El Circo de Los Muchachos (2024), Elías León Siminiani
Una de las cosas que hay que aplaudir en toda la historia de Los Muchachos es, sin ninguna duda, el compromiso político y social de todo el proyecto y la inquebrantable cabezonería del cura para que su ideario estuviese en los titulares de todo su proyecto. Su manifiesto, su lema piramidal, sus canciones, su estética e imagen corporativa era una invitación amable a postulados pacifistas, solidarios y comprometidos con los más desfavorecidos, la corriente cristiana más cercana a las teorías de la Teología de la Liberación.

Por encima de ellos estaban, no podía ser de otra manera, el padre Silva, su hermano Pocholo y el administrador Milocho, que eran los que verdaderamente llevaban todos los asuntos de importancia y las cuentas de las diferentes actividades que se realizaban en Benposta, y principalmente las cuentas del Circo.
El padre Silva estaba considerado como comunista, y así aparece en algunos titulares de periódicos. Era un revolucionario alimentando una hermosa utopía, pero como era cura y la utopía era para niños no molestaba demasiado. Los chavales, con el cura al frente, fueron recibidos por Franco, que seguramente no había sido informado de qué iba la vaina.
Pero la vaina iba de que el primer programa que emitió BenpostaTV era un homenaje al pueblo chileno en el que se denunciaba el golpe de estado de Pinochet y se aplaudía la labor de la oposición militante en contra de la dictadura.


La vaina iba de chavales que tenían la libertad para hablar de sus asuntos en una televisión que no era controlada por ningún poder público. La vaina era una nación de muchachos con reglas democráticas en un país que todavía estaba dirigido por un dictador.

El circo vivió momentos muy delicados, por no decir peligrosos, en sus estancias en Chile y Argentina en el año 1976, justo después de la muerte de Franco y con sendas dictaduras instauradas en estos dos países. De Argentina fueron expulsados acusados de ser peligrosos izquierdistas, compañeros de viaje de ETA y con un programa circense al servicio de una ideología comunista. El padre Silva muestra orgulloso los papeles de su expulsión en una de las grabaciones.
Por otro lado, el padre Silva era muy dado a realizar golpes de efecto y era un buen comunicador, igual que el responsable de Relaciones Públicas, José María Sánchez Bustos. En 1976, estando en Bruselas, organizan una de sus famosas pirámides frente al edificio europeo e intentan entrar por las ventanas. Los titulares de los periódicos se hacen eco de la noticia. El circo, como siempre atento a lo que trae el futuro, se había hecho europeísta antes que España.Otras entradas sobre El Circo de los Muchachos y Benposta:
5. La decadencia de Los Muchachos









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