26 de diciembre de 2011

Un sueño dentro de un sueño



Capriccio all'italiana (1967), Pier Paolo Pasolini y otros

Capriccio all’italiana es una cinta de episodios dirigidos por Mauro Bolognini, Steno, Pino Zac y Pier Paolo Pasolini. Es el sketch de este último el que proyectamos ayer en la carpa. Se titula: “Che cosa sono le nuvole?”, la pregunta que le hace una marioneta a otra después de que ambas hayan ido a parar al vertedero.


Ya hemos apuntado otras veces (www.circomelies.com/2008/06/pinocho-prncipe-de-bizancio.html) la naturaleza marionetística de la máscara de Totò. En esta ocasión, Pasolini, que ha rodado con él y con Ninetto Davoli Uccellacci e uccellini (1966), decide tomárselo al pie de la letra y monta en un teatrito de títeres una farsa con el argumento del Otelo shakesperiano. Nosotros (y los espectadores que asisten el espectáculo) ya conocemos la trama: Yago (un Totò pintado de verde envidia) planta en el corazón de Otelo (Ninetto) la semilla de los celos valiéndose de un pañuelo de Desdémona (Laura Betti) que entrega a Cassio (Franco Franchi, la mitad del dúo Franchi e Ingrassia), el apuesto capitán.


Representación dentro de una representación —como el espejo en el que Velázquez se pinta a sí mismo pintando “las meninas”, que sirve de fondo al título del episodio— las marionetas se preguntan por su condición e interrogan a su manipulador. ¿Por qué hacen lo que hacen? ¿Quién lo dispone así y con qué derecho? Y, sobre todo, ¿por qué el papel que nos ha tocado representar es tan distinto de nuestra verdadera naturaleza? Burlando el punto de vista frontal, Pasolini nos brinda la pregunta no en boca de Otelo, sino en la de la marioneta consciente que es Ninetto Davoli. La respuesta de la marioneta lúcida que es Totò, no Yago, ilumina el sentido —no el significado— de la farsa: “Somos un sueño dentro de un sueño”.


Pasolini hace gala de cervantismo en la resolución. Como don Quijote ante la felonía que se representa en el retablo de Maese Pedro, el pueblo entero, hasta entonces público pasivo, asalta el escenario y escarmienta a Yago por insidioso y malvado y a Otelo por uxoricida. Triunfa el amor de marionetas de Desdémona y Cassio.


Domenico Modugno ejerce de basurero cantante. Echa en su camión los dos títeres despanzurrados y los lleva al vertedero. Tirados entre inmundicias y desperdicios, inútiles ya, sin hilos ni manipulador, los muñecos sólo pueden mirar al cielo y mostrar su admiración por la belleza de las nubes, signo al tiempo de la creación y lo inasible.


Pasolini rueda este sketch durante la última semana de marzo de 1967. El 15 de abril fallece Totò.


Capriccio all'italiana (1967) 
Produccción: Dino De Laurentiis Cinematografica (IT) 
Guión y Dirección: Pier Paolo Pasolini. 
Intérpretes: Totò (Yago), Ninetto Davoli (Otelo), Laura Betti (Desdémona), Franco Franchi (Cassio), Ciccio Ingrassia (Roderigo), Adriana Asti (Bianca), Francesco Leonetti (el marionetista), Domenico Modugno (el basurero), Carlo Pisacane (Brabanzio). 
20 min. Color.




2 comentarios:

angeluco10 dijo...

Bonita historia pero nunca he entendido la "locura" de la gente al creer que es verdad lo que es mentira atacando a actores o marionetas para vengar afrentas.Don Quijote lo hizo pero tenía justificación,estaba loco,¿acaso todo el mundo está loco?.

Sr. Feliú dijo...

Es un caso bastante común en los espectáculos populares. Se supone que el pueblo llano es capaz de empatizar tanto con la propuesta escénica (o cinematográfica o titiriteril) que decide tomarse la justicia por su mano. Durante la guerra civil española era habitual que los actores se negasen a hacer el papel de villano pues los ánimos encendidos del público y la presencia de armas de fuego en la sala podían hacer peligrar la vida del artista.

En este caso, Pasolini propone una alegoría en la que el público iletrado hace justicia en los vericuetos que sigue la tragedia; esto es, se niega a aceptar lo ineluctable de un destino adverso y altera el final de la obra. Lo curioso es que en este último tramo, el marionetista desaparece, cuando a lo mejor tenía algo que opinar del asunto.

No sabemos si habremos conseguido explicar lo inexplicable, que a fin de cuentas es el meollo de este episodio poético.

Feliz año, don angeluco.