10 de septiembre de 2009

Tilita, la del circo


Tillie's Punctured Romance (La novela de Tilita, 1928), Edward Sutherland

Tillie's Punctured Romance es una producción de la modesta Christie Film Company de los hermanos canadienses Al y Charles Christie. Parece que las similitudes entre ésta y la película homónima de 1914, protagonizada por Marie Dressler y un primerizo Charlie Chaplin terminan prácticamente en el título. En la de 1914 Chaplin corteja a una pomposa matrona llamada Tillie (Marie Dressler) para quedarse con su dinero en tanto que tontea con la doncella (Mabel Normand).

En la de 1928, Tillie (Louise Fazenda) es una campesina seducida por el circo que pasa… y por su jefe de pista (W.C. Fields). “La Vanguardia” del 10 de mayo de 1928 da el siguiente argumento con el título de “Tilita, la del circo”:

Las bardas de los corrales y las paredes de las casas de Villahórrida aparecieron, una hermosa mañana abrileña, cubiertas con carteles que anunciaban la próxima llegada al lugar del circo monumental de Horacio Frisbee, «
el más grande del mundo». A corta distancia de Villahórrida estaba la granja de Adolfo Schmaltze, un ciudadano de origen alemán, corpulento y de aspecto militar, a quien cuidaba con más asiduidad que buen tino una hijastra.

La aparición de los carteles del circo de Horacio Frisbee en las bardas de la granja despertó en la mente del pobre Schmaltze recuerdos olvidados e ilusiones perdidas. No es extraño, pues, que el bueno de Schmaltze negase a Tilita, que así se llamaba la hijastra, su permiso para ir al circo aduciendo para ello razones de peso que Tilita, firme en su propósito, oía como quien oye caer un chubasco perfectamente guarecido bajo techado. Aquella tarde, que era la de un jueves de imperecedera memoria, Tilita enganchó el tronco de caballos de su padrastro al calesín de la granja y sigilosamente tomó el camino de Villahórrida, que era por una carretera polvorienta, mal cuidada y tortuosa.

Poco antes de llegar al lugar donde se levantaban las tiendas de lona del circo monumental de Horacio Frisbee, «el más grande del mundo», los caballos que Tilita conducía se espantaron y con un galope que sorprendió a la intrépida jovencita por lo inusitado en ellos, entraron en la tienda principal del circo en el instante que en la pista se corría una sensacional y jamás vista carrera de carros romanos. Rotas las dos ruedas posteriores del calesín, éste quedó convertido en un perfecto carro romano no del todo diferente a los que en la pista corrían. El ruido de la música y los gritos del público prestaron alas al espanto de los caballos de Tilita, los cuales entraron en la pista con la velocidad de las cuadrigas de la Roma cesárea e imperial. El triunfo de Tilita no podía ser más clamoroso y entusiasta.

Quien entraba en el circo con tan buenos auspicios no podía salir de él para volver a la soledad de una granja perdida en mitad de las llanuras de Arizona. Tilita no volvió a la granja, continuó en el circo de Horacio Frisbee, quien, por un capricho del destino, era el mismo domador de leones que veinte años antes se escapó de Villahórrida con sus reyes de la selva y con la que un día jurara amor eterno al que más tarde vino a ser padrastro de Tilita.

Los negocios del circo no andaban como Horacio Frisbee hubiera deseado que anduviesen. El jefe de pista y el «as» del alambre conspiraban para robarle el circo a Frisbee, pero como este no era de los que se dejan robar tan fácilmente, los dos canallas pusieron en ejecución los más maquiavélicos planes para lograr su objeto, entre ellos el de encerrarlo en la caja de los leones después de una vigilia de varios días. Por fin, cuando ya los conspiradores comenzaban a dejar en paz a Frisbee, pues no había medio de eliminarlo, el jefe de pista se enteró de que Titila era la hija de su patrón, y creyendo más fácil y menos arriesgado apoderarse del circo casándose con la jovencita, desde aquel momento puso sitio al corazón de Tilita sin que lograse rendirlo, pues la joven estaba prendada del llamado “Rey del Trapecio”, quien, una tarde, arriesgando su vida, la arrancó de las garras que un león hambriento y enfurecido por el prolongado ayuno a que el jefe de pista lo tenía sometido.

Cuando los Estados Unidos declararon la guerra a los Imperios Centrales de Europa, el circo de Horacio Frisbee, destrozado por la intriga y económicamente insolvente, estaba a punto de disolverse. No pudiendo prestar servicio a la Patria, a causa de su edad, Frisbee ofreció su circo al gobierno para que lo mandase a los frentes de batalla europeos para que allí sirviese de entretenimiento a los soldados que peleaban en las trincheras.

Transportado e1 circo a Francia por cuenta del gobierno, Tilita y sus compañeros fueron enviados a una población fortificada que acababa de ser evacuada por las fuerzas americanas y ocupada por las alemanas al mando, precisamente, de Adolfo Schmaltze, quien, fiel a su patria, se trasladó a Alemania poco antes de la declaración de guerra.

Y he aquí cómo sin pensarlo, Frisbee se encontró ante las fauces de un león mucho más peligroso que los leones de su circo: el general Schmaltze, de quien hacía veinte años y pico que andaba huyendo. Y he aquí también ¡oh, admirado e incrédulo lector! como Tilita se encontró, vestida de hombre, ante el pelotón de soldados que debía ajusticiarla por orden de su propio padrastro.

Encerrados en un calabozo, estrechamente vigilados, se encuentran Tilita y Frisbee esperando la hora de ser ajusticiados. Cuando ésta se acerca, Tilita se saca un medallón del pecho y lo besa apasionadamente. Intrigado Frisbee, se acerca a la doncella y después de pedirle el medallón y examinarlo, le dice:
—¿Quién es esta mujer?
—Mi madre —contesta Tilita con voz entrecortada por la emoción.
—¿Tu madre? —repite, incrédulo, Frisbee, y en seguida añade:
—Si esta es tu madre, yo soy tu padre...
—¡Padre mío! —exclama Tilita arrojándose en brazos de Frisbee.
La escena enternecedora que se desarrolla en el calabozo pocos minutos antes de ser llamados ante el pelotón de soldados que ha de fusilarlos, obliga a Frisbee a aguzar el ingenio, de cuyo aguzamiento resulta la libertad de los prisioneros, después de varias peripecias, en las cuales intervienen los leones del circo, que tanto contribuyen a la salvación de Tilita y sus compañeros.

En el reparto figuran Babe London –recordada como la novia de Oliver Hardy en
Our Wife (1930)- como la mujer forzuda, Mike Raffeto en el papel de domador y Kalla Pasha, como lanzador de hachas. Este último es un habitual de los repartos de la serie Browning-Chaney.

El liliputiense Billy Platt también intervino, como ya vimos, en
Two Flaming Youths. Comenzó su carrera cinematográfica como uno de los enanitos de la versión de Blancanieves de 1916, dirigida por J. Searle Dawley. Acreditado habitual y genéricamente como “Dwarf” (enano) o “Midget” (diminuto), intervino en varias películas durante los años veinte y treinta. En la antológica Terror of Tiny Town (1938) interpretó al tío ricachón. Es el único liliputiense de su quinta que no aparece acreditado entre los “munchkins” de The Wizard of Oz (1939).

Eddie Sutherland, otro de los directores que repetiría con Fields, estaba entonces casado con Louis Brooks y los tres habían participado en
It's the Old Army Game (El médico rural, 1926). Recurrimos una vez más a las memorias de la señorita Brooks para proporcionarles un veredicto que no podemos dar de primera mano: “Se rodó entre quejidos. Se estrenó entre gruñidos. Se exhibió en muy pocas salas y se enterró en los archivos, sin que nadie derramara una lágrima por ella”.

Esta es, de momento, la única película de nuestra colección que no hemos visto y que no consideramos perdida y todavía nos concedemos la posibilidad de encontrárnosla algún día. La hemos incluido porque W.C.Fields se lo merecía. Igual que se lo merecía el encuentro del Sr. Feliú con La Vanguardia de hace tantos años. En la biografía del cómico escrita por James Curtis se cuenta el proceso de creación de la trama y cómo finalmente se hizo deprisa y corriendo:"Eddie Sutherland did his best to make somethig of Tillie's Punctured Romance, but the idiotic plot defeated him".

Tillie's Punctured Romance (La novela de Tilita, 1928)
Producción: Christie Film Company (EEUU)
Director: Edward Sutherland.
Guión: Monte Brice y Keene Thompson.
Intérpretes: W.C. Fields (el jefe de pista), Louise Fazenda (Tillie), Chester Conklin (Horace Frisbee, el propietario del circo), Mack Swain (Adolf Schmaltze, el padre de Tillie), Babe London (la mujer forzuda), Billy Platt (el liliputiense), Kalla Pasha (el lanzador de hachas), Mike Rafetto (el domador), Baron von Dobeneck (un oficial alemán), Doris Hill (la heroína), Grant Withers (el héroe), Tom Kennedy, Mickey Bennett.
57 min. Blanco y negro.


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