19 de enero de 2011

Anatole, Fifille y el temible Sparadra



La rue sans loi (1950), Marcel Gibaud

La actual moda hollywoodense de adaptar las historietas y sus personajes a la pantalla data, en realidad, de la infancia del cinematógrafo, cuando dibujantes como el francés Emile Cohl –
Fantasmagorie, Le cauchemar de Fantoche y Un drame chez les Fantoches (1908)– y los norteamericanos Winsor McCay –Gertie, the Dinosaur (1914)– y Bud Fisher –la serie de Mutt and Jeff (desde 1913)– sentaron las bases del cine de dibujos animados.



Otros personajes nacidos de las tiras cómicas también fueron asunto común en los primeros cortometrajes cómicos de imagen real, como el “Happy Hooligan” de Frederick Opper, protagonizado y dirigido por J. Stuart Blackton.


Todo este preámbulo para contar que lo de que los personajes de las historietas y las tiras cómicas llegaran a la pantalla es muy anterior a Mortadelo y Superman. En Francia, alguien tuvo la idea de que los popularísimos personajes de Albert Dobout –el escuchimizado contable Anatole, la ogresa que tiene por mujer, Fifille, y el cruel bandido Sparadra– podían encarnarse en personajes de una película de éxito.



En el guión colabora con Dubout Jean Halain, hijo del realizador André Hunebelle, cuya carrera está asociada a la de su padre como director y a la de Louis de Funès como estrella. Asume la realización Marcel Gibaud, especializado en documentales y cortometrajes, pero tanto la idea de la película como la iconografía de la película proceden del universo de Dubout.



Apenas merece la pena mencionar el argumento de
La rue sans loi. Hay un plan de robo por parte de la banda del villano Sparadra (Gabriello) de la fortuna de la condesa de la Trille (Annette Poivre). Hay un enredo vodevilesco entre el malvado y Fifille, la mujer de Anatole (Paul Demange), que, a su vez, se deja seducir por la vampiresa oxigenada Emma (Nathalie Nattier). Hay un profesor de contrabajo siempre enredado en sus luengas y frondosas barbas (un primerizo Louis de Funès) que da clase de contrabajo al hijo de la pareja (Marcel Mérovée). Hay una autoescuela imposible, una cuadro de la Gioconda robado del Louvre, una fiesta salvaje en casa de la condesa, un pelotón de gendarmes escondidos en unos urinarios públicos, una orgía de destrucción en un café... Todo esto les contaríamos sin haberles contado nada, porque La rue sans loi se construye al aire, con toda la trampa y el cartón por delante, con sus farolas anudadas y sus forillos pintados, con sus personajes que ni sienten ni padecen escapados de las viñetas.


La rue sans loi
es, por su propia naturaleza episódica, una película irregular, aquejada de arritmias continuas que pueden llegar a resultar extenuantes. Y, sin embargo, hay que reconocer la osadía de no pretender maquillar lo que a todas luces es un conjunto de viñetas animadas. Desde los tiempos más alocados de la Keystone no veíamos en la pantalla barbas de esta magnitud, mostachos tan imponentes (de quita y pon) ni bombines más descabellados. La película se convierte así en una especie de álbum de viñetas abigarradas y tipos caricaturescos. Algo así como lo que hizo Enrique Herreros con los personajes secundarios de María Fernanda la jerezana (1948), que parecían escapados de la portada del “Madrid Cómico”. La tremenda Fifille es prima hermana de las “vedovone” que dibujaba el joven Guareschi en el “Bertoldo” milanés y el contable Anatole se parece como una gota de agua a otra, al covachuelista “Gutiérrez”, de K-Hito, aquel jefe del Negociado de Incobrables que tuvo cabecera propia en la prensa española de finales de los años veinte y principios de los treinta.

En cambio, los agentes de policía cuasi-gemelos son émulos de los Hernández y Fernández tintinescos y la vamp Emma dobla su nombre, Emma-Emma, en homenaje a la Lola-Lola de
Der Blaue Engel (El ángel azul, 1930).



El hecho de que la película se haya recuperado tiene seguramente que ver con la presencia en el reparto de Louis de Funès, de cuyo trabajo con “Les Branquignols” ya les hablamos con ocasión de la proyección en nuestra carpa de
Ah! Les belles bacchantes (Mujeres de París, 1954).


Anatole y Fifille regresarán a la pantalla cuatro años después en
Anatole chéri (1954), dirigida por Claude Heymann.

La rue sans loi
(1950)
Producción: Codo-Cinéma (FR)

Director: Marcel Gibaud.

Guión: Albert Dubout y Jean Halain.

Intérpretes: Gabriello (Sparadra), Max Dalban (Fifille), Paul Demange (Anatole), Annette Poivre (la condesa de la Trille), Nathalie Nattier (Emma-Emma, la vamp), Louis de Funès (Hippolyte, el profesor de música), Amédée (el forzudo), Albert Dinan (François, un colega de Anatole), Fernand Gilbert (el capitán del bigote), Roger Desmares (el camarero), Marcel Mérovée (Oscar, el hijo de Anatole y Fifille), Jean Bouchié y Léon Pauléon (los agentes de policía), Jackie Rollin (la enfermera), Claude Nicot (Barbet), Luc Andrieux (un cómplice de Sparadra), Mag Avril (la señora de la autoescuela), Pierre Clarel (el mendigo), Georges Paulais (el señor elegante), Jean Sylvain (el profesor de la autoescuela), Bilboquet, Cadex, Hubert Deschamps, Eugène Yvernès, Jean Cordier.

100 min. Blanco y negro.


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