28 de agosto de 2009

Étaix, carterista (que no cartelista)



Pickpocket (Pickpocket, 1959), Robert Bresson

YA NOS PASÓ en otra ocasión, cuando sacamos a la pista al burrito matemático de Robert Bresson. Uno menciona aquí al director francés casi con pudor. Pero, bueno, culpa suya es por haber recurrido a Pierre Étaix para encarnar a uno de los cómplices de Michel (Martin La Salle) en su carrera de pickpocket. O sea, carterista. Que los delitos de Michel sean de naturaleza metafísica es harina de otro costal que aquí no vamos a destripar.


Quien le inicia en el sutil arte de distraer carteras ajenas es el prestidigitador tunecino Henri Kassagi. Kassagi lleva a gala esta denominación: “prestidigitador”. En eso consiste su oficio, en la velocidad (presto) con que mueve los dedos. Como en cualquier otra maestría, lo fundamental es el adiestramiento continuo. Se desemboca en el arte sólo después de haber depurado la técnica hasta llegar a la perfección. Éste camino de ascesis empareja a Kassagi con Bresson.

Tal y como lo filma Bresson se trata de una de las bellas artes, una breve sinfonía de imágenes abstractas en la que dedos, solapas y carteras, quedan enlazados por el movimiento continuo del objeto que cambia de manos. Una moneda, el canto de una mesa, la máquina de bolas… Cualquier cosa que haya a mano en el Café de Pigalle donde se reúnen es buena para ejercitar los dedos y los reflejos.

Adiós al metro o al hipódromo, donde la aglomeración de gente permite el hurto al bulto. Michel y su cómplice sustraen la cartera bien cebada a un hombre de negocios que sale del banco. Michel ha superado la prueba. “La próxima vez –anuncia Kassagi- seremos tres”… Y Pierre Étaix deja la barra y se sienta con ellos a jugar a las cartas.

Étaix presta su rostro más imperturbable y su estilización expresiva al nuevo cómplice con el que perpetran una serie de robos en cadena en una estación de ferrocarril. Al tiempo que desvalijan a los viajeros juegan al ratón y el gato con la policía. Carteras, relojes y billetes cambian de manos en un ballet mudo que nos proporciona la satisfacción de su perfecta ejecución. Nada falta ni sobra en estos cinco minutos de prestidigitación y pureza cinematográfica.

Pero al día siguiente, cuando Michel acude de nuevo a la estación, ve cómo se llevan esposados a sus dos cómplices. Y como aquí perdemos de vista a estos dos secundarios de lujo, aquí abandonamos también el comentario sobre Pickpocket.

Con Kassagi en La Piste aux etoiles
Algunas ediciones en DVD de Pickpocket -incluida la que en España han coeditado FNAC y Avalon- contienen, además de la película, una actuación de Kassagi en 1962 para La Piste aux etoiles.

La primera parte es una coreografía en la que Kassagi ingiere varias cuchillas de afeitar que al final saca de la boca de modo inesperado. Luego, realiza un número de magnetismo con una banqueta, de la que se vale para ir sacando a tres (in)voluntarios al centro de la pista. Según se van incorporando al grupo advierten que han sido desvalijados. Kassagi no deja un momento de respiro, con un estilo frenético y pleno de humor, realiza en directo una catarata de escamoteos que culmina con la sustracción de la corbata del espectador incauto sin que él sepa –ni nosotros- cómo ha tenido lugar.

Demostración palmaria de que si el oficio de Kassagi es la prestidigitación, su arte puede llamarse con toda propiedad “ilusionismo”.

Sr. Feliú


Pickpocket (Pickpocket, 1959)
Producción: Compagnie Cinématographique de France (FR)
Director: Robert Bresson.
Guión: Robert Bresson, inspirado en “Crimen y castigo” de Fedor Dostoyevski.
Intérpretes: Martin La Salle (Michel), Marika Green (Jeanne), Jean Pélégri (el inspector), Dolly Scal (la madre), Pierre Leymarie (Jacques), Kassagi (un cómplice), Pierre Étaix (otro cómplice), César Gattegno (otro policía).
Asesor: Kassagi.
75 min. Blanco y negro.


3 comentarios:

El Abuelito dijo...

Carambola...! Por ver semejantes extras soy capaz hasta de tragarme una de Bresson, y eso que a mi edad está contraindicado...

Sr. Feliú dijo...

Ni lo intente, venerable Abuelito.
Si ha superado usted los cien años a base de desayunarse una cabeza de ajos cruda y un carajillo, estos platos refinados podrían serle fatales.
Y por nada queremos sus nietos prescindir de sus visitas.
Pronto tendrá noticias (simiescas) de sus nietos que bien le quieren.

Anónimo dijo...

Los ha superado, los cien, digo, tambíen untándose el ajo en salva sea la parte.

De ahí, su acritud.

El Nieto rencoroso