2 de diciembre de 2011

Vida soñada de Charley Bowers



Charles “Charley” Bowers, alias “Bricolo”. 
(1889, Cresco, Iowa – 1946, Paterson, New Jersey) 

Resuelto totalmente el grave problema que acongoja a los ultramarinos. 
Huevos irrompibles. 
(…) 
Mecánica. 
Amor. 
Poesía. 
¡Oh! 
Charles Bowers 
Difunto inventor. 

Rafael Alberti: “Charles Bowers, inventor”,
en La Gaceta Literaria, nº 65, 1 de septiembre de 1929.

Una vez más fue el Abuelito quien, desde su desván (http://eldesvandelabuelito.blogspot.com/) nos avisó sobre la existencia de este cómico y animador norteamericano, que sólo ha recuperado su puesto en la historia (secreta) del cine en las últimas dos décadas. Pusieron sobre la pista de este espléndido creador a los archivistas unas cintas etiquetadas como “Bricolo”, que era como se le conocía en Francia por su afición a los inventos.


Quiere la leyenda que Charley Bowers se fugara de su hogar natal en Iowa con un circo y que se convirtiera en funambulista cuando apenas era un crío. También que se diera buena maña con pinceles y brochas para pintar los carteles anunciadores de los espectáculos y que, de este modo, recalara en Chicago como dibujante publicitario e historietista. De ahí, a intervenir en las pioneras series de dibujos animados Mutt and Jeff y The Katzenjammer Kids, no hay más que un paso que el inquieto Bowers dio con decisión:
 

A finales de la década de los veinte produce, dirige y protagoniza un par de decenas de películas de dos bobinas en las que da rienda suelta a sus obsesiones. Porque el arte de Charley Bowers —¡arte mayúsculo!— es insistente y tenaz. Otros sabrán hallar ocasión para el humor en cualquier tema o limitarán estos a un abanico en el que quede justificada la presencia del personaje que han creado. Bowers, no. Él recurre una y otra vez a la máquina abracadabrante, al avestruz y al huevo. No necesita más. Rara es su película en el que uno de estos tres elementos, o los tres juntos, no se dan cita, conjugando el slapstick puramente físico con la animación fotograma a fotograma o “stop motion”. Lo asombroso es que esta simbiosis se produce sin aparente cambio de registro, con una continuidad que sólo parece tener sentido en el Universo Bowers. 


Físicamente Bowers recuerda bastante a Keaton, pero la precisión de éste es irrepetible. Algunas veces, logrado el efecto cómico —el batacazo, el paso de baile…—, Bowera insiste en él sin aportar demasiadas variaciones, como al principio de Fatal Footsteps (1926). Otras veces este esquema funciona a la perfección, como cuando se emperra en meter la máquina en casa de su tío en A Wild Roomer (1926).



Maquinarias y huevos aparte, nos causa asombro la cantidad y calidad de los clubs y asociaciones inverosímiles que maneja. El Sindicato de Camareros, bueno, pero el Consorcio de Exportadores de Huevos, es todo un hallazgo. Y del Club de los Mentirosos Compulsivos o de la Liga Anticharlestón qué vamos a decirles. Con estos pocos elementos alumbra un mundo perfectamente coherente y variadísimo de invención. Ni precisa más ni quiere otra cosa, porque Bricolo es el maestro del profesor Franz de Copenhague. Y desde ya mismo queda coronado Rey de los Huevos.


De su estancia en el circo acaso conservara también la querencia por lo excéntrico, que en Bowers alcanza auténtico lirismo en los momentos surreales gratuitos. La camada de Fords que sale de los huevos empollados en el motor, la muñeca fabricada por la máquina que empieza a vivir al colocarle el corazón o la muerte del bacilo del resbalón… Es entonces cuando Breton y Alberti proclaman sus excelencias. 


Con la llegada del sonoro emprendió la creación de una película sonora que sólo se conserva fragmentariamente:


Luego, volvió a trabajar como animador para otros, dibujó historietas para los periódicos e ilustró libros infantiles. En 1941 cayó gravemente enfermo y, aunque su mujer, intentó sacar el trabajo adelante, los encargos dejaron de llegar. El olvido cayó sobre él durante medio siglo. Felicitémonos por el reencuentro. 


1 comentario:

El Abuelito dijo...

Un genio olvidado, que como bien dicen regresa a predios todavía -y me temo que definitivamente- secretos pra la inmensa mayoría... Más vale eso que nada, a los franceses debemos su revaloración...