13 de agosto de 2010

Si quieres ser ventrílocuo…



Manual de este arte dirigido a profesionales o artistas que quieren adentrarse en este mundo. Inspirado por su muñeco Jerry Mahoney, el famoso ventrílocuo americano hace un recorrido por las diferentes facetas de la ventriloquía, desde su historia, pasando por la técnica, la creación de un personaje, el control de los labios y unas cuantas rutinas de su época. Paul Winchell participó en numerosas películas y hasta tuvo su propio programa de televisión, el Winchell-Mahoney Time (1965–1968). Hasta unos pocos años antes de su muerte acaecida en 2005, ha sido la divertida voz de Tigger de la serie de dibujos Winnie the Pooh.


WINCHELL, Paul inspired by Jerry Mahoney:
Ventriloquism for fun and profit
Ottenheimer Publishers, Inc, Usa, 1954

11 de agosto de 2010

Wenceslao Moreno, Señor Wences

Wenceslao Moreno, Señor Wences
Peñaranda de Bracamonte, Salamanca, 20 de Abril de 1896 - Nueva York, 20 de abril de 1999

Por Jorge San Román

Las personas que tienen o parecen tener la facultad de hablar con el estómago o con el vientre, se llaman ventrílocuos y también gastrílocuos, gastrímitos o engastrímitos. El primer ventrílocuo moderno con marioneta fue el barón de Meugen, que vivió en 1720 en Viena. Este aristócrata austriaco fue el primero en servirse de muñecos.

En el siglo XX el Señor Wences llegó a lo más alto haciendo ventriloquia en vodevil, cine, variedades y televisión. No movía los labios en absoluto, hacia once voces diferentes y hablaba ocho idiomas. Fue el artista de más éxito en el legendario show de Ed Sullivan, en plena era dorada de la televisión americana. Desde su primera actuación en junio de 1948, permanecería 20 temporadas totalizando 48 actuaciones de diez minutos, por cada una de las cuales cobraba 10.000 dólares. 1000 dólares por minuto, una cifra astronómica para la época, e inalcanzable para otros artistas.


Según el acta de bautismo que se conserva en el archivo parroquial, Wenceslao, hijo de Antonio Moreno y Josefa Centeno, nació en Peñaranda de Bracamonte, provincia de Salamanca, a las dos de la madrugada del día 20 de Abril de 1896 y tuvo 19 hermanos de los que siete sobrevivieron a la infancia. De niño vivió temporadas con unos tíos suyos que se dedicaban a hacer carros; fue confitero, pintor decorador junto a su padre, tornero de topes de vagón en la fábrica de vagones, y quiso ser torero. Su padre, era músico, pintor y decorador, y tocaba el violín en los teatros Liceo y Moderno de Salamanca, escribía poesías y publicaba artículos en periódicos.


Jugando por sus calles, Wences, que tenía 10 años en aquél momento, y su hermano Felipe, quedaban deslumbrados ante las actuaciones de los ventrílocuos callejeros Ninchi, Roque y el tío Juliano. Los hermanos Moreno comenzaron actuando por los pueblos de Salamanca y cobrando un chorizo o unos huevos como entrada. Después Wences Moreno trabajó por toda España junto a Pastora Imperio, La Cordobesita, La Goya, Mercedes Serós, Celia Gámez, Imperio Argentina y con los hermanos Ramper. En 1918, se presentó en el teatro Novedades de San Sebastián, con la compañía de la Argentinita. En el año 1924 debutó en el circo Price al lado de Pompoff y Thedy. Allí trabajó junto a su hermano Felipe entre 1926 y 1927, hasta que consiguió reunir las 9000 pesetas que le permitirían dar el gran salto y cruzar el Atlántico, y en 1934 Wences llegó a Buenos Aires.


Un año después desembarcó por vez primera en Nueva York para actuar en un club situado en el popular barrio de Greenwich Village. Durante aquellos años intercaló giras por Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia, Buenos Aires, Río de Janeiro, Caracas, Méjico y La Habana. Fue allí donde consiguió el contrato para actuar en el cabaret neoyorkino “El Chico”. En 1937 Wences y Felipe actuaron en Londres ante el Rey Jorge y la Reina María, abuelos de la Reina de Inglaterra, y en El Cairo ante el Rey Faruk de Egipto.


En 1943 tras enviudar de su primer matrimonio, se casó con una inglesa de padres rusos y origen judío. Nathaly Cover fue una gran danzarina, además dominaba nueve idiomas y se convirtió en su mejor secretaria.

Vivió la II Guerra Mundial como Teniente de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Con sus actuaciones llenaba las enormes carpas que el ejército americano habilitaba para animar a los combatientes en el frente. En la Meca del Cine intervino en algunas películas, como la producción de Walter Lang de 1947 “Mother wore thights”, titulada en España “Siempre en sus brazos”, con Betty Grable en el papel protagonista.


El Señor Wences aseguraba no conocer el fracaso y su secreto consistía en no ser jamás grosero, ni decir cosas que pudieran molestar al público, porque consideraba que eso le haría perder su dignidad profesional. El frac., confeccionado en las mejores sastrerías de Londres, fue siempre su uniforme sobre el escenario, fuera de él mantuvo la costumbre de usar pajarita.


El primer muñeco de Wences había sido confeccionado por su padre, que lo había llamado Pedro, y llegaría a ser conocido mundialmente como “el hombre de la caja”. Wences conservó a Pedro hasta el final de sus días en su residencia newyorkina junto a sus otros personajes; Cecilia, la gallina parlanchina; el médico francés Monsieur Lafouret y el británico Mr. Foster, ocasionalmente empleados en las actuaciones europeas, la vieja regañona Joaquina, o Juanito, "Johnny Martin". Alter ego del propio Wences, Johnny era un muchacho impertinente que aparecía ante el público americano como una combinación de Verónica Lake y Boris Karloff.


Durante mucho tiempo, mis muñecos, fueron mis mejores amigos. Los adoro; es algo inexplicable, pero llegas a quererlos muchísimo. Es que forman parte de ti mismo; son tus compañeros inseparables en el escenario, en los viajes, en la habitación del hotel… Tengo muchos; y de vez en cuando invento uno nuevo. La primera vez que actué en televisión me pagaron 17 dólares, pero es que se acababa de inventar la televisión y en todo Nueva York no había más que 400 televisores.

El Señor Wences actuó en los mejores teatros de Nueva York; el Radio City Music Hall, el Roxy, el Capitol o el Paramount, y siempre será recordado en la Gran Manzana, donde residió durante más de 60 años, por llevar su nombre un tramo de la calle 54 entre la Octava Avenida y la Avenida de Broadway.

En los años 50 trabajó en el Lido de París. Después, acompañó a Danny Kaye en una gira alrededor del mundo que arrancó en el London Paladium de Londres. El señor Wences trabajó junto a Dorothy Lamour, Zsa Zsa Gabor y Sammy Davis Jr. Apareció en los shows televisivos de Jack Benny y Perry Como, y trabajó en Las Vegas junto a Dean Martin y Jerry Lewis.Jr. Durante siete años, hasta mediados de los años setenta, el Señor Wences trabajó en París haciendo galas en el Olimpia y en el Crazy Horse.


Fue también amigo de Spencer Tracy y Frank Sinatra, con el que compartió camerino en 1939 en Nueva York. Conoció a Unamuno y a Jacinto Benavente, hizo amistad con Orson Welles, Alfred Hitchcock, Walt Disney...

Conocí a Ava Gardner en una tertulia y me pareció bellísima. Intercambiamos nuestras direcciones y por aquel entonces, ni siquiera sabía que se trataba de la conocida actriz. Después vino el lío y todo eso pero pronto decidimos dejar nuestra relación y continuar siendo amigos. Es estupenda.


En 1980 Jim Henson, el creador de Barrio Sésamo y del Show de los Teleñecos, se reconocía desde niño como un rendido admirador de Wences, y en una carta le pidió que aceptase su invitación para intervenir como artista invitado en uno de los programas de la quinta temporada del Show de los Teleñecos. Por esos años apareció en el programa nocturno de máxima audiencia de David Letterman en Nueva York.


El ventrílocuo es ante todo un actor. Si no se posee algo más que la simple capacidad para crear varias voces, no se triunfa. Hay que cautivar al público, conmoverle, ilusionarle; hay que espolear su fantasía; hay, en resumen, que situarle en trance y esto sólo puede lograrlo un actor. Hacer dos o tres voces, está al alcance de… no de cualquiera, pero sí de muchos; en cambio hacer cinco o seis voces, exige unas dotes que son poco comunes. Para mi trabajo suelo usar seis. Puedo lograr alguna más, aunque ya no van bien.


Durante el PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL DE AMIGOS DEL CIRCO, bajo la Presidencia de Honor de S.A.R. Don Felipe de Borbón, celebrado en Madrid en marzo de 1988, se acordó por aclamación conceder la Medalla de Oro de la Asociación Española de Amigos del Circo al señor Wences, en reconocimiento a los excepcionales valores de calidad que logró en el ejercicio de su noble profesión como artista circense, valores que, en su día, ya fueron reconocidos por los públicos de todo el mundo y que hoy perduran en el recuerdo de los amantes del circo.


"He ganado mucho dinero, lo gasto a buen ritmo. Creo que la magnanimidad da a la vida un carácter mucho más amable y, desde luego, bastante más digno. En toda admiración hay siempre un poco de afecto y en todo afecto hay mucho de admiración. A todo se acostumbra uno; hasta al éxito. Esto quizá te obliga a ser más humilde".

Wences Moreno murió mientras dormía la madrugada del lunes al martes 20 de abril de 1999 en su casa de Nueva York. The New York Times destacó en su necrológica: “En una carrera de más de ocho décadas, Wences demostró repetidamente ser un miembro estelar de una constelación en la que brillaron Edgar Bergen, Paul Winchell y otros populares ventrílocuos que encandilaron al público desde los años veinte hasta bien entrada la era de la televisión”.


Más sobre Wences:

8 de agosto de 2010

De unos artistas de variedades en una guerra que no es la suya


TRES PELÍCULAS rodadas en torno a la Guerra Civil concentran en su argumento historias singulares de lo que el profesor Ríos Carratalá llama el “tiempo de la desmesura”:
Rojo y Negro (1942), del falangista Carlos Arévalo, El genio alegre (1936), del también falangista Fernando Delgado, y un título ya conocido para los que frecuentan nuestra carpa, Carne de fieras (1936), del anarquista Armand Guerra.

En el libro de Ríos Carratalá se rastrea el incierto destino no sólo de la “Venus rubia” Marlene Grey, sino del director trotamundos Armand Guerra y de las desaparecidas vedettes Tina de Jarque, coprotagonista de la película, y Victoria del Mar.


Pero, sobre todo, El tiempo de la desmesura nos pone sobre la pista Georges Marck, el domador que compartía jaula con la intrépida danzarina. Formaba parte del elenco de La venenosa, donde encarnaba al domador Raoul. Al parecer era hijo de George(s) J. Marck que habría participado en el rodaje de un par de títulos en la época del pionerismo. El más destacado sería George J. Marck and His Lions (1902), del que no hemos encontrado más rastro que una mínima ficha con otro título traducible por “En la jaula de los leones”.

Geroges Marck habría mostrado al reportero Rafael Martínez Gandía su cuerpo cruzado de cicatrices en el número de la revista Crónica del 26 de junio de 1936, poco antes del golpe militar. Sin embargo, a los lectores de Crónica, las cicatrices del domador les importaban bien poco. Lo que querían ver retratado era el cuerpo de la “Venus rubia”. Un reportaje de titulado “La emocionante danza de Marlene Grey en la jaula de las fieras” nos sorprende con la noticia de que Marlene Grey estaba casada con uno de los actores que tenía encomendado un papel menor en
Carne de fieras. Se trata de Jack Sidney que se presentaba en los mismos espectáculos de variedades de su señora como “el hombre autómata”. A mediados de junio de 1936 se habían presentado en el Circo Price. Tres semanas después hace dos pases por noche con “éxito creciente” en el Teatro Maravillas. El precio del espectáculo era en ambos casos de una peseta. Los pases duraban 40 minutos.


El número se publicitó con grandes fotos de la estrella desnuda adheridas a los laterales de un coche que circulaba por la Gran Vía y la calle Alcalá. Seguramente fue éste el motivo por el que Arturo Carballo, el empresario del cine Doré, decidió contratarla para protagonizar una película. El rodaje, ya lo contamos en otro sitio, comenzó en fecha tan desafortunada como lo fue el 16 de julio de 1936.

El 23 de agosto, antes de poder regresar a Francia, Marlene Grey y los leones de Georges Marck actuaron en un festival pro-heridos de guerra organizado por la CNT en la Plaza de Toros de Madrid. Se anuncian también su compañera de reparto Tina de Jarque, la vedette Laura Pinillos, la cupletista cómica Amalia de Isaura, los caricatos Lepe y Alady, el cantante Angelillo, la Shirley Temple española y el negro Aquilino. Del “hombre autómata” no hemos encontrado rastro.


CARRATALÁ, Juan Antonio Ríos
El tiempo de la desmesura: Historias insólitas del cine y la guerra civil española.
Barcelona, Barril & Barral, 2010.
ISBN: 9788493770716


5 de agosto de 2010

Entre Liliputienses 2



Gulliver (1976), Alfonso Ungría

Después de ver Gulliver
Escribíamos la nota anterior cuando Gulliver nos parecía una película invisible. Las cosas han cambiado. Hemos podido entrever Gulliver en una deleznable edición norteamericana en DVD cortesía de la compañía estadounidense Miracle Pictures, que tiene en su catálogo varias joyas del cine psicotrónico —suponemos que en dominio público— como The Bat (1959), Isle of Forgotten Sins (1943), The Ape Man (1943) o Black Dragons (1942).

En el DVD de Gulliver el cuadro se recorta por todos los lados, los títulos apenas se leen, tiene un sinfín de parones, drops de vídeo y de fallos de imagen en los que la pantalla se queda en gris. En las escenas nocturnas no se distingue apenas nada. En la carátula se ha sustituido la imagen de Fernán-Gómez por la de un mozalbete y la palabra “gente” aparece escrita con “j”. Una joya, vamos, como pueden ver en las capturas. Ahora, que esto se edite en Estados Unidos, en castellano, sin subtítulos y con errores ortográficos tan garrafales entra en el terreno de lo fantástico.

Lidiado el continente, vamos con el contenido. La película es tan esperpéntica como cabía esperar y bastante más brutal, zafia y conscientemente feísta de lo esperado. Escenas como la de la felación o la violación de Rosa por parte de los enanos liberados de la opresión de su jefe son brutales hasta lo doloroso.


Los espectáculos puestos en escena por los pequeños en su cuartel de invierno son espectáculos taurinos —una parte del elenco procede de la troupe de "El Chino Torero"— y el vodevil arrepistado. Cuando Martín “El Marquesón” (Fernán-Gómez) se haga con el poder intentará llevarles por la senda del teatro trascendente, los clásicos con lectura contemporánea y el toreo serio. Todo ello dará como resultado el ridículo más espantoso ante los empresarios teatrales (José Riesgo y Enrique Vivó), que buscan el espectáculo burlesco que asegure la taquilla, y, más grave, la cogida y muerte de uno de los toreros diminutos que provocará la venganza de los fenómenos en la línea canónica marcada por Freaks (La parada de los monstruos, 1932)


Gulliver se revela así como pieza clave en la evolución de Fernán-Gómez como cineasta. Una línea que enlazaría desde la también prácticamente invisible y zarzuelera Bruja, más que bruja hasta la desesperanza desaforada de Mambrú se fue a la guerra.


El rótulo final dedica la cinta “a los marginados de cualquier condición, a los extranjeros de ninguna parte”, algo con lo que nos sentimos plenamente solidarios.

Gulliver (1977)
Producción: Juan Manuel Muñoz P.C. (ES)
Director: Alfonso Ungría
Guión original: Fernando Fernán Gómez y Alfonso Ungría
Intérpretes: Fernando Fernán Gómez (Martín Olazábal, El Marquesón), Yolanda Farr (Rosa), Enrique Fernández, José Jaime Espinosa, Rodolfo Sánchez, Mariano Camino, Santiago Pérez, Isabel Fernández y la troupe de "El Chino Torero", José Riesgo y Enrique Vivó (los empresarios teatrales), Manuel Pereiro y Antonio Canal (los policías).
97 min. Color (Eastmancolor).

31 de julio de 2010

Pájaros de papel


Pájaros de papel (2010), Emilio Aragón

DiCEN QUE
Pájaros de papel, la opera prima de Emilio Aragón, es una obra autobiográfica inspirada en los recuerdos de su padre, el payaso Miliki. Éste, en su libro de memorias (Miliki, Recuerdos, 1996), no hace ninguna referencia a la guerra civil y comienza su recuerdo en 1942, dedicándole apenas una decena de páginas a la posguerra antes de emprender su afortunado viaje a Cuba, donde precisamente nace Emilio Aragón. Para excusarse –¿o es que le traiciona el subconsciente?– , nos relata una anécdota sobre el augusto Guerrita, un popular payaso, pariente de Miliki. Guerra. Guerrita. ¿Ven el chiste?

Las primeras secuencias de Pájaros de papel, las que transcurren durante la guerra, no son las más afortunadas de la película y el bombardeo en el que pierden la vida la mujer y el hijo de Jorge del Pino (Imanol Arias), a pesar del crescendo musical que consigue llegarnos a la raíz del lacrimal, no es precisamente una lección de cinematografía. A pesar de esto, en la película podemos apreciar el oficio de Emilio Aragón detrás de las cámaras de televisión y su absoluto dominio del tema que trata. No el de la guerra, el de los cómicos.

Si quieres triunfar con creces di mierda siete veces 
Pájaros de papel retrata la vida de una peculiar familia de artistas ambulantes en la posguerra española. Se sitúa así, ciertamente de manera desfavorable, entre películas como El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1989), Las cosas del querer (Jaime Chavarri, 1989) o Ay, Carmela (Carlos Saura, 1990). Tras la Guerra Civil, unos artistas intentan sobrevivir a la pobreza con espectáculos de vodevil. Jorge del Pino, el ventrílocuo Enrique Corgo (Lluis Homar) y el niño huérfano Miguel (Roger Príncep) se alían para sobrevivir y huir de sus propias desgracias. Junto con la cupletista Rocío Moliner (Carmen Machi) y Merceditas (Ana Cuesta) intentan buscarse la vida como artistas en una época difícil en la que las patatas y las bombillas robadas servían como moneda de cambio.

La verdad es que la película desde el primer momento –véase la secuencia de la que ya hemos hablado– busca la lágrima fácil. El niño huérfano, un clásico en la mitología intelectual circense y en la cinematografía franquista, permite a Aragón adentrarse en la escabrosa época sin tomar demasiado partido, aunque los malos de la película no dejan de ser los autoritarios militares que vigilan a los artistas para evitar que las ovejas negras arruinen el rebaño. La compañía tiene la suerte, o la desdicha, de realizar una representación privada ante el propio dictador generalísimo. Allí vivimos el desenlace y descubrimos al auténtico malo del filme.

No queremos desvelar el desenlace para no arruinar a los futuros espectadores televisivos de la película, pues a pesar del gran esfuerzo promocional y al tirón y popularidad de Emilio Aragón, Pájaros de papel no ha tenido el éxito que se esperaba y aunque el boca a oreja ha funcionado relativamente bien, el que aquí subscribe tuvo que recorrer, dos meses después de su estreno, cuarenta kilómetros para ver la cinta en un multicine que compartí con una pareja de ancianas que, afortunadamente, no comentaron la película.

El problema del final de la película es que parece como que el director no quisiera acabarla nunca y encadena una serie de finales para dejarnos a todos contentos. De todos ellos me quedo, como el crítico de El País, Jordi Costa, con la primera, la de la poesía papirofléxica que alude al título de la película y abomino de la última en la que los tres protagonistas atraviesan un campo subidos en una carreta pataleando de felicidad. Del homenaje que hace a su padre, un final más, remedando sus propios monólogos televisivos del Club de la Comedia mejor ni hablo.

Emilio Aragón, además de escribir el guión junto a Fernando Castets ha producido la película y compuesto la banda sonora. Precisamente es la composición musical uno de los fuertes de la película y donde se apoya el director para tensar al máximo las emociones de los espectadores. Si la música es un alimento del espíritu, estos artistas la tomaban como desayuno, comida y cena. Para ello ha contado con la colaboración de excelentes músicos como el violinista Ara Malikian o Kepa Junkera, responsable de que los actores parezcan virtuosos de la trikitixa , un acordeón diátonico de botones, muy popular en el País Vasco. También han contribuido a darle un toque de raza, los flamencos Jose Miguel Carmona y Pepe Habichuela.

En la película aparecen de pasada algunos conocidos: Joan Montanyes, Monti, aparece como asesor circense en los títulos de crédito además de avisar del robo de las pertenencias de la compañía; Alfredo “Scotland” revive la anécdota del ciclista miope Ruibar, que cuenta Miliki en su libro, acabando en el foso de los músicos estrellado con su monociclo; el mago Jorge Blas, Iñífugo, Javi Javichi, Cuca Cantillo, Rossina Castelli, Eduardo Demontis (Dodo) y Dubi son otros de los jóvenes artistas que pudimos entrever en diferentes secuencias.

De payaso a presidente de cadena de televisión 
Emilio Aragón (Milikito) es hijo de Miliki y nieto de Emig, dos payasos de la dinastía que iniciaron Gabriel Aragón (El gran Pepino) y la ecuyere Virginia Foureaux, sus bisabuelos. Sus tíos son los populares Pompoff y Thedy, que junto con Emig, que interpretaba un personaje de negro cubano, formaban un peculiar trío de payasos con el que tuvieron mucho éxito. Emig se casa con una bailarina acróbata sobre caballo (la misma profesión de su madre), la sevillana Rocío Bermúdez, con la que tiene cuatro hijos: Gaby, Fofó, Miliki y Rocío.

Nacido en Cuba, Emilio Aragón actúa por primera vez como MIlikito en 1977 en el Gran Circo de TVE junto a su padre, su tío Gaby y su primo Fofito. Tras abandonar a los populares “Payasos de la tele” se centra en su carrera como showman y comienza a triunfar en programas de humor para la televisión. En 1984 interpreta a Barnum en el musical del mismo nombre demostrando su dominio del escenario y sus numerosos recursos artísticos. Es en la década de los 90 cuando definitivamente se convierte en una estrella de la televisión presentando programas como Saque Bola, Vip Noche o el Juego de la Oca y dirigiendo e interpretando serie de éxito como Médico de Familia o Javier ya no vive solo. En la actualidad es presidente de la cadena de televisión La Sexta y de la productora audiovisual Globomedia. Casi nada.

Pájaros de papel (2010)
Producción: Hispano Foxfilm (ESP)
Dirección: Emilio Aragón.
Guión: Fernando Castets y Emilio Aragón
Música: Emilio Aragón
Intérpretes: Imanol Arias (Jorge del Pino), Lluís Homar (Enrique Corgo), Roger Príncep (Miguel), Carmen Machi (Rocío Moliner), Fernando Cayo (Capitán Montero), Diego Martín, (Quiroga), Cristina Marcos, (Madre de Miguel), Lola Baldrich (María), Aragón 'Miliki' (Miguel viejo), Javier Coll (Pedro Ostense), Oriol Vila (Pastor), José Ángel Egido (Don Ricardo), Asunción Balaguer (Enfermera), Luis Varela (Arturo).
Color, 110 min.

30 de julio de 2010

¡Qué remedio!

Circus World (El fabuloso mundo del circo, 1964), Henry Hathaway


DURANTE algún tiempo pareció posible pasar sin hablar de las grandes producciones sobre “nuestro tema”. Pero como no hay enciclopedia del circo que se precie sin comentario sobre Circus World, hemos decidido contarles dos cositas sobre ella.

Samuel Bronston, el ruso pasado por Norteamérica que terminó fundando en España un imperio cinematográfico, había comprado los estudios Chamartín –a los que rebautizó como Estudios Bronston- y se trajo al Castellana Hilton madrileño a Frank Capra para que dirigiese la cinta. El director de The Strong Man, en el declinar de su carrera, tuvo un desencuentro con la estrella indiscutible de la misma (John Wayne), pero su hijo se quedó como coordinador de las escenas circenses y como tal aparece acreditado en la película. Henry Hathaway se hizo cargo del rodaje para el que Bronston contrató al empresario circense Franz Althoff con todo su equipamiento y personal. La gran parada de Reyes de 1964 en Madrid contó con la presencia de sus huestes patrocinada por el productor, probablemente asesorado en estos asuntos de relaciones públicas por el consultor Alfredo Marqueríe.
Según Armero, gran aficionado circense y abogado del empresario, la idea de hacer una película sobre circo le fue propuesta a Bronston por “un personaje estrafalario, curiosísimo, que tenía gran influencia sobre Sam y con el que hablaba en ruso. Era el príncipe Wachinsky” Era la primavera de 1963.
El guión inicialmente elaborado por Capra y su socio Joe Sistrom se quedó en nada y la película se convirtió en un vehículo más para la autoafirmación de John Wayne. Las dos actrices con las que compartía cartel eran Rita Hayworth, que llegó a España con un avanzado Alzheimer que le llevaba a la frustación, el alcohol y los excesos, y la joven Claudia Cardinale en todo su esplendor que, aunque recibida con recelo, pronto conquistó a todos con su simpatía.

Una de las primeras escenas que rodó Hathaway fue el hundimiento en el puerto de Barcelona del barco en el que viaja la troupe de Matt Masters (John Wayne). Durante tres meses trabajaron en esta escena los especialistas, pues en ella participaban todos los actores principales y más de seiscientos extras. El final de Circus World es el incendio de la carpa. Una ráfaga de viento traicionera hizo que el fuego se contagiara a las otras carpas y fue precisa la colaboración de todo el equipo con los bomberos para controlar el siniestro.

Otra de las cosas a destacar es el trabajo del director artístico John F Cuir, el director artístico, un maestro encontrando soluciones ingeniosas como convertir el Liceo de Barcelona en la pista del Circo de Hamburgo, transformar el Paseo de Coches de Madrid en los Champs Elysées de París o el estanque del Parque del Retiro en el Parque de Atracciones de Viena.

Jesús García de Dueñas -cronista del “Imperio Bronston” (Ediciones del Imán, 2000), de donde proceden muchos de los datos de esta breve entrada y la foto de Claudia Cardinale y Rita Hayworth enterándose del asesinato de Kennedy- nos cuenta que durante el rodaje de Circus World el imperio Bronston se desmoronaba. “El Imperio tan esforzadamente levantado se derrumbaba con estrépito. Samuel Bronston admiraba la autodestrucción, a la manera de los héroes románticos que perseguían quimeras…”

En otros sitios encontrarán seguro más información sobre la película.


Circus World (El fabuloso mundo del circo, 1964) 
Producción: Samuel Bronston Productions (EEUU) 
Director: Henry Hathaway. Guión: Ben Hecht, Julian Halevy y James Edward Grant. 
Argumento: Bernard Gordon (firmado por Philip Yordan) y Nicholas Ray.
Intérpretes: John Wayne (Matt Masters, el empresario), Claudia Cardinale (Toni Alfredo, el trapecista), Rita Hayworth (Lili Alfredo, la trapecista), Lloyd Nolan (Cap Carson, el propietario del circo), Richard Conte (Aldo Alfredo “Tojo”, el payaso), John Smith (Steve McCabe, el caballista), Katharyna (Giovana, la equilibrista), Katherine Kath (Hilda), Henry Dantes (Emile Schuman, el domador), Wanda Rotha (la señora Schuman), Kay Walsh (Flo Hunt, la sastra), Margaret MacGrath (Anna), James Bob Malleson (Billy Hennigan), José María Caffarel (el alcalde de Barcelona), François Calepin y Robert Cunningham (jefes de pista). Con la colaboración de: Franz Althoff y su Gran Circo Althoff. Asesor técnico: Alfredo Marqueríe. Coordinadores de escenas circenses: Frank Capra jr., Bob Dover, Umberto Bedini y Francisco Perezoff. Entrenador ecuestre: Josef Leshkov. 
135 min. Color (Technicolor). Cinerama.