19 de octubre de 2009

El luchador y el clown


Borets i kloun (1957), Boris Barnet y Konstantin Yudin

Barnet: boxeador, cineasta, suicida
Boris Barnet comulgó en sus inicios con la estética rompedora del
slapstick. Fue la era de los alegres bolcheviques, antes de que el Estado decretara que el Realismo Socialista era la única aproximación válida al arte popular. Por ello precisamente el redescubrimiento en los años sesenta de su primera película en solitario, Devushka s korobkoy (La chica de la sombrerera, 1927), supuso una auténtica conmoción. Okraina (Suburbios, 1933) fue saludada como su obra más próxima a la ortodoxia en tanto que U samogo sinyego morya (Al borde del mar azul, 1936) todavía sigue haciendo correr ríos de tinta.

Nacido en 1902 Barnet tenía apenas 15 años cuando estalló la Revolución y se incorporó como enfermero al frente. Luego se dedicó durante un tiempo al boxeo antes de matricularse en el Laboratorio Experimental de Cine de Kuleshov, bajo cuya dirección debutó como actor en Neobychainye priklyucheniya mistera Vesta v strane bolshevikov (Las extraordinarias aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques, 1924)

Barnet se suicidó en 1965. En la nota que dejó afirmaba sentirse abandonado por el público. Unos años antes había filmado, en colaboración con Konstantin Yudin, esta Borets i kloun cuyo meollo radica precisamente en la aceptación del artista por su pueblo. Toma para ello las conocidas figuras de dos héroes populares en la Rusia de finales del XIX: el luchador Iván Poddubny y el clown Anatoli Durov.

En el Circo Truzzi
La historia comienza en Odessa, en una escalerilla próxima al puerto que no es, desde luego, la escalinata que Eisenstein inmortalizó en Bronenosets Potiomkin (El acorazado Potemkin, 1925). Allí se encuentran por vez primera el colosal Iván Poddubny (Stanislav Chekan) y el pulcro Anatoli Durov (Alexander Mikhailov). Un póster anuncia la estancia en la ciudad del Mar Negro del circo del Giuseppe Truzzi (Boris Petker).

En la función de la noche Anatoli actúa como clown con un augusto. Luego aparecen el resto de los payasos con una piara de lechoncillos. Anatoli le coloca a uno una gorra militar, pero su sátira no cae nada bien entre el estamento castrense que ocupa la primera fila. La labia de Anatoli obliga al oficial del ejército zarista a abandonar el circo entre las risas de los ciudadanos. Es el gran triunfo de Anatoli Durov. Pero el payaso Enrico (Georgiy Vitsin) está celoso por haber perdido la cabecera de cartel y mezcla con el maquillaje un tóxico que ciega a Anatoli.

En el Circo Truzzi tiene especial relevancia la lucha greco-romana. La estrella del espectáculo es un fornido luchador enmascarado. Simulando ser uno más de los espectadores, Iván acepta el reto del jefe de pista y lo vence. El payaso Enrico debe poner el final cómico al número ofreciéndole unas flores al vencedor. Pero Iván arroja las flores al suelo y le aprieta la mano hasta que confiesa que ha sido él quién ha cegado a Anatoli. El público, por supuesto, se monda de risa.

Desde el primer momento Iván se muestra como un hombre noble, solícito, dispuesto a ayudar a cualquiera. Se enamora perdidamente de Mimí (Iya Arepina), una frágil trapecista que padece del corazón y a la que el tiránico Truzzi empuja una y otra vez a realizar el más difícil todavía. Mimí realiza su número en el trapecio. No sólo está primorosamente ejecutado sino que además está rodado con un gusto exquisito. La cámara esté siempre en la cúpula, moviéndose al compás de la ejecución de Mimí. El número posee una verosimilitud infrecuente, la que le otorga que los ejercicios sean realizados por la propia actriz, Iya Arepina. Los espectadores están entusiasmados, así que Truzzi la exige que vuelva a subir al trapecio. Mimí cae mientras realiza un ejercicio sin red. Iván se despide de Anatoli y se embarca en una larga gira que le ayude a olvidar.

Es el momento del triunfo del clown Anatoli Durov y de sus enfrentamientos con el poder, lo que provoca continuas denuncias y detenciones. Como Lenny Bruce, Anatoli prescinde progresivamente del maquillaje y se convierte en un satírico feroz. En su reencuentro con Iván tiene una escaramuza con un general. Anatoli va vestido de payaso y viaja en un trineo tirado por un imponente cerdo. El militar, en calesa, junto a una bella dama. El paralelismo no puede ser más evidente. Cuando Anatoli lanza sus puyas hasta la dama que acompaña al militar se ríe. Es mejor poner tierra de por medio. Anatoli emprende una gira internacional. En Madrid se anuncia como “Éxito - Durof - Éxito”.

Podubbny vs. Le Boucher
Mientras tanto, Iván recala en París. Se anuncia el combate del siglo, el que enfrentará al Hércules ruso con el luchador francés Raoul Le Boucher “El Carnicero” (Anatoli Solovjov). Iván no consigue hacer presa en su compañero, que se ha untado el cuerpo con aceite. Denuncia el fraude, pero los jueces pretenden que la pelea continúe. Iván renuncia entonces al combate y regresa a su pueblo donde encuentra de nuevo el amor junto a la bella campesina Alena (M. Kazakova).

Este interludio bucólico está trufado de canciones folklóricas, paseos al atardecer, duro trabajo en el campo y días de feria. Aquí se produce el reencuentro de Iván con el circo. Iván disfruta con el espectáculo pero la mera visión de un trapecio vacío le hace evocar la tragedia de Mimí. Como en The Quiet Man (El hombre tranquilo, 1952), de John Ford, el hombre que regresa al hogar no puede escapar tan fácilmente de su pasado. El manager de los luchadores hace un bello discurso en el que pregona que ninguno ha habido como Iván. Todos los artistas le rinden el homenaje de su admiración y los espectadores se suman a los aplausos. Iván, conmovido, baja a la pista.

Esto supone el regreso de Iván al tapiz y su reencuentro con Anatoli en París. Mr. Fish (Grigori Abrikosov), un manager corrupto, prepara el combate de revancha contra Raoul Le Boucher. Esta vez no dejará nada al azar. Paga a una cocotte para que corrompa al inocente Iván, que se entrega a una vida de champán y cabarets. En la víspera del combate más importante de su vida, Iván se lo encuentra borracho como una cuba. ¿Estará en condiciones, a pesar de haber caído en las inmundas simas de la degradación occidental, de vencer a su rival?

Cualquier parecido con la realidad…
Ya les decíamos que el luchador y el clown estaban basados en personas reales aunque, como tantas veces, cualquier parecido entre los personajes de ficción y sus contrapartes verídicos es pura coincidencia.

Aquí pueden ustedes ver al auténtico Iván Poddubny en acción:



También existió Raoul Le Boucher, su rival en la ficción. Y no hubo un Giuseppe Truzzi pero sí un Massimiliano Truzzi, propietario de varios circos en Rusia. Su hija Esterina (encarnada en la película por Kyunna Ignatova) fue una conocida ecuyère. Truzzi poseía circos en Odessa, Kiev, Rostov y Sebastopol. Para él trabajaron los hermanos Anatoli y Vladimir Durov, antes de su separación por celos profesionales. Para obtener más información sobre la estirpe de los Durov visiten
esta entrada de la Circopedia y permanezcan en la sintonía de Circo Méliès, donde en breve les dedicaremos una nota bibliográfica.

Borets i kloun (1957)
Mosfilm (URSS)
Dirección: Boris Barnet y Konstantin Yudin.
Guión: Nikolai Pogodin.
Intérpretes: Stanislav Chekan (Ivan Maximovich Poddubny), Alexander Mikhailov (Anatoli Leonidovich Durov), Iya Arepina (Mimí, la trapecista), Boris Petker (Giuseppe Truzzi, el director del circo), Kyunna Ignatova (su hija Esterina), Georgiy Vitsin (Enrico, el otro payaso), Anatoli Solovjov (Raoul Le Boucher), Grigori Abrikosov (Mr. Fish), L. Topchiyev (Orlando), Yuri Medvedev (Nikita, el amigo de Ivan), Stepan Kayukov (Vanya), Grigori Chpigel (Solomonsky), M. Kazakova (Alena), Polina Nyatko (la madre de Ivan), Tamara Loginova.
95 min. Color (Magicolor)


2 comentarios:

Rafus dijo...

Genial este blog!! Sobre todo para alguien que se está iniciando en esto de la historia del circo y los malabares como yo. Seguid así. Un saludo

Sr. Feliú dijo...

La carpa, amigo Rafus, siempre está abierta. Realizamos dos o tres proyecciones por semana de celuloide rancio en nuestro cinexín y luego se lo contamos a ustedes.
Si le interesan los malabares puede darse una vuelta por las sesiones del pasado mes de septiembre, dedicadas íntegramente a W.C. Fileds.
Nuestro anfitrión y yo mismo le agradecemos el comentario, Sr. F.