23 de junio de 2012

El criminal equilibrista


Pool of London (1950), Basil Dearden

Pool of London está más próxima al espíritu Ealing que Secret People, aunque el marco y el género poco tienen que ver. El atraque de un carguero en los muelles del Támesis ofrece a dos de los marineros de la tripulación la oportunidad de pasar un fin de semana en Londres. En tanto Dan (Bonar Colleano) se ve involucrado en un plan criminal, Johnny (Earl Cameron), de raza negra, inicia una relación con Pat (Susan Shaw), la taquillera de un espectáculo de variedades.


Aquí se presenta un espectáculo denominado “Lipstick & Lace”. El número principal está constituido, a tenor del título, por una docena de señoritas que evolucionan acompasadamente por el escenario. Son las “Champagne Girls”. Uno puede contemplarlas desde el patio de butacas o desde una galería lateral en la que se encuentra la barra del bar. La cerveza, el humo, el eco de la música amortiguado por la cristalera son el ambiente idóneo para el tráfico carnal y otras transacciones clandestinas.


Todo arranca, por tanto, en el Queens Theatre, un modesto coliseo de barrio que nada tiene que ver con el selecto teatro de Shaftesbury Avenue. Dan ha venido a encontrarse con Charlie Vernon (Max Adrian), un equilibrista al que acabamos de ver ejecutar en el escenario una serie de saltos tan precisos como arriesgados. Del trapicheo de tabaco y medias de contrabando Dan pasará a formar parte de un plan criminal para robar unos diamantes. El acróbata tiene parte principal en el atraco pues, gracias a su habilidad, será el encargado de acceder al edificio donde se va a perpetrar el robo desde la azotea de la casa contigua.


Hemos tenido ocasión de verlo ensayar —¿su número? ¿el atraco?— en el escenario del Queens Theatre y, antes de que la película termine, asistiremos a una de sus actuaciones más arriesgadas, huyendo de la policía fluvial.


Se da la curiosa paradoja de que mientras Max Adrian, el actor que hace de acróbata, era un reputado intérprete de revista y opereta de origen irlandés que más tarde formó parte de la Royal Shakespeare Company, y, por tanto, tuvo que ser doblado en las escenas de acrobacia, Bonar Colleano, el intérprete del marinero descarriado, pertenece a una eminente saga circense.

Bonar se incorporó al número familiar con cinco años. Su madre era contorsionista y él tomó el nombre de su tío, un conocido funámbulo. No tanto como Con Colleano, conocido como el “Mago del Alambre” y también como el “Toreador del Alambre” por las muchas novedades que introdujo en esta especialidad. El Colleano’s All-Star Circus recorrió Australia durante la segunda década del siglo XX antes de que sus miembros se establecieran en Estados Unidos y Europa.


En la vida civil Bonar Colleano se casó con Susan Shaw, la rubia taquillera de esta película. Colleano murió en un accidente de tráfico a los 34 años.


Pool of London aprovecha a fondo los escenarios naturales del sur de Londres y el Támesis. 


El trabajo de la policía fluvial aparece tangencialmente y Basil Dearden lo aprovecha para sugerir algunos de los temas que desarrollaría en Sapphire, como la historia de amor interracial que viene a demostrar que en el estudio de sir Michael Balcon, la legendaria Ealing de las comedias cien por cien británicas, tampoco eran tan pacatos.

 
Pool of London (1950)
Producción: Ealing Studios (GB)
Director: Basil Dearden
Guión: Jack Whittingham y John Eldridge.
Intérpretes: Bonar Colleano (Dan MacDonald), Earl Cameron (Johnny Lambert), Susan Shaw (Pat), Renee Asherson (Sally), Moira Lister (Maisie), Michael Golden (el official de aduanas Andrews), Max Adrian (Charlie Vernon), James Robertson Justice (Trotter), Michael Golden, Alfie Bass, Christopher Hewett.

17 de junio de 2012

La gran compañía de Aristide Tromboni


Il ratto delle sabine / Il professore Tromboni (1945), Mario Bonnard


Son varias ya las ocasiones en las que hemos acompañado en sus correrías en busca de un bocado a compañías de comediantes como la del profesor Aristide Tromboni. Con ellos hemos recorrido Italia, Grecia, España, Japón, Estados Unidos… y hemos aprendido que el hambre es siempre idéntica a sí misma, sin que importe el idioma, el credo o el género al que uno se dedique.


A veces uno llega a un poblachón en el que el profesor (Carlo Campanini) está dispuesto a dejar la despensa vacía con tal de que estrenen su comedia. Y entonces… ¡Ay, entonces! Vuelan las galletitas, corre el vino dulce, se agotan las existencias de sabayón… una especie de natillas hechas con huevo y vino de Marsala cuya receta no damos para no ponerles a ustedes en situación de perritos de Paulov.


Lo malo es que luego hay que representar el drama histórico en estrofas sáficas que ha escrito el profesor.


Se titula “El rapto de las sabinas” y la única que lo encuentra insuperable, aparte de su autor, es la criada (Clelia Matania). Claro, que ella le encuentra el inconveniente de que se acaba justo en lo mejor. “En algún momento tiene que acabar”, razona el profesor.


De poco le van a valer los razonamientos enfrentado a las trapacerías de Tromboni y a los celos y envidias de los miembros de su compañía. Está su oronda señora (Luis Alliani) a la que el primer actor pretende hacer pasar por núbil esclava a base de corsés americanos. Está el famélico secundario (Aldo Salvini), el encargado de dar la réplica al primer actor —lo que los italianos llaman el “spalla”— que encuentra cualquier cometido indigno de su arte y sólo quiere hacer grandes tragedias. Está su hija (Fosca Spadaro), enamoriscada siempre del primero que se presenta…


Y está el profesor Tromboni, claro, al que da vida nuestro viejo amigo el príncipe de Curtis. Cuenta Carlo Campanini que durante el rodaje de esta película en 1945, en los mismos estudios donde hacía escasos meses había rodado Rossellini Roma, città aperta (Roma, ciudad abierta, 1945) le confiaba Totò.
—¡Ironías del destino, Carlè! ¡Yo aquí, haciendo burla de la realeza, cuando por mis venas corre sangre real!


Y ni corto ni perezoso se fue al registro nobiliario y movió Roma con Santiago hasta que le reconocieron su título de Príncipe de Bizancio. A nosotros siempre nos ha parecido más honroso el de príncipe de los clowns, que sigue ostentando sin necesidad de trepar por las ramas de ningún árbol genealógico.


Il ratto delle sabine / Il professore Tromboni (1945)
Producción: Capitani Film (IT)
Director: Mario Bonnard.
Guión: Mario Amendola y Mario Bonnard.
Intérpretes: Totò (Aristide Tromboni), Carlo Campanini (Ernesto Molmenti, el maestro), Clelia Matania (Rosina), Luisa Alliani (Ermenegilda, la señora de Tromboni), Aldo Silvani (Tancredi), Fosca Spadaro (la hija de Tancredi), Olga Solbelli (Matilde, al señora de Molmenti), Laura Gore (Paolina), Lia Corelli (Mariannina), Mario Pisu (Alberto Randoni), Giuseppe Rinaldi (Emilio), Claudio Ermelli (Germani), Mario Castellani (el propietario del teatro), Peppino Spadaro (Turiddu, el maquinista), Aristide Garbini (Bartolomeo).
90 min. Blanco y negro.

13 de junio de 2012

La señora Morales en el Tren Fantasma

Siete mil días juntos (1994), Fernando Fernán-Gómez


Las concomitancias argumentales de esta película de Fernando Fernán-Gómez, con El esqueleto de la señora Morales (1959), de Rogelio A. González, son más que notables. Claro, que tras los guiones de ambas está Luis Alcoriza. Para el clásico de la comedia negra mexicana hizo el guión a partir de un relato de Arthur Machen; en la película de Fernán-Gómez Javier García Mauriño y Fernando Morales escribieron el primer guión de un argumento póstumo. En ambas historias un marido es tiranizado por una esposa ruin que hace pasar ante sus vecinos su mezquindad por martirio. En los dos casos, el marido encuentra la posibilidad de un amor verdadero en una vendedora de aparatos fotográficos. Tanto en una como en otra el veneno juega un papel fundamental en la trama.


Las diferencias son de orden coyuntural —la ambientación en un Madrid milenarista—, genérico —la adscripción a ese cruce de comedia negra y esperpento que Fernán-Gómez ya había practicado con fortuna en El extraño viaje (1964)— y ambiental —el hallazgo de que el protagonista trabaje en el Instituto Anatómico Forense—. Esta última circunstancia favorece la creación de un personaje inolvidable interpretado con tanta humanidad como sabiduría por Agustín González: el forense necrófilo.


Requiere el juego argumental que algunas escenas se desarrollen en el Parque de Atracciones de Madrid. Ya hemos visto en otras ocasiones que este escenario fue muy habitual en el cine español del primer lustro de los años ’70. Pero, que nosotros recordemos, las cámaras cinematográficas no habían vuelto por allí desde 1975.


Ahora lo hace en dos escenas de muy diferente contenido. La primera, para la tópica escena de amor en la noria que el propio Fernando Fernán-Gómez había interpretado junto a Elvira Quintillá en Esa pareja feliz (1951), el debut de Luis G. Berlanga y Juan Antonio Bardem. En 1994 Matías (José Sacristán) y Angelines (María Barranco) se besan en la atracción denominada “Noria Visión”.


La otra, no podía ser de otro modo, en el túnel del terror conocido como “El Tren Fantasma”, con su profusión de espectros y mutilados animatrónicos y sus sustos en vagoneta a tanto la entrada. Esta atracción fue desmontada en 1998, cuando ya hacía mucho tiempo que Jason y Freddy Kruger habían impuesto otras modas en los miedos infantiles.

Si se han quedado con ganas de verla, aquí tienen el enlace del programa Cine de siempre de TVE

Siete mil días juntos (1994)
Producción: Rosa García P.C. (ES)
Director: Fernando Fernán-Gómez.
Guión: Javier García Mauriño, Fernando Morales y Fernando Fernán-Gómez, a partir de un argumento de Luis Alcoriza.
Intérpretes: José Sacristán (Matías), María Barranco (Angelines), Pilar Bardem (Petra), Agustín González (Luis), Chus Lampreave (Sofía), Pedro Beltrán (el portero), Tina Sáinz (Juliana).
100 min. Color.

10 de junio de 2012

El Parque de Atracciones de Blackpool (en color)


The Open Road (1924-1926), Claude Friese-Greene

Claude Friese-Greene
Empeñado en la vindicación de su padre Claude Friese-Greene se embarcó en 1924 en un ambicioso proyecto: recorrer la isla de sur a norte filmando en color cuanto le saliera al paso.


Mezcla de “travelogue”, de documental antropológico y de curiosidad científica, las peliculitas resultantes constituyen un testimonio excepcional de un mundo más soñado que perdido.


El procedimiento de color ideado por William Friese-Greene se basaba en el fenómeno conocido como “persistencia retiniana”. La idea era la misma que estaba detrás de numerosas invenciones precinematográficas como el zoótropo o el praxinoscopio. Friese-Greene pasaba la película por la cámara a doble velocidad de manivela filtrando alternativamente cada fotograma en rojo y azul. La película se revelaba alternando el filtrado de fotogramas pares e impares. El resultado eran imágenes consecutivas alternas teñidas de azul y rojo que, proyectadas a velocidad conveniente producían en el espectador una sensación de color bicromático.


Claude Friese-Greene elige los motivos en función de sus valores cromáticos, con predominancia del celeste y el bermellón, que eran los colores que mejor respuesta ofrecían, relegando verdes y amarillos a segundo término.


En 2006 la BBC y el British Film Institute alumbran conjuntamente la serie The Lost World of Friese-Greene, un viaje por Gales, Inglaterra y Escocia en el que se comparan las estampas recogidas ochenta años atrás con el mundo contemporáneo. De paso, se reproducen en color, mediante técnicas actuales, lo que en las películas originales nunca fueron más que intuiciones.


Blackpool
En una de sus escalas Friese-Greene hijo recala en Blackpool (Lancashire), uno de los centros recreativos más importantes de Gran Bretaña. La iniciativa se debe a William George Bean, un empresario con un ojo puesto en los Estados Unidos, donde se fabricaban buena parte de las atracciones que fue instalando en el parque recreativo desde su fundación en 1896 hasta la Gran Guerra.


Una de las más populares es la “Sir Hiram Maxim Flying Machine”, operativa desde 1904. El año siguiente se instalaron las “River Caves of the World”, tradicional atracción de cataratas. Bean falleció en 1932. Su hija y su yerno y se hicieron cargo entonces del Parque de Atracciones y de la zona recreativa denominada Pleasure Beach, aún en continua renovación.


Entre otras atracciones, Claude Friese-Greene documenta una especie de montaña rusa denominada “The Reel”, desmontada en 1980.


Aquí pueden ver el fragmento de The Open Road rodado en Blackpool:


The Open Road (1924-1926)
Producción: Claude Friese-Greene (GB)
Director: Claude Friese-Greene.
Documentales.
64 min. Color por el procedimiento Friese-Greene.

6 de junio de 2012

Un inglés inventa el cinematógrafo


The Magic Box (1951), John Boulting

En 1951 tuvo lugar en varias ciudades del Reino Unido el Festival of Britain, una celebración del espíritu nacional promovido por el gobierno laborista de Clement Atlee como medio de superación de los sinsabores de la posguerra. La contribución de los hermanos Boulting al evento fue una hagiografía de William Friese-Greene, improbable inventor inglés del cinematógrafo.


The Magic Box arranca en 1921, con un Friese-Greene (Robert Donat) envejecido y fracasado, y remonta el curso de los acontecimientos hasta sus primeros pasos como perfeccionista fotógrafo de estudio. Repasa sus aportaciones al llamado precine, como la constatación del fenómeno de persistencia retiniana en el que se basa la proyección de fotografías en movimiento, la construcción de su cámara o las primeras tentativas con el color.


Fueron ensayos más o menos afortunados que nunca llegaron al público y que, si hacemos acaso a la película, ni siquiera llegaron a interesar a sus colegas fotógrafos. Mucho menos a los inversores que veían como el dinero se iba por el desagüe de las quimeras. Como ya sabemos, Edison y los hermanos Lumière fueron quienes terminaron repartiéndose el pastel de la invención de un espectáculo que entonces era mero experimento de física recreativa.


Si obviamos las numerosas imprecisiones históricas, The Magic Box termina siendo un catálogo de luminarias de la escena británica: hasta ¡60 actores 60! en papeles relevantes, incluido sir Laurence Olivier como bobby bobalicón. También, una colorida colección de estampas victorianas.
 

Entre éstas no podía faltar la feria con motivo del jubileo de la Reina Victoria en 1897. Allí, entre comefuegos, toboganes y barracas recreativas, Jack Carter (Richard Attenborough) y sus acompañantes contemplan una de las primeras demostraciones del cinematógrafo de los hermanos Lumière.


Las películas proyectadas son Repas de bébé (1895), Debarquement du congrès de photographes à Lyon (1895) y L’arrivée d’un train en Gare de la Ciotat (1895).


El barracón recibe el nombre de “Electric Theatre” y un cartelón a la entrada garantiza la moralidad de un espectáculo también apto para señoras y niños.


The Magic Box (1951)
Producción: Festival Film Productions (GB)
Director: John Boulting.
Guión: Eric Ambler, de la biografía "Friese-Greene: Close-Up of an Inventor”, por Ray Allister.
Intérpretes: Robert Donat (William Friese-Greene), Margaret Johnston (Edith Friese-Greene), Maria Schell (Helena Friese-Greene), Marjorie Fielding (la vizcondesa), Laurence Olivier (un bobby), David Tomlinson (ayudante de laboratorio), Richard Attenborough (Jack Carter), David Oake (Claude Friese-Greene), Eric Portman, Stanley Holloway, Leo Genn, Marry Jones, Mervyn Johns.
108 min. Color (Technicolor)

3 de junio de 2012

La sirena de Malibú



Night Tide (1961), Curtis Harrington


Mora (Linda Lawson) le explica a Johnny (Dennis Hopper), un marinero al que ha conocido la noche anterior en un club de jazz, cómo se gana la vida:
—Soy una sirena. Mitad mujer, mitad pez. Me pongo una cola de pez y me meto en un tanque que parece lleno de agua. La gente paga 25 centavos por verme.


El número es una falsificación pero todo el mundo advierte a Johnny de que Mora es una auténtica sirena, superviviente de una raza ancestral que destruye a quienes se enamoran de ella. El teniente Henderson (H.E. West) investiga la muerte de los dos hombres que salieron con ella desde que llegó a la feria.


Johnny es escéptico pero la propia Mora cree en la maldición de las gentes del mar que vendrán a buscarla. En una escena clavada a la de la boda de Cat People (La mujer pantera, 1942), de Jacques Tourneur, una mujer misteriosa (Marjorie Cameron) le habla en un idioma extraño, produciéndole un desasosiego indefinible.


Poco a poco, también Johnny se irá dejando arrastrar por la superstición. En sus pesadillas Mora se le aparece cual terrible pulpo de peluche de producción terrorífica de serie Z, algo que Night Tide es y transciende al mismo tiempo.


La feria del pier de Malibú tiene más habitantes. Está el capitán Sam (Gavin Muir), el viejo marino retirado, que regenta la caseta donde se exhibe la sirena. Están Ellen (Luana Anders) y su abuelo (Tom Dillon), que llevan el tiovivo en cuyo piso superior mora Mora.


Están los músicos (el flautista Paul Horn y el bongosero Chaino) que tocan por la noche en la playa o en el “Blue Grotto”, cava entre “beat” y existencialista al gusto californiano. Está Madame Romanovitch (Marjorie Eaton), una vidente contraria al avance civilizador que supone el té en bolsitas, porque entonces, ¿en qué posos va a predecir ella el porvenir?


Y queda mujer misteriosa, el único cabo suelto que sirva de conexión con lo irracional una vez la explicación racional haya servido para descifrar el misterio.


El romanticismo feroz de Night Tide es refractario a este final reductor que le sienta a la película como a un Cristo una pistola.


Night Tide ha sido editada en DVD en España por Versus Entertainmet.

Night Tide (1961)
Producción: Phoenix Films, para American International Pictures (EEUU)
Guión y Dirección: Curtis Harrington.
Intérpretes: Dennis Hopper (Johnny Drake), Linda Lawson (Mora), Gavin Muir (el capitán Sam Murdock), Luana Anders (Ellen Sands), Marjorie Eaton (Madame Romanovitch), Tom Dillon (el abuelo de Ellen), H.E. West (el teniente Henderson), Marjorie Cameron (la mujer misteriosa), Paul Horn (el flautista), Chaino (el bongosero).
84 min. Blanco y negro.