27 de febrero de 2010

Galería de stripteuses (invisibles)



Juventud a la intemperie (1961), Ignacio F. Iquino

Juventud a la intemperie comienza, nada menos, que con una cita de José Antonio Primo de Rivera. Pero es que su guionista es el falangista Federico de Urrutia. El asunto es exponer del modo más sensacionalista posible los vicios –básicamente gamberrismo, alcohol, drogas, homosexualidad, proxenetismo y rock’n’roll- de la juventud contemporánea. Todo ello se da cita en una cave barcelonesa con la actuación en el escenario del vasco José Luís Bolivar y el holandés Tony Ronald, que por entonces se hacían llamar “Kroners Dúo”. Sigue así Iquino la senda de otros reyes de la exploitation, como Corman.

El enrevesado argumento se ocupa de un asunto que Iquino ya había tratado como productor: el gamberrismo. Esta vez el drama afecta a un inspector de Policía (Adriano Rimoldi), cuyo hijo (Manuel Gil) es sospechoso de asesinato. Para resolver el asunto, el policía contará con la colaboración de un camarada ex legionario que argumenta que en los viejos tiempos –léase la República- pudieron arreglar las cosas a tiros, pero ahora eso es imposible porque “el mundo está en manos de cuatro científicos paranoicos”.

Algunos habituales de las producciones IFI de los que nos hemos ocupado aquí en otras ocasiones, como Gustavo Re, de “Los Vieneses” o “Alady”, tienen papeles que son poco más que figuraciones.

La muy publicitada Rita Cadillac se limita a cantar un chachachá en “La barra Roja” y otra canción en francés en el garito de Mauricio (el comediante Joan Capri, en un papel anómalo en su carrera). Rita Cadillac, nacida en París en 1936 con el nombre de Nicole Yasterbelsky fue bailarina del Crazy Horse y apareció en una decena de películas –casi siempre policiacas- entre mediados de los años cincuenta y principios de los sesenta. Grabó también algunos discos con canciones de sugerentes títulos como “Ne comptez pas sur moi (pour me montrer toute nue )” o “J'ai peur de coucher toute seule”.

Como Iquino era un lince para esto de las dobles versiones, la Cadillac tenía más papel en el montaje para el extranjero, de ahí que algunas fuentes consignen 97 minutos de duración cuando la copia española sólo alcanza los 87. Los números de estriptis se rodaron en la sala de fiestas que el productor regentaba en Castedefells. El propio Iquino explicaba así la operación: “Estaba en París y en el Crazy Horse había una tipa que se llamaba Rita Cadillac. Maravillosa señora. La conocí una noche, la metí en un coche, me la traje a Barcelona y a rodar. Empezamos sin pedir permiso. Esta señora era una srtripteuse. En aquella época la gente se ponía muy nerviosa con el strip-tease. Hicimos una versión para el extranjero y, naturalmente, la vendimos a todo el mundo”.


El título inglés –The unsatisfied- podría encajar en la versión española, pero el italiano –La regina dello strip-tease- resulta incomprensible a la vista de la copia estrenada en el cine Fémina de Barcelona en septiembre de 1961, donde apenas lucía la hermosa “carrocería” de la Cadillac.


Juventud a la intemperie (1961)
Producción: IFI (ES)
Director: Ignacio F. Iquino.
Argumento y Guión: Federico de Urrutia.
Intérpretes: Manuel Gil (Alberto), Rita Cadillac (Hilda), María del Sol Arce (Elena), Colette Descombes (Susana), Julián Mateos (Tony), Adriano Rimoldi (el comisario Torres), Ángela Tamayo (Loreta), José Montez (El Loren), Fernando León (Fernando), Luis Induni (Carlos), Carlos Saldaña « Alady » (un taxista), Joan Capri (Mauricio), Gustavo Re (un camarero), José Thelman (Crespo, el fotógrafo), Armonía Montez, Florencio Calpe, Iván Tubau, Kroners Dúo, La Chunguita.
87 min. Blanco y negro.

25 de febrero de 2010

Los Rudi-Llata




Primer número de unos cuadernos de circo editados por Arts des 2 Mondes. Dedicado a los payasos Rudi-Llata, hace un breve, intenso y bien documentado recorrido por la carrera artística de estos payasos, una troupe vital que contagiaba buen humor allá por donde fuese.


Denis, Dominique
Les Rudi Llata, Clowns Universels
Editions Arts des 2 Mondes, 2004, Francia

23 de febrero de 2010

La Muñeca del Espacio



La muñeca del espacio (2006), David, Moncasi

En 2007 tuvimos la suerte de conocer a Carmen Sánchez, la protagonista de este documental. En la Escuela de Circo Carampa, Carmen, se subió a un trapecio –para ella, "eso" no era un trapecio– unas horas antes de que le dedicaran un homenaje en el nuevo Teatro Circo Price. Carmen, una ex-trapecista octogenaria que se quedó ciega por culpa de un medicamento mal prescrito, revive sus ilusiones y nos cuenta su energética forma de enfrentarse a la vida cada día desde su residencia de Sitges.

Casada con Pepi Rudi-Llata, a los 37 años tuvo que abandonar la pista debido a su ceguera. Guardando en su memoria las imágenes de ésta ha sabido mantener un espíritu de superación casi circense. El "más difícil todavía" no lo realizó en la cúpula del circo con sus acrobacias en el trapecio, lo realiza cada día, en la playa de Sitges, en su casa, en el hogar del jubilado…

Carmen había sido conocida como La Muñeca del Espacio y durante algunos años su figura volaba en lo alto de muchos circos por toda Europa. Más tarde se incorporó a la troupe de payasos Rudi-Llata, los payasos de la película Feurwerk (Sueños de Circo, 1953), el film en el que debuta la actriz Romy Schneider.

Junto con las otras mujeres de los payasos, componen la troupe Los 8 Rudi-Llata, con los que recorre toda Europa cosechando grandes éxitos en Francia, Suecia, Inglaterra, España, Alemania, Suiza, Bélgica… En 1971 los Rudi-Llata se despiden de la pista en la XIV Gala de la Piste organizada en el Cirque d'Hiver de París, después de 35 años de carrera.

Los hijos de Pepi y Carmen, José (Pepito) y Carmen, siguen la tradición familiar con una nueva formación de Rudi-Llata. Trabajan en Francia en un pequeño circo ambulante, el Cirque de Paris, donde han recuperado una entrada original de los famosos payasos: El Restaurante Automático. Moncasi graba a los hijos ensayando el sketch y el viaje de su madre hasta Francia para ver el estreno del número. Aquí nos encontramos con otro de los protagonistas del documental, un torturado Pepito que todavía sufre el hecho de que su madre se quedara ciega justo después de nacer él y que encarna a la perfección el perfil de nuestro payaso afligido y triste, en este caso obsesionado casi patológicamente con su propio destino, que muestra su lado más misántropo mientras se enfrenta con el día a día de un pequeño circo.

David Moncasi, el director y guionista, se enamoró de la peripecia vital de Carmen cuando la conoció casualmente en un bar de Sitges. Decidió realizar el documental sin prisas y contar la historia de un modo indirecto. Se centra en el presente, dejando que el pasado se asome con naturalidad. Carmen se encarama a una escalera para quitar las cortinas, cocina con autonomía –aunque comer es la actividad que menos le gusta–, hace punto, gimnasia diaria, natación y baila con unos espectaculares zapatos de tacón.

Además de los premios que ha cosechado el documental (http://www.golem.es/lamunecadelespacio/), la Carabela de Plata obtenida en Huelva 2005 y el segundo premio en el madrileño Documenta 2007, la protagonista obtuvo el premio a la mejor actriz en el Festival de Cine Digital de Barcelona (DIBA) de 2006.


La muñeca del espacio (2006)
Producido por: Golem Distribución SL y Estación Central de Contenidos SL (ESP)
Guión y Dirección: David Moncasi
Montaje: Antonio Frutos y Javi Frutos
Fotografía: Josu Larunbe, Fernando Martín y David Moncasi
Música original: Gat & Madish
76 min. Color

20 de febrero de 2010

El amante gitano de Galina Brezhnev



Stanley Laudan, polaco de nacimiento, músico de gran talento y autor de varias canciones muy populares en Rusia, nos cuenta una entretenida historia de corruptelas, lujo y excesos sexuales de la última época de Brezhnev en el poder de la Unión Soviética.

Bajo la vigilancia omnipresente del KGB y de las ambiciones políticas de sus informadores, Stanley Laudan regresa a la URSS para organizar diversos conciertos en Londres con el músico Katkachurian. En su viaje conoce a Boris Buryatsa, conocido como "el Gitano", amante de Galina Brezhnev, hija del todopoderoso –por el momento– Brezhnev, gran aficionada al alcohol, las joyas y a los amantes robustos. Su contacto con Boris le permite conocer a Galina y ésta le facilita, en primera instancia, el buen éxito de su empresa. Pero Boris está en el punto de mira de la siniestra KGB y en sucesivos viajes las cosas se complican.

El libro nos permite conocer un poco más a fondo a Galina Brezhnev, amante y protectora de artistas de circo soviéticos y sitúa políticamente el documental que hemos encontrado en internet y del que ya hemos hablado.


Laudan, Stanley
Galina Brezhnev and her gypsy lover
Quartet Book Limited, 1989, London
ISBN: 0 704302712 0

18 de febrero de 2010

La partener del lanzador de cuchillos


La foire aux chimères (La feria de las quimeras, 1946), Pierre Chenal

Satanás y Ángela trabajan en una feria. Satanás lanza cuchillos. Ángela aguanta sin parpadear. Es ciega desde que cayó del trapecio.

La vida es mucho más prosaica. Satanás se llama Robert (Yves Vincent) y está liado con la écuyère. Ángela es Jeanne (Madeleine Sologne), una bellaza casi fantasmal, envuelta en cendales blancos a la que una cabra guía por la feria. Quiere el destino –la casualidad aquí no tiene parte- que a esa feria acuda a celebrar su quincuagésimo cumpleaños el misántropo banquero Frank Davis (Erich von Stroheim). Tiene la parte derecha del rostro completamente desfigurada por una herida de guerra. Encuentro mágico el de la bella y la bestia, con música de organillo y el torbellino de la feria de fondo.

Frank Davis es odiado por sus empleados y rechazado por las mujeres. Cuando un empleado le pide disculpas por haberse burlado de él, Frank replica:
-No se preocupe. Es usted un payaso… Y yo adoro el circo.

Noche de lluvia y relámpagos. Un único espectador en la carpa. El patético Frank con su ramito de violetas. En la pista, Clara (Claudine Dupuis), la écuyère. Luego, una fanfarria anuncia la presencia de Satanás y Ángela. Jeanne se presenta en lo alto de la cúpula, suspendida en el aire con las alas desplegadas. Robert, disfrazado de Mefistófeles de guardarropía, le corta las alas de dos certeros lanzamientos. Una vez en la pista, Ángela se sitúa ante el clásico panel contra en el que los cuchillos van marcando su silueta.

Frank propone a Ángela que le acompañe a su castillo. Sí, la bestia posee un castillo pero, como en los cuentos, no puede entrar solo. Pierre Chenal no ahorra subrayados, siguiendo así el guión de Jacques Companeez. Cuento de ángeles y demonios, de luz y tinieblas, amor carnal frente al amor puro, espiritual y el interés inmediato contra la generosidad suprema. Para conseguir el dinero con el que ella se pueda someter a la operación que le devolverá la vista, Frank cae en una espiral de degradación que le lleva la casa de juegos de Furet (Louis Salou, otro histrión de raza cuya fama procede de su interpretación del Conde de Montray en Les Enfants du paradis). Arruinado, el banquero termina firmando unos pagarés que no puede afrontar. Nada más fácil para él que emitir billetes falsos.

Entra la policía en escena. Hay una muerte. Frank le da a Jeanne todos los caprichos y paga la costosa intervención quirúrgica. Chenal echa el resto en la escena en que Jeanne finge que no ha recobrado la vista para no delatar la repugnancia que le produce la fealdad de Frank. En cambio, Satanás es bello, fuerte y joven como él solo. Clara escapó. Robert parte esa noche con la feria. Jeanne acude a la estación para despedirse de él, para “verlo” por última vez. Luego, regresa junto a la bestia. Patetismo trágico.

Para el último acto reserva Chenal una catarata de angulaciones de cámara enfáticas e iluminación expresionista. Fuego purificador, lluvia de billetes falsos y un Stroheim desatado. Seguro que no les decepciona.

De la pareja Chenal-Stroheim ya habímos visto por aquí L’alibi (1937), ¿se acuerdan?



La foire aux chimères (La feria de las quimeras, 1946)
Producción: Cinéma Productions (FR)
Director: Pierre Chenal.
Guión: Jacques Companéez y Ernst Neubach.
Diálogos: Louis Ducreux.
Intérpretes: Madeleine Sologne (Jeanne « Ángela »), Erich von Stroheim (Frank Davis), Louis Salou (Furet, el director de la casa de juego), Yves Vincent (Robert « Satanás »), Claudine Dupuis (Clara, la écuyère), Jean-Jacques Delbo (Lenoir), Dora Doll (la secretaria de Lenoir), Line Renaud (la cantante del Styx), Margo Lion (Marie-Louise, la casera), Annette Poivre (la suplente), Georges Vitray (el director), Pierre Labry (Gardel), Marcel Mérovée (Doudou), Denise Benoît, Howard Vernon, Jean-Paul Moulinot.
105 min. Blanco y negro.

13 de febrero de 2010

Dos magos ineptos y una Salomé espasmódica



The Hollywood Revue of 1929 (1929), Charles F. Reisner

La irrupción del sonoro en el cinematógrafo supuso el declive de algunos géneros y el despegue de otros. Si la comedia slapstick o el western vivieron sus horas más bajas, la comedia de salón traída directamente del escenario y el musical se enseñorearon de las pantallas. En este último género predominaban los dramas denominados de “backstage”, o sea, “entre cajas”. Las aventuras de una serie de personas que están poniendo en pie un musical y los mil obstáculos que surgen durante el montaje y ensayos hasta la noche del estreno. A la todopoderosa MGM se le ocurrió probar otra fórmula. ¿Y si rodáramos el espectáculo más grande jamás contado, con la intervención de nuestra galaxia de estrellas, sin preocuparnos por el argumento? El resultado fue The Hollywood Revue of 1929 (Hollywood Revue, 1929). Su éxito provocó que las demás productoras se lanzaran a rodar sus propias revistas musicales. La Paramount produjo Paramount on Parade (que tuvo también versión española con el título de Galas de la Paramount, 1930), la Warner The Show of Shows (Arriba el telón, 1929) y la Universal King of Jazz (El rey del jazz, 1930). Luego llegarían las operetas de Lubitsch con Maurice Chevalier, 42nd Street (La calle 42, 1933) y las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers. Las revistas poco menos que desaparecieron del mapa.


The Hollywood Revue of 1929 incluye la primera rendición cinematográfica del popularísimo “Singing in the Rain”, homenajes al vodevil como “While Strolling by the Park One Day”, a cargo de Gus Edwards y Joe Godwyn, acompañados para la ocasión por Polly Moran, Mary Dressler, Bessie Love y Cliff “Ukelele Ike” Edwards, y el número de producción en color “Orange Blossom Time” a cargo del Ballet de Albertina Rasch, en el que se apuntan los modos caleidoscópicos que Busby Berkeley llevará al paroxismo en la Warner. La cinta es un espectáculo visualmente apabullante y un derroche de escenografía y coristas de ambos sexos, con un par de secuencias (la escena del balcón de Romeo y Julieta interpretada por John Gilbert y Norma Shearer, y el número de gran producción final) rodadas en Technicolor bicrómico. Lo más rutilante del firmamento Metro se da cita en la cinta, con Jack Benny y Conrad Nagel como maestros de ceremonias. “Ukelele Ike” y Marie Dressler cargan con la parte burlesca del espectáculo musical, pero hay dos actuaciones exentas que son las que quisiéramos recomendarles hoy.


La primera ocurre mientras Jack Benny presenta a “la dama más exquisita y excitante de…” El telón se abre y podemos ver una mesita de magia con un tapete en el que se lee: “Laurel and Hardy Magicians”. Al lado, de espaldas, Stan y Ollie, ajenos a nuestra presencia, se dedican a esconder pañuelos y barajas en sus chaquetas. Todavía Ollie advierte a su compañero:
-Recuerda: no se te ocurra quitarte el sombrero.

Pero en cuanto Jack Benny les saluda Stan se lleva la mano al hongo en señal de cortesía y una paloma alza el vuelo.


Es sólo el anuncio de lo por venir. Ollie es un mago inepto y Stan un asistente más inepto aún. Sus piques conforman un crescendo de reproches, ofensas y empujones en el clásico estilo “a fuego lento” de la pareja. A partir de ahí una cascada de desastres que incluye un candelabro que se convierte en un florero, una baraja trucada, una docena de huevos, una cáscara de plátano y una gran tarta… Si les decimos que Jack Benny había conseguido quedarse por fin con el chaqué de Conrad Nagel ya se imaginarán ustedes el final.



La película presenta las mutaciones, los cambios de escena y las caídas de telón como si en un espectáculo estuviéramos. La orquesta interpreta un número musical a telón corrido. Luego vemos una serie de tableaux vivants del fondo del mar que no se inspiran en Méliès sino que pretenden batir a Ziegfeld y a Earl Carroll en su propio terreno. Una bailarina sale de una ostra gigante y ejecuta una danza antes de que la concha se sumerja en el foso. Un efecto fotográfico –un sencillo filtro colocado ante la lente de la cámara- simula la ondulación acuática del fondo del mar. Neptuno da la bienvenida a su hija más querida. Pero ahora surge de la concha una odalisca cubierta por unos velos. Comienza a bajar la escalera en el mejor estilo de vedette, pero los escalones se convierten en un tobogán y la bella Salomé resbala por ellas hasta llegar a un primer plano. Es… Buster Keaton.


Keaton nos deleita con unos pasos de danza orientalizante. Saca de una vasija un ofidio, que tampoco es una serpiente sino una ristra de salchichas. Le ofrece su pecho –nueva Cleopatra- para que hinque en él sus colmillos mortales lo que le provoca una serie de convulsiones que constituyen el tour de force de un baile acrobático. Culmina, cómo no, con una impresionante costalada.




The Hollywood Revue of 1929 (1929)
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer (EEUU)
Director: Charles F. Reisner.
Guión: Al Boasberg y Robert E. Hopkins.
Intérpretes: Conrad Nagel y Jack Benny (maestros de ceremonias), John Gilbert y Norma Shearer (Romeo y Julieta), Lionel Barrymore (el director de Romeo y Julieta), Buster Keaton (la princesa Raja), Stan Laurel y Oliver Hardy (Stan y Ollie), Karl Dane y George K. Arthur (Dane and Arthur), Marion Davies, William Haines, Joan Crawford, Bessie Love, Marie Dressler, Cliff “Ukulele Ike” Edwards, Polly Moran, Gus Edwards y Joe Godwyn, Charles King, Anita Page, Nils Asther, Gwen Lee, Renée Adorée, Nacio Herb Brown, The Brox Sisters, The Natascha Natova Company, Albertina Rasch Ballet, The Rounders, Biltmore Quartet, Ernest Belcher's Dancing Tots.
116 min. Blanco y negro + Color (Technicolor bicrómico)


11 de febrero de 2010

Mr. Memory, artista mnemotécnico (Variedades en el Palladium II)



The 39 Steps (Los 39 escalones, 1935), Alfred Hitchcock

De toda la galería de inolvidables personajes que pueblan las películas de Hitchcock hay uno que siempre vuelve a mis recuerdos: Mr. Memory.

Mr. Memory (Wylie Watson) trabaja en un teatrito de variedades londinense. Cada día memoriza cincuenta hechos de modo que su cerebro –del que ha hecho donación en vida al British Museum- es un lugar prodigioso en el que se almacenan datos de toda procedencia: las noticias, publicaciones científicas, hechos históricos… Mr. Memory se ofrece a contestar cualquier pregunta. Claro que, esto supone bregar con el público del music-hall, siempre chascarrillero.

Las cuestiones se dividen entre proezas deportivas y preguntas como “dónde estará mi marido desde el sábado” o “cuántos años tiene Mae West”.
-Lo sé, señor. Pero yo soy un caballero –responde imperturbable Mr. Memory.

En la trifulca consiguiente Richard Hannay (Robert Donat) se ve arrojado en brazos de una mujer misteriosa (Lucie Mannheim), cuyo asesinato será el desencadenante de la investigación sobre la organización criminal que se esconde tras el nombre de “los 39 escalones”.

El final de la cinta tiene lugar en otro teatro de variedades, éste ya con más empaque: el Palladium. La policía ya sabe que allí encontrará a Hannay, un falso culpable en la mejor tradición hitchcockiana. Mientras toman el edificio tenemos ocasión de entrever el final del número de unos payasos bailarines. Aquel año, el Palladium se había convertido en el hogar de un grupo de cómicos constituido por Jimmy Nervo y Teddy Knox, Charlie Naughton y Jimmy Gold, y Bud Flanagan y Chesney Allen. Habitualmente trabajaban en pareja. No hemos encontrado constancia de que sean ellos los que aparecen en escena pero en 1931 habían conocido el éxito con un espectáculo titulado “Crazy Week” y, cuando Flanagan y Allen se sumaron al equipo lo rebautizaron como “Crazy Month”, que es el luminoso que aparece en la fachada del teatro.

En cualquier caso, sirven de fondo a la búsqueda de Pamela (Madeleine Carroll) y Scotland Yard para dar con Hannay. Cuando por fin llegan a él, acaba de salir Mr. Memory al escenario. En un palco aguarda el siniestro profesor Jordan (Godfrey Tearle). Al escuchar la sintonía del número mnemotécnico Hannay comprende todo. Los secretos de estado abandonan el país en la cabeza de Mr. Memory. Por eso no falta ningún plano del Ministerio.
Hannay pregunta a Mr. Memory que son “los 39 escalones”. El pundonoroso artista no tiene más remedio que contestar… aunque ello le cueste la vida. Antes de expirar pregunta, como siempre:
-¿Es correcto, señor?
-Sí.
-Tengo una memoria excepcional, ¿verdad?
-Maravillosa.

Al fondo, las bailarinas entretienen al público, ajeno a la tragedia de este hombrecillo que se debe a su arte hasta el extremo de dar su vida por él. Otros no habrían llegado a tanto.

Al parecer Hitchcok basó el personaje en un artista de variedades real que se presentaba con el nombre de “Datas, The Memory Man”. Suya era la muletilla del “¿Es correcto, señor?”. En realidad se llamaba William James Maurice Bottle y había nacido en Newnham (Kent) en 1875, hijo de un humilde zapatero. Debutó en el Crystal Palace en 1901. El “Evening News” escribió de él: "El joven moreno y atildado que actúa con el nom du theatre de Datas en el Palace es un Diccionario Haydn humano puesto al día, Durante seis semanas ha contestado, a la velocidad del pensamiento, a toda clase de preguntas y asuntos de interés público o histórico. No predice nada pero tampoco olvida ni una palabra que haya oído o leído”. Datas no donó su cerebro a ningún museo, sino que lo vendió por dos mil dólares a un médico estadounidense. Poco antes de morir, a los ochenta años, recitó de memoria los caballos que habían participado en una carrera celebrada en 1874. En “Funes el memorioso” Borges narró cómo esto constituía una maldición.

Postdata
Repaso el libro de entrevistas que Truffaut le hizo a Hitchcock para ver si encuentro alguna anécdota, un detalle íntimo o una ironía del tío Alfred con la que dar brillo al comentario. Encuentro que Truffaut destaca precisamente esto mismo que me había llevado a escribirlo: el patetismo de Mr. Memory. Creía que era una idea propia y probablemente dormía ahí desde que lo leyera. Les aseguro que lo había olvidado.

Sr. Feliú

The 39 Steps (Los 39 escalones, 1935)
Producción: Gaumont British (GB)
Director: Alfred Hitchcock.
Guión: Charles Bennett, de una novela de John Buchan.
Intérpretes:), Robert Donat (Richard Hannay), Madeleine Carroll (Pamela), Lucie Mannheim (Annabella Smith), Godfrey Tearle (el profesor Jordan), Wylie Watson (Mr. Memory), Pat Hagate (el presentador), John Laurie (John), Peggy Ashcroft (Margaret), Helen Haye (Mrs. Jordan), Frank Cellier (el sheriff Watson), Gus MacNaughton (el viajante de la pipa), Jerry Vernon (otro viajante), Peggy Simpson (la doncella).
86 min. Blanco y negro.


9 de febrero de 2010

Es peligroso asomarse al interior (Variedades en el Palladium 1)



The Clairvoyant
(El vidente, 1934), Maurice Elvey

Es peligroso asomarse al interior. Tomamos el título prestado de Enrique Jardiel Poncela, que, por si ustedes no lo sabían, aparte de humorista excelso y comediógrafo de éxito, fue en su juventud autor de novelas de lo sobrenatural y lo oculto.

El Gran Maximus
Los que vieron Nightmare Alley ya conocen el truco. La asistente del mentalista pronuncia determinadas frases con ciertas inflexiones que permiten al vidente, con los ojos vendados, describir los objetos que los espectadores le proponen. La asistente sería una especie de “batería eléctrica” que transmite al vidente la fuerza del pensamiento. Pero, ¡ay!, Rene (Fay Wray), la esposa y ayudante del Gran Maximus (Claude Rains), se ausenta del teatro accidentalmente. El número se va al traste, cuando Maximus entra en contacto telepático con una espectadora (Jane Baxter). Ella actúa como auténtico médium y Maximus adivina de modo natural el contenido de una carta en el bolsillo de un espectador burlón. Cuando está a punto de predecir un accidente ferroviario cae desvanecido.

Más tarde, en el tren, se encuentra de nuevo con la desconocida. Tira de la alarma. Es precisamente este tren el que descarrilará. El revisor los hace descender del convoy. El fatal desenlace se confirma. Los más importantes empresarios de variedades se disputan su contrato. James J. Bimeter (C. Denier Warren) le ofrece el más suculento: cuatro semanas en el Palladium londinense, a trescientas libras semanales… más gastos. Claro que, a cambio, exige auténticas profecías y no su superchería adivinatoria. Para ello es precisa la presencia de Christine, la médium, y esto despierta los celos de Rene. Ella preferiría volver al circuito provincial de variedades:
-¿¡Por diez libras a la semana!? –se escandaliza Max.

En presencia de Christine el Gran Maximus predice el caballo ganador del derby de Epsom. Pero pronto caerá en la cuenta de que este poder es una maldición.
-No puedo renunciar a ello. Es un don de Dios.
-O del Diablo –contraargumenta Rene.

¿Se debe Max a su don? ¿Es éste más fuerte que su amor por Rene? Ahí tienen el drama. Quedará expuesto en forma de juicio en los minutos finales, cuando Max sea acusado de provocar con sus predicciones un accidente en una mina.

Las vibrantes escenas de la excavación nos remiten a la siguiente película dirigida por Maurice Elvey, que el Abuelito les contó en su día: (http://eldesvandelabuelito.blogspot.com/2009/01/tunnel.html).

Charles Bennett, guionista de Hitchcok
Sin embargo, buena parte del humor y el dramatismo de las situaciones proceden del magín del dramaturgo Charles Bennett, que a estas alturas de los años treinta se ha asentado como uno de los más prestigiosos guionistas del cine británico. Prueba de ello son sus colaboraciones con Hitchcock: Blackmail (La muchacha de Londres, 1929), The Man Who Knew Too Much (El hombre que sabía demasiado, 1934), The 39 Steps (Los 39 escalones, 1935) –sobre la que pronto tendrá noticias-, Secret Agent (El agente secreto, 1936), Sabotage (Sabotaje, 1936) y Young and Innocent (Inocencia y juventud, 1937). Después de establecerse en Estados Unidos, regresó a Gran Bretaña como guionista de otra película en la que los médiums, la hipnosis y la magia blanca y negra, juegan un papel importante: Night of the Demon (La noche del demonio, 1958), de Jacques Tourneur.

Inmediatamente después, de vuelta en Estados Unidos, escribió para Irwin Allen el guión de The Big Circus (El gran circo, 1959), de Joseph M. Newman. Según cuenta el propio Bennett había un guión previo que no satisfacía al estudio que respaldaba la película. Rehizo el guión en un par de semanas. Poco trabajo, poco dinero, escasa satisfacción.

El principio de una hermosa amistad
Pero volvamos a The Clairvoyant. Claude Rains había sido reclamado por el cine estadounidense en 1933 para interpretar –¡tremenda paradoja!- al hombre invisible de Wells y Whale. Regresa temporalmente a su Londres natal para interpretar esta cinta junto a Fay Wray, la novia del gorila gigante. Rains da muestra del carácter excéntrico que ya había exhibido en The Invisible Man. Los momentos de gran intensidad se alternan con efusiones humorísticas cuando no directamente farsescas. Todo ello unido a su impecable acento convierten los ochenta minutos de película es una experiencia deleitable.

En Estados Unidos tuvo un estreno –acaso en 16 mm.- como “The Evil Mind” (la mente maligna o el intelecto diabólico, según gusten) y con este título consta en este archivo (http://www.archive.org/details/The_Evil_Mind) donde la pueden ver en versión original y ligeramente expurgada de metraje.

Con un tema análogo, aunque basada en una novela de Cornell Woolrich, se rodó en Estados Unidos The Night Has a Thousand Eyes (Mil ojos tiene la noche, 1948), donde Edward G. Robinson interpretaba a un vidente que se hacía llamar “The Mental Wizard”.

Sr. Feliú

The Clairvoyant (El vidente, 1934)
Producción: Gaumont British (GB)
Director: Maurice Elvey.
Guión: Charles Bennett y Bryan Edgar Wallace, de la novela homónima de Ernst Lothar.
Intérpretes: Claude Rains (el Gran Maximus), Fay Wray (Rene), Jane Baxter (Christine Shawn), Ben Field (Simon), Mary Clare (la madre), Athole Stewart (Lord Southwood), C. Denier Warren (James J. Bimeter), Felix Aylmer (el fiscal), Margaret Davidge (la dueña de la pensión), Donald Calthrop, Carleton Hobbs, Romilly Lunge, Graham Moffatt, Jack Raine, D.J. Williams.
81 min. Blanco y negro.