15 de agosto de 2021

Elephant Man

La primera edición de este libro se publicó en 1980. En otoño del año anterior, con el libro en imprenta, se estrenó en Broadway un musical protagonizado por David Bowie sobre la vida de Merrick. En verano de 1980 se estrena en Londres una versión del mismo musical y un poco más tarde David Lynch presenta su famosa película. A partir de este año, el interés por este héroe, protagonista involuntario de una gira mediática, crece hasta el límite cuando Michael Jackson expresa sus deseos de adquirir el esqueleto de Joseph Merrick. 

HOWELL, Michael & Peter Ford 
La verdadera historia del Hombre Elefante 
Turner Publicaciones S.L., Madrid, 2008 
ISBN: 978-84-7506-853-4

El Hombre Elefante


Las historias alrededor de Joseph Merrick, el famoso Hombre Elefante de la Inglaterra victoriana, combinan elementos de la fábula y los mitos, de la tragedia y el melodrama, de los freakshow y de la farsa. Los autores examinan como este fenómeno ha sido construido y reconstruido por los diferentes interesados en diferentes momentos de la historia, buscando qué revela de los intérpretes, artísticos o científicos, de las audiencias o de sus biógrafos. 

GRAHAM, Peter W. & Fritz H. Oehlschlaeger 
Articulating the Elephant Man: Joseph Merrick and his interpreters 
The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1992 
ISBN: 0-8018-4357-X

12 de agosto de 2021

Una lección de Tati




Cours de soir (1967), Nicolas Ribowski

Filmado durante una interrupción del rodaje interminable de Playtime, el cortometraje Cours de soir es una excelente lección de mímica, literalmente. Jacques Tati, imparte una clases de comedia a unos “entusiastas” alumnos.

Tati se tropieza con el escalón y dice a sus alumnos: “Volveremos a esto al final de la clase”. Lección 12: La Observación. “la observación te permite descubrir la naturaleza de ciertos tipos de personalidad”, contesta uno de los aspirantes a actor. Para explicar la lección, Tati se dispone a desplegar un gran desfile de fumadores. Le siguen el tenista, donde Tati es un verdadero especialista; el pescador, que nos ayuda a entender el tempo de este artista; y el cartero, secuencia en la que Tati aprovecha para presentar una versión mejorada del entrenamiento de carteros que aparecía en L’Ecole des facteurs.

En esta clase magistral no podía faltar la equitación y tenemos la suerte de ver, ¡por fín! , a Tati montado sobre un caballo de verdad. “La gente monta a caballo según su profesión”, dice mientras acerca a sus alumnos a la ventana. La broma le sirve para demostrarnos su destreza sobre el caballo y de paso hacer unas cuantas imitaciones.

Al final de la clase, y como había prometido, vuelve al escalón. Una loca explicación matemática sobre la pizarra pretende instruir a los desafortunados alumnos. Uno tras otro se tropiezan con el escalón sin gracia alguna para desesperación del maestro. Como el escalón no marcha, se ponen a probar con una columna. La fórmula matemática tampoco parece funcionar… hasta que Tati se tropieza de verdad y se golpea la cabeza con la columna. “Se suspende la clase. Practiquen en su tiempo libre”.

En realidad, este peculiar profesor no tiene una metodología clara y estructurada como la de Mr. Bean en Una lección magistral (1996), pero Tati es único y de sus lecciones se puede aprender mucho más de lo que uno cree. También es verdad que se aprende más en los documentales y en las entrevistas que le hicieron a lo largo de su carrera. En una de ellas dice: “Comedy lies not in the actions of the comedian, but in the comedian’s ability to reveal the comic dimension of others”. Para mi, eso si que es una gran lección.

Al final del corto, Tati se hace un homenaje a si mismo cruzando una de las calles de Tativille mientras los trabajadores mueven los edificios. Tati vive justo enfrente, en un bajo-chabola. En realidad, en esas fechas estaba completamente arruinado y ya había perdido su casa.
En este enlace podrán ver la película: https://vk.com/video-4569_147830131

Cours de Soir (1967)
Productora: Specta Films (Francia)
Director: Nicolas Ribowski
Asistente: M.F. Siegler
Cámara: Jean Badal
Música: Léo Petit
Intérpretes: Jacques Tati (Monsieur Hulot), Alain Fayner, Marc Monjou
Color, 30 min.

8 de agosto de 2021

Dos feriantes

El hombre elefante (The Elephant Man, 1980) David Lynch 

No, hoy no vamos a dedicar nuestros esfuerzos al personaje titular, por más que los merezca. La tragedia del fenómeno John Merrick está trazada con tiralíneas por David Lynch en su segunda película, tras la desasosegante Cabeza borradora (Eraserhead, 1977). Vamos a centrarnos en los dos personajes que se interesan (interesadamente) por él.

En primer lugar está sir Frederick Treves, un cirujano del Hospital de Londres, en cuya investigación se basa parte del guión. El responsable de los monstruos es un personaje netamente dickensiano, Bytes. Encarna al feriante Freddie Jones, curtido en el teatro pero de extracción más popular que su rival. Y es que sir Frederick está interpretado con la oportuna flema por Anthony Hopkins, al que ya no podemos separar de su identidad de Aníbal el Caníbal, aunque, como tantos de sus compatriotas es un actor formado en el teatro clásico, a la sombra de Richard Burton y Laurence Olivier. En el hospital hay rencillas, envidias, celos profesionales… Cuando vemos al doctor Treves por primera vez, deambula por una feria: tragafuegos, magos orientales y, por supuesto, una barraca de fenómenos. Situémonos en la Inglaterra victoriana. Sin abandonar los paisajes industriales en que se desarrollaba su primera película, Lynch recurre a un referente indiscutiblemente británico: las películas del terror de la casa Hammer Films. Esta productora reverdeció los días de gloria de los viejos monstruos de la Universal (Drácula, Frankenstein, la momia, el hombre lobo…) y creó un nuevo star system en el que Christopher Lee y Peter Cushing alcanzaron estatus mítico durante los años sesenta. Lynch recurre al director de fotografía más renombrado de entre los colaboradores de la Hammer, Freddie Francis.
También Freddie Jones ha intervenido en dos productos tardíos de la productora El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, 1969) y Los ritos satánicos de Drácula (The Satanic Rites of Dracula, 1973).

En este ambiente hammeriano, El hombre elefante radiografía la rivalidad entre estos dos hombres por la posesión de tan preciada pertenencia. Para el doctor se trata de su prestigio profesional, para Bytes de su supervivencia. Éste la enmascara como sociedad comanditaria. Argumenta que la barraca es el único medio de vida del que dispone el fenómeno. Pero, frente al humanismo científico del que hace gala sir Frederick, el feriante enarbola su bastón, como un signo de exclamación que subraya su brutalidad.

Sin embargo, ¿qué otra cosa que una exhibición pública es el momento en que el doctor Treves da a conocer a sus colegas “su” descubrimiento? En una escena ejemplarmente planificada, en la que el horror se ve pero no se muestra, el hombre elefante es sólo una sombra sobre la que los punteros van señalando deformidades y ulceraciones. El buen doctor apunta incluso el hecho de que los órganos sexuales de Merrick no están afectados por la hipertrofia que afecta a otras partes de su anatomía. La película es la crónica de su redención. De la barraca al palco. Su muerte es plácida, después de asistir como espectador a un espectáculo teatral. Pero antes ha debido regresar al infierno de la barraca, donde, ahora sí, hemos conocido el horror en toda su profundidad; un horror hecho de abusos y sordidez.
Sr.Feliú
El hombre elefante (The Elephant Man, 1980) 
Producción: Brooksfilms (EEUU) 
Dirección: David Lynch 
Guión: Christopher De Vore y Eric Bergren. 
Intérpretes: Anthony Hopkins (Dr. Frederick Treves), John Hurt (John Merrick), Freddie Jones (Bytes), Anne Bancroft, John Gielgud, Wendy Hiller, Michael Elphick, Hannah Gordon, Helen Ryan, John Standing, Dexter Fletcher, Lesley Dunlop, Pat Gorman, Claire Davenport. 
124 min. Blanco y Negro.

27 de mayo de 2021

Tiroteo en el Tren del Terror


The Big Switch (1968), Pete Walker

Pete Walker es conocido, sobre todo, por sus películas de terror de los años setenta, donde facturó algunas perlas post-hammerianas como Frightmare (Terror sin habla, 1974) o Schizo (Esquizofrenia, 1976). Pero sus inicios tuvieron que ver con lo que a finales de la década anterior se denominaban películas “para adultos”: un esquema policiaco con huecos.

Pete, era hijo de Syd Walker, un intérprete de comedias musicales, o sea, que conocía el mundo del show business como la palma de su mano. Sus inicios fueron como cómico en los clubs de striptease del Soho londinense, para dedicarse después al lucrativo negocio de las películas en super-8. De ahí pasó a producir, escribir y dirigir primero cortos y luego largos encuadrables dentro de la sexploitation, cuyas coordenadas sociológicas en la represiva sociedad británica ya se han encargado otros de cartografiar.

Nosotros vamos al meollo de The Big Switch –algo así como “El gran cambiazo”, aunque en Estados Unidos la película se retituló Strip Poker–. John Carter (Sebastian Breaks), un ejecutivo publicitario vive la noche del Swinging London a tope. Pena, nos explica el locutor, que sea ya un poco talludito para los templos del pop. Frecuenta discotecas manejadas por un gánster, lo que le vale a Walker para realizar un breve recorrido por los clubs de noche, como en otras películas del ciclo “mondo”. Sin embargo, la historia pega un giro de ciento ochenta grados cuando la solícita rubia que se le ha ofrecido en la discoteca, es asesinada mientras él compraba tabaco.

Varias palizas y partidas de strip-poker más tarde, y después de que le hayan despedido de su trabajo en la agencia de publicidad, Carter se verá obligado a aceptar la misteriosa propuesta de los gánsteres de viajar a Brighton en compañía de Karen (Virginia Wetherell), una modelo baqueteada por la vida y los desengaños amorosos.

El plan es tan demencial y tiene tantos huecos que no merece la pena que nos dediquemos a desentrañarlo. Si The Big Switch se ha proyectado en la carpa –mínimo recorrido por los antros de ocio londinenses al margen– es porque la persecución final tiene lugar en el pier occidental de Brighton. Ya hemos estado aquí otras veces –véanse: Oh! What a Lovely War (1969), de Richard Attenborough, o Brighton Rock (1947), de John Boulting- y hemos proyectado para ustedes El fugitivo de Amberes (1955), de Miguel Iglesias, así que ya saben más o menos a que atenerse. Contrapunto chirriante entre la alegría mecánica de las atracciones y la angustia de los perseguidos, paradoja de la muerte desnuda y verdadera en el reino de los esqueletos bailarines, incongruencia del horror de cartón piedra y carrito a tres por hora. Tampoco Walker pretende ser Welles. Resuelve y ya está.

El milagro ocurre, sin embargo, a la entrada del pier. Es un milagro de serie Z, claro. En el ajustadísimo plan de trabajo, el equipo se encuentra con que el día en que se ruedan estas escenas, nieva copiosamente sobre la ciudad veraniega (“donde los viejos ricos van a echar una cana al aire los fines de semana”, afirma Karen; “lástima que yo no sea rico”, replica John). En lugar de meterse en el apartamento y esperar a que escampe, Pete Walker coge el toro por los cuernos y les pide a sus actores que rueden la escena así. Los intérpretes corren bajo la nieve, resbalan y se pegan tremendas costaladas, apenas pueden gritar los monosílabos que exige la acción porque están congelados, pero este fragmento tiene la rara cualidad de lo imprevisto, de lo irrepetible. Durante estos instantes Walker es –a la fuerza ahorcan- un émulo de Rossellini.

Después de rodar House of the Long Shadows (La casa de las sombras del pasado, 1983), Pete Walker dejó el cine y se dedicó a los mucho más lucrativos negocios inmobiliarios.


The Big Switch (1968) 
Producción: Pete Walker (GB) 
Guión y Dirección: Pete Walker 
Intérpretes: Sebastian Breaks (John Carter), Virginia Wetherell (Karen), Jack Allen (Hornsby-Smith), Douglas Blackwell (Bruno Miglio), Derek Aylward (Karl Mendez), Virginia Wetherell 
Color. 68min.

15 de abril de 2021

Analizando a Chaplin


En 1970, Chaplin decide poner en circulación de nuevo sus películas más importantes después de una larga  temporada a salvo de los piratas de la época. Muchos de sus largometrajes se conocían de oídas, como cuenta François Truffaut en el prólogo, y a punto estuvieron de convertirse en misterios cinematográficos. Afortunadamente para todos, Chaplin reconsideró su postura y hoy en día podemos apreciar en todo su esplendor Tiempos Modernos, El chico, El circo, Luces de la ciudad, El Gran Dictador, Monsiur Verdoux o Candilejas. 

Este pequeño libro recoge varios artículos publicados por André Bazin en los años 40 y 50 en diferentes revistas de cine, completadas con una reseña sobre La condesa de Hong Kong escrita por Eric Rohmer. Tres hombres de cine —pero sobre todo, uno de ellos, el prestigioso teórico André Bazin—hablando sobre el mito cinematográfico por excelencia. 

ANDRÉ BAZIN y ERIC ROHMER:
Charlie Chaplin
Valencia, Fernando Torres Editor, 1974