19 de octubre de 2010

Homenaje al inventor de todo esto



Le grand Méliès (1953), Georges Franju

Le grand Méliès comienza con un prólogo teñido de melancolía, pero ya el comentarista nos ha prevenido de que la historia de Georges Méliès está llena de tristeza.



Un rótulo nos sitúa en Orly, en el otoño de 1937. Madame Méliès contempla el jardín otoñal tras los visillos. Al piano, su marido –en realidad es su hijo haciendo el papel de su padre en una pirueta edípica siempre cara a los surrealistas, con los que Franju tiene más de un punto en común-. Toca un vals; el vals que compuso para su mujer. Y mientras las notas invaden la estancia, los muebles van desapareciendo, en un número de escamoteo clásico en el cinematógrafo, el paso de manivela. Tal es la miseria en que murió el creador de la fantasía cinematográfica, el hombre del que Griffith dijo: “A él se lo debo todo”.

Desde la Gran Guerra Méliès había desaparecido de la vida pública. Alguien lo encontró en 1927, regentando una tiendecita de juguetes en la estación de Montparnasse.

Franju aprovecha para que su personaje haga unos juegos de manos para los niños, aunque algunos –como aquél en que sustituye su propia cabeza por un gran ramo de flores- resulten demasiado excéntricos para los arrapiezos.

La imagen de los niños en reversa nos hace retroceder de nuevo en el tiempo. Ahora son treinta años, hasta 1896, cuando Georges Méliès contaba las noches por triunfos en el Teatro Robert-Houdin. La primera parte del espectáculo comprende los trucos clásicos del bastón, el ramo de flores y la chistera de la que surgen cintas, palomas, el sempiterno conejo e, incluso, unas zanahorias para que coma. Es durante la segunda parte, cuando hace aparecer ante el público sus “ilusiones fantasmagóricas” –apariciones, transformaciones, danzas macabras…-, que nos damos cuenta del potencial que vio Méliès en el cinematógrafo.


La transacción comercial entre los hermanos Lumière, que no creen que su aparato tenga ningún valor comercial, y un Méliès visionario, dispuesto a pagar veinte mil francos por un invento inservible, se recrean en el cristal esmerilado del café, al modo de las sombras chinescas.

Dos incidentes, ahora sobradamente conocidos, son también objeto de recreación. Su decisión de construir el primer estudio cinematográfico para protegerse de las inclemencias del tiempo, lo que le permitió incorporar a los rodajes toda la tramoya teatral, decoraciones móviles y maquinaria para recrear sus fantasías, y el momento en que la cámara se detuvo mientras rodaba en la Plaza de la Ópera, accidente del cual surgió toda la animación posterior, gracias al truco conocido como “paso de manivela”.

Franju reproduce parcialmente L’homme à la tête en caoutchouc (1901), Le mélomane (1903) y Les quatre-cents farces du diable (1906), para ilustrar los procedimientos de trabajo del mago de la pantalla y la creciente complejidad de sus trucajes, que incluían: rodaje sobre fondos negros, sobreimpresiones –hasta nueve perfectamente sincronizadas-, pasos de manivela y efectos ópticos sin cuento.

Su cinta más célebre, la que le ha valido la inmortalidad, Le voyage dans la lune (1902) se presenta como un éxito de barraca. En las ferias, donde los panoramas y titirimundis permitían conocer el mundo por referencias, Méliès proporciona a los modestos ociosos la oportunidad de recorrer el universo entero.



A pesar de tener casa distribuidora abierta en Estados Unidos –con el nombre de Star Films- Méliès nunca pudo luchar contra los que copiaban sus películas y las exhibían públicamente sin contar con él para el reparto de beneficios. Poco tiene esto que ver con la tan cacareada “piratería” contemporánea, pero a principios de los años 10, con más de quinientos títulos producidos, Méliès fue víctima de su escasa visión del negocio y del cambiante gusto del público, cuya fantasía se deja cautivar por las producciones de largometraje y los seriales de aventuras o folletinescos.


La cinta de Franju termina en la estación de Montparnasse, en el año de realización, donde la anciana viuda de Méliès compra un ramo de flores que depositará en una tumba del cementerio del Père-Lachaise.

Algunos han reprochado al director la utilización de André en el papel de su padre. En efecto, carece de aquella energía explosiva que caracterizaba las interpretaciones de Georges Méliès. Ya lo advertimos al principio.


Le grand Méliès es una película melancólica en la que Franju muestra una empatía tal con su biografiado que va más allá de la fidelidad al dato. Hay otras recopilaciones recientes de títulos de Méliès y documentales sobre su creador a los que puede recurrir el curioso. Sin embargo, pocas veces nos será dado contemplar un homenaje de amor filial tan riguroso e imaginativo como Le grand Méliès.


Le grand Méliès (1952)
Producción: Armor Films (FR)
Guión y dirección: Georges Franju
Intérpretes: Jeanne d'Alcy, viuda de Méliès (como ella misma), André Méliès (como su padre), François Lallement. Comentario leído por: Marie-Georges Méliès.
31 min. Blanco y negro.


6 comentarios:

El Abuelito dijo...

¿31 minutos? Siempre creí que se trataba de un largometraje! ¡Con razón es tan difícil de ver! Meliés es, a día de hoy, y espero siga siendo así al menos hasta mi salida de este mundo, un inmortal. Me encantó el documental/complemento a la edición recopilatoria de Divisa, lleno de imágenes del estudio y hasta de la tienda de juguetes en la que se aurtorretrató encadenado...

Sr. Feliú dijo...

Tiene nuestra palabra de nietos de que nos ocuparemos de las varias recopilaciones que han ido apareciendo en el mercado, generalmente acompañadas o entreveradas de documentales, sobre la obra del primer Mago del Cine.
Como bien indica usted, la edición de Divisa de "Méliès, el Mago del Cine: Una Sesión Méliès + La Magia de Méliès", es una buena opción por relación calidad/precio, para conocer cómo se concibieron algunos de los trucos más abracadabrantes de la historia de la cinematografía y, de paso, para descubrir que el bueno de Méliès era un humorista excéntrico de primer orden.
Le devolvemos la visita al Desván, sus nietos

angeluco10 dijo...

¡¡Sólo 31 minutos!!.Entonces no es éste el documental que yo ví sobre Méliès que duraba dos horas y que me fascinó.
Por su causa me ví afectado por el cine silente,que siempre me había entusiasmado pero que ahora,gracias al internet,podía tener en mi mano y a la carta.

Sr. Feliú dijo...

A ver si damos con él y podemos ofrecerle el dato. Por el momento, hay Méliès para un buen rato.

Gracias por su visita.

angeluco10 dijo...

No es necesario darse trabajo en vano el documental es "Melies,el mago del cine" y el director Jacques Meny en 1997.
Pero por alguna extraña razón llevo un par de años creyendo que era de George Franju.

Sr. Feliú dijo...

Entonces no hay más que hablar, don angeluco. Esto de Meny es una cosa titulada "Une séance Méliès", incluido en España en el DVD de Divisa, "Meliés el mago del cine" que trae también el documental "La magia Méliès".

Comentaremos ésta y otras ediciones en DVD de la obra mélièsiana al final de nuestro recorrido por la carrera del mago-cinemista. Échele usted un mes y medio.