4 de febrero de 2013

Parodias musicales


Grand Slam Opera (1936), Charles Lamont

Esto de los concursos de talentos musicales no es cosa de la televisión de hoy, aunque la humillación pública de los participantes haya conseguido alcanzar en nuestros días las más altas cotas de refinamiento. Sin embargo, la radio se nutrió desde siempre de aficionados dispuestos a darse a conocer. En los años treinta del pasado siglo, uno de los programas de mayor éxito en Estados Unidos era la “Hora de los Amateurs del Mayor Edward Bowes”. Bowes utilizaba un gong para despedir a los concursantes que no eran de su agrado, tanto que el programa llegó a ser conocido como “The Gong Show”.


Grand Slam Opera es una de las raras ocasiones en que Keaton firma un guión en Educational, aunque su participación en los demás es evidente. Grand Slam Opera se organiza en torno a una serie de parodias de bailes y violencia slapstick que deja libre terreno a la improvisación. Sólo hacía falta una situación de partida y esta la proporciona el concurso del Coronel Crow y su temido gong.

Dispuesto a triunfar en la capital y a conquistar el amor de una de las concursantes (Diana Lewis), Elmer Butts (Keaton) ensaya sin descanso números de equilibrismo y baile. Para los primeros sólo necesita una escoba, un plato y un huevo, o, en su defecto, una bala de cañón… ya pueden imaginarse ustedes con qué efectos.


Aunque Elmer da muestras de una gran versatilidad y lo mismo es capaz de entregarse al frenesí de una giga escocesa que a las acrobacias de una danza cosaca, su modelo de claqué es, sin lugar a dudas el Fred Astaire de Top Hat (Sombrero de copa, 1934). La afición de Astaire a utilizar el mobiliario como atrezzo dancístico llega al paroxismo cuando Elmer no sólo se sube a una silla, sino que de ahí trepa a la mesa y de ésta salta a la chimenea sin dejar de claquear.


Había otra escena memorable en la película de Astaire en la que, para no molestar a Ginger Rogers, alojada en el apartamento de abajo, reprisaba el tema “No Strings” de Irving Berlin, sobre arena. Era un estilo de “tap dancing” muy popular en el vodevil, que Keaton parodia alegremente.


Pero el número sensacional lo realiza Keaton con el actor Harold Goodwyn en el papel de director de la orquesta radiofónica...


Es una de esas rutinas del vodevil que había protagonizado cientos de veces en el escenario con su padre, Joe Keaton. El director le golpea con la batuta en la cabeza y él le devuelve un escobazo en el culo, todo ello perfectamente acompasado con la ejecución de la pieza musical por parte de la orquesta, hasta alcanzar un frenesí de violencia “tan divertido, que duele”.

Grand Slam Opera (1936)
Producción: Educational Pictures (EEUU)
Directores: Charles Lamont, Buster Keaton.
Guión: Buster Keaton, Charles Lamont.
Intñerpretes: Buster Keaton (Elmer Butts), Diana Lewis (la chica), Harold Goodwin (el director de la orquesta), John Ince (el coronel Crow).
21 min. Blanco y negro.

1 de febrero de 2013

El relojero trapecista por amor


Allez Oop! (1934), Charles Lamont

Después de Spite Marriage y de una figuración especial en Free and Easy, Keaton vuelve a compartir reparto con Dorothy Sebastian. Ninguno está en su mejor momento y ambos disfrutan de su mutua compañía y de la de la botella, más que de sendos matrimonios que acabarán en divorcios.

El Circo y Carnaval de Saunder’s llega a la ciudad
En Allez Oop! ella es Paula, la clienta del taller de reparaciones de Elmer, que se siente flechado apenas la ve. Y eso que la primera visión que tiene de ella está completamente distorsionada por uno de esos monóculos de joyero.


Los malentendidos se suceden cuando Elmer pretende invitarla al Circo y Carnaval de Saunder’s, de visita en la ciudad, y no se atreve a decírselo. El tímido Elmer pierde los papeles cada vez que está cerca de la chica…. que está desando que alguien la invite al espectáculo.



Una vez en la carpa, la rutina del espectador torpe resulta excesivamente eso, rutinaria. Rendida ante los encantos de Apollo (George J. Lewis), el trapecista más guapo del mundo, Paula le pide a Elmer que le consiga su autógrafo. En esta ocasión, el gag de la firma falsa, con toda su sencillez, resulta perfecto.


Siguiendo el esquema de College (El colegial, 1927) el relojero enamorado se empeñará en convertirse en un experto trapecista, aunque para ello sólo cuente con una escalera y la cuerda de tender en el patio trasero de su casa. Sus intentos, infructuosos, muestran una vez más al Keaton lleno de recursos cuyos intentos terminan siempre en tremendos batacazos.


The Flying Escalante’s o el Circo Escalante Hermanos
Cuando el apuesto villano intente propasarse con la chica, provocará un incendio del que escapará cobardemente. Elmer dejará de lado su dolorosa experiencia para trepar por la fachada de la casa de enfrente y lanzarse al rescate con una cuerda de tender la ropa a través del patio. Si la escalada por la fachada es realizada por personalmente por Keaton, el rescate con el trapecio corre a cargo de los hermanos Escalante, que también se han hecho cargo de la escena de los trapecistas en la carpa.


Keaton ya había contado con los hermanos Escalante en Neighbours (Vecinos, 1920):



La familia Escalante tenía circo propio que pasaba largas temporadas en el sur de Estados Unidos donde tenían tantos compatriotas. En esta ocasión ejecutan un número en el trapecio volante en el que doblan a George J. Lewis, el apuesto Apollo de cuyos encantos Paula queda prendada.


El final es un clásico keatoniano. Ella le abraza y él le tapa los ojos para que no vea el cartel del nuevo espectáculo: The Love Call, protagonizado por un apócrifo rey de la selva que salta de liana en liana. El tímido relojero enamorado ya ha tenido suficientes emociones.


Allez Oop! (1934)
Producción: Educational Pictures (EEUU)
Director: Charles Lamont.
Guión: Ewart Adamson, Ernest Pagano
Intérpretes: Buster Keaton (Elmer), Dorothy Sebastian (Paula Stevens), George J. Lewis (Apollo The Wonderful), Harry Myers (un espectador) y The Flying Escalantes.
21 min. Blanco y negro.
    

29 de enero de 2013

De vuelta a las películas de dos bobinas en Educational Pictures


The Gold Ghost (1934), Charles Lamont
Ditto (1937), Charles Lamont

En 1934, después de su periplo europeo, Keaton firma un contrato con Educational Pictures, una productora dedicada, a pesar de su nombre, a la facturación de comedias de dos rollos a bajo coste. La compañía, fundada por Earle W. Hammons había conocido su edad de oro en la década de los veinte, cuando tenía bajo contrato a dos cómicos cotizados como Lupino Lane y Lloyd Hamilton. A principios del sonoro Harry Langdon y Andy Clyde, fichan por Columbia, así que Keaton es contratado para cubrir el hueco como nombre de reclamo.


El acuerdo prevé la realización de seis cortometrajes al año a razón de cinco mil dólares por título. El presupuesto total por película es de veinte mil, por lo que no queda mucho más dinero para nada. Rodajes en cuatro o cinco días, dependiendo de los decorados disponibles, una única toma para cada plano y repartos familiares. En la dirección es frecuente encontrarse con Charles Lamont, un veterano del vodevil, viejo amigo de Keaton.


En su ciclo Educational Keaton pasa por una gran variedad de oficios y registros. Es empleado de una gasolinera en el desierto, hillbilly, una especie de boy-scout, repartidor de hielo, científico loco… y trabaja sobre guiones propios y ajenos, con viejos conocidos —incluida su familia— y con jóvenes talentos. Algunas historias le ofrecen mayor libertad para desarrollar su propio tempo y otras le obligan a seguir las pautas de la comedia bufa, aprovechando simplemente su habilidad como bayeta humana. Nada por lo que no haya pasado en su periodo de decadencia en la M-G-M.

La quimera del oro
El primer asalto resulta, a nuestro modesto parecer, uno de los más afortunados. The Gold Ghost (1934), dirigido por Charles Lamont, presenta a Keaton una vez más como un joven adinerado que, rechazado por su amada, terminará metiéndose en mil líos para lograr su mano y, sobre todo, su respeto.

La película funciona a pleno rendimiento durante los primeros diez minutos. Keaton demuestra que sigue estando en plena forma y que lo peor que le puede pasar es encontrarse con interferencias creativas. Solo, en un decorado de poblado fantasma del Oeste, es capaz de idear mil y una situaciones divertidas, ágiles y plenas de inventiva.


Aunque se suele mencionar la modestísima pelea en el saloon, en la que Elmer derriba a sus enemigos como si fueran bolos utilizando barrilitos a modo de bolas, hay un momento que nos ha parecido excepcionalmente emotivo. A la invocación del sonido de una vieja tonada en la pianola, en el abandonado saloon aparece el fantasma de una corista. Es una modesta sobreimpresión pero esta breve historia de amor soñado, de triunfo sobre los bandidos imaginados, nos ha transportado sin necesidad de ningún aspaviento a un mundo romántico y poético, en el que Keaton, reacio siempre al sentimentalismo, se puede mostrar lírico sin renunciar a sí mismo.


El mundo futuro
Casi al final del ciclo Educational se sitúa Ditto (1937), una comedia de enredo en la que se juega la carta de dos gemelas que viven en chalets pareados. Keaton es un repartidor de hielo que tiene una cita amorosa con una de ellas y se equivoca de casa. Hace todo lo posible por salvar a la chica de un malvado seductor que no es otro que su marido.


El enredo no da más de sí. Si nos detenemos en ella es por sus apuntes de humor excéntrico que, a ratos, rozan lo surreal. El ama de casa que quiere comprar hielo se quema con el horno y le pide al repartidor que le ponga mantequilla en la quemadura. La sensación de alivio deriva en una suerte de éxtasis erótico compartido cuando Keaton sigue untando brazo arriba. Interpretada sin ambigüedades, lo extravagante de la situación debió prevenir a los censores y al estudio de intervenir, no fuera a ser que los tomaran por mentes calenturientas.


Al final, dispuesto a poner tierra por medio, Keaton se despide del caballo del carro de reparto. Asegura que es el único amigo que ha tenido, que cada uno debe seguir su camino y que le encantaría ser un caballo para no tener que padecer las burlas de ninguna mujer frívola, en un monólogo que no habría desdeñado Miguel Mihura.


El repartidor de hielo se marcha al Canadá donde pasa quince años como un ermitaño. El mundo ha cambiado. La barba le llega a la cintura y sobre su cabaña vuelan avionetas con caravanas, que a lo que se ve es el medio de transporte vacacional del futuro. Un día conoce a una muchacha que hace revivir en su pecho la vieja llama. Acude a verla al campamento para encontrarse con que no es que tenga una hermana gemela sino cinco.



The Gold Ghost (1934)
Producción: Educational Pictures (EEUU)
Director: Charles Lamont.
Guión: Ernest Pagano y Charles Lamont, de un argumento de Ewart Adamson y Nicholas T. Barrows.
Intérpretes: Buster Keaton (Wally), Dorothy Dix (Gloria), Warren Hymer (Bugs Kelly), William Worthington (el padre de Gloria), Lloyd Ingraham (el padre de Wally).
18 min. Blanco y negro.



Ditto (1937)
Producción: Educational Pictures (EEUU)
Director: Charles Lamont.
Guión: Paul Girard Smith.
Intérpretes: Buster Keaton (“el hombre olvidado”), Gloria Brewster y Barbara Brewster (las hermanas gemelas), Harold Goodwin (Hank), Lynton Brent (Bill), Al Thompson.
18 min. Blanco y negro.

27 de enero de 2013

Keaton x 2 (en francés)


Le Roi des Champs-Elysees (El rey de los Campos Elíseos, 1934), Max Nosseck y Robert Siodmak

Madame Garnier (la tremenda Madeleine Guitty) lleva veinticinco años metida bajo la concha del apuntador del Theatre du Parc parisino. Como compensación, el director (Paul Clerget) le ofrece un papel para el inútil de su hijo Buster en la comedia policiaca “Le Roi des Champs-Elysees”. Claro que el papel le va a Buster pintiparado. Es un preso evadido que en el primer acto debe gritar: “¡Al fin libre!”. Las indicaciones de la separata para el segundo y tercer acto se resumen en un escueto “corre”. Casi una premonición del papel de Keaton en
A Funny Thing Happened on the Way to the Forum (Golfus de Roma, 1966), su última película.

Para 1934 Keaton ya llevaba varios años embarcado en esto del cine sonoro. De hecho, la Metro-Goldwyn-Mayer, que lo mantenía bajo contrato, lo había utilizado en una serie de comedias en versiones multilingües. Keaton había tenido que hablar ya en alemán, francés y castellano, además de en inglés. En castellano intervino en Estrellados (1930), versión hispana de Free and Easy (1930), y De frente, marchen (1931), de Doughboys (1930), en la que compartía protagonismo con la donostiarra Conchita Montenegro. En ambas su personaje castellanizado recibía el nombre de Canuto.

En francés había rodado, en Hollywood, Buster se marie (1931) y Le plombier amoureux (1932) antes de aceptar la propuesta de viajar a Europa contratado por la Nero Films en la que su voz se dobla. Seymour Nebenzal, el titular de Nero Films, había tenido que escapar de Alemania tras la llegada al poder de Hitler y acogió en Francia a buen número de expatriados entre los que se encontraban Fritz Lang, Max Ophuls y Robert Siodmak .

Por lo demás, Le Roi des Champs-Elysees es una comedia de equívocos. Estos comeinzan cuando Buster aparece vestido de millonario por los Campos Elíseos reglando billetes de mil francos a diestro y siniestro. Pronto nos enteraremos que es el chico de los recados de una compañía automovilística y que los billetes son una especie de Plan Renove promovido por la industria para intentar capear la crisis económica. Así que por este lado el paralelismo con nuestra situación no puede ser más evidente.

A renglón seguido, Buster confunde el dinero de pega con cinco millones auténticos que reposan en la mesa del director. Y allá que se va, lanzándolos alegremente al aire, en la terraza de los cafés, a la gente que se encuentra por la calle. Tiene este tramo un inconfundible aire a lo René Clair. También nos ha venido a la memoria Darò un millione que les recomendamos hace algún tiempo. En un momento cómico reseñable, Buster lanza sus billetes sobre unos novios a punto de contraer matrimonio. Ella es particularmente fea. El prometido llena su sombrero de copa de billetes y sale corriendo: “¡Me he salvado! ¡Me he salvado!”.

En todas estas situaciones, Keaton aprovecha para incluir gags físicos. A veces se vale del atrezzo –el bastón de millonario, p.e.- y otras, simplemente, de su manera inimitable de ejecutar una acción sencilla, como abrir una puerta o sentarse. Todavía hay rutinas cómicas claramente slapstick –la evasión de la cárcel de pega, con escalera de mano incluida- y momentos de humor lírico, en los que los objetos cambian de función -los preparativos del suicidio-.

En cambio, en su relación con Germaine (Paulette Dubost), una camarera que no tiene para pagar en piso, todo tiene un aire de ternura chapliniana, ajeno a la relación habitual de Keaton con sus compañeras femeninas de la época muda.

Pero volvamos a los equívocos. Jim le Balafré (Keaton de nuevo), decano norteamericano de los delincuentes parisinos, escapa de la cárcel real en paralelo con la catastrófica evasión de Buster del presidio montado en el escenario. Los compinches de Jim se llevan a Buster a su guarida para que abra la caja fuerte con el botín del último golpe. Mientras tanto, el regidor del Theatre du Parc mete al rey de los gángsters parisinos en el coliseo. La obra, un policiaco ridículo, está siendo un verdadero fracaso.

El germano-polaco Max Nosseck firma la dirección pero en las fichas figura Robert Siodmak como supervisor. Jean Delannoy, que actuó como montador, asegura que mientras el primero rodaba de día, el otro se hacía cargo del rodaje nocturno para recuperar el tiempo perdido tras el despido de Robert Wyler (primo de William lo mismo). El biógrafo de Siodmak afirma que las escenas más reneclairinas –el coro de los empresarios arruinados, el de los gángsters que dan la bienvenida a su jefe cantando y el reparto de billetes- son obra suya. Algunos planos de la persecución policial proceden de otra producción de Nebenzal, Das testament des Dr. Mabuse (El testamento del doctor Mabuse, 1939), de Fritz Lang.


Las secuencias en las que los dos Keaton se encuentran en la guarida de los gángsters, llena de trampillas y puertas ocultas, están perfectamente resueltas. La persecución se prolonga hasta el teatro. Los espectadores, que habían quedado sumidos en el sopor, se despiertan con la batahola de tiros. La orquesta intenta seguir el ritmo frenético de la acción y la obra “Le Roi des Champs-Elysees” es un éxito absoluto.

En cambio,
Le Roi des Champs-Elysees, la película homónima, deja hoy un regusto extraño, acaso, por esta multiplicidad de registros. En España se estrenó durante las Navidades de 1934 con una insistente campaña de prensa de la distribuidora U-Films. Las gacetillas insistían en lo inesperado de ver a “Pamplinas” como cabecilla de unos gángsters y subrayaban el hecho de que sonriera en el plano final, al besar a Paulett Dubost. En se proyectó, sin demasiado eco, con el título de “The Champ of Champs Elysees”.

De vuelta Estados Unidos, previo paso por Gran Bretaña donde rodó la ignota The Invader (1935), Keaton se embarcó en una serie de comedias de dos rollos para la modestísima Educational Films Corporation of America de Al Christie. Ya los proyectaremos en alguna matiné en la carpa. De momento les dejamos con Le Roi des Champs-Elysees que pueden ver aquí.

Epílogo Pitouto
Una simple mención al español Pedro Elviro “Pitouto” cuya carrera como actor de reparto, después de haber intervenido activamente en el cine español durante los años veinte, continuó en Francia en los treinta. En Le Roi des Champs-Elysees interpreta al gángster bajito y metepatas. Al finalizar la Guerra Civil “Pitouto” se exilia en México donde es frecuente verle secundando a “Tin Tan” o a “Cantinflas”.

Le Roi des Champs-Elysees (El rey de los Campos Elíseos, 1934)
Producción: Nero Film (FR)
Director: Max Nosseck. Supervisor: Robert Siodmak.
Guión: Arnold Lipp. Diálogos: Yves Mirande.
Intérpretes: Buster Keaton (Buster Garnier / Jim Le Balafré), Paulette Dubost (Germaine), Madeleine Guitty (Madame Garnier), Lucien Callamand (el director de la empresa de automóviles), Paul Clerget (el director del Theatre du Parc), Gaston Dupray (el regidor), Colette Darfeuil (Simone), Jacques Dumesnil (un gángster), Pierre Piérade (un gángster), Raymond Blot (un gángster), Pedro Elviro “Pitouto” (el gángster bajito), Jim Gérald.
70 min. Blanco y negro.

26 de enero de 2013

Buster y Narizotas: la tradición del vodevil


Speak Easily (Piernas de perfil, 1932), Edward Sedgwick

Después del fracaso absoluto de la que Keaton consideraba sin paliativos su peor película —Sidewalks of New York (1931), dirigida a cuatro manos por Zion Myers y Jules White— M-G-M decide emparejar a Keaton con una estrella emergente del nuevo cine sonoro: Jimmy “Narizotas” Durante.


Narizotas
Durante había comenzado como pianista en cervecerías neoyorquinas y organizó una banda de ragtime con la que actuaba en Coney Island. En los años de la Prohibición regentó uno de los garitos clandestinos de moda entre la gente de Broadway: el Club Durant. Al final de la década debutó en la revista de la mano de Florenz Ziegfeld en Show Girl y la avalancha del cine sonoro lo arrastró a la pantalla en la producción Paramount Roadhouse Nights (1929).


Durante firmó entonces un contrato con la Metro que le llevó a coprotagonizar con Keaton tres comedias dirigidas por el inevitable Sedgwick: The Passionate Plumber (1932) —de la que también se rodó la versión en francés Le plombier amoureux—, Speak Easily (Piernas de perfil, 1932) y What! No Beer? (Queremos cerveza, 1932). Luego, su carrera cinematográfica fue languideciendo, relegándolo la industria a papeles secundarios, pero en el music-hall, la radio y, más delante, en la televisión siguió teniendo estatus de estrella. Uno de sus grandes éxitos fue el musical Jumbo (1935). Su entrada en el escenario huyendo de los acreedores con un elefante se convirtió en uno de los grandes momentos del musical de Broadway y de la comedia. Un policía le daba el alto:
—¿A dónde va usted con ese elefante?
Durante miraba por encima del hombro, hacía una pausa y contestaba:
—¿Qué elefante?


Su estilo agresivo, sus réplicas rápidas trufadas de slang y su físico excesivo, debían actuar por contraste al ritmo pausado de Keaton, a su voz modulada y a su inexpresividad facial. Debían…

El clown y el augusto
Aunque ambos proceden de la tradición del vodevil y podrían haber constituido una pareja clásica —Durante, el clown; Keaton, el augusto— el resultado es como mezclar agua y aceite.

Como botón de muestra hemos cogido Speak Easily:


El argumento propone el encuentro entre el profesor Post (Keaton), un tipo apocado que se lanza a correr mundo creyendo haber heredado una fortuna de 750.000 dólares y James (Durante), el factótum de una compañía de vodevil que recorre pequeñas ciudades estadounidenses intentando que no les atrape la policía del villorrio donde han ofrecido la última función. La supuesta fortuna del profesor y su amor a primera vista por una de las bailarinas (Ruth Selwyn) propulsa a la compañía hacia Nueva York y a la película hacia la parodia del patrón —ya clásico, en apenas un  trienio de producción sonora— del backstage musical. Ya saben ustedes: las tribulaciones de una compañía con todo en contra para alcanzar el éxito en Broadway.


Baste decir que, cuando el diálogo es eficaz, supera a casi todos los batacazos y meteduras de pata entre bambalinas de Keaton. Hay un buen gag verbal cuando el profesor propone recurrir a los clásicos: Aristófanes, por ejemplo.
—¿De dónde es? No lo conozco.
—Era griego.
—Perfecto. Hay un millón de griegos en Nueva York.

O cuando el profesor argumenta que, para ser rigurosos, Eleanor Espere (Thelma Todd) debería bailar desnuda.
—No sé si colaría en Grecia… En Nueva York, seguro que no.


Si los dúos Keaton/Durante resultan siempre un poco desangelados, la pantalla se ilumina cuando aparece en ella la princesa del slapstick ThelmaTodd. Su descaro, su capacidad para hablarse de tú a tú con el Gran Cara de Palo como comediante y su evidente sex-appeal pre-code proporcionan a Keaton una partenaire ideal para realizar una pantomima de borrachera, que se encuentra entre lo más logrado de la cinta.


Speak Easily (Piernas de perfil, 1932)
Producción: Metro-Goldwyn-Mayer (EEUU)
Director: Edward Sedgwick.
Guión: Edward Sedgwick y Ralph Spence, de un argumento de Clarence Budington Kelland.
Intérpretes: Buster Keaton (el profesor Timoleon Zanders Post), Jimmy Durante (James), Ruth Selwyn (Pansy Peets), Hedda Hopper (su madre), Thelma Todd (Eleanor Espere), William Pawley (Griffo), Sidney Toler (el director de escena), Ed Brophy (Reno, el regidor), Lawrence Grant (Bolton), Henry Armetta (Tony).
81 min. Blanco y negro.

24 de enero de 2013

La pulga saltarina de Keaton


Hace unos meses se estrenaba en el Matadero de Madrid una función de marionetas y fantoches urdida por el talento múltiple de Víctor "Coyote" Aparicio. Se titulaba "Ukelele, la pulga que salta" [http://www.mataderomadrid.org/ficha/1575/ukelele-la-pulga-que-salta.html]y contaba la singladura del "cavaquinho" portugués hasta las lejanas islas de Hawaii, donde se convirtió en "ukelele".


Esta guitarrita, divertida y juguetona, se convirtió muy pronto en uno de los instrumentos favoritos de numerosos artistas del vaudeville americano y el music hall británico, y también, en el primer instrumento de numerosos músicos de renombre.


Keaton era un gran aficionado al ukelele, instrumento que formaba habitualmente parte de su equipaje. Nuestra amiga Lior Shoov, genial música callejera y excelente payasa, ha encontrado para nosotros estas tres piezas en las que podemos ver al genial actor con su inseparable ukelele.

En Doughboys (1930) con Ukelele Ike:


En Pest from the West (1939):



Y en Canadá, durante el rodaje de The Railrodder (1965):


Como postre incluimos otras tres piezas musicales interpretadas por tres clásicos del instrumento:

Cliff Edwards (Ukelele Ike) en Take A Chance (Monte Brice y Laurence Schwab, 1933) 

 

Roy Smeck, "Wizard of the Strings," toca la guitarra, el ukulele y el banjo como demostración del nuevo sistema Vitaphone, en His Passtime (1926):

 

Y George Formby con un banjolele (una mezcla de banjo y ukelele). Es hijo de George Formby Sr., artista de una troupe de music-hall en la que militaba Charles Chaplin, antes de viajar a Estados Unidos. La película es Keep Your Seats, Please (Monty Banks, 1936):