22 de mayo de 2009

los ismos y el apéndice circense

Voluminoso catálogo de la exposición dedicada al ramonismo celebrada en el Reina Sofía. Un homenaje merecido a quien se consideraba a si mismo cronista de circo. El apéndice circense era una selección de carteles de artistas y circos de la época que han reproducido en el catálogo. Muy interesante.

VVAA
Los ismos de Ramón Gómez de la Serna y un apéndice circense
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Madrid, 2002

21 de mayo de 2009

Charlot cubista en el ballet mecánico


Ballet mécanique (1924), Fernand Léger y Dudley Murphy
 
RAMÓN Gómez de la Serna dedica un capítulo de “Ismos” a Fernand Léger definiendo su concepción particular del tubularismo: “En el arte de Léger –escribe Ramón- se desperezan todos los radiadores y todas las tuberías de la gran máquina de la vida. Pinta Léger lo que hay en la vida de relacionado, por medio de tuberías correspondientes, lo que hay en la vida de acoplado, porque sólo así el equilibrio de la vida persiste”.
Ballet mécanique es una película encuadrada dentro de la vanguardia histórica y, en concreto, en el movimiento que abogaba por el cine abstracto. Con la colaboración del norteamericano Dudley Murphy, Fernand Léger rodó este cortometraje que debía proyectarse acompañado por una partitura que George Antheil había compuesto para un montón de pianos mecánicos cuya sincronización resultó imposible.

El juego dadaísta de incluir el intertítulo “On a volé un collier de perles de 5 millions, dan pie a un juego caligramático en que los ceros se convierten en perlas –o en meros elementos (tipo)gráficos- pero también nos remiten al subrayado buñueliano de la inanidad del discurso argumental cuando incluía en L’Age d’or aquellos rótulos imposibles que remitían a “Ocho años después” o “Hacia las tres de la madrugada”. Pretendía co ello Léger la consecución de un nuevo “realismo” en las que las imágenes quedaran despojadas de su valor connotativo. Por eso realiza, sin guión previo, un collage de imágenes naturalistas –alteradas, invertidas, ralentizadas…- con formas planas y objetos vacíos de significado.

La película se organiza a partir de imágenes caleidoscópicas en las que el rostro humano se descompone, busca rimas visuales con formas geométricas y salta al compás de las máquinas. La imagen de una mujerona subiendo una escalera con un bulto al hombro se repite una y otra vez, en una suerte de bucle con fin. Imágenes descoyuntadas de una verbena, casi subliminales, en las que el cuerpo cayendo por un tobogán se convierte en motivo musical. Ruedas y bielas en movimiento replican a Kiki de Montparnasse -la modelo habitual de Man Ray y actriz en La barraca de los monstruos-, que abre y cierra los ojos o sonríe. No es éste el único motivo para proyectar Ballet mécanique en la carpa. Además de la irrupción en algún momento de la cinta de nuestros hermanos mecánicos –los autómatas-, la película se abre y se cierra con sendos segmentos dedicados a Charlot. No a Charles Chaplin, sino a Charlot como icono cubista: su bombín, su bigotito y su sombrero. Las piezas bailan con independencia de su función, se organizan movidas por la música, se desacoplan. Charlot realiza así las proezas físicas que ni siquiera Keaton logró, el descoyuntamiento completo al ritmo de la música.

Los modelos en madera con los que se realizó el rodaje persisten como obras autónomas fechadas en 1923. La película forma parte de una colección de cine de vanguardia en siete DVDs titulada “Unseen Cinema: Early American Avant-Garde Film 1894-1941”. También pueden verla de aquella manera aquí: www.ubu.com/film/leger.html
Sr. Feliú
Ballet mécanique (1924) 
Dirección: Fernand Léger y Dudley Murphy, sobre una idea de Léger. 
Fotografía: Man Ray y Dudley Murphy.

7 de mayo de 2009

Domador por amor

Der Zirkuskönig / Le Roi du cirque (Max, domador por amor, 1924), Edouard-Emile Violet y Max Linder


CONTRA lo que es nuestra costumbre, nos vemos a obligados a comentar esta película sin haberla visto. Las noticias que encontramos de ella son contradictorias. Algunos la dan por desaparecida, otros hablan de su conservación fragmentaria. La constatación de que en los años ochenta circulara por España una copia resumida de unos veinte minutos, avalan esta última tesis, pero no hemos conseguido dar con ella. La información procede de fuentes bibliográficas y hemerográficas, y del libro de Adrian que sirve de vademécum a sus seguros servidores.


La idea de ambientar una película en el circo proviene del rodaje de Seven Years Bad Luck (1921), cuando Max se encierra en la jaula de los felinos para evitar la persecución de la policía. Durante su estancia estadounidense Linder baraja la idea de realizar una película con su amigo Charlie Chaplin. Finalmente, Chaplin termina realizando The Circus (El circo, 1927) después de que Linder haya puesto punto final a su carrera y a su vida con Der Zirkuskönig.

El conde Max de Pompadour (Max Linder) trae por la calle de la amargura a su tío, el marqués de lo mismo, por su vida de crápula. Linder juega sobre seguro abriendo la cinta con una de sus pulidísimas pantomimas de juerguista borracho, peleando con la puerta giratoria del hotel y confundiendo la lamparita de noche con una última copa.

La única solución para acabar con tanta disipación es el matrimonio; de lo contrario, será desheredado. Tres son las candidatas propuestas por el marques. Max decide dejar a la suerte que decida por él. Dispara contra las tres fotografías con los ojos vendados. Sin embargo, el disparo provoca el desvanecimiento de una trapecista del Circo Buffalo de la que Max cae rendidamente enamorado. ¡Lo que le faltaba al bueno del marqués!

Ketty (Vilma Banky) acaba de romper con el forzudo Emilio. Sin embargo, cuando Max solicita su mano al director del circo (Julius Szöreghi), éste le hace saber que una ley no escrita obliga a las gentes del circo a la endogamia. Si Max quiere de verdad a Ketty, debe convertirse en uno de ellos.

Max ensaya en la habitación de un hotel con la colaboración de su criado y los conocimientos teóricos logrados gracias a la lectura del manual “Cómo convertirse en malabarista”. Mesas y sillas caen por el suelo provocando las iras del huésped de la habitación de abajo. Sus intentos como adiestrador de pulgas tampoco terminan de cuajar. Los insectos deben subir a un minúsculo trapecio y ejecutar varios ejercicios a golpe de corneta, pero escapan y provocan el pánico entre el público. Max intenta recuperarlas una a una, para desesperación de su rival amoroso que se enzarza una pelea con Max, pero las pulgas colaboran con el pequeño domador para derrotar al Goliat.

Un payaso con el que ha trabado amistad le ofrece la solución. Max será domador y él, cubierto con una piel de león, hará el papel de fiera salvaje. Emilio, el amante despechado, deja fuera de combate al clown en el último momento y suelta en la jaula a un león hambriento con el que se tendrá que enfrentar el inexperto Max.

La revista profesional “Variety”, en su edición del 25 de junio de 1924, dedicó una elogiosa crítica a la película en su presentación londinense.

 “The circus scenes are very good, while all the other scenic work is admirable (…) Max Linder makes a great comeback as de Pompadour. He never clowns and much of his business is delightfully original”.

Afortunadamente en una actualización que realizamos en 2024 encontramos de nuevo la película con comentarios en castellano y se la enseñamos con mucho gusto:


Der Zirkuskönig / Le Roi du cirque (Max, domador por amor, 1924)
Producción: Vita Film (AUS)
Dirección: Edouard-Emile Violet y Max Linder.
Guión: Max Linder.
Intérpretes: Max Linder (Max Graf von Pompadur), Vilma Banky (Ketty), Julius Szöreghi (su padre, el director del Circo Buffalo), Eugen Burg, Ernst Günther, Viktor Franz – Drehzeit.
1750 metros. Blanco y negro.

5 de mayo de 2009

Max en el caserón encantado


Au secours! (El castillo de los fantasmas, 1924), Abel Gance

PROTAGONIZADA por el as de la comedia Max Linder y dirigida por el vanguardista Abel Gance, Au secours! cuenta con el inconveniente de no ser una película de Linder ni de Gance.

Gance, que ya ha despuntado como ambicioso creador de avanzada en títulos como La Roue (1923), había actuado en sus inicios en las comedias de Linder. En virtud de esta vieja amistad, ambos se proponen realizar un trabajo conjunto, un divertimento breve, que suponga un paso adelante en la carrera del comediante, que no está en su mejor momento personal.Recurren para ello a una situación archiconocida: el caserón encantado. El Conde de Mornay (Jean Toulout) ofrece mil francos de recompensa a quien pase una noche en un castillo en el que ocurren cosas extrañas. Max (Max Linder), que se encuentra en el pueblo pasando su luna de miel con Renée (Gina Palerme), se ve que no tiene mejor cosa que hacer aceptar la apuesta.



Tras este breve prólogo Max llega al castillo. Las puertas se abren solas. La figura de cera de un mayordomo cobra vida. Empuja a Max por las escaleras y se suceden varios cortes alternos al ralentí y acelerados. Max consigue detenerse agarrándose a una lámpara del techo, pero esto hace que el fotograma encoja verticalmente, como si estuviéramos en unos dibujos animados de Tex Avery. A estas alturas ya hemos caído en la cuenta de que el caserón embrujado no es otra cosa que el castillo encantado del cinematógrafo. Nos encontramos en el terreno que Gance domina.


En la segunda parte, en cambio, la balanza se inclina del lado de Linder. Bebe de una botella y al instante se da cuenta de que es veneno. Intenta huir y se tropieza con tigres, serpientes, esqueletos de cuatro metros, criados descabezados, espadas que caen del techo, manos que atraviesan las paredes armadas con revólveres, caimanes, leones… Max supera todas las pruebas hasta que debe enfrentarse a la llamada desesperada de su esposa, acosada por un súcubo. ¿Lo echará todo por la borda y perderá la apuesta?

El cambio de registro de Linder es que la situación torturante de Max no está interpretada como si de una comedia se tratara. Los momentos finales juegan al horror, provocando en nosotros una sensación desasosegante que el tópico final feliz no termina de disipar.

Finalizado el cuento del caserón encantado, Gance se embarca en la concepción de su monumental Napoléon (Napoleón, 1927) y Linder, en la realización de su última película Der Zirkuskönig / Le Roi du cirque (Max, domador por amor, 1924).


Au secours! (El castillo de los fantasmas
, 1924)
Producción: Films Abel Gance (FR)
Director: Abel Gance.
Guión: Abel Gance y Max Linder.
Intérpretes: Max Linder (Max), Jean Toulout (Conde de Mornay), Gina Palerme (Renée), Gaston Modot.
23 min. Blanco y negro.

3 de mayo de 2009

Por romper un espejo


Seven Years Bad Luck (Siete años de mala suerte, 1921), Max Linder

EN MENUDO follón se mete Max por lanzar un zapato contra un espejo. El espejo roto son siete años de mala suerte –según reza el título original- y, con tal de evitarla, Max caerá cada vez más bajo.

Todo empieza durante su despedida de soltero. Max llega a su mansión con una trompa colosal y confunde la ventana con el armario, de suerte que tira toda la ropa a la calle y cuando abre lo que cree el ventanal se asombra del olor a naftalina que llega del exterior. La consiguiente mañana de resaca es también de órdago. John, el mayordomo (Ralph McCullough), y la pizpireta doncella (Betty Peterson) tontean en el vestidor y hacen caer al espejo. Para ahorrase la bronca en tanto traen el de repuesto, el mayordomo pide al cocinero (Harry Mann) que le eche una mano. Uno por cada lado hacen como que están limpiando para que Max no se dé cuenta, pero cuando éste se empeña en afeitarse, el cocinero se ve obligado a duplicar sus acciones. Ya volveremos sobre esto, ahora lo que importa es que Max ha descubierto el truco. Lanza un zapato contra el burlador con la mala pata de que acababan de reponer la luna.

Max se ha hecho acreedor de los siete años de mala suerte. Y el primer signo del maleficio es que su novia, la dulce Betty (Alta Allen) rompe con él. Despechado, Max parte en tren con rumbo ignorado. Pero tan pronto llega a su destino unos facinerosos le roban la maleta y la cartera. Para regresar Max debe colarse en el tren. Esto da lugar a una larga persecución en la que abundan las situaciones absurdas, los disfraces disparatados y las fugas más increíbles, que culminan con la policía persiguiéndole por toda la ciudad. Para darles esquinazo Max se esconde en el zoo. El único sitio donde la policía no se atreve a entrar es la jaula de los felinos, entre los que Max parece encontrarse como en su casa. Lo que no logra la policía lo termina consiguiendo un chimpancé.

En su ausencia, el mejor amigo de Max (F.B. Crayne) –tenga usted amigos para esto- se dedica a consolar a la dulce Betty. Finalmente, Max acabará en prisión. Conducido ante el juez, coincide con su novia y su mejor amigo que han acudido allí a casarse.


Max Linder escribe, protagoniza, dirige y produce esta película en 1921, la primera de tres realizadas en Estados Unidos en el plazo de un año. Una actividad frenética y escasamente gratificante, pero que hoy nos lo muestra pletórico en la concepción y resolución de los gags. Algunos son clásicos, como el del trompas que regresa a casa, el del papel encolado o el del espejo roto. Otros tienen el brillo de lo nuevo. Aún así, entre los primeros, la ejecución es lo que cuenta y si los hermanos Marx consiguieron una versión personal de la misma… la riqueza de invención de Max Linder resiste perfectamente la comparación:


Epílogo primate (dedicado al Abuelito)
El chimpancé que atrapa a Max no es un cualquiera. Atendía por el nombre de Joe Martin e hizo de compañero de Tarzán en el serial The Adventures of Tarzan (1921), en la que el hombre-mono era encarnado por Elmo Lincoln. La base de datos imdb le asigna una veintena de roles entre 1916 y 1924, entre los que destaca Monkey Movie Star (1921). Sin embargo, una crónica sobre el estreno de East of Borneo (Al este de Borneo, 1931) nos vuelve a hablar de él. Al parecer su comportamiento incontrolable habría llevado a su propietario a venderlo a un circo en 1921. De allí pasa al zoo de Florida de donde la Universal decide rescatarlo para darle una nueva oportunidad como estrella cinematográfica. Probablemente la edad le sosegara un tanto porque se barajó su candidatura para coprotagonizar, junto a Bela Lugosi, The Murders in the Rue Morgue (1932), aunque finalmente el papel fue a parar al filipino Charles Gemora y su traje de gorila.

Sr. Feliú

Seven Years Bad Luck (Siete años de mala suerte, 1921)
Producción: Max Linder Productions (EEUU)
Guión y dirección: Max Linder
Intérpretes: Max Linder (Max), Alta Allen (Betty, la novia de Max), Ralph McCullough (John, el mayordomo), Betty Peterson (Mary, la doncella de Max), F.B. Crayne (el mal amigo), Harry Mann (el cocinero de Max), Lola Gonzales (la doncella de Betty), Chance Ward (el revisor), Hugh Saxon (el jefe de estación), Thelma Percy (la hija del jefe de estación), Cap Anderson (un prisionero), Joe Martin (el chimpancé) y el perro Pudgy (Frizotto).
62 min. Blanco y negro.

1 de mayo de 2009

Max Linder

Gabriel Maximillian Leuvielle
16 de diciembre de 1883 – 31 de octubre de 1925



CHAPLIN dijo de él que había sido su auténtico maestro. Pierre Etaix le homenajeó abiertamente en YoYo. El comediógrafo Marcel Achard lo proclamó el “Molière de la cinematografía”. Ante ustedes el rey de la comedia… Max Linder.

En 1905 Max simultanea sus primeros pasos en el escenario y ante las cámaras de la mano de Louis Gasnier o Lucien Nonguet. En Max joue le drame (1914), realizada en el culmen de su carrera, se burla de los excesos teatrales:


 y en Les débuts de Max au cinématographe (Debut en el cinematógrafo, 1910) se parodian sus inicios cinematográficos:


En 1912 firma un contrato de tres años con la Pathé por un millón de francos. En septiembre actúa en Barcelona, en el sketch “Pédicure par amour”, basado en la película del mismo título de 1908. Aparece vestido de torero en la plaza de toros de Barcelona, donde rueda unas escenas que incluirá en Max toreador (Max torero, 1913).


Durante la Gran Guerra es movilizado. Al poco tiempo regresa gravemente herido; según unos, afectado por el gas mostaza y según otros por permanecer varias horas en el cráter encharcado de un obús. Las heridas no son sólo físicas. La depresión se ceba en él desde entonces.

El relativo fracaso de sus tres películas estadounidenses (1921-22) lo trae de vuelta a Europa donde escribe e interpreta Au secours! (El castillo de los fantasmas, 1923) para Abel Gance y protagoniza Der Zirkuskönig (Max, domador por amor, 1924).

Luego se suicida junto a su mujer, apenas salida de la adolescencia. Titulares periodísticos y olvido. Hasta que en los años sesenta Maud Linder se empeña en rescatar la obra de su padre.


Max trajo a la comedia la elegancia del galán cómico del teatro de bulevar. Chaqué, sombrero de copa y botines. Tampoco es un aristócrata, aunque se las dé de ello. Chesterton desarrolló en un cuento policiaco del Padre Brown el mismo argumento que Max en uno de sus cortos: el atuendo del cliente de un restaurante de lujo y el del camarero que le sirve son demasiado idénticos como para que no existan otras coincidencias.

Ya ven. Max Linder no sólo se inventó un personaje seminal y el modo de llevar el slapstick a la pantalla, sino también la comedia cinematográfica de costumbres.

Filmografía seleccionada:
Dos centenares de cortos entre 1905 y 1918. El primero:
La Première sortie d'un collégien (La fuga de un colegial, 1905), Luis Gasnier.
Les débuts de Max au cinématographe (Debut en el cinematógrafo, 1910), Lucien Nonguet
Max toreador (Max torero, 1913), Max Linder
Max illusionniste (Max ilusionista, 1914), Max Linder
Le Petit café (Petit Café, 1919), Raymond Bernard

En Estados Unidos realiza tres películas:
Seven Years Bad Luck (Siete años de mala suerte, 1921), Max Linder
Be My Wife (Peor que una suegra, 1921), Max Linder
The Three Must-Get-Theres (Los tres mosqueteros, 1922), Max Linder

De vuelta a Europa protagoniza el cortometraje
Au secours! (El castillo de los fantasmas, 1924), Abel Gance
e interpreta y codirige
Der Zirkuskönig / Le Roi du cirque (Max, domador por amor, 1924), Max Linder y Édouard-Émile Violet

Su hija realiza una película de montaje a partir de sus tres largometrajes americanos:
En compagnie de Max Linder (En compañía de Max Linder, 1963), Maud Linder
y el documental:
L'Homme au chapeau de soie (1983), Maud Linder