24 de julio de 2008

Con el Circo Pinder


Yo-Yo, Pierre Etaix, 1965

Un hombre y una mujer viajan en un descapotable. Él lleva el volante, en tanto que ella se pinta los labios. El coche automóvil cruza un badén señalizado. La marca de la barra de labios sobre la boca de la mujer es la rima exacta de la señal de tráfico.

Quien ame esta clase de poesía en la que el humor slapstick y la viñeta sin palabras se dan la mano, caerá rendido ante Yoyo (Yo-Yo, Pierre Etaix, 1965)… Si le dejan, claro, porque desde la lejana fecha de su estreno, en 1965, la película capital de Pierre Etaix sólo ha sido presentada al público en el Festival de Cannes de 2007, por un oscuro pleito con el detentatario de los derechos.
Sobre la influencia del circo en el cine opina Pierre Etaix en una entrevista aparecida en la revista CinémAction en 1997: "Ah ! Elle este capitale (…). D’ailleurs, on retrouve dans tous les films de Chaplin, de Keaton, de Laurel et Hardy, des exercices du style qui appartiennent à une tradition clownesque, sur lesquels chacun brodait. Par exemple, chez les Marx Brothers, dans Duck Soup, il y a toute une scène du miroir brisé, qui existait déjà chez Max Linder. Mais au-delà du miroir brisé, qui est un argument d’une « entrée » en soi, il y a tous les petits détails : du chapeau à la gymnastique acrobatique, aux jongleries, à la musique, à la prestidigitation ; tout cela est un héritage du cirque et de la comédie clownesque".

Pues bien, Yo-Yo es la única película de Etaix que tiene por escenario este mundo. En los dulces años veinte Pierre Etaix encarna a un aristócrata entregado a la vida muelle. Una legión de criados satisface su más mínimo capricho. Y, sin embargo, el aristócrata es infeliz: cuando llega a su despacho abre el cajón y contempla la foto de su amada. Un día el circo llega a la ciudad y allí viene ella.


El circo Pinder
El circo es el circo Pinder, establecido en Francia desde 1855 cuando los caballistas Georges y William Pinder decidieron abandonar la Gran Bretaña por la dulce Francia. A principios del siglo XX el Pinder ya es toda una institución. A su popularidad contribuyen sus vistosos carromatos. En 1924 el fallecimiento de Arthur Pinder, enésimo descendiente de la familia titular, provoca la venta del circo que, no obstante, conocerá sus años dorados durante la década de los cincuenta, cuando, bajo la dirección de Charles Spiessert, firme un contrato con la ORTF –la radio-televisión francesa- que trae a las estrellas radiofónicas y de las variedades a las tres pistas del Pinder. No es extraño pues que Pierre Etaix solicitara su concurso para la filmación de Yo-Yo, ni que, andando el tiempo, interpretara allí junto a su mujer su propio número de payasos.
Además de incorporar una importante galería de artistas circenses contemporáneos –incluido un papel de importancia para el elefante Siam-. No menos valor tiene la cita de otros personajes ficticios. Cuando la caravana del circo llega a una ciudad italiana, tropieza con el cartel en que se anuncia la actuación de Gelsomina y Zampanò, los protagonistas de La strada (Federico Fellini, 1954).


Humor
Yo-yo es una catarata de gags. La presentación es una buena muestra de lo que nos aguarda. A la visión general de la mansión versallesca en la que habita el protagonista, sucede un recorrido por el vestíbulo adornado con una serie de cuadros de sus ilustres antepasados. El último cobra vida. ¿O no? Una panorámica descubre que estábamos ante un trampantojo. El aristócrata se reflejaba simplemente en un espejo del vestíbulo y daba los últimos retoques a su atuendo antes de salir de casa.

Este tipo de ilusiones visuales se repiten continuamente. Para distraer el ocio del noble sus criados manejan un barco en un estanque, hasta la irrupción de uno de ellos en el cuadro, la ilusión de que estamos en alta mar es perfecta. Etaix juega así una y otra vez a descolocar al espectador, invitándole a cuestionar qué es lo que está viendo y cómo debe interpretarlo. De este desajuste surge un humor muy construido y, al tiempo, muy directo, ya que el reconocimiento es inmediato.

Durante la primera media hora, en tanto la acción transcurre en 1925, la película carece de diálogos. Hay un doble juego en esto, porque al tiempo que se evoca el tiempo del cine silente –la primera película con sonido sincrónico de amplia difusión fue El cantor de jazz (The Jazz Singer, Alan Crossland, 1927)- tiene a su favor las nuevas convenciones que para este tipo de cine ha establecido Jacques Tati durante las dos décadas anteriores, entre ellas el enriquecimiento y depuración de la banda de efectos sonoros.
Estos funcionan como elementos cómicos puramente mecánicos en las escenas en las que interviene la servidumbre de la mansión. Las puertas que se abren y cierran con sonido característico llevan aparejadas movimientos mecánicos de los criados y el propio movimiento de Pierre Etaix, que exagera la pantomima hasta convertirse en una especie de muñeco de resortes. Desde el estudio de Henri Bergson sobre el humor -Le rire: essai sur la signification du comique (1900)- sabemos que una de las principales fuentes de comicidad consiste en esta mecanización de actos que debieran ser puramente humanos.

Para la composición de este personaje Etaix recurre a la impavidez de Buster Keaton, pero su figura –bigotillo de pincel, chistera…- procede sin duda de Max Linder, el gran cómico francés del que Chaplin siempre reconoció influencias y que se suicidó precisamente en 1925. Digno de cualquiera de ellos es la viñeta en que el aristócrata decide sacara al perrito para su paseo matinal. Se viste convenientemente, monta en el Rolls y un criado le entrega la correa del perro. Un plano general muestra el coche dando la vuelta al jardín y el perrillo corriendo a la par mientras una mano enguantada sostiene la correa a través de la ventanilla.

Yoyo
La historia da un giro con la llegada del circo al pueblo. En él viajan la écuyère de la que está enamorado el aristócrata y el pequeño Yoyo (Luce Klein), un niño payaso que resulta ser su hijo. El aristócrata abandona su mansión en pos de ellos. Los acontecimientos se suceden: el crack de la Bolsa de 1929 da lugar a un gag en el que un transeúnte debe evitar que le acierten los millonarios suicidas que se lanzan desde las ventanas de sus oficinas. Como la fecha coincide con la generalización del cine sonoro, la película rompe a hablar en este momento. Otros momentos estelares de la Humanidad también se resuelven en forma de gag. Una manifestación con pancartas en las que aparecen Stalin, Karl Marx y su primo Groucho. Al contrario que en El gran dictador (The Great Dictator, Charles Chaplin, 1940), Adolf Hitler empuña un bastón y se cala un bombín y se convierte en Charlot.

Mientras tanto, Yoyo cruza una cortina y se ha convertido en hombre. Su fama como payaso traspasa fronteras. En España, Etaix/Yoyo hace un dibujo de un tipo típico con sombrero cordobés. Otro gag perfectamente medido tiene lugar a la puerta de una iglesia. Yoyo se descubre antes de entrar en el templo. De pronto, descubre a un menesteroso sentado en la escalinata con la gorra extendida. Rebusca una moneda en el bolsillo. Una beata que sale de la iglesia en ese momento al verle con el sombrero tendido, le echa automáticamente una limosna en él. En la iglesia encuentra a Isolina (Philippe Dionnet), a punto de alcanzar el éxito internacional como chica Bond en Operación Trueno (Thunderball, Terence Young, 1965), que trabaja como trapecista.
La película enfrenta ahora lo viejo y lo nuevo. Las argucias de los artistas para poder hacer sus comidas en la habitación del hotel donde prohíben estas prácticas y el ascenso social de Yoyo que, en estos años, pasa por su participación en televisión. El pequeño payaso se ha convertido en un afortunado hombre de negocios. Su imperio se expande, reacondiciona la mansión de su padre y allí recibe a la mejor sociedad. Yoyo no deja de ser un inadaptado, aunque ha resultado seducido por el oropel. Este tramo final rima con la película que Jacques Tati está realizando por esas mismas fechas: Playtime (Play Time, Jacques Tati, 1967). A éste no le sienta nada bien que su discípulo se le adelante y acaso orquestar una campaña de descrédito contra Yoyo. En cualquier caso, eso cree Pierre Etaix durante mucho tiempo. La relación entre el discípulo y el maestro está irremediablemente tocada.

Y, sin embargo, los paralelismos entre ambas obras son evidentes sin necesidad de entrar en competencia. Ante todo, una sensación de melancolía que lo impregna todo, incluso el humor más desquiciado y surreal. Luego, el lirismo sin caer en el sentimentalismo. Cuando se reencuentra con Isolina ella prefiere marcharse con la caravana del circo y, al final, Yoyo la seguirá a lomos de un elefante, dejando atrás la mansión y el éxito.

Sr. Feliú


YoYo (Yoyó, 1965)

Producción: C.A.P.A.C. (FR)
Dirección: Pierre Étaix.
Guión: Jean-Claude Carrière y Pierre Étaix.
Intérpretes: Pierre Étaix (YoYo / el millonario), Claudine Auger (Isolina), Luce Klein (la écuyère), Philippe Dionnet (YoYo niño), Martine de Breteuil (Madame de Briac), Roger Trapp (Leroy), Pipo, Dario, Mimile (clowns), Philippe Castelli (la doncella), Fernand Guiot (el paisano), Jean-Pierre Moncorbier, Gabrielle Doulcet, Luc Delhumeau, François Lalande, Marcellys, Armande Andrieux, Jocelyne Loiseau, Mary Petrov, William Coryn, Amédée, Arthur Allan, Annie Savarin, Nono Zammit y el elefante Siam.
92 min. Blanco y Negro


El pretendiente


Le soupirant (El pretendiente, 1963) Pierre Etaix

A principios de la década de los sesenta del pasado siglo Etaix y Carriere inician una carrera independiente: después de dos cortos debutan en el largometraje con Le soupirant (El pretendiente, 1963). Probablemente de aquí surja la convención de comparar el trabajo de Etaix con el de Keaton, porque El pretendiente parte de la misma base que aquellas Siete ocasiones (Seven Chances, 1925): un hombre debe casarse pero ninguna mujer parece estar interesada en él. Aquí acaban las similitudes, salvo porque la máscara de Etaix se asemeja a la keatoniana. Ambos son hombres que nunca ríen.

Pierre (Pierre Etaix) es un hombre enfrascado en los estudios de astronomía al que la juventud se le ha pasado entre librotes. Es un tipo anticuado en su indumentaria, en su romanticismo feroz, en sus gustos… Sus padres constituyen una pareja perfectamente burguesa, para la que las apariencias están por encima de todo. En su casa se hospeda una joven nórdica, Elke (Karin Vesely), que parece ser el primer objetivo de Pierre cuando sus padres le urgen a tomar una decisión. Sin embargo, la barrera del idioma es infranqueable. Como en las películas de su maestro Tati el lenguaje es para Etaix vehículo siempre de incomunicación. Etaix deja de lado el diálogo chispeante que se suele asociar con la comedia francesa y encadena situaciones visuales llenas de inventiva y humor. Declara: «No creo que el sonido sea una desventaja en sí mismo, sólo implica que la esencia del humor debe cambiar. No es tan malo, porque te obliga a experimentar, pero detesto el humor verbal y monocorde del vodevil».

Por ello recurre a la pantomima. No a esa pantomima arty, injustificada, inane. Aquí se trata de la fantasía. Pierre crea a su mujer soñada gracias a sus gestos. Merced a un hábil trabajo de planificación y montaje, vemos materializarse ante nuestros ojos a las féminas que pueblan sus fantasías. Baila con una de ellas y la cámara le sigue y busvca luego su presencia en el espejo donde el espectador descubre que está bailando con un jarrón. Y así.

Ha llegado la hora de volver a la realidad. Pierre observa en la calle a varios cortejadores y su modo de abordar a las mujeres. Lo intenta, pero todos los ensayos resultan infructuosos. En la calle, en un club nocturno… Aquí consigue por fin atraer la atención de la exuberante Laurence (Laurence Lignères), pero resulta ser una alcohólica que le va a complicar bastante la vida. En su casa, ve en la televisión la actuación de Stella (la cantante France Arnel). La fantasía de Pierre vuela de nuevo. Llena su habitación de postales, recortes y fotos de tamaño natural de su amor platónico. En un apunte daliniano, uno de los cajones del armario, es la espetera de Stella.


Acude a verla al Olympia y luego intenta colarse en su camerino, a pesar de la vigilancia estricta de los guardaespaldas. Es aquí donde Etaix nos deja entrever el mundo del circo y de las variedades que son su principal interés. Por supuesto, nada es gratuito en esta película en la que todo está de más. Ante la presencia de un guardaespaldas, Pierre se lía con los cigarrillos. Cuando tiene dos en la boca se da cuenta de que allí está prohibido fumar. ¿Qué mejor, entonces, que hacerlos desaparecer? Su público no somos nosotros, sino el apático guardaespaldas que no está dispuesto a dejarle pasar. Buscando un sitio donde esconder las flores, comprueba como una silla se le deshace pieza por pieza entre las manos. Un augusto se la lleva llorando. Inadvertidamente, deja escapar a las palomas del mago. Una de ellas va a posarse sobre la pértiga del alambrista y éste se pega una costalada. Con el consiguiente revuelo consigue colarse por fin en el camerino de Stella. Allí hay un jovencito. ¿Otro pretendiente? ¡Qué va! El hijo de la artista.
Desengañado de todo Pierre saca la lengua al mundo entero, sólo para darse cuenta, al llegar a casa de que Elke, que está a punto de regresar a su país, le ama. Corre a la estación tras ella. Lo han adivinado: final feliz.

Tanto El pretendiente como las tres siguientes películas de Etaix se estrenan en España: Yo-Yo (Yoyo, 1964), Tant qu'on a la santé (Mientras haya salud, 1965) y Le grand amour (El gran amor, 1968). En cambio, Pays de cocagne (1971) y sus nuevas aproximaciones al cine de finales de la década de los ochenta, permanecen inéditas. En El gran amor, Etaix elige como compañera de reparto a Annie Fratellini, la nieta de Paul Fratellini. Un año después contraen matrimonio. En 1974, cuando el cine ha pasado a un segundo plano en sus vidas, ambos fundan la Escuela Nacional de Circo. La pareja aparece en Los clowns (I Clown, Federico Fellini, 1970).


Sr. Feliú


El pretendiente (Le soupirant, 1962)
Producción: C.A.P.A.C. (FR)
Dirección: Pierre Étaix
Guión: Jean-Claude Carrière y Pierre Étaix.
Intérpretes: Pierre Étaix (Pierre), Laurence Lignères (Laurence), Claude Massot (el padre), Denise Péronne (la madre), Karin Vesely (Elke), France Arnel (Stella), Lucien Frégis (el pintor), Anna Abigaël, Dominique Clément, Patrice Laffont, Pierre Maguelon, Roger Trapp.
83 min Blanco y Negro

21 de julio de 2008

Daja-Tarto en el cine


Gonzalo Mena Tortajada
1904-1988

El conquense Gonzalo Mena Tortajada parecía destinado a una vida vulgar a juzgar por su trayectoria como adolescente: reformatorio, fugas de casa, vida trashumante de maletilla... Sin embargo, dos hechos notables confluyen para torcer su destino. El primero, su servicio militar en los fríos polares oscenses. El segundo, la lectura para distraer los pocos ratos de ocio entre guardias de un libro titulado “Misterios de la India”. ¿Sería la versión de Emilio Salgari, traducida por Carmen de Burgos “Colombine”, la protectora del joven Ramón Gómez de la Serna, o la del folletinista francés Xavier de Montepin? No lo sé, pero Gonzalo, subyugado por los extraños casos de faquirismo que allí se relatan, decide probar. Uno se lo imagina perfectamente robando las bombillas del cuartel para caminar sobre cristales machacados o, en las interminables horas de guardia, introduciéndose la bayoneta hasta el esófago. Nace así Daja-Tarto, de indudable aroma oriental, acrónimo de su segundo apellido. Con este nombre debuta en el Circo Price de la capital del reino en 1927. Cemento, colillas, cuchillas de afeitar y bombillas constituyen su dieta habitual en la pista. Pronto amplía su repertorio: escaleras de sables, agujas que le atraviesan el cuello de parte a parte… Entre sus hazañas más recordadas, la crucifixión en el vestíbulo de un teatro portugués. El objetivo no era otro que saldar las deudas contraídas durante sus diarias incursiones al Casino de Estoril. El espectáculo se demostró tan fructífero que Daja-Tarto decidió no dejar que los agujeros se cerrasen mediante unos tornillos desenroscables. A consecuencia de las llagas sufrió una grave infección que atajó él mismo con el faquírico remedio de escaldarse vivo. Daja-Tarto regresa a España. Monta algunos espectáculos taurinos que más adelante se detallan, trabaja a las órdenes del dibujante y publicista Enrique Herreros en la promoción de las películas estrenadas en el Palacio de la Música y es punto fuerte en las veladas artísticas organizadas en El Pardo con motivo del 18 de julio. Daja-Tarto se casó con Dionisia Gallardo y tuvo con ella dos hijas que hicieron también carrera en la pista con el nombre de las Tinokas Sisters.

Su peripecia vital quedó reflejada en el libro autobiográfico “Memorias del enigmático faquir Daja-Tarto”, pero sus incursiones cinematográficas no debieron tener mucha parte en su fama porque apenas las menciona. En tanto no se demuestre lo contrario, su debut cinematográfico tiene lugar en Un traje blanco / Il grande giorno (Rafael Gil, 1956), película de estampita de las que por aquel entonces realizaba Gil, a mayor gloria de Miguelito Gil, émulo de Joselito y Pablito Calvo. Daja-Tarto es un imponente Rey Mago que le regala el ansiado traje de almirantito para recibir la primera comunión. Otro niño prodigio, Miguel Ángel Rodríguez, es el protagonista de El sol sale todos los días (Antonio del Amo, 1958), donde de nuevo se consigna la intervención de nuestro faquir.

Desde nuestro sesgado punto de vista, el título más interesante en que interviene Daja-Tarto es la coproducción La muerte viaja demasiado / Umorismo in nero (1965). Se trata de una película de sketchs que intenta conciliar humor negro y suspense. Codirigen el francés Claude Autant-Lara, el italiano de exigua filmografía, Giancarlo Zagni, y el español José María Forqué. El episodio de este tiene lugar en un circo. Miss Wilma (Emma Penella), una tiradora de ballesta, contrata al cándido Jacinto (José Luis López Vázquez) como asistente, pero cuando en el circo se comete un crimen, todas las pruebas le señalan como culpable. Uno supone, ya que no ha podido ver la película, que Daja-Tarto es una de las atracciones de dicho circo, acaso con un número en el que se puedan comprobar sus habilidades. Como decíamos antes, uno de sus números más castizos –recuerdo de su adolescencia maletillera-, tenía que ver con la Fiesta Nacional. Daja-Tarto se hacía enterrar en el centro del ruedo mientras se celebraba la lidia de un toro. La faena tenía doble emoción, porque una vez concluida la lidia con la muerte de uno de los oficiantes –generalmente, el toro, que no dispone de enfermería en la plaza, al contrario que el torero-, se procedía a desenterrar al faquir y comprobar si había podido contener la respiración durante veinte minutos. Este curioso espectáculo dio lugar a una anécdota durante la insurrección militar del general Sanjurjo en 1932. Parece que la lidia se había prolongado ese día y Daja-Tarto deba las últimas boqueadas. Los camilleros le llevan a la Casa de Socorro cuando les sorprende la balacera a la altura de La Cibeles. Sin pensárselo dos veces, los camilleros dejan allí abandonado al pobre faquir. Pues bien, Berlanga y su guionista colaborador, el excelso Rafael Azcona, incluyeron este sucedido en una de las primeras versiones del guión que luego daría lugar a La vaquilla (Luis G. Berlanga, 1985). Cuando los soldados hacen el recuento de víctimas, se quedan patidifusos al comprobar que entre las víctimas hay… un hindú.
Sr. Feliú



más sobre Daja Tarto

Más de Daja-Tarto


“…lo cierto es que entre todos los faquires habidos y por haber,
ninguno pudo igualar al increíble Daja-Tarto”
Alfredo Marquerie, Personas y Personajes, Dopesa, 1971

Daja-Tarto debuta en el Circo Price de Madrid en 1927 y es el Price uno de sus foros principales ya que, una vez acabada la Guerra Civil española, Daja-Tarto es contratado casi todos los años para realizar sus arriesgados ejercicios. Al comienzo de esta, Daja-Tarto se marcha a Canarias, donde pasa los primeros meses de la Guerra y, según nos cuenta en su libro, su primera intervención militar es para salvar la vida a un contingente de falangistas a los que libra de un artefacto explosivo. Más adelante, nos cuenta como viaja a Vigo, San Sebastián, Zaragoza y Castellón. Se hace íntimo amigo del General Aranda “héroe de Oviedo y Capitán General de Levante” y sus sesiones de espiritismo son relatadas con detenimiento en sus memorias. Daja-Tarto salva también la vida del General y la de los malhechores que querían atentar contra él. Esta amistad le ayuda salvar de la cárcel a otros artistas simpatizantes de los republicanos.

En otro episodio de su vida actúa para el general Franco y brinda por él comiéndose la copa de champán a continuación para que nadie más pudiese brindar con la misma copa. Daja-Tarto ha trabajado con los mejores artistas de la época como los Hnos. Díaz, Llapisera, Pablo Celys, René Andreu, los Hnos. Cape, Felipe Moreno, Luisita Esteso, Tony Díaz, etc. Su hermano, viendo el éxito de Gonzalo, también se hace faquir, presentándose como Mena, “el Comensal Moderno”, pero con tal mala suerte que muere al poco tiempo de una perforación en el estómago. Daja-Tarto estuvo siempre unido sentimentalmente y profesionalmente a su mujer, Dionisia Gallardo, conocida como “la faquira”y en algunas publicidades como “la faquira paterneri”era grande y su imagen contrastaba con la menudencia de Daja-Tarto. Siempre estuvieron juntos y tuvieron dos hijas que se presentaron en el mundillo artístico como las Tinokas Sisters presentando un original número de doma de perro y gato. Daja-tarto siempre fue un buen empresario. Se presentaba él mismo en los cines o teatros y se ofertaba “a taquilla” con la seguridad de que con su publicidad y su prensa iba a llenar la sala sin ningún problema. Con ese buen ojo para los negocios, se hace manager de un equipo de luchadoras hasta que la Federación de Lucha Libre le prohíbe realizar este espectáculo. Más adelante monta su propia empresa de toreo cómico, a la que llama primero El Terremoto y, más tarde, Estrellas de Oriente. Corrían los años sesenta y las plazas de toros se llenaban para ver el espectáculo de Daja-Tarto. Él sólo o en compañía de algún artista más (no más de dos) confeccionaba un programa de variedades muy entretenido y que además le reportaba sabrosos dividendos. Si no había ningún casino cerca, Daja-tarto era capaz de ahorrar la mayor parte de su sueldo, que desde casi el primer día era bastante interesante. Recibió varias distinciones y medallas por sus más de cincuenta años trabajados y todavía pervive en la memoria de muchos españoles que no podían explicarse las maravillas que realizaba el faquir conquense. Fue tal su popularidad que se le realizó, en vida, una réplica en cera para el Museo de cera de Madrid. En 1969, Daja-Tarto tiene un accidente trabajando en la película “Cañones para Córdoba” y sufre desprendimiento de retina. Por esta causa deja de trabajar como faquir y se dedica casi en exclusividad a la regiduría de cine. Una regiduría que en aquella época era una mezcla de regiduría, producción, director de casting y especialista en efectos especiales. En los últimos años de su vida colabora con Radio Madrid dando charlas sobre espiritismo, hablando de los seres de luz y de los diferentes guías espirituales que se manifiestan a través de los mediums. Todo esto lo cuenta con detalle en su libro de memorias y es precisamente este aspecto de su vida el que le hace un personaje absolutamente singular, envuelto en un halo de misterio y bondad que todavía se mantiene en el recuerdo de muchos de sus amigos artistas.


Una vida insólita


El faquir Daja-Tarto terminó de redactar sus memorias en el año 1982 y muere en Madrid el 30 de octubre de 1988 "con la gran tristeza de no poder ver publicadas sus Memorias en vida, pese a los evidentes y notorios esfuerzos realizados en tal sentido". El Ministerio de Cultura de la época, con José Manuel Garrido Gúzman como Subsecretario y con Adolfo Marsillach como Director General del INAEM, entiende el valor del documento que les presenta Higuera Guimerá y facilita la publicación de este maravilloso texto, una página de oro en la historia del circo español.

DAJA-TARTO
La insólita vida del fakir Daja-Tarto contada por él mismo

Presentada por Juan-Felipe Higuera Guimerá
Ed. Colón, Barcelona, 1990
ISBN: 84-87566-01-4


11 de julio de 2008

El Fakir Rodríguez


El fakir Rodríguez (1937), E.Jardiel Poncela y L. Marquina

Decir a estas alturas del siglo XXI que Enrique Jardiel Poncela es el dramaturgo español más completo de la pasada centuria puede sonar a dislate. Y, sin embargo, uno lo suscribe a pies juntillas. Su problema, como tantas veces, haberse dedicado al humor. Eso en un país tan seriote como España resulta imperdonable.
En la azarosa vida de Jardiel hubo tiempo para todo. Enamorado de las nuevas tecnologías, fue uno de los primeros en acercarse a la incipiente radio a mediados de los años veinte, se convirtió en pionero al idear el doblaje cómico de viejas películas que bautizó como “Celuloides rancios” y tuvo los santos bemoles de rodar en la mismísima meca del cine su Angelina o el honor de un brigadier (1935) en castellano… ¡y en verso!

Otra de sus actividades cinematográficas fue la elaboración de unos cortos de asunto cómico cuyo rodaje se truncó el 18 de julio de 1936. Es lo malo que tienen las guerras. Después de su detención en una checa y peripecias varias por tierras argentinas, Jardiel regresa a España en 1937 y se instala en San Sebastián, la capital cultural de los facciosos. Allí retoma los rodajes de la serie de “Celuloides cómicos”, provenientes de relatos publicados en Buen Humor y Gutiérrez, dos revistas de humor capaces de mirarse de tú a tú con las mejores publicaciones francesas. El fakir Rodríguez (1937) es una adaptación de “Presentación del “fakir” Rodríguez”, que había aparecido en la revista en 1927 con el subtítulo de “Apropósito (A propósito, para que el público incendie el teatro)”.

El resultado cinematográfico es una traslación pura del texto en el más estricto sentido, sin la más mínima variación respecto a él y con una acción que se desarrolla ante una cámara estática que en ningún momento se mueve del espacio entre cajas en el que se sitúa Rodríguez, en una planificación de un primitivismo extremo que cuesta comprender incluso pese a la precariedad de recursos a la que se enfrentó Jardiel. Al menos tiene el interés de escuchar la voz del autor leyendo el relato.

El locutor presenta al fakir cuyas pírricas hazañas provienen del descabalamiento semántico tan caro al autor. Así, es capaz de pasar sobre un brasero con carbones encendidos –por el sencillo procedimiento de saltar por encima, como si fuera un charco-, de tragarse una espada después de masticarla –proeza realizada con un as de este palo de la baraja- y de recibir sin despeinarse hasta doce “sablazos” –que, a más de mandobles de sable, son esas peticiones de dinero deshonrosas que realizan los conocidos sin la más mínima intención de devolverlo-.
Irrepetible Jardiel.

Sr. Feliú

El fakir Rodríguez (1938)
Producción: CEA (ES)
Dirección: Enrique Jardiel Poncela
Argumento y Guión: Enrique Jardiel Poncela.
Intérpretes: José Ramón López Luzzatti
10 min. Blanco y Negro







9 de julio de 2008

Una pareja… distinta



Una pareja… distinta (José María Forqué, 1974)

La pareja distinta que nos ocupa está compuesta por Zoraida, una mujer barbuda, y Charly, un payaso travesti. Hay que anotar en el haber de su director, José María Forqué —realizador de, entre otras, la notable Atraco a las tres (1962)—, la voluntad de romper moldes. 



Coger a dos de los puntales del cine español de estos años y someterlos a semejante torsión es digno de elogio. López Vázquez viene de interpretar a un asesino psicópata en El bosque del lobo (Pedro Olea, 1971), de su cambio de sexo en Mi querida señorita (Jaime de Armiñán, 1971) y de la reciente polémica de La prima Angélica (Carlos Saura, 1974), pero Lina Morgan sigue a estas alturas de su carrera encasillada en papeles de chacha y chica de pueblo asilvestrada a la que todos parten el corazón. Se ha acercado al mundo del circo en otra tragicomedia de tintes policiacos que la empareja con Arturo Fernández: Ésta que lo es (Tito Fernández, 1973). Ellos son los protagonistas de Una pareja… distinta (José María Forqué, 1974). 



El punto de partida se diría tomado de La donna scimmia, si aquella hubiera tenido un final feliz. Zoraida (Lina Morgan) es despedida del circo en que trabaja cuando da a luz una niña imberbe. Pide refugio por una noche en casa de Charly (José Luis López Vázquez), cuya especialidad son los números de travestismo para solaz de don Arturo (Manuel González). 



El amor entre Zoraida y Charly les empuja a dejar atrás su vida pasada, que ambos consideran degradante: Charly como hombre de una pieza y Zoraida, bien afeitada. Sin embargo… El afán por hacer “amables” a los personajes impide al relato progresar implacable hasta su final lógico, al tiempo que Forqué elude los momentos que podrían haber acercado su película al esperpento. A fuerza de introspección sicológica el aguafuerte que podría haber sido Una pareja… distinta, deviene acuarela de pintor dominguero. Uno tiende a poner el acento en las intenciones, y como la de Forqué es encomiable, no quiere ponerse faltón.



El problema es que la indefinición genérica, el afán moralizante y la tendencia al subrayado fían toda la fuerza de la película a la calidad de las interpretaciones de la pareja protagonista. “El personaje de López Vázquez (…) –declara Forqué en 1990 en una entrevista con Florentino Soria- ha existido en la realidad y yo lo he conocido. Estos personajes marginales están manipulados por la sociedad que los acepta como tales, pero los tiene clasificados y cuando quieren salir de su sitio, buscando una mejora social, no se lo permiten. Eso sucede en todas las actividades. Creo que es una de mis mejores películas”.



El premio a la mejor interpretación femenina otorgado a Lina Morgan en el II Festival de Cine de Humor de La Coruña parece corroborar la afirmación de Forqué, cuyos recuerdos también están mediatizados por la presencia de su hija Verónica por primera vez ante la cámara. Sin embargo, los veinte millones de pesetas que la película ingresa en taquilla quedan muy lejos de las pretensiones de su autor y de las recaudaciones obtenidas habitualmente por sus estrellas, de modo que Una pareja… distinta sólo puede ser actualmente degustada por los incondicionales de los canales televisivos afines a “Cine de barrio”.



Una pareja... distinta (1974) 
Producción: Orfeo (ES)
Dirección: José María Forqué
Guión: José María Forqué y Hermógenes Sáinz.
Intérpretes: Xan das Bolas, Manuel Díaz González, Verónica Forqué, Emilio Laguna, José Luis López Vázquez, Ismael Merlo, Lina Morgan, Rina Ottolina, Susi Sánchez 
104 min. Eastmancolor.


El Gran Espectáculo


The Playhouse (1921), Buster Keaton

"Qué maravilla de película! No es, creo, la que produce más risas generalizadas entre el público. Pero es una de las que dejan traslucir la esencia creadora de Keaton, la búsqueda de nuevos recursos. También el saber hacer de las limitaciones, virtud. En este caso, Keaton estaba lastimado por un grave accidente (una pierna rota) durante el primer rodaje de The Electric House, que se pospuso, y debía reaizar una película sin que apareciesen sus habituales y características piruetas" (Joan M. Minguet, Buster Keaton, 2008).

Así que Buster Keaton se las ingenia para realizar The Playhouse (1921) en la que se multiplica a si mismo para interpretar todos los papeles de esta asombrosa película que nos recuerda a una vieja cinta de nuestro patrón e inspirador Georges Méliès,
L´homme orchestre (1900). Buster es el director de orquesta, los diferentes músicos (espléndidos gags con el clarinete, el trombón y el contrabajo), el público que asiste a la función, los maquinistas del teatro…, en el programa aparece el nombre de Buster Keaton por todos lados, Buster y Buster son los bailarines de claqué, multitud de Keatons interpretan un minstrel show…, parece una pesadilla y lo es. Buster se despierta sobresaltado de un sueño furtivo mientras trabaja como ayudante en un teatro (ver la película Backstage, de la que ya hemos hablado). Pero la confusión no acaba aquí, el dualismo prosigue con dos gemelas que vienen a trabajar en el espectáculo y que, con la ayuda de los espejos, se multiplican ante el asombro de Keaton. Más tarde le encargan vestir al mono para su actuación, pero éste se escapa. Keaton se disfraza de mono y realiza una divertida interpretación simiesca que produce la hilaridad de todo el público. Otra de las actuaciones del espectáculo es una tropa de soldados que realizan diferentes ejercicios acrobáticos que cuentan con la inestimable ayuda del genial payaso disfrazado para la ocasión. No es extraño, como apunta Minguet, que el título de The Playhouse en Francia fuese Frigo, Frégoli, en homenaje al genial transformista de principios de siglo. La película termina con nuestro héroe salvando a una de las gemelas, sirena en un número acuático, de morir ahogada en la piscina. Su nuevo amor, idéntica a su hermana, necesita un detalle para su identificación: una X a la espalda resulta lo más apropiado. Un detalle de lo más apropiado para acabar la película.


5 de julio de 2008

Aprende con Keaton


Ensayo sobre la naturaleza del gag y su definición general para su posterior estudio y análisis enmarcado en el universo keatoniano. Muy interesante, con numerosas referencias a otras películas que podrían ser parte de nuestra colección.

COURSODON, Jean-Pierre
Buster Keaton: Keaton et le gag
Cinema Club /Shegers, París, 1973

Más de Keaton


Interesante librito dedicado a recuperar y a divulgar la figura de Buster Keaton entre el público español. "Se olvida, frecuentemente, que Keaton ha sido uno de los cineastas más incomprendidos de la historia del cine, siempre a la sombra de Chaplin e incluso de otros cómicos de su época, y que sólo el paso del tiempo parece haberle situado en su justo lugar". Eduard Jose Gasulla nos cuenta como, muerto el genial artista, el promotor Raymond Rohauer comienza a restaurar y a recuperar las películas de Keaton. También hace una divertida reflexión sobre Pamplinas, su apodo en español, e incluye un capítulo dedicado a frases dichas por Buster Keaton. Una filmografía un tanto caótica cierra la publicación.

JOSE, Eduard
Buster Keaton
Directores de cine #26
Ediciones JC, Madrid, 1987
ISBN 84 85741 37 4
Ediciones JC.

El hombre que nunca ríe


Magnífico trabajo de Daniel Moews, que considera su propio libro como el primer análisis serio que se hace sobre las películas de Keaton, cómo funcionan, porqué son divertidas, en definitiva, porqué se han convertido en clásicas. Cada capítulo se centra en una película, lo que ayuda al autor a presentarnos diferentes maneras de mirar las películas.

MOEWS, Daniel
Keaton: the silent features close up
University Of California Press, Ltd, London, 1977
LB CCN 75-27930

El personaje: clave del payaso


EN EL CIRCO la apariencia externa, el vestuario, es muy importante. Este vestuario es lo que recibe el público como primera impresión, antes de realizar ningún complicado ejercicio, y puede marcar definitivamente el éxito o fracaso del acto. En el teatro, donde la naturaleza del héroe se va desarrollando a través de la trama, el actor puede ganarse gradualmente la confianza del público, pero en el circo esta conexión debe de ser inmediata. La imagen del artista tiene que ser inequívoca, clara y a favor de las cualidades del intérprete.
Karandash es un ejemplo claro de lo que estamos diciendo. En Karandash hasta su inseparable compañero Klyaksa tiene el tamaño y la cara adecuada. Karandash estuvo buscando el perro exacto durante un tiempo. Algunos eran demasiado grandes, otros demasiado pequeños. Hasta que encontró a este simpático Scottish Terrier, con la cabeza grande y las patas muy cortas, como el mismo payaso, el complemento ideal para su personaje, así que esta mascota le acompañó durante muchos años en la arena del circo —varias generaciones de perros se fueron sucediendo en la larga carrera del payaso, aunque todos mantuvieron el mismo nombre: Klyaksa, que en español significa mancha o borrón.

Sus grandes pantalones y su original sombrero de fieltro, su bigotito, su afilada voz, los zapatos…, todo encajaba a la perfección para crear un personaje entrañable, comprometido, ágil en sus improvisaciones y tremendamente afectivo. Karandash participaba a lo largo del espectáculo dando valor a algunos números o interviniendo para aligerar algunos cambios de aparatos. El público, y sobre todo los niños, con los que se identificaba de una manera especial, estaba deseando disfrutar con sus nuevas ocurrencias y sus diálogos con el Maestro de Ceremonias.

En el vídeo que enlazamos, Karandash interviene en diferentes momentos de un programa de circo en el que hay un trapecio volante excelente en el que Karandash pierde los pantalones, los osos de Filatov, caballos, equilibrios sobre un extraño aparato, mano a mano, etc. Y afortunadamente podemos ver unos segundos de la parodia política que realizaba Karandash sobre los nazis. Una expresiva máscara, un acertado vestuario y un diminuto tanque le acompañaban en esta hilarante sátira. Pasen y vean.

Todas las pelis de Keaton



Recién publicado por el grupo Anaya, este libro de Joan María Minguet nos acerca a la trayectoria de este gran payaso y director de cine. El autor se detiene especialmente en sus películas mudas, con interesantes capítulos dedicados al estudio de este genial cómico redescubierto tardíamente por los intelectuales y el público en general. Gran amante del circo, Minguet nos presenta un Buster Keaton fiel a si mismo, un personaje impenetrable que, sin esbozar una mínima sonrisa, nos regala una catárata de gags y situaciones cómicas de antología.

MINGUET, Joan M.
Buster Keaton
Cátedra, Signo e Imagen/Cineastas
Ediciones Cátedra (Grupo Anaya S.A.), 2008
ISBN 978 84 376 2461 7

4 de julio de 2008

El regador regado



El regador regado, realizada por los hermanos Lumiere en 1895, es una de las primeras películas cómicas de la historia del cine. En esta curiosa adaptación soviética de 1955, Karandash vuelve a ser protagonista de otro divertido caos, esta vez provocado por un jardinero inexperto al que encarna el famoso payaso. El corto comienza con un charivari circense en el que participan la troupe de malabaristas Gariny y otros artistas, que sirve de prólogo a la historia que se va a desarrollar tras las cortinas del teatro. Lo podéis ver aquí.

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3 de julio de 2008

Karandash va de caza



TAN POPULAR era Karandash entre los niños de las diferentes repúblicas soviéticas, que se realizaron numerosos cortos de animación con este curioso y entrañable personaje como protagonista. Muchos de los que han escrito sobre Karandash lo definen como un personaje que parece salido de un tebeo, de una tira de cómic. Pues bien, aunque no ha sido realmente así, Karandash sí es un personaje de cómic, como podemos ver en el siguiente cortometraje.

En este corto de animación con muñecos de 1954, Karandash y su perrito Klyaksa se disponen a disfrutar de una divertida tarde de caza en la que, finalmente, pasa de todo. Al término de la jornada no han conseguido cazar nada, así que Karandash decide comprar las piezas en un establecimiento de la ciudad para no tener que justificar su torpeza. Pero se olvida la escopeta a la puerta de la tienda.


Lo podéis ver en este enlace

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2 de julio de 2008

La Venus de Karandash


En 1964, Karandash participa en un mediometraje, una especie de musical (film-concert), en el cual intervienen algunas de los artistas más importantes de la órbita socialista del momento. Karandash, un proyeccionista torpe y divertido en la película, utiliza su célebre entrada "En el parque" para intentar dar unidad a un documental que, justificando su propio sinsentido, enseña cómo Karandash desordena las latas de las películas que se van a proyectar, proporcionándonos el orden de los diferentes números. "En el parque" es una de las entradas más conocidas de este maestro de payasos. 

En ella, un despistado Karandash tropieza con una estatua rompiendo en varios pedazos a una bella Venus que adorna el parque (el pasillo del cine en la película). En la pista, Karandash aparecía como recién salido del baño, con la toallla sobre el hombro y la palangana con agua. Se sienta en el banco y se levanta con su exagerado traje pintado a rayas. El banco estaba recién pintado. Intenta limpiarse con el jabón, pero éste se le escapa de las manos. Persiguiendo al jabón tropieza con la estatua que se rompe en varios trozos. El guardia del parque aparece y el pequeño personaje se esconde colocando apresuradamente las piezas de la diosa de la belleza, acabando por sustituir a una de ellas con un resultado realmente cómico. 

Karandash realizó esta entrada durante más de veinticinco años (podemos verle en acción más abajo) y en esta ocasión sirve de enlace entre los diferentes números musicales de esta extraña película en la que intervienen estrellas de la canción, el ballet y el circo y que podéis apreciar en el enlace de arriba.

Podemos admirar a Maia Plisiétskaia, la reina del Lago de los Cisnes, que ha interpretado en 800 ocasiones; a Galina Ulánova, prima ballerina del Ballet Bolshoi de Moscú, donde estrenó el papel titular en Cenicienta (1945), con música de Prokofiev especialmente creada para ella; la genial Lyudmila Zykina, que tiene el honor de haber sido la cantante favorita del líder comunista Leonid Brezhnev; el trío de acróbatas Zolotovy con un increíble número de banquina que merece la pena ver; un número de volteo acrobático sobre caballo; un extraño conjunto de música electrónica que ameniza una escena de natación sincronizada; unos atrevidos bañistas en medio del hielo enfrentándose a las asombradas miradas de las morsas; y para rematar, un excelente videoclip de música india con la canción Chun Chun Chun o algo así, que por si sola ya merecería un blog entero.



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1 de julio de 2008

La pista como subconsciente



El secreto inconfesable de un chico bien, Jorge Grau (1975)

PELÍCULA de un freudianismo de vía estrecha, apenas salvable por su vinculación con el esperpento. El chico bien es Juanjo (José Sacristán) y su secreto una impotencia que le ha obligado a dar largas durante ocho años a su novia Ana (María José Cantudo). Los símbolos visuales de esta impotencia se acumulan hasta el paroxismo. Estatuas de reyes que enarbolan sus cetros en evidente alegoría, la pérdida de las llaves por parte de Juanjo o el chorizo que Ana corta y come con fruición mientras le confiesa que está embarazada. Estando José Frade tras el argumento y la producción tampoco vamos a pedir sutilezas. Por otro lado, Grau y la Cantudo venían de un notabilísimo éxito de público con La trastienda (Jorge Grau, 1975), película ambientada en los Sanfermines en la que la modelo y actriz andujareña se atrevía con “el primer desnudo frontal del cine español”.

Pero, a lo que íbamos. Las causas de la impotencia están en un padre franquista (Antonio Garisa), fabricante de armas, que Juanjo cree que ha matado a su madre al obligarla a mantener relaciones a pesar de su debilidad. Enfrentado a sí mismo –en un espejo, como no podía ser de otro modo- Juanjo se enfrenta también a su madre (Myriam de Maeztu), materializada en el azogue. Al intentar acercarse a ella, el suelo hunde literalmente bajo los pies de Juanjo. Por suerte va a caer de pie en la red de la carpa de un circo. De pronto, se encuentra convertido en un niño, aunque lleva la misma barba y el mismo traje que de adulto. La criada (Rafaela Aparicio) corta en rodajas un salchichón con un cuchillo inmenso. Un carablanca (José Ruiz Lifante) les sorprende a él y a un amigo mirando por el ojo de una cerradura y les pide que muestren los bolsillos. Los de su amigo están agujereados, por lo que ha pecado contra su pureza. En cambio, los bolsillos intactos de Juanjo son prueba de castidad.

Uno no insiste más en el argumento porque tampoco tiene mayor interés. En el reparto, en cambio, merece ser destacada la presencia de dos luminarias del teatro de los años treinta y del cine republicano –Mari Paz Molinero y Luisita Esteso- como dos viejas atrincheradas en un edificio que se hunde. Una vez más, la metáfora de la España contemporánea es diáfana.
En los títulos de crédito consta el agradecimiento de los productores a los hermanos Tonetti.

Sr. Feliú

El secreto inconfesable de un chico bien (1975)
Producción José Frade P.C. (ES)
Director: Jorge Grau
Argumento: Jorge Grau y José Frade. Guión: Alfonso Jiménez y Jorge Grau.
Intérpretes: José Sacristán (Juanjo), María José Cantudo (Ana), Antonio Garisa (don Florentino), José Calvo (don Sindo), Máximo Valverde (Paco), Rafaela Aparicio (Brígida), Ruíz Lifante (onírico), Víctor Israel (moralista), Miriam de Maeztu (madre de Juanjo), Claudia Gravy, Mercedes Lezcano, Carmen Carbonel, Luisa Esteso, Helena Fernán Gómez, Bonet de San Pedro.
90 min. Eastmancolor.