26 de noviembre de 2008

Jazzbandismo

La revue des revues (La locura de París, 1927), Joe Francys 

Jazzbandismo 
Así bautizaba Ramón Gómez de la Serna a uno de los movimientos de vanguardia que su rádar siempre alerta había detectado entre los muchos “ismos” que proliferaron en la Europa de entre guerras. Y la encarnación del jazzbandismo era Josephine Baker.


Josephine Baker revolucionó París mediada la década de los veinte con su “Revista Negra”. No era sólo el aparecer desnuda en el escenario con un sucinto cinturón de bananas a modo de minifalda, era esa mezcla de erotismo, gamberrada, reafirmación racial y dislocación excéntrica que confluía en su modo de bailar. “La Baker –escribía Ramón- resulta un estupendo muñeco que sabe lo que se hace”.
Dos de los números que realizaba Josephine Baker en la revista “Un vent de folie” en el escenario del Folies Bergere ocupan lugar preeminente en el metraje de La revue des revues.


En el Folies Bergere
El argumento de la película es tan nimio que se puede resumir en tres líneas: Gabrielle Derisau (Hélène Hallier), modesta empleada de una casa de modas parisina, conoce a Georges Barsac (André Luguet), un actor que la invita al Palace. Nueva Cenicienta, Gabrielle se convierte en Gaby Derys y triunfa en el Folies Bergere, conquistando de paso el corazón de Georges. El resto son números extraídos de las revistas “Femmes et sports”, “La revue Mistinguett” y “Un vent de folie”, de los años 1926 y 1927. La operación es similar a la emprendida por Arturo Carballo con la filmación de Frivolinas. Tampoco en La revue des revues nadie se ha partido mucho la cabeza para rodarlos, porque la puesta escena es prácticamente siempre frontal, desde la embocadura del escenario, con insertos puntuales. Pero el sistema de coloreado a mano, lo suntuoso del vestuario y los decorados y la espectacularidad de algunos números bastaría para justificar su filmación. Sin embargo, lo más valioso desde el particular punto de vista de uno es el valor documental de lo filmado.


Ante el espectador desfilan modos de hacer de entonces y artistas que en su día fueron el no va más; entre ellos los ballets Hoffman Girls y John Tiller’s Folies Girls. A título individual hay que destacar la intervención de la danzarina exótica Stanislawa Welska y de los bailarines acrobáticos Les Ludovics, en un mismo número titulado “Las orgías” de recargada imaginería y un barroquismo a veces confuso. Un tal Manolo Titos se hace acompañar por las Albany Girls en la coreografía de un baile que pivota alrededor de la imaginería del golf, con bastones incluidos. La danzarina vienesa Erna Carise –famosa en los años sesenta por un método para adelgazar rápidamente- realiza una pantomima musical subacuática de un primitivismo sugerente. La danza de los juguetes ejecutada por Hellen Komarova, Skibine y Gretchikine tiene el encanto de lo automático, que según Bergson era uno de los mecanismos que movían a risa.


Gaby y Georges, la pareja ficticia, se incorporan al elenco revisteril para una versión de “Le tango sous la lune”, para cuyo españolismo de pandereta ya estamos preparados gracias al previo “Impressions d’Espagne”. Nada hay aquí que destacar, como no sea lo tópico de la coreografía y lo poco vistoso de la resolución. Blake Edwards sacó un magnífico partido cómico a similar ambientación y vestuario en Víctor o Victoria (Victor Victoria, 1982).

 

Los dos números de fuerza, ya lo avisamos, se concentran en el tramo final. Josephine Baker baila al ritmo de la “Thompson Jazz Orchestra” en “Plantation” y en otro número que busca el contraste entre una hostería de principios del siglo XVII y un moderno Café Americano situado en el mismo lugar en 1927. La Baker exhibe todos sus recursos de bailarina excéntrica pero no su cuerpo, pudorosamente cubierto, como el del resto de las bailarinas, para el público que asistiera al cinematógrafo. Tampoco ella se mostró nunca especialmente satisfecha con la imagen que ofrecía de sí misma en estas películas. 

Película perdida y encontrada 
La revue des revues habría sido un “lost film” más si no fuera por una serie de casualidades, auspiciadas por gentes empeñadas en que éstas ocurran. Al parecer sólo se conservaba en Francia un rollo de esta película en precario estado. Un estudioso localizó una copia incompleta ¡y coloreada! en Dinamarca, con los intertítulos en danés, por supuesto. Después de identificarla correctamente los estudiosos cayeron en la cuenta de que el rollo que tenían servía para completar la copia coloreada. Nuevas indagaciones en Italia y Gran Bretaña sirven para recuperar el metraje completo. Se procede entonces a la salvaguarda en soporte cinematográfico y a la reconstrucción de los subtítulos. La revue des revues fue estrenada por la cadena franco-alemana Arte en 2005 y editada posteriormente en DVD. En España ha salido en Divisa, en su meritoria aunque irregular colección “Orígenes del Cine”, con el título de La locura de París. Entre los extras, una sorpresa de la que a lo mejor hablamos otro día.
Sr. Feliú

La revue des revues (La locura de París, 1927) 
Productor: Alex Nalpas (FR) 
Director: Joe Francys 
Guión: Clément Vautel. 
Intérpretes: Josephine Baker , André Luguet (Georges Barsac), Hélène Hallier (Gabrielle Derisau), Pépa Bonafé, Erna Carise, Edmond Castel , Jeanne de Balzac, Mme. Dehan, Gretchikine, The Hoffman Girls, John Tiller's Folies Girls, Mme. Komakova, Londonia, Ludovic, Lila Nicolska, Skibinne, Standford, Titos, Henri Varna, Stanislawa Welska, Ruth Zackey. 
103 min. Blanco y negro y Color.

25 de noviembre de 2008

Baptiste ante el Theatre des Funambules

Les Enfants du paradis (1943), Marcel Carné

París a principios del siglo XIX. Baptiste Debureau (Jean-Louis Barrault) es el hijo del propietario del Theatre des Funambules, un muchacho lunar y descerebrado, al que no consiguen hacer trabajar ni a golpe de látigo. Sólo le interesa la pantomima, lenguaje desacreditado y tenido por menor en estos tiempos de burguesía rampante. Cuando la actriz Garance (Arletty) es acusada de haber robado el reloj a un orondo ciudadano, Baptiste pone en juego todo su arte para demostrar su inocencia.
Sr. Feliú

Para ir abriendo boca, a la espera de un comentario más extenso y sus correspondientes entradas satélites, os presentamos este bello fragmento de Les Enfants du paradis. Que disfrutéis.

Les Enfants du paradis
(1943)
 
Productora: Pathé Cinéma (FR) 
Director: Marcel Carné Guión: Jacques Prevert 
Intérpretes: Arletty (Garance), Jean-Louis Barrault (Baptiste Debureau), Pierre Brasseur (Frédérick Lemaitre), Marcel Herrand (Lacenaire), Maria Casarès (Nathalie), Louis Salou (el conde Edouard de Montray), Pierre Renoir (Jéricho), Léon Larive (el portero del Funambules), Etienne Decroux (Anselme Debureau), Pierre Palau (el regidor del Funambules), Marcel Pérès (el director del Funambules), Jane Marken, Fabien Loris, Gaston Modot, Paul Frankeur, Albert Rémy, Paul Demange. Fotografía: Roger Hubert. Música: Maurice Thiriet y Joseph Kosma. Decorados: Alexandre Trauner y León Barsacq. 
176 min. Blanco y negro.

24 de noviembre de 2008

Cómicos, titiriteros, farsantes



Los farsantes (1963), Mario Camus

SEGÚN los títulos de crédito, Los farsantes es la producción número 73 rodada en los Estudios IFI. Ignacio F. Iquino viene produciendo por su cuenta y riesgo desde finales de los años cuarenta y a lo largo de los años ha formado un equipo estable de guionistas e, incluso, un modesto star system en el Paralelo barcelonés. Siempre atento a las demandas del mercado ha apostado por la comedia disparatada, por el melodrama religioso y sobre todo por el policiaco, igual que más tarde se embarcará en westerns a la europea o en el naciente erótico hispano. Su contacto con Mario Camus supone su aproximación a la nueva corriente inspirada desde la Administración que prima a los recién titulados de la Escuela Oficial de Cine.


El guión es obra de Daniel Sueiro y Mario Camus. Ambos han acometido la adaptación de la novela corta del primero, “La carpa”, que ha ganado en 1958 el Premio Café Gijón y que servirá como debut cinematográfico a Camus.

El relato, que es un adelantado viaje a ninguna parte, da cuenta de las miserias del grupo de cómicos durante los quince días anteriores al Sábado de Gloria. Sueiro traza la radiografía de la compañía en voz de uno de los cómicos: “A veces llegamos a un pueblo así y sabemos que allí va a haber fiesta porque hemos llegado nosotros y nosotros somos los titiriteros, o los comediantes, o los gitanos, o los del circo, o los cómicos..., según lo que quieran llamarnos”. Y más adelante vuelve sobre el tema: “Nosotros somos cómicos, titiriteros, farsantes. Ese es nuestro oficio. Tal es nuestra profesión. La carpa no es un negocio, sino un medio de vida. No trabajamos para hacernos ricos ni famosos, trabajamos para comer, pero muy a menudo no comemos”. Diagnóstico igual o muy parecido al que realiza el personaje de Margarita Lozano en la adaptación cinematográfica cuando un excompañero de armas de Rogelio (Fernando León) les invita a comer con su familia.

El periplo y el final mantienen cierta fidelidad en su traslación a la pantalla. La Compañía de comedias de don Pancho (el actor de doblaje José María Oviés) -siete hombres y tres mujeres- lleva en gira permanente un repertorio constituido por “Genoveva de Bravante”, “La pasión” y las probablemente apócrifas “La huérfana de París” y “Vanidad y miseria”.

Por lo demás, las diferencias son notables. Se utiliza el velatorio de uno de los actores para abrir la película; Rogelio se encuentra con un compañero de armas –lo que pone en evidencia la presencia de la Guerra Civil como trasfondo permanente-, posteriormente se fuga con la recaudación y, sobre todo, se introduce el episodio de la juerga de señoritos en la que Tina (Margarita Lozano) es obligada a hacer un patético striptease, que remedará el personaje de Gwen Welles en Nashville (Nashville, 1975), de Robert Altman.

La Semana Santa pucelana les sirve a Sueiro y Camus para dar un final trágico a Los farsantes. Los componentes de la Compañía de Comedias de don Pancho terminan agonizando literalmente de hambre mientras fuera resuenan los redobles procesionales. Uno supone que sería por causa de la censura que lo que en la novela de Sueiro es directamente un lupanar, se convierta en la traslación cinematográfica en el piso de la amante de don Ramón.


Luis Ciges ‑doblado- abre y cierra la película. Al principio asciende en el escalafón económico porque se hace cargo del vestuario y los decorados, que llevaba antes el fallecido. Al final, cuando don Pancho les pide que no se preocupen, que todo va a ir bien a partir de ese momento, sentencia: “Mentiras. Nada ha cambiado. Todo sigue igual. Por lo menos, no vamos a engañarnos”.

Los farsantes no se estrenaría en Madrid ni en Barcelona, pero a Iquino le debió de satisfacer el resultado porque financió la adaptación del Young Sánchez de Ignacio Aldecoa.


Sr. Feliú

Los farsantes (1963)
Producción: IFI (ES)
Dirección: Mario Camus.
Guión: Mario Camus y Daniel Sueiro, basado en la novela corta “La carpa”, de este último.
Intérpretes: José María Oviés (Don Pancho), Víctor Valverde (Lucio), Consuelo de Nieva (Pura), Margarita Lozano (Tina),Amapola García (Milagros), Fernando León (Rogelio), Ángel Lombarte (Avilés), Luis Ciges (Justo), José Montez (Currito), José Rivelles (García), Leonor Tomás (Señora García), Luis Torner (Vicente), Florencio Calpe.
82 min. Blanco y negro.

19 de noviembre de 2008

Enseñanza de la acrobacia


La sang d’un poete
(La sangre de un poeta, 1932), Jean Cocteau

El artista cae en un espejo. Al otro lado se encuentra el Hotel des Folies Dramatiques. El artista espía a través de las cerraduras de las habitaciones del inconsciente. O de las metáforas herméticas, tanto da.

En la habitación 21 se anuncian “Lecciones de vuelo”. Una mujer con una fusta obliga a una muchacha a trepar por la pared a golpe de fusta. Pero la niña, una vez alcanzado el techo, se burla de la dominatriz.

Cocteau utiliza para poner en escena estas lecciones de acrobacia los mismos métodos que utilizaran Méliès y Chomón. La sang d’un poete –hermana de L’age d’or bueñeliana– destila surrealismo a pesar de la oposición de Breton. Este ejercicio de narcisismo y homoerotismo explícito casaba malamente con la filiación prosoviética del movimiento en los primeros años treinta.

Sin embargo, una vez hemos aprendido a volar, quién será capaz de hacernos bajar del techo.

Sr. Feliú

La sang d’un poete
(La sangre de un poeta, 1932) 
Producción: Vizconde de Noailles (FR) 
Guión y dirección: Jean Cocteau. 
Fotografía: Georges Perinal.
 Música: Georges Auric. I
ntérpretes: Enrique Rivero (el artista), Lee Miller (la estatua), Jean Desbordes, Pauline Carton, Feral Benga (el ángel negro), Odette Talazac. 
55 min. Blanco y negro.

17 de noviembre de 2008

El payaso Beby


"Beby possède par nature les dons irrésistibles du ridicule et le comique nait chez lui désordre apparent entre le geste et le verbe. Son masque tout simple, la mobilité crispée de ses yeux, ses attitudes stéréotypées qui ont été beaucoup imitées, ses reparties inquiètes, sa voix subitement vehémente et bientôt apaisée, ont des accents de sincérité étonnante sous la drôlerie."
Tristan Remy


"Aún cuando a los trece años ya había debutado como clown, hasta los treinta años no trocó la malla del acróbata por el levitón absurdo del augusto"
Antonio R. Dalmau






Aristodemo Frediani Beby
1885-1958

BEBY  PROCEDE de la famosa familia de acróbatas italianos Los Frediani con los que se inicia a muy temprana edad, primero como acróbata saltador y más tarde como acróbata sobre caballo a las órdenes del jefe de la troupe, su hermano Willy Frediani. Con su familia logra la columna a tercera altura sobre el caballo y el doble salto mortal, según cuenta él mismo, y viajan por todo el mundo. Su gran corpulencia y y sus piernas arqueadas a causa de alguna de sus numerosas caídas –"J'ai eu un bras cassé, une clavicule brisée, la hanche démise…"(1)– le convertían en un augusto difícil de olvidar. Así lo recuerda Henry Thetard: "un comique statique qui tire ses effets d'une physionomie qu'il sait rendre merveilleusement niaise en contraste avec ses yeux fùtés, sa voix nasillarde et claironnante, ses attitudes d'un grotesque inattendu".

De 1917 a 1935, trabaja con Antonet, al que conoce precisamente en España. Su primera actuación se produce nada más y nada menos que en Tarragona y un poco más tarde participan en el programa inaugural del legendario Circo Olimpia de Barcelona. Parece ser, según cuenta Tristán Remy, que la pareja solamente funcionaba en el escenario y que Antonet, con su carácter estricto y autoritario, pretendía dominar a un Beby que se dejaba hacer y que evitaba contrariarle. Cuando rompe con Antonet se convierte en el augusto de otros grandes carablancas. Dominique Mauclair, durante muchos años presentador y director del prestigioso festival du Cirque de Demain, gran especialista y estudioso del circo, nos habla de Beby en un interesante artículo publicado con ocasión de las III Jornadas internacionales: “El payaso, creador de sonrisas”, simposio organizado por el Festival Internacional de Payasos de Cornellà de Llobregat en noviembre de 2006. Nos dice:

 "Habiendo sido obligado a interpretar durante muchos años el papel tirano de un augusto sádico con Antonet, Beby se convierte, en la segunda mitad de su carrera, en el augusto que podía cambiar constantemente de partenaire sin que ello afectara a la pareja de payasos. Ya fuera con Alex, Maïss, Despard-Plège o Pipo, Beby era siempre genial".


Con todo, la pareja Antonet-Beby reinará en la pista durante más de una década y en París compitieron de igual a igual con la genialidad y popularidad de los Fratellini. De hecho, para algunos, representan el modelo perfecto de dúo de payasos, formación que constituye una forma más purista, más genuina si se quiere, para las entradas de payasos que los tríos o cuartetos. Y también es cierto que la personalidad y el físico del augusto tenían el atractivo suficiente como para ser el protagonista de la aventuras cinematográfica de Melville, Bresson…

(1) Entrevista de Serge con Beby publicada en el librito Vive le Cirque par Serge, Editions Marcel Seheur, París, 1930

Filmografía de Beby:
Las peripecias de Baby (1915), Pedro Trilla
Une histoire de cirque [Antonet y Beby] (1930), Charles de Rochefort
Affaires publiques
(1934), Robert Bresson
Juanita (1935), Pierre Caron
Les frères Delacloche (1936), Maurice Kéroul & Jean Mugeli
La vie des artistes (1938), Bernard-Roland
24 heures de la vie d'un clown
(1945), Jean-Pierre Melville
Une fille dans le soleil (1952), Maurice Cam


Beby, canciller

Affaires publiques (1934), Robert Bresson 

Affaires publiques era una película desparecida desde la ocupación alemana, pero en 1986 la Cinemateca Francesa descubrió una copia de este trabajo preliminar de Robert Bresson para el cine que en nada prefigura lo que serían sus intereses posteriores. No hay que buscar ahí las raíces de Affaires publiques, si no en la vanguardia más juguetona -con Entre-acte (Entreacto, 1924), de René Clair, como punta de lanza- y el éxito mundial de las comedias más enloquecidas de los hermanos Marx o W.C. Fields.


La república de Corgandie y el reino de Miremie nos retrotraen inevitablemente a las Marsovia y Freedonia marxianas. Recurre para ello a Beby, la estrella del circo Medrano y uno de los más famosos augustos de la tradición circense. Con sus piernas combadas, realzadas por los faldones del frac, y tocado con una chistera, es la viva estampa del prohombre de tebeo. Lo interesantes es que Bresson no descarga en él todo el peso de la acción, permitiendo que desarrolle sus rutinas, si no que impone su propio ritmo, crea continuamente gags visuales y juguetea con el sonido casi recién nacido. Entre estos, uno ha disfrutado especialmente con la cantante de ópera –la Castafiore rediviva- metida en la pecera de la emisora de radio, cuyos gorgoritos no escuchamos hasta la apoteosis final. Vamos al asunto. La princesa de Miremie (Andrée Servilanges) escapa en un aeroplano de su aburrido reino. Mientras, en Corgandie, el canciller (Beby) se dispone a inaugurar un monumento en que aparece él mismo representado pronunciando un discurso. Pero la boca abierta de la estatua invita al bostezo y ya se sabe que éste es contagioso. Bosteza el canciller, bostezan los asistentes, bosteza el locutor que retransmite el acto, y la princesa, que escucha la radio en su aeroplano, también se siente atrapada por Morfeo. El avión se estrella y la princesa recorre el país de la bella durmiente. Cuando todos despiertan se produce una nueva situación, tan gratuitas y propicia al slapstick como la anterior: una absurda demostración a cargo del cuerpo local de bomberos. Para recibir la condecoración el jefe (Marcel Dalio) ha de cortarse la larga barba; uno de los bomberos es (literalmente) un comefuegos; y la banda hace que la casa de cartón sobre la que van a hacer su demostración se desplace a golpes de soplido de trompa.


La última viñeta concierne a la botadura de un barco, insensible a la botella de champán que la comisión cancilleril pretende estrellar contra su casco.
Si Beby es el protagonista de la historia y hay buenas oportunidades de contemplarlo en acción, Dalio lucha denodadamente por robarle el protagonismo. No en vano, gracias a distintos apliques capilares interpreta a tres o cuatro personajes. Tanto en el del almirante como en el del jefe de bomberos, se luce.
Sr. Feliú
Affaires publiques (1934) Producción : Arc Films (FR) 
Guión y dirección: Robert Bresson 
Intérpretes: Beby (el canciller de Crogandie), Andrée Servilanges (la princesa de Miremie), Marcel Dalio (el escultor, el almirante y el jefe de bomberos), Gilles Margaritis (el locutor), Simone Cressier (Christiane), Jane Pierson, Franck Maurice, André Numès Fils, Jacques Beauvais, Eugène Stuber. 
25 min. Blanco y negro.