31 de julio de 2009

Emilie Sannom, la Perla Blanca danesa


Emilie Kirstine Valborg Sannom
29 de septiembre de 1886 (Copenhague) – 30 de agosto de 1931 (, Dinamarca
)


Perla Blanca era el nombre por el que se conoció en España a Pearl White, la intrépida protagonista de
The Perils of Pauline (Los peligros de Paulina, 1914). Otro día les hablamos de ella, hoy queremos hacerlo de su homóloga danesa Emilie Sannom, actriz en el Dangmar Teater junto a Asta Nielsen a principios del siglo XX, temeraria de la pantalla y paracaidista acrobática.

En esta breve antología de escenas de riesgo de sus películas conservadas en la Cinemateca Danesa luce sus habilidades para la pirueta, el funambulismo, la acrobacia aérea e, incluso, el faquirismo. La pueden ver en línea por cortesía de Europa Film Treasues siguiendo
este enlace.

La ficha sitúa este montaje en 1923, cuando Emilie Sannom rodaba en Italia su última película:
La fanciulla dell'aria (1923), dirigida por Alfred Lind, de la que proceden los planos finales.

Para entonces, había rodado un buen número de películas durante la década de los diez, compartiendo cartel en algunas de ellas con las estrellas de la Nordisk, Valdemar Psilander. También hizo películas de episodios. El montaje incluye fragmentos de Pigen fra hidalgo fyret (1914), Dilligencekusken fra san hilo (1914), For barnets skyld (1915) y la serie Panopta (1918-19). La captura con la que ilustramos este texto procede de Zigo (1914), que tuvo distribución internacional con el título de The Hypnotic Violinist.

No se pierdan la proeza final, con salto en paracaídas para aterrizar en un campanario. En 1931, cuando la actriz contaba 44 años y se dedicaba profesionalmente a las exhibiciones aéreas, el paracaídas no se abrió. Tom Kristensen escribió un poema en su memoria que fue utilizado como epitafio. Decía algo así: “Nunca temió a la muerte; su único temor fue la vida en la tierra”.

Sr. Feliú

Filmens Vovehals (1923)
Producción: Filmfabriken Danmarks (DN)
Intérpretes: Emilie Sannom.
7 min. Blanco y negro + Virados.



30 de julio de 2009

El Circo de Moscú en España en 1970


Здравствуй, русский цирк! (¡Hola, Circo Ruso!, 1971)

Franco y los bolcheviques

Justo después de que el Circo Price fuese derribado, su último empresario, Arturo Castilla (Feijóo-Castilla), se reunía en Lisboa con Carcellé para ultimar los detalles de la gira de lo que ellos llamaron la 1ª compañía del Circo de Moscú. El hábil empresario ya lo había intentado varios años antes (según Gasch y Marquerie los trámites se habrían prolongado durante cinco o seis años), pero el miedo férreo a todo lo que oliera a comunista de las autoridades de entonces hizo imposible su propósito. En septiembre de 1970, gracias a la colaboración de algunos ministros y al trabajo incansable de Castilla, Feijóo y Carcellé, el triunvirato de oro de los empresarios de espectáculos, conseguían su propósito. Veamos como lo cuenta el propio Castilla en sus memorias "La otra cara del Circo":

"Como en aquel tiempo no existían relaciones diplomáticas entre nuestro país y la URSS, tuvimos que vencer la fuerte resistencia política para convencer de ello a nuestros gobernantes. La cosa no era para menos, si teníamos en cuenta que se trataba de un circo estatal procedente de un país comunista, opuesto al régimen de Franco. Por ello es justo señalar aquí que, a pesar de tanta oposición, hubo algunos ministros que se atrevieron a dar luz verde a tan delicada petición. Fueron estos: Manuel Fraga, entonces Ministro de Información y Turismo, Camilo Alonso Vega, de Gobernación y Fernando M. Castiella, de Asuntos Exteriores. Desde entonces jamás se dejó de traer a España un espectáculo de origen soviético."


Castilla estaba considerado como el mejor empresario de espectáculos circenses de España y, lógicamente, tenía sus contactos. Lo que yo no sabía hasta ahora es que también había sido protagonista en el deshielo de las relaciones hispano-soviéticas. Desde luego, si Franco hubiera estado un poco más despierto esto no lo hubiera permitido nunca. El Circo de Moscú vendió todas sus localidades en Madrid, Barcelona y Lisboa. En Madrid el Palacio de los Deportes estaba a rebosar de gente que acudía por primera vez a un circo. Las previsiones se desbordaron. Según los periódicos de la época, en Madrid, en quince días ya habían desfilado más de medio millón de personas y tuvieron que doblar funciones ya que no podían prorrogar debido a su compromiso de presentarse en Barcelona para inaugurar las fiestas de la Merced.

En la Vanguardia Española del 27 de agosto de 1970 entre cifras sobre las instalaciones, el personal, lo que comen los animales, etc., se decía: "Para cubrir gastos hace falta que del día 28 de agosto al 30 de septiembre acudiesen al Palacio de Deportes de Madrid, siete mil personas diarias." Esto, por lo que se ve, lo consiguieron con facilidad. En la prensa se hicieron eco de la llegada, procedente de Leningrado, del buque Atkarsk al muelle de Bilbao cargado con "18 osos siberianos, un grupo de camellos acrobáticos armenios, loros asiáticos, monos, chimpancés, etc. (…) En total, el cargamento completo del «Circo de Moscú, sobrepasa las 330 toneladas, que luego recorrerá toda España en una caravana compuesta por 40 remolques". Todo resultaba exótico y noticiable: "hay diez cañones de luz con 5.000 vatios cada uno y una lámpara central que tiene catorce lámparas de 1.500 vatios cada una."


El Director General de la Agrupación de Circos del Estado de la URSS., F. G. Bardian nos dice en las primeras páginas del programa: "El Estado ha creado todas las condiciones favorables para la realización de las ideas más audaces. De esta forma, el circo soviético ha evolucionado de una manera organizada. La colaboración en conjunto de artistas, directores, decoradores, escritores y compositores han dado al circo con su valiosa aportación una pujante fuerza creadora. El futuro del circo está lleno de promesas. Este arte excepcionalmente popular va con paso seguro hacia nuevas metas." Hay que recordar que estamos hablando de 1970.

Los osos de Filatov
Los números de los soviéticos eran de otro planeta, algo nunca visto, una revelación. En Lisboa obtuvo un éxito desbordante, "las colas del público se formaban a las siete de la mañana en la rua de San Antonio", cuenta Castilla. En el programa destacaba Valentin Filatov con sus osos en libertad. Uno de ellos se paseó por las calles madrileñas en motocicleta invitando a los curiosos a acudir al mayor espectáculo del mundo. Antonio Alberich Sarmiento, en su libro "El circo que yo he visto", rememora el programa y entre los números destaca el de Filatov: "Aparecía el domador en una troika tirada por tres osos y otro que iba con el vestido de campesina. tres osos montan bicicleta, otros tres con compañía en motocicletas y otros tantos patinan. Uno se tumba para con sus patas inferiores hacer antipodismo: una rueda, un tonel, una barra… Sobre dos columnas de tacos de madera un oso está en equilibrio con las patas de delante, y va disminuyendo de altura conforme tira los tacos ordenadamente, uno de cada lado. Otro oso sube por una escalera y se queda en equilibrio en lo alto. Hay un mach de boxeo (…) " y sigue con la enumeración.


Absolutamente asombrado por las maneras de Filatov y las proezas de sus osos, Sebastià Gasch también se hizo incondicional del domador. En la antología de textos circenses recopilada por Jordi Jané y Joan M. Minguet , "Sebastià Gasch, el gust pel circ" nos dice: "Lo que realmente es original e inédito es el número de osos de Valentín Filatov. Hace más de cuarenta años que quien esto firma escribe sobre espectáculos circenses. Pues bien, en ese prolongado espacio de tiempo nunca, lo que se dice nunca, vio una atracción a base de osos similar."


Gracias al programa que amablemente nos ha cedido Garguy (Jose Antonio Gallego, secretario del Club de Payasos y gran estudioso del circo) nos hemos podido hacer una idea del orden de los números y de la grafía de los artistas, pues el paciente coleccionista fue tras los artistas para conseguir su autógrafo. El domador se hacía cargo prácticamente de toda la segunda parte. La primera la formaban los trapecistas Denissenko, la troupe Djiguites Annaiev con un trepidante volteo a caballo, un torbellino de acrobacias y energía auténtica. "presentan el volteo y las acrobacias a caballo con una fuga, un ardor, un brío fenomenales, e imprimen a esos ejercicios un ritmo vertiginoso, arrebatador, que hace enardecer al público" (S. Gasch). Completaban el programa los perchistas Polovnev, Ludmila Filatova con perros, monos y crías de oso, la troupe Pétounov, acróbatas impulsados por el columpio, Teplova y sus danzas sobre el alambre, el rulista Tcherny, los clowns Veksin y Vasiliev, la troupe de acróbatas sobre camellos Kadyr-Guliam, la troupe de antipodistas Los 4 Mikitiouk y los malabaristas Nina e Ivan Jromov. El espectáculo estaba dirigido por Leonid Assanov y la orquesta, formada por músicos españoles, estaba dirigida por Sviatolav Danilov.



Hola Circo Ruso
El documental, realizado por los soviéticos y cuyo título podíamos traducir asi: ¡Hola Circo Ruso!, es una mezcla de autopropaganda y anuncio turístico de la Península Ibérica. Madrid es una villa, casi un pueblo si no fuese por la Plaza de España, y Barcelona es su plaza de toros y la cabalgata de la Merced. La banda sonora incluye "Un rayo de Sol" y aunque el locutor habla ruso, la media hora se pasa volando. Yo tenía 10 años y me encontraba entre los cientos de miles de espectadores que acudieron a verlo. No tengo un gran recuerdo de ello –más bien nada–, pero me lo he pasado muy bien revisitándolo. Espero que disfrutéis tanto como yo.


Здравствуй, русский цирк! ( 1971)
¡Hola, Circo Ruso!
Producción: URSS
Blanco y negro, 29 min.


27 de julio de 2009

Arturo Castilla



Biografía de Arturo Castilla, figura eminente del circo español, bilbaíno de pro, que en sus años mozos formó parte de los payasos Los hermanos Cape, para con el tiempo convertirse en el empresario más importante del circo en España, junto con su socio Feijóo y su amigo Carcellé. El Circo Price, el Circo Americano, el musical Barnum, el Circo de Moscu y muchos más son algunas de sus grandes empresas. A él se debe el compromiso que adquirió el Ayuntamiento de Madrid para construir un circo estable, así que le debemos estar muy agradecidos.

Bacigalupe, Carlos
Arturo Castilla que soñaba circos
Col. Bilbainos recuperados
Muelle de Uribitarte Editores, S.L., Bilbao, 2007
ISBN: 978-84-934774-9-3

25 de julio de 2009

La invisibilidad de Pierre Étaix



Si Pierre Étaix no era invisible hasta ahora lo era ciertamente su obra. El imperativo moral de ilustrarles sobre ella nos ha llevado a estudiarla en copias imposibles en las que uno debía adivinar lo que estaba más allá del ojo humano. Por eso, cuando hablamos de Yoyó y de Le Soupirant hubimos de recurrir a imágenes de archivo.

Como Circo Méliés no se distingue precisamente por su apego a la actualidad no les extrañará que para nosotros esta noticia ocurrida hace aproximadamente un mes sea casi una primicia. La buena nueva es que por fin un tribunal ha dictado sentencia y Étaix ha recuperado el control de los cinco títulos que dirigió en los años sesenta y que permanecían condenados a la inexistencia desde hacía un par de décadas. Hace cuatro años Étaix y su compinche Jean-Claude Carrière emprendieron acciones legales y una campaña mediática para recuperar los derechos sobre estas cintas. Por fin, el mes pasado, el Tribunal Superior de Justicia ha dictado una sentencia que devuelve al autor la posibilidad de restaurar y difundir su obra.

En el Festival de Cannes de 2007 se presentó la versión restaurada de Yoyó. El reportaje sobre la proyección en la Cinematheque, aquí:

http://www.dailymotion.com/video/kil5tkQ4xVJ3XkiA3U

Parece que, una vez superados los problemas legales, se emprenderán las labores de restauración del resto de los títulos bajo la supervisión de François Ede, el responsable de que pudiéramos ver la versión en color de Jour de fete.

Por supuesto, esperamos ansiosos la edición en DVD de estos títulos pero tampoco estaría de más verlos en pantalla grande como pudimos hacer con algunas cintas de Jacques Tati hace tres o cuatro años.

Oremus.

23 de julio de 2009

La otra cara del circo






Nacido en Bilbao en 1916, Arturo Castilla es una de las figuras preminentes del circo español. Tras la Guerra Civil española crea el grupo de payasos musicales Los hermanos Cape. En el año 1947 deja la pista y se convierte en el empresario del Circo Americano. De 1960 a 1970 se hace cargo de la dirección del Circo Price de Madrid junto a su cuñado Manuel Feijóo. Después del derribo del coliseo madrileño se hizo cargo del Teatro Monumental en el que presenta Barnum, protagonizado por un jovencísimo Emilio Aragón

Castilla, Arturo
La otra cara del circo. Revelaciones de un mundo aparte
Ediciones Albia Grupo Espasa, Madrid, 1986
ISBN: 84-7436-601-1

21 de julio de 2009

Sebastià Gasch



Esta antología de textos refleja una visión panorámica del circo que se presentaba en España y Europa durante los dos primeros tercios del siglo XX. El escritor catalán siempre estuvo muy vinculado al circo y al music-hall a los que dedicó varias de sus obras. Esta selección de escritos circenses se publicaron en diferentes medios de comunicación cuando el circo todavía tenía un hueco entre las páginas de los rotativos.


Jane, Jordi y Joan M. Minguet
Sebastià Gasch, el gust pel circ (Antología de textos)
Edicions El Mèdol, Tarragona, 1998
ISBN: 84-89936-12-9

El circo que yo he visto



Uno de los libros sobre circo publicados por la Librería La Avispa con la ayuda del Ministerio de Cultura. Aunque el libro no es ejemplo de edición, los recuerdos de Antonio Alberich nos ayudan a situar el circo español durante la posguerra. Son muchas las notas transcritas por este gran amante del circo y así recata a muchos artistas perdidos entre los programas de cientos de circos y nos sitúa en el atrevido mundo del circo de esa época.

Alberich Sarmiento, Antonio
El circo que yo he visto. 50 años de circo
Colección El Circo/3
Editorial la Avispa S.L., Madrid, 2000
ISBN: 84-95489-17-1

Pierre, el soñador



Le Grand amour (El gran amor, 1969), Pierre Étaix
 
Nueva visita a nuestro mentor Pierre Étaix. Y, en esta ocasión en compañía, nada menos que de Annie Fratellini.


Escenas de un matrimonio
Es curioso que, la única vez en que Étaix trabaja mano a mano con su señora, cocinen a cuatro manos esta sátira descarnada sobre la institución conyugal y los efectos sedantes del vínculo.






El matrimonio de Pierre (Pierre Étaix) y Florence (Annie Fratellini) está hecho de rutinas desasosegantes. En una ciudad de provincias, donde el cotilleo es la norma y la asfixia moral está a la orden del día, el matrimonio envejece frente a la televisión con su medio vasito de cerveza –moderación ante todo- y las llamadas de la suegra interrumpiendo cualquier momento de intimidad. De hecho, cuando Pierre descubre a Florence tejiendo un jerseycito rosa, resulta que es para el perro.


Durante la ceremonia de su boda con Florence, Pierre recuerda a las mujeres que han pasado por su vida. Primero, al terminar el servicio militar, fue Martine… Bueno, Martine e Iréne (Magali Clément). Luego vino la colegiala Thérèse (Josette Poirier), que recién salida del internado religioso, vestida aún de uniforme, se pone a hacer la calle. Tantas otras… Cualquiera de ellas podría haberse convertido en su esposa y Étaix lo pone en escena retratándose ante el altar con una larga fila de novias.

Hasta el día en que conoció a Florence. Menudean las visitas al domicilio burgués de los Girard y pronto Pierre está atrapado en la telaraña. Su futuro suegro le enseña la fábrica en la que trabajará y le presenta a Louise (Jacqueline Rouillard), la vieja y eficiente secretaria que se hace cargo de todo. La revisión del álbum de fotografías familiares ofrece de nuevo la oportunidad para insertar unos cuantos gags de buena ley como el parecido de Florence con un abuelo bigotudo o la confusión sobre una foto de la señora Girard cuando era joven, lo que permite que Pierre se dé cuenta de qué es lo que le espera junto a su mujer.


El tono evocador de la narración de Pierre sufre pequeños altibajos porque los recuerdos no son nítidos. Las escenas se repiten para corregir situaciones, lo que siempre conlleva un gag. Después de cambiar cuatro veces la versión de la localización en que encontró a Florence por vez primera –¿era en la terraza del café de Paris o en el salón?- el camarero le espeta que se decida de una vez porque está harto de servirle cafés.


Pero ya está bien de vueltas atrás en el tiempo. Pierre y Florence se han casado. La vida ordenada y metódica de los buenos burgueses está narrada por un grupo de cotillas provincianas que vienen a dar, apesadumbradas, a la suegra el parte de las supuestas infidelidades. Basta con que haya saludado educadamente a una joven en el parque para que la bola del chismorreo eche a rodar. Las versiones de lo ocurrido acumulan detalles escabrosos. Cuando Pierre regresa del trabajo se encuentra con que Florence ha hecho las maletas.

Étaix, como su maestro Tati, juguetea con el sonido. Durante la ceremonia, en la catedral, la amplificación de cualquier ruidito hace que la utilización del moquero se convierta en las trompetas que anuncian el fin del mundo y el lamento de la madre de la novia es, en realidad, el chirrido de los goznes la puerta producido por un invitado que llega tarde. Cuando Pierre y Florence se reconcilian después de su primera disputa, una melodía romántica ambienta la escena; no tardamos en descubrir que en la habitación contigua, monsieur Girard está realizando sus ejercicios de violín.


Del enamoramiento como fuente de gags 
Pierre y Florence no pueden vivir separados. Y sin embargo, él ya ha sido inoculado con el virus de la infidelidad. Un día, madame Louise le presenta a la secretaria que ocupará su puesto cuando ella se jubile: Agnès (Nicole Carfan). Trastornado por su belleza y juventud cuando regresa a casa Pierre deja el portafolio en el paragüero, el paraguas en el perchero y el sombrero en la lámpara.

Al día siguiente se levanta y acicala para salir a la oficina. No se ha dado cuenta de que es sábado y que no hay nadie en la oficina. Su única preocupación entonces es que al día siguiente será domingo.



Pierre le confía sus cuitas a su amigo Jacques (Alain Janey) y éste le contesta que si él estuviera en su lugar… A partir de ese momento vamos a ver a Jacques confesándole a Florence que en su vida hay otra mujer, partiendo todos los utensilios de la casa por dos para que ambos puedan quedarse con la mitad de los gananciales y seduciendo a Agnès en la oficina.

Pierre llama a la secretaria y enciende un cigarrillo. Después de su conversación con Jacques está dispuesto a declararse a Agnès. Sin embargo, como es el último día de Louise en la oficina, es ella la que entra en el despacho. Sin atreverse a mirarla, Jacques le confiesa su amor. Escena de crueldad intolerable salvada por el giro final: la vieja secretaria hace mohines hasta que con una sonrisa picarona cierra el pestillo.



Los nuevos intentos se ven continuamente interrumpidos por llamadas telefónicas. En la siguiente ocasión, cuando todo parece ir sobre ruedas, advierte que ella está tomando nota de todo porque cree que le está dictando una carta.

Little Nemo y Pierre 
Pierre es un soñador como la copa de un pino. No uno de esos a los que llamamos soñadores y que son apenas gentes con un mundo interior muy rico. Étaix opta por la línea dura, la de “Little Nemo”.


Los cinéfilos de última generación hallarán abundantes rastros del mundo de Michel Gondry en esta película. Por ejemplo: durante la noche, el lecho de Pierre se pone en marcha, sale de la casa y enfila una carretera rural. A un lado de la vía hay una vieja cama empotrada contra un árbol. Otro soñador arregla la suya tumbado bajo el somier. Dos más, chocan en un cruce y sus ocupantes emprenden una disputa. Pierre encuentra a la bella Àgnes haciendo autostop. La invita a subir a su cama y juntos siguen el viaje, abrazados. Se cruzan con un camastro remolque y con una cama de hospital que viene tocando la sirena. Un poco más adelante hay un atasco de catres y Pierre y Agnes deciden abandonar la carretera y conducir por el campo hasta el río. Pierre tiene una inmensa sonrisa de felicidad. Cuando Florence le pregunta si duerme, contesta que sí.


Finalmente, Florence parte de viaje. Pierre aprovecha para quedar a cenar con Àgnes, pero, tras una cena en la que se ve a sí mismo como un auténtico carcamal, decide que no merece la pena. Corre entonces a recibir a Florence en la estación… sólo para encontrarse con que un apuesto jovenzuelo carga con la maleta de su mujer.


Final agridulce, como toda la película. A uno le ha traído a la cabeza aquella comedia de Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia que se titulaba “El caso de la mujer asesinadita”, en la que dos amantes intrigaban para deshacerse de sus respectivos cónyuges. Cuando por fin lo logran un cuadro rápido los muestra tiempo después en la intimidad del hogar. “Los dos bostezan como caballos”, sentencian Mihura y de Laiglesia. Son, ya les decía, los efectos sedantes del matrimonio.


Le grand amour (1969)
Producción: CAPAC (FR)
Director: Pierre Étaix.
Guión : Jean-Claude Carrière y Pierre Étaix.
Intérpretes: Pierre Etaix (Pierre), Annie Fratellini (Florence Girard), Nicole Calfan (Agnès), Louis Maïs (Monsieur Girard), Ketty France (Madame Girard), Jacqueline Rouillard (Louise, la secretaria de Girard), Alain Janey (Jacques), Jean-Pierre Helga (Monsieur Bourget), Micha Bayard (la secretaria de Bourguet), Billy Bourbon (el borracho), Claude Massot (el camarero), Georges Montax y Luc Delhumeau (dos conductores de camas), Magali Clément (Irène), Marie Marc (la abuela Girard), Mad Letty (la madre superiora), Odette Duc, Renée Gardès, Denise Péronne, Jane Beretta y Paule Marin (las cotillas), Rolph Zavatta, Jean-Pierre Loriot, Emile Coryn, Sylvie Delalande, Stéphanie Drobner, Judith Pauwels, Georgina Pauwels, Sandra Fratellini, Gino Fratellini, Tino Fratellini.
87 min. Color (Eastmancolor).


20 de julio de 2009

Étaix razona a Keaton



L’Art de Buster Keaton par Pierre Étaix (2001)

Con motivo de la edición de la integral de cortos de Keaton por parte de la cadena Arte se incluye una pieza breve en la que Pierre Étaix analiza la obra de uno de sus maestros. Se trata de un comentario ilustrado con fragmentos de varias películas de dos rollos, producidas entre 1920 y 1923, casi todas por la Comique Film Corporation.

One Week (Una semana, 1920), Neighbors (Vecinos, 1920), The Haunted House (La casa encantada, 1921), Hard Luck (1921), The Goat (El chivo, 1921), The Blacksmith (El herrero, 1922), The Balloonatic (El aeronauta, 1923) y, sobre todo, Cops (La mudanza, 1922) sirven a Étaix para hablar de la impasibilidad de Keaton, de la perfecta construcción de sus gags, jugando siempre a burlar las expectativas de los espectadores, o de sus diferencias con Chaplin.

Étaix glosa la perfecta sincronización de sus caídas y la dificultad de números acrobáticos como el de
Neighbors, en el que una torre humana pasa de una casa a otra para que Keaton pueda secuestrar a su novia.

Hay otro gag memorable en Hard Luck. Keaton se arroja desde lo alto de un trampolín y, en lugar de caer al agua, se estrella contra el borde de la piscina abriendo un boquete. Los amigos no ven el fondo. Al cabo de los años, la piscina ha sido abandonada. De pronto, por el socavón aparece Keaton… ¡vestido de chino! Al poco, van apareciendo los miembros de la familia que ha formado en las antípodas.

Las afinidades entre Keaton y Étaix van más allá de que ambos sean dos payasos que nunca ríen. Étaix argumenta que esta cualidad permite al espectador que fije toda su atención en la expresividad, o sea, en el arte de la pantomima. Indaga en la herencia patente del “music hall” en la obra keatoniana, pero también en lo que tiene de específicamente cinematográfico. Para ello toma como ejemplo una brevísima escena en la que un policía persigue a Keaton. Descubre su sombra en el suelo. Sigue este rastro y la cámara asciende por un poste de la luz en cuya copa se encuentra el perseguido. El policía empieza a arrojarle piedras. Keaton coge su corbata y la utiliza como mosquetón, deslizándose por los cables. Todo para ir a caer de cabeza en un furgón policial.


Sr. Feliú

L’Art de Buster Keaton par Pierre Étaix (2001)
Producción: Arte (FR)
11 min. Blanco y negro + Color + Virados.


16 de julio de 2009

Tres caras de un payaso



Klovnen (La tragedia del payaso, 1926), A.W. Sandberg

Valdemar Psilander, de quien les hablaba ayer el profesor Javier, protagonizó en 1916 un drama ambientado en el mundo del circo titulado Klovnen, clásica historia del payaso que debe hacer reír al público mientras su corazón está hecho trizas. Fue el primer éxito como director de Anders Wilhelm Sandberg (1887-1938), que hasta ese momento había estado haciendo películas cómicas para la Nordisk Films Kompagni.

La empresa de producción más importante de Dinamarca había sido fundada por el emprendedor Ole Olsen y su logotipo –un oso polar encima de un globo terráqueo- era garantía de buen cine en todo el mundo, al menos hasta que terminó la Gran Guerra. La Nordisk poseía una cadena de cines en Europa del Norte y una potente red de distribución a ambos lados del Atlántico.

A principios de los años veinte Sandberg emprendió una serie de adaptaciones de Dickens que también fueron muy apreciadas por el público. En el pico de su popularidad decidió rodar una nueva versión de Klovnen.

En el Circus Bunding
Vamos con el argumento del de Klovnen de 1926. El circo Bunding recorre el norte de Francia. Su propietario, James Bunding (Maurice de Féraudy), es un inglés que ha vivido toda su vida en Francia. Se trata de una pequeña troupe que viaja en carromatos. Además de la bonachona señora Bunding (Kate Fabian) y su hija Daisy (Karina Bell), que hace de funambulista y écuyère, la atracción principal es el payaso musical Joe Higgins (Gösta Ekman), un inclusero.

En el camino se encuentran con dos parejas que han organizado un picnic. Se trata del dueño de una de las casas de modas más importantes de parís, Marcel Phillipe (Robert Schmidt) y su diseñador jefe Pierre Beaumont (Eric Bertner), con sus respectivas acompañantes femeninas. En este primer tramo la película se construye mediante oposiciones: la ciudad y el campo, lo sofisticado y lo natural, los carromatos tirados por caballos contra el motor de explosión... El triunfo de la nobleza contra la afectación queda metaforizado por la avería del automóvil. Los del circo tienen que remolcarlos y el viejo Bunding no acepta una propina pero les obliga a pagar doscientos francos por butacas de preferencia para la función de la noche.

Durante la función, el modisto descubre a la amazona. Mientras éste le lanza un ramito de flores en el que ha escondido una esclava de oro, Beaumont realiza una serie de sketchs de unas danzarinas exóticas que realizan su número son unas boas y de unos trapecistas a los que no vemos. Llega entonces el momento de los payasos. Joe y su compañero ejecutan una rutina sencilla: Joe toca con su concertina una nota tan aguda que el augusto cae desmayado. Los mozos de pista lo retiran a hombros y, Joe, tras ellos, interpreta una parodia burlesca de la marcha fúnebre. Entonces toma la concertina y comienza cantar la “Canción del Payaso”, que embelesa a cuantos la escuchan. Es un momento de pura magia, que Gösta Ekman interpreta con sencillez un puntín afectada y Sandberg retrata con habilidad.

El resultado de este encuentro fortuito es que, pocos días después, cuando Joe se ha decidido a dar el paso y pedir a los señores Bunding la mano de su hija, se presenta allí el empresario del Cirque Excentric y le ofrece un contrato fabuloso en París. Joe acepta a cambio de poder ir con su novia y sus futuros suegros.

En el Cirque Excentric
En París, su triunfo es meteórico. Los luminosos repiten en el cielo nocturno de París el nombre de Joe Higgins. Todos se disputan al payaso cuya canción trenza finamente humor y tristeza. Joe es un trabajador infatigable lo que aprovecha Marcel para seducir a la ex amazona. No es difícil deslumbrar a la pobre chica en los salones de

Para celebrar las quinientas representaciones en el Cirque Excentric Joe realiza una función a beneficio de un orfanato. El número concebido para la ocasión es el más interesante del conjunto. Cuando el telón se abre, vemos una escenografía de aire cubista. A un lado, una grada con un puñado de caras-blancas dormidos. Joe va despertándolos con una varita mágica en un movimiento preñado de lirismo. Cuando los payasos despiertan, comienzan a tocar frenéticamente, como un jazz-band desbandado. Joe empuña la batuta y ejecuta una serie de volatines antes de tomar la concertina, trepar a una especie de peana e interpretar una vez más la canción del clown, “la canción de las risas y las lágrimas”.

Es su apoteosis como artista y su nadir personal, ya que esa misma noche va a descubrir la traición de Daisy. Estupendamente concebida pero fatalmente interpretada –al menos, para el gusto actual- la escena en la que Joe se prende al pecho la condecoración que le acaban de entregar las autoridades ante un enorme espejo. Mientras, entre cajas, Marcel besa a Daisy. La puerta de la sala donde se encuentra Joe se abre para que pasen los artistas. Un clown rencoroso, alza una de las decoraciones y Joe descubre así a su esposa en brazos del amante. Un rugido de dolor escapa de su pecho. Toma lo primero que encuentra y lo arroja contra el gran espejo que cae hecho añicos. Joe se tambalea ante el espejo roto.

En el Cirque Jacques
El tercer acto se rige por las reglas estrictas del melodrama. La mujer que abandona a su marido en pos de un amante que pronto se aburre de ella. Un encuentro abortado por el destino en la Plaza de la Ópera. La caída en el alcoholismo –delirium tremens incluido- del otrora famoso artista. Y el suicidio en el Sena de la mujer que deja una niña recién nacida. En un subrayado muy del gusto de la época, un luminoso con el nombre de Joe Higgins, se refleja en las oscuras aguas que acogen el cuerpo de Daisy.
Tampoco al modisto le va mejor. Su nueva amante no tarda en arruinarle. Una noche, mientras pasea por los arrabales, encuentra el nombre de su antiguo rival en los carteles del modesto Cirque Jacques.

El mismo maquillaje habla de su declive moral. Al luminoso rostro con una ceja arqueada le sucede, después de la traición de Daisy, otro que acentúa la tragedia y en el que, al rastro simulado de sus lágrimas, se superponen las lágrimas verdaderas. En el último tramo, las cejas dibujan un acento circunflejo. Un collar de perro se adelanta en cincuenta años al punk.

Joe comparte camerino con un artista que exhibe sus habilidades con el rifle vestido de cowboy. De hecho, el número de Joe es poco más que una parodia del que realiza el tirador. Intenta acertarle infructuosamente a un huevo de dinosaurio y cuando tiene que ejecutar el tiro arqueándose, siente una punzada de lumbago y resuelve el asunto doblando el cañón del fusil en forma de U.

Sin embargo, al descubrir al hombre que arruinó su vida entre el público, le roba la pistola al cowboy y con ella en la mano sale a la pista… Y hasta aquí les contamos.

Sandberg contra la Nordisk
Habían pasado diez años desde la anterior versión de Klovnen y el presupuesto se multiplicó exponencialmente. A pesar de eso, Sandberg quería más y la Nordisk no estaba dispuesta a correr tantos riesgos –de hecho, apenas dos años después Ole Olsen se declararía en bancarrota-. El resultado de la trifulca fue que Sandberg terminó la película a su gusto con sus propios fondos y rompió con la productora en la que se había formado como cineasta. Ese mismo año, 1926, viaja a Alemania donde dirige a los dos protagonistas de Klovnen -Karina Bell y Gösta Ekman- en Revolutionsbryllup (1926).

En España la película se proyectó en otoño de 1927 con el título de La tragedia de un payaso. Exclusivas Diana había adquirido un par de títulos tardíos de la Nordisk para su distribución en España. Las recensiones del estreno glosaban los viejos éxitos de la productora en las pantallas españolas, cuando esta marca equivalía a cine de calidad.

El comentarista de “La Vanguardia” resume su visión de la película del siguiente modo:

El asunto brinda una vez más a los ojos del espectador, pero revestido de un ropaje nuevo y original, el contraste que ofrece la vida de esos seres llamados, por imperativo mandato del Destino, a hacer reír, alegrar a los demás unas cuantas horas del cotidiano luchar y en torno de los cuales se cierne implacable la adversidad, truncando sus más queridas ilusiones”.

La sempiterna canción del payaso triste que ustedes conocen tan bien.

Sr. Feliú

Klovnen (La tragedia del payaso, 1926)
Producción: Nordisk Film Kompagni(DN)
Director: A.W. Sandberg.
Guión: Poul Knudsen y A.W. Sandberg.
Escenografía: Carlo Jacobsen y Poul Kanneworff.
Intérpretes: Gösta Ekman (Joe Higgins), Karina Bell (Daisy Bunding), Maurice de Féraudy (James Bunding, el director del circo), Kate Fabian (Graciella, su esposa), Robert Schmidt (Marcel Phillipe), Eric Bertner (Pierre Beaumont), Edmonde Guy (Lilian Delrme), Karen Caspersen, Holger Pedersen, Peter Nielsen, Henry Seemann, Philip Bech, Ernst Van Duren.
128 min (a 20 fps). Blanco y negro + Virados.


15 de julio de 2009

Dinamarca en blanco y negro


Døds spring till hest fra cirkuskuplen (The Great Circus Catastrophe, 1912), Eduard Schnedler-Sørensen

Ya hemos comentado en alguna otra ocasión que el cine danés es uno de nuestros referentes en la época del cine mudo. Algunas de las primeras películas circenses que conocemos provienen de su factoría. Durante los primeros años del cine, en lo que llamaron la edad de oro del cine danés (1909-1914), Dinamarca destacaba por su capacidad de producción y por un enfoque liberal y sin tapujos de las relaciones sexuales en melodramas eróticos que pronto se pusieron de moda en el país.

La película que nos ocupa no es un melodrama erótico solamente. También es una de las primeras películas catástrofe de la historia del cine, anticipándose unos cuantos años a películas como El coloso en llamas (1974) y otras de la misma índole que abundaron en la década de los setenta.

The Great Circus Catastrophe, la película de la que hablamos hoy, ha llegado a nuestras manos gracias al buen trabajo del Danske Filminstitut que está recuperando y editando muchos de estos primeros celuloides. En esta ocasión es un DVD dedicado al actor Valdemar Psilander (1884-1917) con varias películas entre las que se encuentra esta pieza del director Eduard Schnedler-Serensen, autor con cierta experiencia en aliñar catástrofes con turbias historias de amor. Psilander es una de los galanes del cine mudo danés y, a pesar de su temprana muerte, protagonista de más de ochenta películas de la Nordisk Films Kompagni.

El Conde Willy von Rosenörn (Valdemar Psilander), acuciado por las deudas, se ve obligado a subastar su mansión familiar. Busca consuelo en el Café de Artistas donde pronto despierta el interés de Mademoiselle Doré (Mrs. Raeder), la resuelta amante del Director del circo (Aage Hertel) donde esta piensa patrocinar una función de caridad.

Al mismo tiempo despierta el deseo de la inocente y tímida Miss Evelyn (Jenny Roelsgaard), una bailarina del circo, lo que provoca una candente relación entre las dos mujeres y despierta los celos del responsable del coliseo. Este descubre las intenciones del conde, que aunque no quedan muy claras, al conocer su mal estado financiero desde la primera secuencia, podemos imaginar que son también de índole crematística. En ese mismo momento se produce un fuego en el hotel. Todos escapan, a pesar de las normas de seguridad, por el ascensor. El conde y Miss Evelyn quedan atrapados y huyen hasta la azotea para buscar salvarse en una claustrofóbica secuencia dentro del ascensor. Una vez en la azotea deciden escaparse del fuego y del humo a través de los cables eléctricos que van de una casa a otra. Una delirante decisión que los salva.

El conde descubre a su vez que la señora Doré –a quien adoramos por su cinematográfico nombre– es demasiado liberal y que mantiene su romance con el director. Pero ya es un poco tarde, el conde ha prometido a la mademoiselle participar en su función benéfica con un arriesgado número de salto con un caballo: jinete y caballo son izados en un montacargas de madera hasta la cúpula del circo desde donde se lanzan al vacío de la pista.

La decepción de su amor le lleva a la bebida. Miss Evelyn le suplica que no realice el número, pero el orgullo y el honor del conde están por encima de pequeños contratiempos. Finalmente realiza el arriesgado número y sucede lo inevitable: el caballo y el jinete yacen inmóviles sobre el serrín después de que una traca valenciana –más humo, más fuego– diera la señal para el salto. Pero después de todo, el amor triunfa. Miss Evelyn cuida al conde en el hospital después de su accidente.

Las secuencias de exteriores en esta película transforman este melodrama en un documental que nos muestra a la población danesa de principios de siglo. Los figurantes miran descaradamente a la cámara, sonriendo, mientras los bomberos intentan apagar un fuego de ficción. Aparecen agolpados, intentando entrar en el plano, y mirando sin ningún rubor a la cámara. Un retrato documental en sepia de la época que hoy, ante la "atrevida" inocencia de la trama, disfrutamos como uno de los encantos de la película.


Døds spring till hest fra cirkuskuplen (The Great Circus Catastrophe, 1912)
Producción: Nordisk Films Kompagni (Dinamarca)
Dirección: Eduard Schnedler-Sørensen
Guión: Alfred Kjerulf
Intérpretes: Valdemar Psilander (Conde Willy von Roseñorn), Aage Hertel (Circus Manager Winge), Mrs. Raeder (Mademoiselle Doré), Jenny Roelsgaard (Miss Evelyn), Frederik Christensen, Alma Hinding, Frederik Jacobsen, Agnes Lorentzen, Axel Mattson, Lauritz Olsen y Valda Valkyrien
Muda. Blanco y negro. 45 min.