26 de febrero de 2016

Clyde Cook, acróbata australiano



Wandering Papas (1926), Stan Laurel

Wandering Papas suele figurar en casi todas las enciclopedias del salpstick por algo puramente circunstancial: es uno de los escasos ejemplos de películas dirigidas por Stan Laurel en las que Oliver Hardy tiene un papel de peso (y perdonen el chiste fácil, pero estaba a huevo). Stan Laurel había vuelto a la disciplina del estudio de Hal Roach después de una temporada actuando para Joe Rock. Comoquiera que éste tuviera aún algunos títulos por estrenar, parece que impuso la condición de que no actuara para Roach. Stan Laurel quería probar suerte como guionista y director y Roach había pensado promover a James Finlayson a primera línea de fuego, de modo que el acuerdo no perjudicaba a nadie. Sin embargo, Finlayson no se ganó el favor del público en esta aventura por triplicado: Chasing the Chaser, Unfriendly Enemies y Yes, Yes, Nanette (Stan Laurel, 1925). Lo haría tres o cuatro años después como imperturbable víctima de los desastres provocados por el Gordo y el Flaco.


La estrella cómica de recambio fue Clyde Cook. Cook nació en Nueva Gales del Sur en 1899.  A los catorce años ya ha ganado cierta fama como bailarín excéntrico, lo que le vale un contrato de dos años para girar por el circuito de vodevil australiano. Es entonces cuando empieza a entrenar en la playa con sus compañeros acróbatas. Estas habilidades se demostrarán imprescindibles cuando intente abrirse camino en el mundo del music-hall británico. Un bailarín sólo cobra un par de libras por dos pases diarios, pero Cook se gana a pulso el mote del “Chico Canguro”, con el que sus ingresos empiezan a ascender. El Folies Bergère parisino y el Hippodrome neoyorquino fueron las siguientes escalas en el camino a Hollywood, donde llega en 1920 contratado por Sunshine Comedies, la división de cortos cómicos de Fox. Tres decenas de películas después recala en el estudio de Hal Roach. Lo tenía todo para triunfar: personalidad propia, veteranía, vis cómica, agilidad de acróbata…


Stan Laurel lo dirige en dos ocasiones. La primera, en una comedia de sustos, en la que encarna a un ladrón de cadáveres -Moonlight and Noses (1925)-, la segunda, la que proyectamos anoche en la carpa, Wandering Papas.

Se trata de una película de dos rollos con una trama compleja ambientada en un campamento donde viven los rudos trabajadores que se dedican a la construcción de un puente. Como indica el primer intertítulo, allí “los hombres son hombres y las mujeres… escasas”. Probablemente por eso el ingeniero (Tyler Brook) ha puesto los ojos en Susie (Sally O’Neil) la hija de un hillbilly misántropo (Adolph Milar), dispuesto a agujerear a cualquiera que pretenda perturbar su soledad.


Mientras tanto, en el campamento, el capataz (Oliver Hardy) lidera una revuelta para que el rancho mejore. Ante sus amenazas, el cocinero (Clyde Cook) hará lo imposible para otorgar rango de haute cuisine a sus comistrajos.


Las dos tramas se resolverán en un vagón colgando al borde de un precipicio. Tanto aquí como en una escena de pesca, podemos contemplar algunas de las habilidades de Clyde Cook, aunque la construcción cómica se basa más en ciertos gags visuales, como el de las tortitas explosivas, milimétrica pieza del slow burning que caracterizaría el trabajo conjunto de Laurel y Hardy.


Wandering Papas (1926)
Producción: Hal Roach Studios (EEUU)
Dirección: Stan Laurel.
Interpretes: Clyde Cook (el cocinero), Sally O’Neil (Susie), Oliver Hardy (el capataz), Tyler Brooke (el ingeniero), Adolph Milar (el ermitaño), Sammy Brooks.
20 min. Blanco y negro.

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