


Le capitaine Fracasse, según Abel Gance, es una historia barroca y sugerente en el que el teatro está más próximo al gusto, académico y respetable, de la Comédie Française, que al goliárdico y anárquico de la commedia dell’arte.

Al final, Sigognard vuelve a su castillo desolado. Es de noche. De nuevo, como al principio, ruge la tormenta. Suenan unos golpes en el portón. Ante él aparece, vuelto a la vida, Matamore. Y tras él, una corte de fantasmas. Tal parecen; no lo son. Son los alegres comediantes que, previa entrega de Isabelle a su amado, siguen su camino. Allá ellos… Entre el teatro y la vida, Sigognac e Isabelle –o sea, Gance, que mueve los hilos de las marionetas- eligen el “happy end”.

Le capitaine Fracasse (El capitán intrépido, 1943)
Producción: Lux Film (IT) / Zénith Films (FR)
Director: Abel Gance,
Guión: Abel Gance y Claude Vermorel, de la novela homónima de Teóphile Gautier.
Intérpretes: Fernand Gravey (el barón de Sigognac), Assia Noris (Isabelle), Jean Weber (el duque de Vallombreuse), Roland Toutain (Scapin), Lucien Nat (Agostin), Alice Tissot (madame Léonarde), Paul Oettly (Matamore), Josette France (Zerbine), Mary-Lou (Yolande de Foix), Jacques François (Vidalenc), Philippe Rolla (Malastic), Pierre Labry (Hérode), Jean Fleur.
103 min. Blanco y negro.