3 de agosto de 2009

Harry Bell y su león



Zalacaín el aventurero (1955), Juan de Orduña

Los titiriteros de Baroja
Una de las más conocidas novelas de Pío Baroja, “Zalacaín el aventurero” (1909), ha tenido dos adaptaciones cinematográficas. La primera es obra de Francisco Camacho. Se gestó durante la transición al sonoro y no se estrenó hasta 1930, con una banda de sonido postsincronizada. Económicamente no fue demasiado bien, pero la crítica no ahorró elogios para el esfuerzo y el resultado, aunque éste sólo fuera parcial. Desgraciadamente no hay en la actualidad ningún material localizado de esta versión que nos permita opinar de primera mano.



La segunda, de 1955, va firmada por el director de Agustina de Aragón y Alba de América, Juan de Orduña. Nos detenemos en ella por ver la ilustración de uno de los episodios más señalados de la infancia de Martín Zalacaín, el que Baroja titula “De cómo llegaron unos titiriteros al pueblo y lo que sucedió después”.

Es la cosa que una anochecida de mayo llegan tres carromatos a Urbía. Del primero desciende un domador francés seguido de su troupe.

“El domador no ofrecía ese aire, entre petulante y grosero, tan común a los acróbatas de barracas y gentes de feria; era sombrío, joven, con aspecto de gitano, el pelo negro y rizoso, los ojos verdes, el bigote alargado en las puntas por una especie de patillas pequeñas, y la expresión de maldad siniestra y repulsiva. El viejo, la mujer y los chicos tenían sólo carácter de pobres; eran de esos tipos y figuras borrosas que el troquel de la miseria produce a millares”

En los otros dos carromatos, las terribles fieras que sirven de atracción a las gentes de las aldeas y caseríos. La función no puede ser más deplorable: una docena de perros famélicos atacando a dentelladas a un oso encadenado y las cansinas piruetas de un león que se encierra en la jaula con la mujer. Linda, la niña que entabla amistad con Martín Zalacaín, aporta el único toque de pureza a la función al realizar unos volatines acompañada por un monito vestido de rojo.

Pánico en el Circo Pascuali

La película sacrifica parte de las escaramuzas bélicas, que tienen lugar durante la Segunda Guerra Carlista, pero, sobre todo, propone una reescenificación de la novela de Baroja. El autor y el director de la película aparecen al principio justificando los cambios con el argumento de que el relato fue escrito como una crónica pero ocultó los detalles de cómo habían llegado los hechos a conocimiento de Baroja. Ello permite insertar no uno sino tres intereses amorosos en las aventuras de Zalacaín y rememorar sus andanzas con una pátina romántica que lime sus aristas.


Orduña dedica un tiempo al episodio circense al tiempo que lo dulcifica. El fiero domador francés se convierte en un tal Pascuali, encarnado por el actor de doblaje Ramón Martori con el aplomo que le otorgan unos bigotes de padre y muy señor mío y su voz tonante.


Se produce también una condensación dramática. El accidente que provoca la muerte de la madre de Martín, producto en la novela de la brutalidad del domador y de un disparo realizado al azar en un momento de pánico, está en la película protagonizado por Tellagorri, que increpa a Pascuali por su comportamiento, al pretender introducir en la jaula del león a una frágil muchachita que ha hecho un número entre la danza y la acrobacia.

El misterio de los leones bereberes
Tenemos entonces oportunidad de ver al domador, que se anuncia en los créditos como “Harry Bell y su león”, por lo que uno tendía a pensar que el tal míster Bell debía de ser adiestrador de una sola fiera. No hay tal. La hemeroteca del diario “La Vanguardia” nos permite constatar su presencia en el 2º Festival Internacional del Circo, celebrado en 1957, ostentando la representación del Circo Strassburger, de Holanda, con un número protagonizado por “leones bereberes”. Por el hilo se saca el ovillo. Elly Strassburger, que se hizo cargo del circo familiar en 1957, cuando su hermano se ahogó durante una gira por Suecia, se casó ese mismo año con el domador Harry “Belli” y no “Bell”, como se presenta en los títulos de la película.





Y ahí tenemos a nuestro hombre. Un tipo que se hizo famoso por conseguir, andando los años, que un tigre –llamado Byla, no sabemos si en homenaje a Harry Piel- realizara un número a lomos de un caballo. También él tuvo circo propio y parte de su historia la podrán encontrar, si leen ustedes alemán, en este libro:

Herbert St Nissing
Strassburger: Geschichte eines jüdischen Circus.
Dormagen, Circus-Verlag, 1993.


Nosotros hemos hecho nuestro trabajo, ahora les toca a ustedes intentar identificar en Zalacaín el aventurero a una adiestradora de perros y a una pareja de payasos. Una pista: el carabalanca toca el acordeón y el otro baila con una muñeca pegada a sus zapatones.


Sr. Feliú

Zalacaín el aventurero (1955)
Producción: Espejo Films (ES)
Director: Juan de Orduña.
Guión: Manuel Tamayo, basado en la novela homónima de Pío Baroja.
Intérpretes: Virgilio Teixeira (Martín Zalacaín), Jesús Tordesillas (Tellagorri), Elena Espejo (Catalina), Margarita Andrey (Rosa), Rosario León (Linda), Ramón Martori (Pascuali, el director del circo), Pío Baroja y Juan de Orduña (ellos mismos) y Harry Belli y su león.
95 min. Blanco y negro.

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