14 de enero de 2016

Enésima visita al Tibidabo



El mujeriego (Francisco Pérez-Dolz, 1963)

Juan es un pobre tipo al que le gustan todas, pero que tiene por novia una vecinita (Paloma Valdés) con la que se casará tarde o temprano. Pero el destino llama a su puerta de forma inesperada: gana dos millones y medio de pesetas gracias a una quiniela de catorce y desde ese momento su vida cambia radicalmente. El desarrollismo le ofrece todos sus frutos. O, al menos, sucedáneos: un Siata Spyder —una carrocería de descapotable montada a partir del motor y autobastidor del sufrido 600—, ya que no un deportivo extranjero; un apartamento, aunque sea en el extrarradio… Y mujeres. 



De la criadita de su antigua pensión (Maite Matalonga) a la viuda que vive en el apartamento vecino (Carmen de Lirio), de la cabaretera dedicada al descorche (Gloria Osuna) a la primera vedette de un teatro de revista (Alicia Márquez). Pero la vecina es esquiva, la cabaretera tiene una técnica infalible para deshacerse de los moscones, la criada tiene un novio que hace la mili en Barcelona (Antonio Iranzo) y la vedette tiene un niño… que no quiere otra cosa que ir al parque de atracciones del Tibidabo.




Así que, en vez de terminar en su apartamento con la rubia despampanante, Juan termina con el crío en los coches de choque.


Por suerte, es el día de libranza de la criada que ha ido allí a divertirse con su novio. En un visto y no visto, Juan le ha encalomado el arrapiezo al soldado y desaparece con la chica camino del túnel del amor…


Frente a otras cintas de la misma época que apenas ofrecen unos cuantos planos de referencia de las atracciones, en El mujeriego podemos recrearnos en casi todas las clásicas: la Atalaya, el Ferrocarril Aéreo, el Avión o las Ollas Volantes, los Espejos Deformantes…




Más curiosa aún es la localización de una escena muda en el tan poco frecuentado como sugestivo Laberinto de Cipreses, inaugurado en 1948.


Un personaje a la medida de Cassen, que, no obstante, no logra hacernos olvidar su Plácido. Intenciones críticas un tanto diluidas. Algunos —pocos— hallazgos visuales o de montaje, pero una explotación de las localizaciones que habla a las claras del oficio de Francisco Pérez-Dolz como ayudante de dirección. Su escueta filmografía como director se abre con la fulgurante A tiro limpio (1963) y se cierra el mismo año con esta comedia con ambiciones pero desigual resultado. Luego firmará como director adjunto un peplum en coproducción en el que probablemente su nombre sirviera para obtener la protección económica otorgada por la administración española.


El mujeriego (1963)
Producción: Este Films (ES)
Director: Francisco Pérez-Dolz.
Guión: J. L. Carrillo, Cassen, Manuel Martín, José María Ricarte, Francisco Pérez-Dolz.
Intérpretes: Cassen (Juan), Paloma Valdés (la novia), Alicia Márquez (la vedette), Gloria Osuna (la cabaretera), Maite Matalonga (la criada), Margaret Rose (la modelo), Carmen de Lirio (la viuda) , Milo Quesada, Jaume de Sans, Carles Lloret, Lluís Nonell, Antonio Iranzo.
105 min. Blanco y negro.

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