20 de abril de 2010

En Montecarlo, el Cirque Jacob



La noche del sábado (1950), Rafael Gil

La Doña
La noche del sábado es una película a mayor gloria de María Félix, como las otras que hizo la actriz mexicana en España producidas por Cesáreo González. El productor gallego había contratado a la diva en 1948 por una cifra astronómica y la puso bajo la tutela de Rafael Gil –director de El fantasma y doña Juanita (1944) y ¡Viva lo imposible! (1958)- en una producción costosísima que adaptaba la novela “Mare Nostrum” de Blasco Ibáñez. La Doña encarnaba aquí a una “matahari” al servicio del Tercer Reich, con un final que buscaba el parangón con las cintas de Marlene Dietrich con Sternberg. Tras Una mujer cualquiera (1948) –policiaco atmosférico concebido por el humorista Miguel Mihura- y varios trabajos con otros directores, María Félix y Rafael Gil se reúnen una vez más para llevar a puerto La noche del sábado.


Imperia
María Félix encarna a una muchacha italiana que ayuda a la economía familiar bailando en el local que regenta su padre (Manuel Kayser). Cuando las cosas se ponen feas el padre envía a su hija directamente a que traiga un jornal a casa “haciendo la calle”. De alguno de estos encuentros casuales nació una niña llamada Donina que poco importa a la ambiciosa joven.


Quiere la casualidad que esa noche se encuentre con un artista (José María Seoane) que, además de enamorarse perdidamente de ella, esculpe una bellísima escultura de la que se encapricha su amigo, el príncipe Florencio (Manuel Fábregas). Imperia, que así ha decidido llamarse la muchacha, tomando el nombre de la estatua, escala rápidamente puestos en la corte de Preslavia. El príncipe Miguel (Rafael Durán), hombre recto, ajeno a las intrigas palaciegas, también se prenda de ella. E Imperia va y viene de uno a otro hasta dar en Montecarlo, veinte años después, con el Cirque Jacob.


Las leyes del melodrama son inexorables. En este circo trabaja su hija Donina (María Rosa Salgado), convertida ya en mujer. Al principio Imperia se siente atraída por algo inexplicable: el baile de la chica le recuerda su tierra y su juventud. No tarda en descubrir la auténtica identidad de Donina y en sentir un repentino amor materno que dará sentido a su dilapidada existencia.


“¡Aquí muere hasta el apuntador!”, se decía antes cuando la cosa se liaba y sólo había manera de desliarla a base de mandobles, venenos y otras lindezas. Pues La noche del sábado termina más o menos así. Tampoco queremos destripársela así que regresamos a las escenas del circo donde se fragua la tragedia.

La donna è mobile
Del Cirque Jacob conocemos a su director de pista, un tipo iracundo (un cameo de Fernando Fernán-Gómez) que apura a los artistas a trabajar, hasta que advierte la presencia del príncipe Florencio y se doblega antes sus caprichos. Hay un número con ponys. Luego, irrumpe el grupo de danzarinas italianas. Las acompaña Nunú (Virgilio Teixeira) con un acordeón o concertina, que no para de echar miradas intencionadas al palco en el que se sienta Imperia.


También se deja caer por allí la condesa Rinaldi (Maruja Asquerino), pero su interés es más prosaico. De todos los artistas a ella sólo le interesa el forzudo. Hasta la sesión de la noche, cuando se tima con el clown. Ya saben ustedes: “La donna è mobile, qual piuma al vento”.


La noche del sábado (1950)
Producción: Cesáreo González-Suevia Films (ES)
Director: Rafael Gil.
Guión: Antonio Abad Ojuel y Rafael Gil, basado en el drama homónimo de Jacinto Benavente.
Intérpretes: María Félix (Imperia), Manuel Fábregas (el príncipe Florencio), Rafael Durán (el príncipe Miguel), José María Seoane (Leonardo), María Rosa Salgado (Donina), Virgilio Teixeira (Nunú), Juan Espantaleón (Signoret), Manuel Kayser (Gabetto, el padre de Imperia), Maruja Asquerino (Condesa Rinaldi), Fernando Aguirre (el fotógrafo), Antonio Fraguas (el rey), Fernando Fernán-Gómez (el director del circo), Juan Espantaleón (el prefecto de Preslavia), Julia Delgado Caro (Maestá), Diego Hurtado, Mariano Asquerino, José Prada, Francisco Bernal, José Vivó.


3 comentarios:

angeluco10 dijo...

Si que me había parecido Fernando Fernán Gómez uno de los actores en una de las fotografías pero si lo deja sin nombrar me hubiera quedado con la duda y tampoco hubiera estado del todo mal una foto de la María Asquerino de esa época en esta película.
¡Nostálgico que es uno!.

Sr. Feliú dijo...

Poca chicha tenemos para tanta foto, pero intentaremos satisfacer sus deseos libidinoso-nostálgicos. Déjenos un par de días y a ver si le cambiamos a don José María Seoane (que es ese señor de bigote quien acompaña a la Doña en el palco ahora) por su admirada María, entonces Maruja.
Gracias por su visita, Sr. Feliú

Anónimo dijo...

El del palco parece Rafael Durán, y la que está en primer plano, María Asquerino