24 de mayo de 2011

Invierno en La Sirène



Sans lendemain (Suprema decision, 1940), Max Ophuls

¡Pasen, señores, pasen! ¡La Sirène les ofrece las noches más alegres de París! ¡Esbeltas bailarinas! ¡Las chicas más divertidas! ¡El espectáculo más al desnudo de París! ¡En La Sirène no perderán la noche! ¡Pasen!


Henri (Paul Azaïs) actúa como chansonnier y maestro de ceremonias. Su canción recrea las cuatro estaciones del año. De ellas, la más apacible es el invierno, desnudo bajo su manto blanco. Ni que decir tiene que las cuatro estaciones “para hacer el amor” son cuatro bellas muchachas que luego alternan con los clientes. Se ganan la vida con el descorche y no con el mísero sueldo que les paga Mario (Gabriello) por su diaria exhibición disfrazada apenas de baile.


El “invierno” de La Siréne es la canadiense Evelyn “Babs” Morin (Edwige Feuillère), nuevo retrato en nuestra galería de stripteuses, otrora dama pudiente y ahora reducida a esta condición por un matrimonio infortunado con un canalla y a fin de mantener a su hijo. Estamos pues, en el territorio del melodrama. Ya saben ustedes: el hombre ausente, la culpa de los padres, el pasado amenazante… Desde el pasado aparece en París Georges (George Rigaud), antiguo amor de Catherine el los blancos días de esquí en Canadá. Ha venido para un congreso así que sólo permanecerá tres días en la ciudad. ¿Qué le cuesta a Evelyn fingir que sigue siendo una gran dama? Apenas nada. Entramparse e hipotecar su futuro y el de su hijo para que el “antiguo amor” no conozca su “caída”.


Claro, que en manos de Ophüls, esta película, una década anterior a los logros franceses de los años cincuenta que le valieron el elogio de todos, se convierte en un ballet de deseo con una cámara enfebrecida que acompaña la desesperación de Evelyn y escruta hasta el último rincón de los camerinos de La Sirène, donde las chicas –Doulcette, La Gitane, Evelyn…- se cambian de ropa sin falsos pudores. Todo lo más, Ophüls interpone unas alegóricas redes, justificadas por el ambiente del night-club, entre nosotros, voyeurs, y las bailarinas.


Evelyn y Georges reviven su historia de amor en sintéticos flasbacks en paisajes nevados, cuya pureza contrasta con la oscuridad y humedad de la noche parisina. El desencuentro de los amantes en el pasado tiene lugar en un cine donde se proyecta una cinta muda acompañada por una melodía sentimental. En la pantalla, tres arlequines se despiden de alguien. Una despedida que a Evelyn, víctima del destino, se le niega.


Como otras heroínas ophulsianas –La signora di tutti, Lola Montes…- trabaja en el mundo del espectáculo. Pero Evelyn, la mujer que se exhibe cada noche, organiza además una representación de su propia vida, la melodramática “imitación a la vida” que decían John M. Stahl y Douglas Sirk. Al contrario que las otras, Evelyn se enfrenta a esa vida a cuerpo limpio. Lo dejó escrito Ophüls: “La photographie à la porte du nightclub La Sirène nous révèle qu’Edwige Feuillère se produit dans un numéro nu. La vérité sur le corps d’une femme est une condition nécessaire pour que l’art puisse s’elever au-dessus des limites du mélodrame”.


Sans lendemain (Suprema decision, 1940)
Producción: Ciné-Alliance (FR)
Director: Max Ophüls.
Guión: Jean Villeme y Jean Jacot. Diálogos: André-Paul Antonie.
Intérpretes: Edwige Feuillère (Evelyn “Babs” Morin), George Rigaud (Georges), Daniel Lecourtois (Armand), Michel François (Pierre, el hijo de Evelyn), Georges Lannes (Paul Mazuraud), Paul Azaïs (Henri), Gabriello (Mario, el gerente de La Siréne), Pauline Carton (la doncella), Roger Maxime, Mady Berry (la portera).Jane Marken (Madame Michu), Louis Florencie (un cliente), Roger Forster (un bailarín), Léon Roger Maxime, Yvonne Legeay.
82 min. Blanco y negro.

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