6 de marzo de 2013

Keaton en Italia


L'incantevole nemica (1953), Claudio Gora

Buster mediterráneo
La relación de Keaton con Europa tiene su epicentro en Francia. Allí prestó servicio entreteniendo a las tropas durante la Gran Guerra, allí rodó Le Roi des Champs-Elysees (El rey de los Campos Elíseos, 1934) cuando Estados Unidos se había convertido en una trampa y desde allí arrancó la reivindicación crítica de su figura a finales de los años cincuenta. En Estados Unidos había rodado a las órdenes de Claude Autant-Lara las versiones Buster se marie y Le plombier amoureux.


Desde 1947 sus presentaciones en el Cirque Medrano menudean. En 1940 se había casado con una bailarina a la que había conocido en M-G-M: Eleanor Norris. Ella fue su compañera en estas actuaciones, en las que recreaban la escena del dormitorio de Spite Marriage. Keaton también refritaba la escena del duelo de The Passionate Plumber (1932), reproducida también plano por plano en el corto de Columbia She’s Oil Mine (1941).


Estuvo a punto trabajar en Italia por primera vez en 1934, cuando rodaba en Francia. El guionista Cesare Zavattini sabía que estaba en Europa y estaba empeñado en que le contrataran para protagonizar Darò un milione. Sin embargo, Mario Camerini no estaba de acuerdo en la línea slapstick que hubiera tomado la película y apostó por… En lugar de viajar a Italia, Keaton se fue a Gran Bretaña donde rodó The Invader (1935).


Pero, después de la Segunda Guerra Mundial, tuvo ocasión de visitar varias veces Italia bien fuera con el circo o en espectáculos de variedades:



Volverá en 1953 y un productor avispado le propondrá trabajar un día como estrella invitada en L'incantevole nemica.

De la comedia y la lucha de clases
El industrial Albertini (Carlo Campanini) tiene tanto miedo a los comunistas que cuando su hija Silvia (la neumática Silvana Pampanini) y un amigo se dedican a jugar al tiro al blanco durante una fiesta cree que los revolucionarios han llegado a su jardín y hace las maletas para largarse a Suiza. Sus invitados se ríen de él, claro. También su mujer. 


Colombo (Ugo Tognazi), el hombre de confianza del comendador Albertini confunde a un joven empleado llamado Roberto Mancini (Robert Lamoureux) con el cabecilla de los sindicalistas y el empresario, para ganárselo, lo mete en su casa. Al punto, Roberto se enamora de Silvia.


L'incantevole nemica es una comedia de enredo sobre la lucha de clases. Como las comedias screwball de la Depresión muestra a un grupo de hijos del capital dedicados a la más estúpida molicie y a un joven trabajador totalmente despolitizado que aparece como un heroico luchador ante los ojos de la inconsciente por culpa de la paranoia paterna.


La colaboración de Buster Keaton está plenamente in-justificada. Se trata de una pantomima ambientada en el obrador de una panadería que tiene lugar en el escenario del teatro en el que la caprichosa Silvia va a interpretar una danza tropical en la que hace poco más que lucir su rotundo físico con un vestuario sucinto. Una comedia desangelada, en suma, que apenas se beneficia del concurso del eterno secundario Carlo Campanini, habitual spalla de Totò en los años cuarenta.


El número de Keaton tampoco es especialmente inspirado, pero en compensación no dura más que dos minutos. Juzguen ustedes mismos:


Keaton vuelve a salir al final del espectáculo, cuando Silvia le entrega un ramo de flores y él realiza la vieja rutina de la flor cortada. Entonces, Silvia le besa, Keaton amaga una caída, pero el director y el montador no nos permiten contemplarla, cortando al principio de la acción.


Keaton no pronuncia una palabra y su gestualidad facial y su interpretación es, como siempre, magnífica de expresividad. El diálogo en off sobre su acción parece querer recordar a los espectadores quién era el gran “cara de palo”:
—¿Es que nunca se ríe?
—Tendrá parálisis facial.


Claudio Gora, actor de larga carrera que aquí se hace cargo de la dirección, asegura que no cruzó una sola palabra con Keaton, que la Pampanini no tendría que haber bailado la batucada y que Robert Lamoureux le fue impuesto por la coproducción en lugar de Tognazzi que era el actor que él quería que protagonizar la película. La intervención de Keaton fue una cuestión de oportunidad y se rodó en una jornada, aunque luego se le concediera considerable relieve en los créditos.


Franco, Ciccio y Buster
Al final de su carrera Keaton vuelve a Italia. Participa en el Festival de Venecia como protagonista anómalo de Film (de Samuel Beckett) (1965), dirigida por Alan Schneider, e interviene en una de los cientos de parodias protagonizadas por la pareja Franco Franchi y Ciccio Ingrassia. 


Como tantos otros de su misma cuerda, Franco e Ciccio se formaron como pareja en el avanspettacolo. Sicilianos de pura cepa, ingresados en una compañía napolitana, su especialidad son los sketchs dialectales en los que el juego de palabras, la distorsión lingüística juegan un papel fundamental. Este es el caldo de cultivo de un humor muchas veces pueril pero puesto a prueba en los peores escenarios que uno imaginarse pueda.

 
A principios de los años sesenta prueban con el cine. Entre 1963 y 1967, sus años dorados, ruedan una media de ¡10 películas 10! anuales. Como ustedes comprenderán no está el horno para bollos artísticos. Se trata de parodias hechas en serie, aprovechando cualquier motivo de actualidad. Se ruedan en tres semanas y se estrenan directamente en cines del extrarradio de las grandes ciudades o en los grandes circuitos de las poblaciones meridionales. Las cintas de Franco e Ciccio llegan así muchas veces a las salas al tiempo que el título parodiado.


En Due marines e un generale (Guerra a la italiana, 1965), de Luigi Scattini, Franco y Ciccio son dos marines italoamericanos que deben neutralizar un cañón alemán que podría comprometer el desembarco aliado en Anzio. Descubiertos por los alemanes son condenados al paredón, pero Keaton (el general on Kassler) les permite escapar. 



Disfrazados de Hitler y del general en jefe de las tropas alemanas en Italia consiguen su objetivo. Logrado éste, deben decidir qué hacen con el general:


Y, de propina…
… una entrevista realizada durante este rodaje:


L'incantevole nemica (1953)
Producción: Orso Film (IT) / Lambor Films (FR)
Director: Claudio Gora.
Guión: Edoardo Anton, y Jean Bernard, de un argumento de Metz y Marchesi.
Intérpretes: Silvana Pampanini (Silvia Albertini), Robert Lamoureux (Roberto Mancini). Carlo Campanini (el comendador Albertini), Pina Renzi (la señora Albertini), Buster Keaton, Giuseppe Porelli, Nyta Dover, Alberto Sordi, Ugo Tognazzi (Colombo), Raymond Bussières, Robert Rollis, Gianni Agus, Gino Rossi, Annette Poivre.
84 min. Blanco y negro.

3 de marzo de 2013

Regreso al futuro


Once Upon A Time, episodio de la serie The Twilight Zone (La dimensión desconocida, 1961), Norman Z. McLeod

Los fans de la serie The Twilight Zone (La dimensión desconocida, 1959-1964) no tienen en mucha estima el capítulo protagonizado por Buster Keaton. La serie creada por Rod Serling es una de las míticas de la edad de oro de la televisión estadounidense y Once Upon A Time se emitió durante la tercera temporada. Al parecer fue idea del guionista Richard Matheson emparejar a Keaton, con el que el público juvenil estaba familiarizado gracias a sus intervenciones en películas del filón surfero con el veterano realizador Norman Z. McLeod, responsable de dirigir a los indirigibles Marx en Monkey Business (Pistoleros de agua dulce, 1931).

 

El pie forzado fantástico de todos los episodios pretendía aprovechar el talento cómico de ambos para, mediante un argumento de viaje en el tiempo, contraponer las incomodidades de finales del siglo XIX con las de la Norteamérica de los sesenta.


Woodrow (Buster Keaton) no soporta el frenesí de la vida cotidiana ni el increíble aumento del coste de la vida. Su empleador ha inventado un casco que permite viajar el tiempo gracias al cual Woodrow se traslada al año 1962… para comprobar que es aún más insoportable. Rollo (Stanley Adams) le ayuda a reparar el invento a cambio de que lo lleve con él, pues añora profundamente el tiempo ido. Pero cuando ella al pasado tampoco él es capaz de soportar vivir fuera de su tiempo.


Lo más interesante del episodio es el enfrentamiento entre los lenguajes de la comedia muda y del cine sonoro. O mejor, de la televisión sonora:


Once Upon A Time, episodio de la serie The Twilight Zone (La dimensión desconocida, 1961)
Producción: Rod Serling para CBS (EEUU)
Director: Norman Z. McLeod.
Guión: Richard Matheson, Rod Serling.
Intérpretes: Buster Keaton (Woodrow Mulligan), Stanley Adams (Rollo), Gil Lamb (el policía del pasado), James Flavin y Harry Fleer (los policías de futuro), Milton Parsons (el profesor Gilbert).
25 min. Blanco y negro.

28 de febrero de 2013

Dioses en el crepúsculo


Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses, 1950), Billy Wilder
El 3 de mayo de 1949 Buster Keaton ingresa en el “gabinete de las figuras de cera”. Entre las nueve de la mañana y las cuatro y media de la tarde, queda inmortalizado para la eternidad cinéfila. No es el Museo de Madam Tussaud sino el nombre que el guionista Goe Gillis (William Holden) da a la colección de viejas glorias que se reúnen para jugar al bridge en la decadente mansión de Norma Desmond (Gloria Swanson).


El convidado (de la cara) de piedra
No esperen ustedes un comentario sobre este monumento de la filmografía wilderiana, lo que equivale a decir de la cinematografía de todos los tiempos, que es Sunset Boulevard. Si no la tienen reciente, repasen el “¡No necesitábamos palabras, teníamos rostros!” o el “Cuando usted quiera, señor DeMille”.


Ni siquiera nos detendremos en el perfil de Eric von Stroheim en el papel de fiel criado, que, en perfecta sintonía con Wilder, propone un fragmento de su inacabada Queen Kelly para que la vieja estrella le muestre a su joven amante la esencia del arte silente. Deliciosamente masoquista, la escena no alcanza el abismo que pretendía el divino calvo cuando propuso a su paisano Wilder que lo rodara lavando con mimo la ropa interior de la anciana.


Nos limitaremos a comentar brevemente la secuencia del “gabinete de las figuras de cera”. Bajo la atenta mirada de Max y sin dejar pasar una oportunidad para humillar a Joe, Norma Desmond juega una aburrida partida de cartas con Anna Q. Nilsson, H.B. Warner y… Buster Keaton.


Anna Q. Nilsson nació en Suecia en 1888. Al terminar sus estudios emigró a Estados Unidos donde trabajó como modelo antes de ser contratada por la compañía Kalem en 1911. Después de la Gran Guerra trabajó para First National y para la antecesora de la Paramount, Famous Players-Lasky. 


Para esta compañía protagonizó el melodrama circense The Side Show of Life (1924). Tras un paréntesis producido por un accidente en 1928 y superado el trauma del sonoro, la actriz se reincorporó a los platós en papeles de reparto a partir de 1933.


Henry Byron Warner nació en 1875 en Londres, en el seno de una familia dedicada al teatro. Encarnó para Cecil B. DeMille —que también hace un importante cameo en la película— al mismísimo Jesucristo en la versión de King of Kings de 1927. Treinta años más tarde se despediría de la pantalla con otro pequeño papel a las órdenes del mismo director en The Ten Commandments (Los diez mandamientos, 1956).


Realizó la transición al sonoro en la Paramount para la que protagonizó uno de los primeros títulos parlantes: The Doctor's Secret (William C. de Mille, 1929).


Como dando la razón a Norma Desmond, ninguno dice más allá de un par de palabras, Buster Keaton hace gala de su peculiar estoicismo al pronunciar dos veces: “paso”.

Gagman a cien dólares semanales
Al final de la década de los cuarenta Keaton tiene pequeños papeles en algunos títulos como en In the Good Old Summertime (1949). Para entonces, lleva ya una década ideando chistes por cien dólares semanales. Así, ha colaborado con todos los grandes comediantes del sonoro: desde los hermanos Marx en At the Circus (Una tarde en el circo, 1939), pasando por Laurel y Hardy en Nothing But Trouble (1944) hasta Red Skelton en la que fue la colaboración más fructífera de toda su carrera como gagmam: Watch the Birdie (1950) era un remake de The Cameraman (El cameraman, 1930) y I Dood It (1943), dirigida por Minnelli, reciclaba varios gags de Spite Marriage (El comparsa, 1929)

El encargo para la producción de In the Good Old Summertime consistía en coreografiar una escena en la que un personaje caía encima de un violín y lo destrozaba. Terminaron contratándolo para interpretar el papel… con un aplique capilar bastante hiriente. Es su regreso a la Metro-Goldwyn-Mayer como actor después de tres lustros.

La escena del encuentro entre Van Johnson y Judy Garland al principio de la cinta, cuando él consigue arruinar su sombrilla y el absurdo sombrero con una paloma y unas cerezas lleva su firma:


El año siguiente desembarcó en la televisión con The Buster Keaton Show (1950).

Susnset Boulevard (El crepúsculo de los dioses, 1950)
Producción: Paramount Pictures (EEUU)
Director: Billy Wilder.
Escritores: Charles Brackett y Billy Wilder.
Intérpretes: William Holden (Joe Gillis), Gloria Swanson (Norma Desmond), Erich von Stroheim (Max Von Mayerling), Nancy Olson (Betty Schaefer), Fred Clark (Sheldrake), Lloyd Gough (Morino), Jack Webb (Artie Green), Cecil B. DeMille, Hedda Hopper, Buster Keaton, Anna Q. Nilsson, H.B. Warner.
110 min. Blanco y negro.

25 de febrero de 2013

Keaton en México (y no)


Dedicada al Abuelito
 
El moderno Barba Azul (1946), Jaime Salvador

Ya saben como son estas cosas: uno se entrega prisionero al acabar la Segunda Guerra Mundial en el primer país que se le presenta y lo toman por un moderno Barba Azul con seis uxoricidios a las espaldas. ¿Modo de escapar de una condena a muerte segura? Embarcarse en el cohete de un sabio atómico mexicano con sobrina de buen ver.


Keaton en el Desván
A El moderno Barba Azul le dedicó nuestro venerable Abuelito una sentida entrada. Poco podemos añadir a lo dicho por él, salvo insistir en el parentesco de la película con la obra de nuestro santo patrón. Aunque argumentalmente esté más próxima a El astronauta, con Tony Leblanc, que a Le voyage dans le lune, lo cierto es que Jaime Salvador lo tenía muy presente en, al menos, tres momentos:el congreso de sabios astrofísicos...


… la despedida de los astronautas...


… y el vestuario que los protagonistas se enfundan para pasar desapercibidos entre los selenitas…


… son otras tantas estampas mélièsianas.


Cuando se exhibió la película en París el insigne crítico André Bazin escribió que no se atrevía a desaconsejarla a la fanaticada keatoniana; “el fantasma de un genio como Buster Keaton merece no ser totalmente abandonado en esta triste aventura”. [L’Ecran Français, 5 de abril de 1949.]

Exiliados españoles en México
Keaton rodó esta vilipendiada (y razonablemente divertida) cinta en México, con producción de Alexander Salkind, cuando se le acabó el contrato con Educational Pictures y antes de empezar la serie de cortos para la Columbia, cuando se ganaba la vida escribiendo gags para el estudio que le dio la puntilla, M-G-M.

  
El director es el español exiliado Jaime Salvador —su hermano Julio se quedó en España donde rodó, por ejemplo, Apartado de correos 1001— y en el reparto hay al menos otros dos comediantes insignes que tomaron el mismo camino: Ángel Garasa y Pedro Elviro "Pitouto". Por la parte azteca el siempre mondante Fernando Soto "Mantequilla".

 

Ángel Garasa marchó a México en 1937 y obtuvo la nacionalidad mexicana, como más tarde haría Buñuel. En 1941 obtuvo el premio de interpretación de la Asociación de Periodistas Cinematográficos como actor de apoyo a Jorge Negrete en la comedia ranchera ¡Ay, Jalisco, no te rajes! (1941). Su personaje atiende por “El Malasuerte” pero a él no le pudo traer mejor fortuna. En sus siguientes proyectos actuó como protagonista o coprotagonista, convirtiéndose en partener habitual de Mario Moreno “Cantinflas” a partir de Los tres mosqueteros (1942). En cuatro décadas en el cine mexicano interpretará numerosísimos títulos, siendo también punto fijo en las producciones de Cesáreo González en las que Lola Flores o Carmen Sevilla paseaban flamenquismo por tierras charras y hacían de la confraternización transatlántica tema principal. Entonces se encasquetaba el sombrero cordobés y era, para el cinema azteca, el ideal tío de la folklórica.

En esta ocasión Garasa se presta al juego de darle la réplica a Keaton. Éste no chapuerrea en castellano más allá de tres palabras -“sombrero”, “prisionero” y “bonita”- pero a cambio se le da tiempo para que desarrolle algunas rutinas cómicas individuales: vendarse un dedo, montar a caballo, ordeñar una vaca… Es esta estructura dual, con adherencias del cine mudo la que produce la arritmia continua de que adolece la película.

Un Keaton apócrifo
El colmillo de Buda es una reliquia conservada en un templo de Ceilán, pero también juguete cómico de Pedro Muñoz Seca estrenado en diciembre de 1919 en el Teatro de la Comedia de Madrid y al que se le dieron 63 representaciones, lo que no está nada mal. Protagonizaba entonces este tour de force cómico el comediante Juan Bonafé en el papel de un hombre pusilánime que se cree intocable al entrar en posesión de un amuleto denominado “el colmillo de Buda”. A partir de ese momento el protagonista se dedica a repartir porrazos y puntapiés a cuantos se le ponen por medio y le molestan, en un recorrido que lo lleva por medio mundo. Sobre esta mínima trama urde Muñoz Seca un astracán rico en retruécanos, viajes abracadabrantes por medio mundo y bayaderas seductoras… una de ellas encarnada por Aurora Redondo, a quienes ustedes recordarán como la madame Bernarda de Ninette y un señor de Murcia.

Juan Bustillo Oro realizó una desubicada adaptación de la comedia de Muñoz Seca en 1949. Esta vez el protagonismo absoluto recaía en Ángel Garasa cuyo personaje atendía por Exquisito Churro. En las bases de datos filmográficas se atribuye el otro papel principal a Keaton. Sentimos decepcionarles, pero después de rastrear abundante documentación y consultar la biblia del cine mexicano, la monumental enciclopedia de otro exiliado español, Emilio García Riera, tenemos que afirmar que Buster Keaton nunca figuró en el reparto de El colmillo de Buda.


No obstante, dado que nos hemos entretenido en localizar alguna crítica y un argumento detallado, damos cuenta del contenido de la cinta, que a buen seguro hará las delicias del Abuelito.

En la colección de chinoiseries de míster Elder Hale (Charles Rooner) ocupa lugar preminente el colmillo de Buda, robado de un templo de Calcuta. Inevitablemente los miembros de una secta de adoradores de Buda, comandada por el príncipe Kalamor (Rafael Alcayde) están empeñados recuperar la reliquia. Benítez (Fernando Cortés), se ofrece a ayudarlos a introducirse en la mansión a cambio de una suculenta suma. Cuenta para ello con un disfraz de gorila con el que pretende sustituir al feroz primate Galaor, que míster Hale tiene como custodio de sus tesoros y de las dos bellas orientales que constituyen su particular serrallo: Adjacapatra (la rumbera Amalia Aguilar) y Egidsa (Sara Montes).



Benítez le propone a su amigo Exquisito (Ángel Garasa) que lo sustituya mientras él se enfunda el disfraz de gorila. Pero Emérita (Consuelo Guerrero de Luna), la mujer de Exquisito, ha aprovechado para pignorar el traje de simio. Total, que creyendo que se enfrenta a un hombre disfrazado, Exquisito se enfrenta al gorila auténtico, al que los miembros de la secta han dejado suelto, y lo derrota. Míster Hale lo contrata entonces como su guardaespaldas personal. Ambos se trasladan a la mansión de coleccionista y se dan la gran vida. Cuando una bailarina pretende cargárselo durante la ejecución de la “danza del puñal” exquisito sale indemne gracias a la protección del colmillo de Buda, que él cree que lo vuelve invulnerable.

Los de la secta se llevan a Exquisito a Calcuta y le dan tratamiento de rey… a cambio de que les devuelva el colmillo. Pero, mientras esté en posesión de la reliquia, Exquisito se dedica a repartir mamporros a diestro y siniestro y a disfrutar de su nuevo harén, en cuya cúspide coloca a la bella Adjacapatra. Al final, lo pierde. Emérita los salva, a Benítez y a él, de una muerte lenta y cruel a cambio de la joya y de que el príncipe Kalamor, enamorado también de Adjacapatra, los devuelva a México y les ponga una taquería.


Cuando tuvo oportunidad de verla —algo que nosotros no hemos logrado— Emilio García Riera no encontró ni una cosa buena que destacar: le molestaba el frase castizo de Garasa en una cinta ambientada en México, le cansaban los retruécanos de Muñoz Seca, le aburría la verbosidad del libreto de Bustillo Oro y le empalagaba la ambientación orientalizante. 
“La cinta contenía un solo gag visual (el del zapato usado como cenicero) e insistía en deducir implicaciones eróticas, pero muy supuestas, en el tratamiento de lo oriental”.

Como les decíamos, Keaton nada tuvo que ver con ello.


El moderno Barba Azul (1946)
Producción: Alsa Films (MX)
Director: Jaime Salvador.
Guión: Victor Trivas, Jaime Salvador.
Intérpretes: Buster Keaton (el náufrago), Ángel Garasa (el asesino), Virginia Serret (Aurora, la sobrina del profesor), Fernando Soto “Mantequilla” (el alcalde), Óscar Pulido (el alienista), Pedro Elviro “Pitouto” (el profesor), Luis G. Barreiro, Guillermo Bravo Sosa, Ramón G. Larrea, Jorge Mondragón, José Elías Moreno, Ignacio Peón, Enriqueta Reza, José Torvay.
98 min. Blanco y negro.

22 de febrero de 2013

El Mago Mordini


The Spook Speaks (1941), Jules White

El Mago Mordini (Lynton Brent) se va de gira durante seis semanas. Su antiguo asistente ronda la casa, empeñado en robarle sus trucos como venganza por haberlo despedido. Buster (Keaton) y Elsie (Ames) son contratados como guardeses para que no pueda llevar a cabo sus desleales planes.


La casa esta aislada. La tormenta arrecia. El ambiente es ominoso. Una médium recién casada (Dorothy Appleby) llega a la casa para pasar su luna de miel. Se va la luz… y Mordini se ha dejado allí a Orson, el pingüino patinador.


A partir de aquí todo es un barullo mil veces visto de casa encantada en la que se oyen ruidos extraños, vuelan fantasmas y esqueletos, los muertos vuelven a la vida y las trampillas se tragan a los vivos. Aquí la pueden ver con subtítulos en ruso como algunos de nuestros últimos enlaces.


El autor de los “sustos” es el antiguo ayudante, al que da vida Bruce Bennett, conocido una década atrás como Herman Brix y protagonista del serial producido por Edgar Rice Burroughs The New Adventures of Tarzan (Las nuevas aventuras de Tarzán, 1935).


No fue un periodo especialmente feliz para Keaton pues se vio emparejado por el estudio con el director Jules White, con quien nunca congenió.

Jules White
Lo menos que se puede decir de White era que sabía lo que quería. Lo logró en la década de los cuarenta con la creación de un trío al que llevó a las más altas cotas de popularidad de la comedia de mamporros: “The Three Stooges”.



White, nacido Julius Weiss en 1900, siguió los pasos de su hermano Jack en la industria del cine. Con él ingresó en la Educational Pictures de los años veinte. En 1926 empieza a dirigir comedias de dos rollos y, con la llegada del sonido, logra introducirse en Metro-Goldwyn-Mayer. Junto a su amigo de la infancia Zion Myers crearon para la productora del león, la serie “Dogville”, parodias de los éxitos recientes protagonizadas por… perros, como The Dogway Melody and So Quiet on the Canine Front. Entre col y col, una lechuga: la única película sonora de Keaton en M-G-M que no dirigió Sedgwick: Sidewalks of New York (1931). Buster siempre dijo que no había hecho otra peor.


En 1933 pasó a la Columbia como responsable de la unidad de cortometrajes cómicos. En 1939, cuando contrata a Keaton, no tiene competencia en este campo. Las películas se facturan en tres días, con una modestia de localizaciones y repartos encomiables. En la decena de películas de dos bobinas que Keaton hizo en la Columbia se repiten los nombres de White en la dirección, Bruckman como guionista y Elsie Ames y Dorothy Appleby como compañeras de reparto.

Como director, Jules White adora la comedia cómica: los pinchazos en el trasero, los ojos desorbitados o bizqueantes, los porrazos en la frente, los mordiscos en las pantorrillas y las caídas sobre cactus, seguidas habitualmente de la réplica: “creo que algo le pasa a mi cabeza”. Poco que ver, desde luego, con la esencia del arte keatoniano.
-Hacer una comedia sin violencia es como hacer un western sin tiros —espetaba White a sus detractores—. ¿La gente se ríe? Entonces, es que he hecho bien mi trabajo.


En los mejores momentos, su modo de abordar la comedia nos recuerda a los dibujos animados de la Warner. En los peores… sentimos lástima por los actores vapuleados. La “bayeta humana” nunca había producido tanta pena como en la Columbia.

The Spook Speaks (1940)
Producción: Columbia Pictures (EEUU)
Director: Jules White.
Writers: Clyde Bruckman, Ewart Adamson.
Intérpretes: Buster Keaton (Buster), Elsie Ames (Elsie), Lynton Brent (el Mago Mordini, mago), Don Beddoe y Dorothy Appleby (la pareja de recién casados), John Tyrrell (el ayudante del Mago Mordini), Bruce Bennett (el anterior ayudante del Mago Mordini) y Orson, el pingüino patinador.
18 min. Blanco y negro.