30 de diciembre de 2011

Pierrot contra Mefistófeles




Pierrot buveur (Pierrot y el diablo, ca. 1900) 

En la colección Sagarmínaga se conservan dos peliculitas de un minuto de duración rodadas hacia 1900 y que tienen como protagonista a Pierrot, personaje nacido de la Commedia dell’Arte, fue popularizado en Francia por Jean-Gaspard Debureau, del Theâtre des Funanbules. De ahí se estableció en la tradición francesa de la pantomima en particular y del arte en general.


La primera, Grosse tete de Pierrot, consiste simplemente en un primer plano de un mimo maquillado de Pierrot que ejecuta toda clase de muecas para la cámara. De hecho, en el catálogo de Parnaland figura como “escena cómica”. Nos recuerda un poco a aquellos primeros motivos del Kinetoscopio de Edison, cuando un beso o un estornudo suponían el colmo en lo referido a imágenes animadas.


Más interés tiene, a nuestro juicio, Pierrot buveur. Está rodada en un decorado montado al aire libre, lo que se evidencia por las duras sombras de la luz del sol y el flameo del mantel. En el telón de fondo hay una puerta practicable en cuyo dintel cuelga una cruz que nos pasará inadvertida por ahora.

Pierrot da fin a la botella y cae dormido sobre la mesa. Al instante, aparece un diablo, un Mefistófeles teatral como el que hemos visto interpretar a Méliès tantas veces. No necesita materializarse sino que entra abriendo la puerta como un vulgar mortal.


Empiezan entonces las apariciones y desapariciones resueltas a golpe de corte de negativo. Mefistófeles transforma la mesa en una cama, Pierrot suplica primero y luego le arroja cuanto mueble encuentra a mano. Pero el diablejo travieso los hace desaparecer en el aire antes de que le alcancen. Además, él mismo se transforma en un lobishome que aterroriza a Pierrot.

Cuando está a punto de atravesarlo con su espada aparece Colombina. El diablo tuvo que utilizar la puerta pero la mujer se materializa sin más. Echa mano a la cruz y hace desaparecer al diablo que desaparece al saltar contra la pared. Entonces, Colombina le muestra la cruz a Pierrot que jura ante ella con expresivos gestos no volver a darle al tarro. Fin.


La curiosidad de la cinta reside, sobre todo, en su capacidad para mezclar tradiciones iconográficas tan distintas en una historia en la que reconocemos al travieso Mefisto mélièsiano, pero no terminamos de verlo como tentador de un Pierrot borrachín, cuando habitualmente es personaje taciturno, enamoradizo y lunar. La Colombina redentora de descarriados viene a culminar el disparate, crucifijo en ristre, reconduciendo la trama hacia la tradición cristiana de la redención y el perdón. Todo ello en un minuto.

Pierrot buveur (Pierrot y el diablo, ca. 1900)
Producción: Parnaland (FR)
1 min. Blanco y negro

3 comentarios:

angeluco10 dijo...

Dos películas totalmente desconocidas para mi.
Muchas gracias por el conocimiento.

Sr. Feliú dijo...

Gracias a usted por la fildelidad, don angeluco.

El Abuelito dijo...

Qué sencillo y grandioso sentido de la maravilla...