1 de marzo de 2012

El Palacio de las Maravillas




The Show (El Palacio de las Maravillas, 1927), Tod Browning

Según se cuenta en el magnífico libro de David J. Skal y Elias Savada, dedicado a Browning, "El carnaval de las tinieblas" (Filmoteca Española, 1996), entre el actor John Gilbert y el productor Mayer había una "incendiaria animosidad". Los dos escritores cuentan algunas de sus disputas y cómo llegaban a las manos con facilidad. Para Mayer resultó una suerte de venganza elegir a Gilbert para encarnar a un personaje despreciable llamado Cock (polla en su traducción más literal) en una nueva película de Browning. Para disfrutar más de la humillación le vestiría con una triste camiseta de rayas, que con el tiempo ha ganado en glamour.


Sin embargo, viendo The Show, no estamos tan seguros de que Mayer conseguiera del todo su objetivo, pues Gilbert interpreta a un directo gigolo que resulta tan simpático al espectador como a las numerosas chicas que se cruzan por su camino y a las que no puede evitar guiñar un ojo. Su simpatía, su manera de golpear mentones y dar cachetitos de confianza o de decir "Nos veremos esta noche y te dejaré pagar mi cena otra vez", logra conectar con el espectador actual y gana nuestra confianza.


Estamos en Hungría, Cock Robin (John Gilbert) es el charlatán de una feria de fenómenos llamada el Palacio de las Ilusiones. En este maravilloso templo de lo anómalo se pueden ver levitaciones, la mano viva de Cleoptara, a Zela la Chica Mitad, a Arachnida la Mujer Araña, a Neptunia la Reina de las Sirenas y a Zelina con sus serpientes y reptiles. El plato fuerte es la representación mágico teatral de "La Gran Tragedia de Terpsicore".



En ella, Salomé (Renée Adoré) baila para Herodes con la condición de que le entregue la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja. La cabeza de Juan —que es el mismo Cock disfrazado y con barba falsa— es cortada en directo mediante un acto mágico que Browning desvela con todo descaro. No es de extrañar pues,  que algunos magos se quejaran de su poca fidelidad gremial. Primero, la sustitución de la espada verdadera por una falsa, después el pedal que activa la trampilla, la cesta con una abertura disimulada, el tronco previamente partido… Toda una lección de magia de escena que se rompe cuando la cabeza de Juan, dispuesta sobre la bandeja, le dice a Salomé "Eres una mujer realmente perversa" y ésta le agarra y le da un apasionado beso.



Por otro lado, el Griego (Lionel Barrymore), amante de Salomé y aficionado a las maldades, ha disparado a un rico pastor de ovejas para robarle su dinero. Da la casualidad de que Lena, la hija del pastor está tontamente enamorada de Cock y de que ésta tiene el dinero de su difunto padre, está asustada de que se lo roben y acude a Cock para que la proteja. Da la casualidad también, y ya nos adentramos de lleno en el melodrama, de que Salomé está locamente enamorada de Cock —habrá que prestar atención a esta distinción sutil entre loca y tontamente— , oye todo el asunto y para proteger a Cock del camino del mal cuenta o para manenerlo a su lado, le cuenta a Lena que es un chulo y que lo único que le interesa es el dinero. 


Es en estas secuencias cuando el personaje Cock se define con toda crudeza y comienza a cobrar fuerza la tesis de Mayer. Primero, con la inocente Lena y el fajo de billetes, aún mantiene la sonrisa atractiva y cierto encanto. Después, una vez que Lena ha escapado asustada, con Salomé acorralada, aparece el brutal Cock, amenazante, capaz de descargar su rabia a bastonazos. Afortunadamente no lo hace y aunque confiamos en su redención, su rabia y su furia quedan bien plasmadas en el celuloide.


El Griego quiere acabar con la vida de Cock y tiene la feliz idea de hacerlo durante la representación teatral. Nada más fácil que sustituir al verdugo habiitual y no cambiar la espada verdadera por la falsa y su venganza estaría servida también en bandeja de plata. Como en muchas otras películas mudas, este momento visionario, cuando los personajes se iluminan por una idea de venganza, es realmente brillante. Salomé impide en el último segundo la decapitación y Cock y el Griego huyen, se esconden entre los áticos y las azoteas y tejados, pues la policía ya está buscando a Cock como presunto autor de la muerte del pastor y el robo a Lena.


En este momento de la trama aparece el ciego que va a ayudar en la redención de Cock. Resulta que el ciego espera a su hijo al que cree en la guerra y que en realidad está a la espera de ser ejecutado en una carcel próxima. Lena es hija también del ciego, pero eso lo sabremos más tarde. Cock se hace pasar por el hijo pródigo y el viejo, emocionado, muere en sus brazos. A el Griego todo esto le importa un bledo, más o menos como a nosotros, y decide acabar con Cock utilizando un reptil saltarin y venenoso.


Sí hay beso de final feliz. Gilbert, finalmente, no salió tan mal parado. Salomé le sigue besando cuando su cabeza reposa sobre la bandeja. La bondad y el amor desinteresado de Salomé y su bondad han hecho florecer su verdadera naturaleza. Cuando esto sucede cae rendido a sus pies, arrepentido, desolado…


The Show es una película que hace honor a su título español, es una maravilla. La primera media hora es un viaje insólito a una feria de la imaginación, donde la mutilación y el engaño marcan el guión que un simpático y ligón charlatán va a vivir en sus propias carnes. La desenvoltura de Gilbert para interpretar a ese personaje que, casi sin querer, consigue siempre de las mujeres un cigarrillo, una croqueta de más o un fajo de billetes, nos ayuda a viajar entre las imagenes silentes en blanco y negro y sentirnos uno más de los espectadores que asisten a esa onírica feria húngara. Espectadores de los que se ayuda Browning para mostrarnos el espectáculo en su totalidad y forzar la empatía.


La versión que he tenido el placer de disfrutar es la versión de 2007 de la Turner y está acompañada muy acertadamente por la música del compositor Darrell Raby.

  
The Show (El Palacio de las Maravillas), 1927
Producción: MGM (EEUU)
Director: Tod Browning
Guión: Waldemar Young basado en la novela de Charles Tenney Jackson “The Day of Souls”
Intérpretes: John Gilbert (Cock Robin), Renée Adoré (Salomé), Lionel Barrymore (el Griego), Edward Conelly (el ciego), Gertrude Short (Lena), Andy MacLennan (compinche de el Griego), Edna Tichenor (Arachnida),  Zalla Zarana (Zela , la Chica Mitad).
Blanco y negro. 76 min.

3 comentarios:

El Abuelito dijo...

Magnífica reseña de una maravilla, como bien señala usted... poco queda por añadir, si acaso, recomendar una vez más a quien por aquí pase que no se vaya sin intentar acceder a este filme, hoy por fortuna asequible... Y John Gilbert, qué le voy a decir, se convirtió en uno de mis fetiches desde que en el libro que usted menciona se narra aquella célebre conversación con Mayer, en la que éste mostró su disgusto ante un proyecto en el que aparecían demasiadas meretrices, siendo contestado por Gibert con algo así como "¿Qué tiene usted contra las putas? Mi madre era una y bien que me sacó adelante..." Una sinceridad que el magnate le hará pagar cara...

Javi dijo...

Gracias por sus comentarios estimado Abuelito. Ciertamente Gilbert está magnífico en esta maravillosa película, así que su visión es obligada y/o aconsejada, como la mayor parte de las películas que aparecen en este blog por cierto.

angeluco10 dijo...

No he podido evitar cierta similitud en la primera foto de Gilbert con Freddy Krueger,por ese jersey de rayas y por esa mueca un tanto perversa.